El azar

 

Vuelvo del contador, vuelvo de hacer un trámite que debería haber hecho hace años, inscribirme en el MEI: microemprendedor individual. El contador, Edson, joven pero canoso, vestido con una camisa salmón inmaculada, rodeado de pilas de papeles, el aire acondicionado al máximo, se inquieta:

- ¿Pero qué es lo que usted hace realmente?
- Bueno yo escribo para algunos medios, también publico fotos, trabajo de fotógrafa; y videos, también hago videos, y ropa, bolsos, a veces trabajo con turismo
- ¿Pero qué es lo que más hace? no puedo inscribirla por si más adelante se le ocurre hacer, no puede ser pau pra toda obra -¡madera para toda obra!-
- Hago todo eso ahora
- Ustedes los argentinos… acá es distinto, acá uno es contador y listo, es panadero y listo. La otra vez vino un mexicano que también, hacía ¿cómo se llama? eso que usan las máscaras de cuero
- Lucha libre
- Sí, ese maluco también hacía no sé cuántas cosas. No se puede, yo la tengo que inscribir en dos o tres categorías como máximo.

Al final cerramos en cuatro. Edson, medio atormentado, quería librarse de mí. Y yo del trámite. Es viernes, hace un calor de verano. Salgo con mi inscripción de microemprendedora. Medio traumada por ser pau pra toda obra. Paso por la puerta del edificio del boto carioca, una pasión pasada. Cómo en un momento se puede sentir tanto y después, nada.

Cruzo el Largo do Machado, una plaza que diseñó el paisajista Roberto Burle Marx, donde se mezclan borrachos con vagabundos con viejitos que juegan dominó con mamás y sus bebés con florerías con turistas que compran su entrada para subir al Cristo y abricós de macaco, esos árboles a los que les crecen unas pelotas como de bowling, y después unas flores fucsias con boca, unas flores que parecen carnívoras. 

Si uno se para detrás de la estatua de Nossa Senhora da Conceição, la que está en la fuente del medio de la plaza, y camina hacia atrás, llega un punto en que la Iglesia Nossa Senhora da Glória desaparece. La enorme Glória queda tapada por la pequeña Conceição. Cosas que me mostraba el boto carioca.

Sigo por la Rua Ministro Tavares de Lira, una calle que dura solo esa cuadra, llena de comercios, una ferretería al lado de una zapatería al lado de una juguetería al lado de un buteco al lado de una casa de tortas; y vendedores de jogo do bicho -juego de los animales-, un juego de azar ilegal pero tradicional sobre el que nada sé. Compro bananas a un vendedor ambulante y veinte metros después la veo a Letícia Novaes vestida de ángel, con un vestido blanco y largo, parada en la puerta de la panadería, concentrada en su celular.

- Letícia
- Menina, estoy cancelando el turno para el dentista ¿vamos a la playa?
- Vamos

La ventaja del microemprendedor independiente es que maneja sus horarios y en un segundo puede decidir dejar todo lo que tiene que hacer para después e irse a la playa con Letícia Novaes. Quedamos en encontrarnos en Copacabana, a la altura de la Rua República do Perú, cerca de la casa de su mejor amigo, donde tiene un maiô, una malla enteriza. La llave de la casa de su mamá coincidentemente abre la puerta de la cocina de Arthur.

Copa está semi desierta, 36 grados y el agua parece un lago. Hablamos de amores y de astrología; de la fuerza de decir Te Amo y de las motos, a las dos nos buscaban nuestros padres a la escuela en moto, sin casco, porque en esa época nadie usaba casco. Y de las selfies, le cuento que me dan ganas de hacer una serie de fotos de gente haciendo poses para las selfies, y ella dice que su sobrina de once años ya es una profesional en selfies y que esta generación de chicos no tendrá fotos feas, porque las borran. Que esas fotos impresas horrorosas y divertidas, donde salimos con un jopo extraño, tuertos, despeinados, ridículos, no existirán más. Desaparecen con un delete. ¿Cómo será cuando el pasado sea una colección de fotos perfectas?

Letícia busca una foto en su celular para publicar en el evento de la fiesta que organiza esa noche, Festa Gafe, y publica una de cuando era chica y sale bizca, una de esas fotos de las que no habrá más.

-¿Qué es Gafe?
- Gafe es cuando, por ejemplo, le preguntás a una chica de cuántos meses está y te dice que no está embarazada. Eso es un Gafe.

Cerca de la orilla dos chicas se hacen selfies. Pasa otra mujer, con el pelo caoba, planchado, y un enterito blanco con magas que parecen alas. Camina decidida hacia el mar, da tres pasos en el agua, gira y se deja caer de espaldas. El enterito blanco es ahora transparente, la mujer sonríe y aletea con los brazos, parece la Coca Sarli.

La sirena de Copacabana dá algunas brazadas, se levanta, camina como si la estuvieran filmando con su enterito transparente pegado al cuerpo y desaparece en la arena. A pesar de la súper bacteria que acecha las aguas de Río es posible verse los pies en el fondo. La playa que nos había quedado pendiente se dio con la fuerza del azar. Saltan peces cerca nuestro. A pesar del golpe político, de la corrupción descarada y las obras inconclusas para las Olimpiadas Río tiene esa magia. Nunca Copacabana fue tan caribeña.

Hoy ya hace frío.

  • María

    Qué lindo es leer tu blog. Es como estar en Río por un instante.
    Cuando leí “gafe” recordé este de Xuxa:
    https://www.youtube.com/watch?v=O00IlwobWa0
    Rsrsrsrsrsrs.
    ¡Besos!

    • http://blogs.lanacion.com.ar/rio-de-janeiro/ Ana

      jajajaja buenísimo!!

  • Gwyneth

    Sos una mujer renacentista, Ana! Los contadores brasileños habrian estado en aprietos en el Renacimiento. Si, la fotografia digital y las redes sociales han dado lugar a lo que es la vida editada, el mayor autoengaño de la historia de la humanidad jaja!