La llama dentro del túnel

Primero pensé en alquilar mi casa para las Olimpíadas, como lo pensaron todos los habitantes de Río, cariocas y gringos. Una pareja de paulistas estuvo a punto de quedarse durante los veinte días, por una buena cifra. Pero eligieron Copacabana.

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El azar

Vuelvo del contador, vuelvo de hacer un trámite que debería haber hecho hace años, inscribirme en el MEI: microemprendedor individual. El contador, Edson, joven pero canoso, vestido con una camisa salmón inmaculada, rodeado de pilas de papeles, el aire acondicionado al máximo, se inquieta: Seguir leyendo

Super luna

Todos hablan de la luna llena, en todo el mundo, full moon. Yo no sé de lo que se habla porque de lo único de lo que hablo es de lo que me ocupa ahora, por entero, como hacía rato que algo no. Pero igual fui a ver la luna llena. Desde mi casa nada, cielo nublado cercado por cemento. Por eso me escapo, porque no basta tener la playa en la misma ciudad, a tres cuadras, aunque no te puedas meter al agua porque está contaminada. Seguir leyendo

Vida de bacana

Vivo a dos cuadras de la playa, del hotel Fasano, del posto 8. Demoro cinco minutos en llegar hasta la arena, meterme al mar. El sol de mayo tiene esa temperatura de la que uno no se queja ni por el frío ni por el calor. Son las tres y media de la tarde, es viernes y terminé de trabajar. En la playa estamos los afortunados. Sólo eso nos asemeja a todos los que estamos hoy acá. Recostados sobre los pareos, dormitando en reposeras, besándose en el agua, caminando por la orilla con patas de rana y bodyboard. Sin traje de neoprene, eso no hace falta. Hay olas fuertes, buenas para hacer bodyboard parece, el mar está lleno de chicos que barrenan y hacen giros sobre esas olas cortas y que caen en picada. Los surfistas están más en la punta, cerca de la piedra de Arpoador. Afortunados los que estamos. Seguir leyendo

Positividade

Juro que no sabía que hoy era el Día Internacional de la Felicidad (declarado por la ONU!). Pensaba escribir este post porque sí, para contrarrestar el último y porque hace bastante me vienen rondando estas sensaciones sobre las cosas positivas. Seguir leyendo

El psicólogo

Ultimamente algunos amigos me preguntaron si tengo el contacto de algún psicólogo en Río. Les paso dos, el de una terapeuta argentina a la que fui durante varios meses en el 2009, y el de un psicoanalista también argentino que no conozco pero al que va un amigo, y desde que va, lo veo mucho mejor.

Psicología y Rio de Janeiro son como el chocolate con sal, pareciera que no combinan, pero resulta la más fina conjunción.

No voy a ningún psicólogo en este momento, para pagarles tendría que cambiar de trabajo. Estos que nombré arriba cobran R$ 380 la hora, se puede negociar algo, pero igual son caros, 1.369 pesos argentinos según el convertidor de moneda. Después de leer este dato, muchos psicólogos se van a querer mudar a Río, para desanimarlos les digo que primero aprendan muy bien el portugués, porque son pocos los latinos que viven en Río y tienen plata.

El texto que sigue lo escribí en el 2008. Todavía existía el obelisco que separaba Ataúlfo de Paiva y Visconde de Pirajá, la misma avenida con diferente nombre. El final de Leblon y el inicio de Ipanema. Todavía no dominaba bien el portugués ni las relaciones tóxicas.  Todavía vivía en Santa Teresa y circulaba el bondinho, ese tranvía amarillo que costaba 60 centavos y que cuando vuelva, dicen los moradores del barrio, costará R$25.

Es largo, como la terapia.

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Declaración jurada

Ni por trabajo, ni por amor. Por paisajes como éste me vine a vivir a Río de Janeiro. Para poder verlo diariamente. Para estar en él diariamente. Y por paisajes como éste me hice adepta a correr, descalza, sobre la arena -que hoy estaba impoluta-. Y por correr descalza desapareció un juanete porteño que me había salido por usar un par de botas lindas por demasiado tiempo. Lo juro. El médico que vi en su momento me dijo que el hueso empezaría a salirse cada vez más, que si dolía habría que operar. Y una le cree porque es el médico. Y si una lo cree, sucede, porque así funciona la mente. Pero el juanete no creció, se fue. Sumiu. it’s gone. Sí, yo creo que venir a Río fue una buena decisión.

El sueño de dominar la pelota

La primera vez que vi este juego fue en la playa de Copacabana, durante un viaje de prensa a Río, y saqué la foto que abre este texto. Habíamos bajado 15 minutos a la playa después de dos horas de almuerzo en el Tulip Hotel. La mayor parte del tiempo de los viajes de prensa uno se la pasa comiendo. Era julio, el día estaba cálido y cuatro chicos en sunga se pasaban la pelota a orillas del mar con tanta gracia que quedé hipnotizada. En ese entonces no sabía que ese juego se llamaba altinha -o altinho-, o sea, altita, y que cuatro años más tarde estaría viviendo en Río y participando de una de esas ruedas. Seguir leyendo

Pequeño mundo

Tenía trauma con Ilha Grande, las dos veces que había ido fue por trabajo, para sacar fotos durante los viajes de prensa para periodistas, organizados por la Embajada de Brasil en Argentina. Lo único que recordaba sobre la isla era que el agua es tan transparente como la que sale por la canilla. Y los barcos, andábamos todo el día en barco. Suena bien, pero marea tanto como la cantidad de datos, fechas y nombres que los guías repiten casi de forma automática. Agradezco haber tenido la responsabilidad de las fotos y no del texto, porque no hubiera sabido qué escribir sobre esta preciosa e inmensa isla que más tarde realmente conocí. Seguir leyendo

La Ibiza latina

-Y yo hace un año y medio que estoy. Le dice la rubia argentina que vende bijouterie a otras tres rubias argentinas que están de vacaciones. Son las tres de la tarde y el mar de Ferradurinha, la playa más linda de Búzios, está congelado. El rasta que atiende el barcito también es argentino, es su primer día de trabajo y todavía no se aprende las marcas de cerveza. El otro rasta, con rastas de por lo menos diez años de largo, también: argentino y músico, a la noche va a tocar en la plaza del centro de Búzios. Seguir leyendo