El bar donde Ipanema no duerme

Después de las nueve de la noche, la Visconde de Pirajá, avenida principal de Ipanema, equivalente, digamos, a la avenida Santa Fe en Buenos Aires en esa manía argentina de compararlo todo, está más desierta que domingo en el microcentro. Si Roberto Arlt viviera y visitara Río de nuevo, volvería a quejarse de lo mismo que en 1930. A las once de la noche todo el mundo está durmiendo. O casi, el que no, va por la mitad de su caipirona, una caipirinha de litro y medio, en el Barthodomeu. Y después, como a eso de las tres, cruzará al Empório, un bar rockero que también está a una cuadra del mar y salva las noches del barrio.  Seguir leyendo

El psicólogo

Ultimamente algunos amigos me preguntaron si tengo el contacto de algún psicólogo en Río. Les paso dos, el de una terapeuta argentina a la que fui durante varios meses en el 2009, y el de un psicoanalista también argentino que no conozco pero al que va un amigo, y desde que va, lo veo mucho mejor.

Psicología y Rio de Janeiro son como el chocolate con sal, pareciera que no combinan, pero resulta la más fina conjunción.

No voy a ningún psicólogo en este momento, para pagarles tendría que cambiar de trabajo. Estos que nombré arriba cobran R$ 380 la hora, se puede negociar algo, pero igual son caros, 1.369 pesos argentinos según el convertidor de moneda. Después de leer este dato, muchos psicólogos se van a querer mudar a Río, para desanimarlos les digo que primero aprendan muy bien el portugués, porque son pocos los latinos que viven en Río y tienen plata.

El texto que sigue lo escribí en el 2008. Todavía existía el obelisco que separaba Ataúlfo de Paiva y Visconde de Pirajá, la misma avenida con diferente nombre. El final de Leblon y el inicio de Ipanema. Todavía no dominaba bien el portugués ni las relaciones tóxicas.  Todavía vivía en Santa Teresa y circulaba el bondinho, ese tranvía amarillo que costaba 60 centavos y que cuando vuelva, dicen los moradores del barrio, costará R$25.

Es largo, como la terapia.

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Açaí, açaí, grita por el megáfono el vendedor del mejor açaí de la playa de Ipanema, con su sunga negra que en la bunda dice carioca con letra manuscrita, y me presenta a su hija, que debe tener unos 4 años, hermosa, mulata y con un beso marcado en el cachete  derecho, el rush rojo de unos labios gruesos.  Seguir leyendo

Vivir en la playa II

Bajar cuatro pisos y salir a la Av. Visconde de Pirajá, caminar dos cuadras por la Vinicius de Moraes y llegar a una Ipanema vacía, de lunes nublado, calzarse las ojotas en las manos y correr hasta Arpoador. Dos parejas de gringos juegan a la pelota; un señor medita, otro corre por la arena blanda y me pasa. Los surfistas esperan que el mar se ponga un poco más violento. Seguir leyendo

Horario de verano

IPANEMANORÁMICO. Star Guitar. Chemical Brothers from Ana Schlimovich on Vimeo.

Una hora más de playa, eso es lo primero que pensamos cuando en lugar de ser las siete son las ocho y todavía hay luz. Es el día más feliz de la sociedad carioca, después del carnaval, el cambio de horario cambia la energía de la ciudad. Lo bueno es que todavía no llegó el calor insoportable de enero, ni la cantidad abrumadora de turistas; noviembre y diciembre son deliciosos, la playa aun semi vacía durante la semana, el precio del agua de coco todavía no subió y el ruido de los aires acondicionados no tapa el de las chicharras que a eso de las siete de la tarde forman el coro que anuncia que el verano está por llegar.

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Ipanema en rollers

Hoy empieza una de las mejores estaciones para estar en Río. Pocos turistas, días cálidos, noches frescas, no más ruidos de aire acondicionado y la playa semi desierta, frecuentada apenas por los que van siempre, los que nadie sabe cómo hacen para estar todos los días ahí y no trabajando, por los bacanes y bacanas, y los freelas, o sea yo, que intento trabajar en horarios inusuales y no justo en esas horas en que la playa es una delicia.

Uno de los lugares donde más se siente la diferencia de estaciones es en la ciclovía, la bicisenda, una alfombra mágica de marzo a diciembre, sobre todo durante la semana, ya los fines de semana el paseo depende de la suerte con la que se ande.

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