Yoga en Ipanema

 

Quien ya practicó yoga sabe que los beneficios son instantáneos. Quien no practicó nunca, debería. No sólo el cuerpo se flexibiliza y fortalece, es la mente la que más se modifica. “Algo de aquella clase me traía bienestar y una tremenda paz de espíritu. Todos los que ya se aventuraron en alguna clase de yoga auténtica saben de lo que estoy hablando” dice el profesor de yoga Pedro Salazar sobre sus primeras prácticas en la Universidad PUC-Rio, en la época en que estudiaba comunicación.

Respirar, fortalecer, estirar, calmar, usar músculos y articulaciones que uno ni sabía que existían son algunas de las cosas que hace el yoga. Y si se practica al lado del mar, con el Morro Dois Irmãos de fondo, junto con otro centenar de personas, los beneficios se multiplican. Salazar, que todos los años viaja a la India para perfeccionar sus conocimientos, dá clases de yoga gratuitas en la playa de Ipanema, justo frente a la Casa Laura Alvim. La idea surgió apenas se graduó como profesor. “Necesitaba alumnos y no tenía dinero para invertir en un espacio, pero estaba seguro de que si la gente tuviese una muestra de lo que realmente es el espíritu del yoga, se interesaría por conocer más. La solución fue crear clases al aire libre gratuitas para quien nunca practicó. Y así fue, comenzamos en la playa de Copacabana y después nos mudamos para Ipanema, frente a la rua Teixeira de Melo. Ultimamente vienen más de cien personas por clase y ya pasaron unas seis mil en estos cuatro años, es muy reconfortante.” Las clases son quincenales y la próxima será el domingo 6 de diciembre a las 9 de la mañana. Hay que llevar una canga -pareo-, ropa cómoda y protector solar.

Otra buena noticia para los que practican yoga regularmente y pasan unos días por Río de Janeiro es la existencia de Blyss Yoga, también en Ipanema. Coaracy Nunes abrió el espacio en 2005, pero lleva veinticinco años practicando. “Si no practico dejo de funcionar, el yoga dá una claridad mental para saber qué querés de tu vida, te dá salud y equilibrio” dice Coaracy, que empezó a los dieciocho años y se perfeccionó en Nueva York, mientras hacía un doctorado en tecnología. Sus clases, que son por la noche, son dinámicas, llenas de filosofía y música que él mismo toca. Mezcla el portugués con el inglés porque siempre hay gringos y su escuela se caracteriza por tener profesores de todos lados, incluido el argentino Agustín Aguerreberry, cuyas clases son de las más cotizadas. Hay horarios variados todos los días y, el dato de oro, Coaracy ofrece un sistema de prueba de diez clases, que pueden ser en distintos horarios y con el profesor que uno quiera, por apenas cincuenta reales. Algo insólito. Por algo le dicen “el más querido centro de yoga”. Claro que después de diez prácticas uno ya no quiere parar.

  • Gwyneth

    yoga e Ipanema, excelente combinacion!