Las canchas que nunca duermen

Quien pase por el Aterro do Flamengo, exactamente a la altura del Hotel Novo Mundo, detrás de los jardines del Palacio do Catete, a las siete de la mañana, a las tres de la tarde o a las dos de la madrugada, podrá ver seis canchas de fútbol en plena actividad, incluso cuando llueve. Son cuatro chicas, para siete jugadores, y dos grandes, para once, que permanecen abiertas las 24 horas, todos los días del año.

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El domingo desnudo

El jueves 12 de junio voy a un bar de Gràcia, en Barcelona, a ver la apertura del Mundial y el partido. Son las diez de la noche y en el barcito hay tres brasileños, cinco ingleses, el barman y yo. Al primer gol de Croacia los brasileños pagan y se van. Los ingleses piden un vaso tras otro de agua porque ya no tienen plata. La escena es más triste que la ceremonia de inauguración.

Mientras como una tapa con una caña me pregunto qué hago acá ¡la fiesta es en casa y yo me voy! Facebook y twitter tomados por amigos, bebés, abuelos, familias enteras con camisetas de fútbol y frases de ánimo y celebración. Y yo en un país indiferente al que aniquilarán al día siguiente. ¡Qué saudade por dios! Me deprimo, pago y antes del segundo gol de Brasil, con el bar vacío, me voy.

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Amor y Odio

#nãovaitercopa, #vaitercopa y #jáquevaitercopa (una guía que Rioetc acaba de lanzar sobre las distintas sedes donde se jugará el Mundial). Faltan pocas horas para que empiece la Copa y el mundo se olvide de sí mismo por un mes. Siete años atrás, en la playa de Copacabana, los brasileños celebraban haber sido elegidos para albergar el Mundial. Poco a poco la alegría, marca registrada de este país, fue siendo reemplazada por el malestar. ¿Por qué?

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