La última Palmera del Amor

 

Las palmeras brasileñas de Maragogi, las de Fortaleza, las de Natal, las de Boipeba, las de Costa do Sauípe, las de Praia do Forte, las de Bahia entera, en realidad no son brasileñas, las trajo de la India el navegante portugués Vasco da Gama, después de la llegada de Colón.

En Bahia, por ejemplo, lo que había antes de los palmares de la India llenos de coco y los de Africa llenos de dendê -unas semillas marrones, rojas y anaranjadas de las que se obtiene el aceite más usado en la cocina baiana-, eran árboles con nombres tupí guaraní. cupiúba, murici, capororoca, sucupira, mundururu, mangabeira.

Las palmeras amaron Brasil y Brasil amó las palmeras, que se adaptaron magníficamente. Las playas de Copacabana, Ipanema y Leblon tienen palmeras; el Jardim Botânico está lleno de palmeras, tanto que las palmeras imperiales, esas altas y finas, forman parte del logo. Donde hay palmeras imperiales hubo realeza, o algo relacionado, por eso marcan el curso de la rua Paissandu desde el Palacio de Guanabara hasta el Parque do Flamengo. Las mandó a plantar Don Pedro II en 1865 para que su hija, la princesa Isabel, caminara desde su residencia al agua.

Y en ese parque aterrado también plantaron palmeras de todo tipo, incluso unas que no hay en otro lugar de Río y vienen de Sri Lanka, las palmeras del amor. En una época hubo muchas, están en uno de los primeros posts de este blog, pero todas florecieron y murieron, eso hacen las palmeras del amor.

Su nombre cienctífico es Corypha umbraculifera y tiene hojas con forma de abanico que pueden llegar a los cinco metros. Es tropical, no tolera el frío y también se la conoce como Talipot. Tiene la flor vegetal más grande del mundo y su inflorescencia está compuesta por cerca de un millón de micro flores color crema. Se llena de frutos, unas bolitas de color verde o castaño que son las que darán vida a nuevas palmeras. Por eso la llaman la palmera del amor, porque muere para dar vida.

En el Parque do Flamengo, a la altura de la Rua Paissandú, la de las palmeras imperiales, al pasar la pasarela que cruza el Aterro se ve la única palmera del amor en flor, detrás de los Abricó de Macaco y las higueras. De un lado la palmera florida, del otro la pirámide del Pão de Açúcar y atrás el Cristo que sobresale entre los edificios y confirma que sí, estamos en Río. En pocos días más, con horario de verano.

  • Marcelo Walter Aguilar

    que linda nota ! me encantan las palmeras