Pasajero en tránsito

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A BORDO DEL SUBTE B .- El nene quería un Blackberry, de eso no quedaban dudas. Con sólo cinco años, delantalcito cuadrillé de salita azul, con su nombre bordado en la pechera. “¡Quiero un Blackberry! ¡Quiero un Blackberry!”, gritaba y pataleaba porque su mamá no estaba dispuesta a comprárselo. Justo se le ocurrió pedir el chiche más amado del mundo adulto en la semana en la que el sistema operativo de esos teléfonos inteligentes, se volvió loco.

El pedido empezó tímidamente, como deslizado, sugerido, como arrancan siempre los caprichos. A medida que repetía la frase, se autoconvencía de que tener un Blackberry debía un “derecho de todo niño en edad de desarrollo”, o algo por el estilo.

“¿Para qué querés un BB, si ni sabés para qué se usa?”, le preguntaba la mamá. “Sí que sé. Para chatear y mandar mensajes, comprame uno, comprame uno”. Primero la risa y después el no rotundo.

El piquete entonces incluyó llanto, lamentos y reclamos. El famoso lloro de lágrimas secas, un concepto que entenderá cualquier padre/madre que haya presenciado una pataleta infantil. La actuación hacía temblar a Andrea del Boca, como reina de la interpretación de melodramas.

“Te compro un Blackperri… un Black pedorri… un Blackpepe”, ofreció la madre, entre risas.

“No, ves, ¿te das cuenta?–fustigó el chico– ¡Que injusto que es! Los grandes pueden tener Blackberry, pueden decir malas palabras y yo… ¡nada!”

(Telón lento)

 

 



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Era un tipo rudo, de esos con los que no está bueno discutir. Mirada adusta, dedos gruesos, cruzados sobre el estómago. Era tan grosso que los botones de la camisa apenas le abrochaban. Iba sentado contra la ventana, en el subte, sin cruzar una mirada amistosa con nadie.

No hubiera reparado en él de no ser por el vendedor de música de los ochenta que subió unas estaciones después que yo. “Todos los clásicos con los que bailaste y te enamoraste hace 20 ó 30 años”, dijo el promotor de esos discos compactos truchos que almacenan más de 100 temazos en formato mp3 y que ya van por el quinto volumen. Los anteriores compilan salsa, merengue, bachata, reggetón… y la lista sigue. Pero éste no… este disco traía lo mejor de los 80 . “Una oportunidad para aprovechar por tan sólo 10 pesos”, insistía el hombre, abriéndose paso entre una multitud de pasajeros a la que aquellos hits románticos habían comenzado a transformar, de desconocidos a posibles conocidos, igual que en un boliche o un bar. El ambiente se había enrarecido, ablandado, romantizado a mitad del mediodía en pleno centro de la ciudad.

“El poder de una canción bajo tierra”

De pronto, una canción abordo transforma el aire. La mirada de más de un pasajero se extravía en algún recuerdo. Nunca falta el que tararea la melodía, menea la cabeza o bien entrecierra los ojos y lanza esa mirada que antecede al encare: “Hace mucho que tomás este subte”, podría espetar. Es el momento de levantar la mano, no para pedir un trago sino para llamar al vendedor y desembolsar los diez pesos a cambio de ese pasaporte a Romanticlandia.

Claro que la magia dura sólo unos instantes. Y nadie quiere ser sorprendido por otro pasajero al haberse dejado llevar por el momento. Por eso, creo que este pasajero de gesto adusto se sintió incómodo al notar que lo miraba. Que había sido testigo de la transformación de su rostro, de lo que “el poder del amor” podía hacer en él, al extremo de subyugarlo y obligarlo a comprar el CD.

Creo que no sospechó que le había tomado una foto, con fines exclusivamente documentales, pero notó el peso de mi mirada. Como la música ya se había apagado y el  rechinar de rieles era todo lo que escuchábamos, nuestro contacto visual hizo chispas, nos repelió. Otra vez miró feo y cruzó los brazos sobre el estómago. Tenía el CD en su mano, pero estaba claro: la magia se había bajado en la estación anterior.

 

 




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Desde hace algunos días, en algunas ventanillas del subte empezó a verse carteles como el de la foto. En twitter, distintos usuarios denunciaban que los boleteros dejaron de cargar las tarjetas Sube y Monedero como parte de un reclamo sindical, ya que esta tarea no estaba definida ni incluida en su contrato de trabajo.

Lo cierto es que ayer la medida se extendió a casi todas las ventanillas. Ante la pregunta de los usuarios, los vendedores de pases explicaban que se trataba de una medida de reclamo gremial y que se extendería hasta mañana.

Afuera, en la superficie, los quioscos que hacen la recarga trabajaron como nunca. Los usuarios ya se acostumbraron a usar este sistema que les evita las colas en hora pico y que evita tener que andar con monedas, ya que la gran mayoría de los colectivos también que circulan por la Capital ya permiten pagar el boleto con este medio de pago.

 



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A la ida:

@romeodesubte: Gente! Si alguien perdió un #anillo en el #subte b hoy, alrededor de las 8:30. Lo tengo yo. No se, quizá sea importante para alguien!

@debyprieto: Odio el reloj del #subte b de #losincas que cada vez que me bajo esta 10 min adelantado y cada vez que lo miro me olvido

@barbiearnold: En el #subte suena Pasito a pasito de #Gilda. Hoy puede ser un buen día.

@patineta: Para mi que los que viajan conmigo en el #subte esperan a verme pasar x la calle y ahi se mandan solo para apretujarme entre todos

@hernanredensky: flaco en el #subte al lado mio: muy pero muy buen jueves mi amor, te super amo. estupido, idiota, la gente duerme a esa hora.

@andreitalv: Parecia un hombre comun hasta que empezo a cantar britney spears a viva voz #colectivo

@nannurosas: Hoy en el #subte elegí leer mi libro por sobre boludear con mi celular. Creo q maduré. Creo.

A la vuelta:

@johnmarkgyt: En el #colectivo yendo a mi casa, hay una chica que conozco y no la veo hace un monton y no me animo a decirle “hola”

@irisfz: Niño portador de variados piercings escucha música en equipito con dos parlantes y cambia de tema con un control remoto. #colectivo

@hernanredensky: una mina me clavo el codo en la espalda por dos estaciones, ilusa, que linda patada que le meti cuando salia. #subte

@sofijosch: Detesto esa gente que te pispea lo que estas mirando en el celular #colectivo #chusmas

@pascualicchio: Subir al #subte ahora es como participar de hombre al agua

@nannurosas: Podría hacer una clara analogía entre el #subte y un novio, y el amor y odio.

@GaboAlejandro: Me paro al lado de la puerta para admirar la vista hacia afuera pero gracias por preguntar si voy a bajar. #subte

@cclaret Estoy viajando en el #subte con James Dean. No da para sacarle una foto.

@Melanieberdi técnicas para entrar/salir d 1 #subte lleno: d costado y el hombro pegado al cachete, todo al grito d permiisooo! No falla

@REN_ZZ: Hay uno en el #subte con anteojos de sol y leyendo un libro… No sé cómo hace

 

 



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La vuelta a casa en #subte #tren o #colectivo. Miles de historias. Contá la tuya y después leela en Pasajero en Tránsito, http://ow.ly/6c0Ua

Este es el top five de hoy. Gracias x participar.

1) @patineta: #vivezacriolla es usar la panza de ravioles para que te den el asiento en el #subte @o_blogo

2) @snakeimpeesa: La voz del #subte dijo: ‘Si siguen trabando la puerta, nos vamos a quedar jugando toda la tard eh’. Poeta contemporánea!

3) @nicommo: Hoy no esta tan apretada la cosa en el #subte hoy no le fabrico babys a nadie jaja

4) @danielpadula: #subte linea A, se armo campeonato de tetris humano, hagan sus apuestas!

5) @laniniaz: Un pibe de unos treintailargos se peina con insistencia el flequillo largo todavía húmedo y trata de tapar una incipiente pelada

 



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La vuelta a casa en #subte #tren o #colectivo. Miles de historias. Contá la tuya y después leela en Pasajero en Tránsito.

Hace unas horas lancé esta convocatoria en Twitter. Este es el Top 5 de las mejores microhistorias en 140 caracteres, en el regreso.  Después de todo, también nos comunicamos cuando somos pasajeros en tránsito. Nuestros dedos no pierden su agilidad, pese a ir como vacas o sardinas.

 

1) @jotaleonetti: #Subte C sent constitucion detenido en independencia x señor con zapato atascado

2) @nannurosas: Ok. Dejo mi libro y me coloco los auriculares. Espero q estas 2 minas entiendan la indirecta y dejen de gritar mientras…

3) @Daiichuchii: Con nauseas en el #colectivo ashhhh como odio viajar cuando hay mucha genteee.. BAÑENSEEE LOCOOOOO!…

4) @elita2punto0: Nada mas feo que te mastiquen en la nuca #subte

5) @dfranco: La mayor concentración de #BB #Blackberry ocurre en el #subte

 



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¿Hace frío? Vaya novedad… estamos en invierno. Tal vez sea solo una frase para romper el hielo del invierno, claro, con este frío…

Parece imposible, pero hay personas a las que las temperaturas gélidas les despiertan algo más que el comentario de ascensor.

Como este cartel con el que me topé hace unos días.  No pude no detenerme a leerlo y celebrar la ocurrencia con una sonrisa.

Al fin a alguien se le ocurre algo. Ese día pasé de largo por que iba apurada, pero cualquier día de estos vuelvo con mi carnet de vacunación y me inoculo. Y también, con este frío…

 



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Durante las vacaciones de invierno surgió este debate. Hablábamos con algunos compañeros acerca de qué programas solíamos hacer durante las vacaiones de invierno, cuando éramos chicos. Las respuestas variaron según las décadas. Desde ir al cine Los Angeles, para ver las películas de Disney, hasta ir a tomar el té con masitas a Harrod’s.

Ir a ver los aviones a Aeroparque… deslizó alguien. Y la polémica quedó instalada: ¿Todavía los padres cumplen con este ritual de llevar a sus hijos y apostarlos en la reja verde de avenida Costanera?

No pude pasar por alto esta pregunta la siguiente vez que pasé por allí. La respuesta es que sí. Tal como se ven en las fotos,  los avioncitos de Aeroparque tienen plena vigencia. Eso sí, con mucha menor concurrencia. Un clásico que nos abre la puerta del túnel del tiempo y que se renueva con las nuevas generaciones.

 



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El era un simple motociclista. Ella viajaba en colectivo. En menos de lo que dura la luz roja la vio y pudo imaginar una vida a su lado… o al menos, lo que quedaba de la tarde, juntos.  Su  estampa de perfil le pareció el relieve de una moneda. Era el momento de jugársela a cara o ceca, a todo o nada. Por eso,  no dudó en poner toda su creatividad en juego.

En el siguiente semáforo, sacó un papel y una birome negra. Escribió el mensaje: “HOLA ¿Te llevo?”. El semáforo era de tres tiempos y le dio tiempo para pintar el relleno de las letras, para que se vieran mejor.

El tránsito estaba tan trabado como siempre en Buenos Aires. Eso podía ser una mala noticia, pero él supo valorar la otra cara de la moneda. El tránsito lento le dio tiempo para parar en un kiosco, comprar cinta skotch y pegarle seis rulitos en las puntas del cartel. Su plan tenía que salir perfecto.

En el semáforo siguiente, sacó ventaja y sin que ella lo hubiera notado hasta ese momento, estacionó la moto, se paró sobre un cantero en la vereda, justo a la altura de la ventanilla sobre la que ella había reclinado la cabeza. Entonces, estampó el cartelito.

Ella se dio vuelta, asustada primero y divertida unos segundos después, cuando entendió lo que pasaba. Entonces él la vio de frente, por primera vez, mientras arrancaba de una patada su moto. De frente y descubrió que no era perfecta: eso la hacía aún mejor.

En la parada siguiente la chica tocó el timbre. Bajó y se abrazó a la cintura del conductor de la moto, justo en la misma esquina en la que yo subí a este colectivo. El cartelito quedó ahí y cuando yo llegué hasta esa ventanilla, otra chica ya se había sentado en el lugar vacante. Sin que se diera cuenta, le saqué una foto (al cartelito) y en lo que quedaba del viaje me imaginé esta magnifica historia de amor en tránsito que puede ser real sin nunca haber sucedido.

 



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Cuando lo ví, primero pensé que llevaba una silla de ruedas. Me acerqué y descubrí que no: era una bicicleta plegable, de esas que algunas empresas ofrecen a sus empleados para fomentar la movilidad sustentable.

No las había visto a bordo antes, pero la verdad es que, al tener que tomarme el colectivo, empecé a evaluar seriamente la posibilidad de comprarme una.