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	<title>Pasajero en tránsito</title>
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	<description>Qué hacemos los porteños hasta llegar a destino</description>
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	<p><a href='http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito'><img src='http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/files/2010/11/CabezalTransito1.JPG' alt='Pasajero en tránsito' /></a></p>
	<item>
		<title>Viajar hoy fue un placer</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 21:42:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Himitian</dc:creator>
				<category><![CDATA[A bordo]]></category>
		<category><![CDATA[Metrobús; tren; paro de subte]]></category>

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		<description><![CDATA[Es cierto. Viajar hoy por la ciudad no fue lo que esperaba: fue un placer. No estoy siendo sarcástica. Sé que para la mayoría de los porteños fue un infierno, lo reconozco. Sobre todo para aquellos que tuvieron que venir al centro en hora pico. Pero yo tuve otra suerte, un viaje que suele demandarme [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Es cierto. Viajar hoy por la ciudad no fue lo que esperaba: fue un placer. No estoy siendo sarcástica. Sé que para la mayoría de los porteños fue un infierno, lo reconozco. Sobre todo para aquellos que tuvieron que venir al centro en hora pico. Pero yo tuve otra suerte, un viaje que suele demandarme casi una hora me llevó sólo 29 minutos.</p>
<p>Tenía que ir al centro después del mediodía. Luego de oir miles de quejas en la televisión, descarté el auto. También descarté el colectivo hasta el centro: en condiciones normales el recorrido sobre la superficie puede demandarme una hora y veinte, contra 50 minutos combinando subte y colectivo.</p>
<div class="ngg-galleryoverview"><div class="slideshowlink"><a class="slideshowlink" href="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/a-bordo/viajar-hoy-fue-un-placer/?show=gallery">[Show picture list]</a></div>[[Show as slideshow]]</div>
<div class="ngg-clear"></div>

<p>La mejor opción, pensé: combinar Metrobús hasta Palermo y de ahí el tren a Retiro.</p>
<p>Salí de casa y caminé dos cuadras hasta Juan B. Justo y Boyacá. Apenas llegué, y cuarenta y siete, llegó el Metrobús, vacío y veloz como en sus mejores días.</p>
<p>¡A las 14.54 ya había cruzado Corrientes! Esto significa que en siete minutos había hecho un recorrido que suele demandarme al menos 20 minutos en otro colectivo. Y cincuenta y siete ya había pasado el puente y las Torres Mirabilia. Y cincuenta y nueve bajé del 166, crucé Santa Fe. Tuve un segundo de duda ¿ y si retiro una bicicleta del GCBA y me voy pedaleando? No, mejor no. Y entré en la estación de tren. Saqué boleto a Retiro, subí al andén. El ticket decía 15.01. El tren estaba llegando, subí en seguida partimos. Cuando el tren dejó la estación eran 15.04</p>
<p>Subí a un vagón contiguo al furgón. No sé si fue la mejor decisión, pero lo bueno fue que estaba casi vacío: sólo viajábamos una madre con su hija, un chico que se hamacaba hacia el vacío de la puerta abierta (¡que no se tire, por Dios!); un viejito que me sonreía con un solo diente; un chico con gorrita y capucha puestas  (que nos obligaba a cuidar las pertenencias por la sola portación de capucha) y un señor con pinta de vendedor ambulante de peines de bolsillo que se me sentó al lado y empezó a roncar 15.05 . ¿Cómo puede dormirse tan rápido?</p>
<p>A las 15.06 pasamos el Lawn Tennis Club y tres minutos más tarde ya pasamos la Facultar de Derecho.  El tren siguió acelerando y cuando ya eran y once, casi llegando a la 9 de Julio, se detuvo por completo.</p>
<p>Todos comenzamos a ponernos algo nerviosos. Tal vez, la mejor opción par a llegar rápido al centro, empezaba a complicarse. Desde las ventanas de las casas de la Villa 31, salió un vecino a gritar algo. Supongo que nos saludaba (supongo!) Pero en cuestión de minutos, el tren retomó la marcha. Antes de y dieciséis estaba en Retiro.</p>
<p>Definitivamente había sido una buena opción. Por delante tenía una breve caminata hasta llegar a destino, bajo el agradable sol otoñal. Claro que en la caminata me crucé con las brigadas de policías munidos hasta los dientes para evitar disturbios en las estaciones cabecera de los subte. También con cientos, miles, de pasajeros con caras largas, de esos que aparecen por televisión quejándose de lo mal que viajaron hoy.</p>
<p>Por mi parte, no podía quejarme: en sólo 29 minutos de viaje había hecho un trayecto que en un día común me demanda cerca de una hora. Por eso, para mí, hoy viajar fue un placer.</p>
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		<title>Tres pasajeros son mucha gente</title>
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		<pubDate>Mon, 07 May 2012 23:45:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Himitian</dc:creator>
				<category><![CDATA[A bordo]]></category>
		<category><![CDATA[novios]]></category>
		<category><![CDATA[subte]]></category>
		<category><![CDATA[tres amigos]]></category>

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		<description><![CDATA[Foto ilustrativa &#160; Viajaban los tres juntos: la novia, el novio y la amiga de la novia. Los vi en el subte, cuando volvían del cine, este domingo por la noche. La energía circulaba de una manera extraña entre ellos: la novia -rubia, voluptuosa y producida- buscaba cualquier excusa para abrazar a su chico y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><a rel="attachment wp-att-1316" href="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/a-bordo/tres-pasajeros-son-mucha-gente/attachment/img3082/"></a><a rel="attachment wp-att-1323" href="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/a-bordo/tres-pasajeros-son-mucha-gente/attachment/img3082-2/"><img class="aligncenter size-large wp-image-1323" src="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/files/2012/05/IMG30821-1024x316.jpg" alt="" width="717" height="221" /></a><br />
<em>Foto ilustrativa</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Viajaban los tres juntos: la novia, el novio y la amiga de la novia. Los vi en el subte, cuando volvían del cine, este domingo por la noche.</p>
<p>La energía circulaba de una manera extraña entre ellos: la novia -rubia, voluptuosa y producida- buscaba cualquier excusa para abrazar a su chico y robarle un beso. El, sentado en el medio de las dos mujeres, eludía el contacto. Jugaba con su celular, miraba por la ventanilla. Era evidente: no podía evitarlo, sólo tenía ojos para la amiga de su novia.</p>
<p>La amiga es sencilla. Cero producida, raya al costado, borsegos gastados y bolso cruzado. Llevaba abiertos unos ojos negros enormes, que tenían cautivo al novio de su amiga.</p>
<p>Cuando el chico quiere hacer un comentario, sutilmente se inclina hacia la amiga, habla despacio, se miran y se ríen con cierta timidez. Entonces la novia entra en acción. Le estampa un beso a su vecino o propone una conversación que muere a la segunda frase.</p>
<p>&#8220;Ya lo decidí. Me voy a cortar el pelo&#8221;, anuncia la amiga, intentando cambiar el foco de la charla. &#8220;¿Más corto? A mí me gustaba cuando lo tenías más largo. Así no te favorece&#8221;, dice la novia.</p>
<p>&#8220;A mí me gusta como lo tenés. Te queda bien&#8221;, desliza él. La amiga sonríe. Se sonroja. Para qué&#8230; La novia sucumbe en una precoz sensación de abandono.</p>
<p>La energía sigue haciendo cortocircuitos entre ellos.</p>
<p>Me levanto y bajo del subte. Los veo pasar en el vagón de espaldas a mí y confirmo mi sensación de estar ante un momento culminante en esa relación de a tres:  Hay dos novios que están a punto de dejar de serlo y dos amigas que no volverán a hablarse en años.</p>
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		<title>Un paseo por la intimidad de los balcones</title>
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		<pubDate>Sun, 15 Apr 2012 22:27:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Himitian</dc:creator>
				<category><![CDATA[A bordo]]></category>
		<category><![CDATA[balcón]]></category>
		<category><![CDATA[balcones]]></category>
		<category><![CDATA[intimidad]]></category>
		<category><![CDATA[paseo]]></category>

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		<description><![CDATA[Foto: Soledad Aznarez / Flickr Ahora que lo pienso, me encantan los balcones. Me di cuenta de esto el viernes pasado cuando iba en el colectivo, a eso de las 9 de la mañana y disfrutaba de haber conseguido un asiento en hora pico. Un chico que iba sentado en frente, empezó a reír como [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><a href="http://www.flickr.com/photos/soledadaznarez/5609951247/in/set-72157626141162155/"><img class="aligncenter size-full wp-image-1301" src="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/files/2012/04/5609951247_a8f2468c23_z.jpg" alt="Foto de Soledad Aznarez" width="640" height="427" /></a><em>Foto: Soledad Aznarez / Flickr</em></p>
<p>Ahora que lo pienso, me encantan los balcones.</p>
<p>Me di cuenta de esto el viernes pasado cuando iba en el colectivo, a eso de las 9 de la mañana y disfrutaba de haber conseguido un asiento en hora pico.</p>
<p>Un chico que iba sentado en frente, empezó a reír como loco y al mirar lo que él miraba descubrí a un hombre en calzoncillos, hablando a los gritos con su celular desde el balcón.</p>
<p>Gesticulaba, gritaba, movía los brazos. Tan atrapado estaba en la discusión que libraba que ni se dio cuenta de cómo había salido, ni que nosotros y todos los demás lo estábamos viendo.</p>
<p>A partir de entonces, obvio, seguí el viaje mirando los balcones: tenders repletos de ropa, cajones con juguetes, plantas, ejércitos enteros de objetos que ya no se usan.</p>
<p>Los balcones tienen esa justa dosis de intimidad y espacio exterior que los hace un ambiente único.</p>
<p>Cuando uno está adentro del departamento siente que si cruza la ventana sigue estando adentro y que nadie puede verlo.</p>
<p>En cambio, cuando uno pasa por debajo o por enfrente, descubre que el balcón en realidad es el habitante más indiscreto del edificio.</p>
<p>Desde el quinto piso vocifera las últimas novedades de la intimidad hogareña al mundo: que acabamos de lavar la ropa, (y que pilchita que nos pusimos este fin de semana), que no regamos las plantas ni por equivocación, que nos compramos una bicicleta y no tenemos dónde guardarla, que no nos dejan fumar adentro, que no tenemos aire acondicionado y la casa en un horno, que adentro no hay buena señal&#8230;</p>
<p>Y cuando por fin decidimos largarnos de ese edificio de chusmas, es el balcón el encargado de dar el anuncio al barrio: un cartel que cuelga de los barrotes anuncia que el departamento finalmente se va a vender.</p>
<p>-       <em> ¿Así que te mudás?</em></p>
<p><em>-         Sí ¿cómo te enteráste? ¿Por Facebook?</em></p>
<p><em>-         No. Me lo dijo tu balcón.</em></p>
<p style="text-align: center"><a rel="attachment wp-att-1303" href="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/a-bordo/un-paseo-por-la-intimidad-de-los-balcones/attachment/balcon/"><img class="aligncenter size-large wp-image-1303" src="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/files/2012/04/balcon-1024x768.jpg" alt="" width="491" height="369" /></a></p>
<p>Durante el tour de los balcones se puede trazar un perfil de los habitantes según el piso en el que viven. En los primeros pisos suele haber una mesita con sillas, plantas y mucho hollín. Las persianas están casi siempre bajas. Sus habitantes quieren usar el balcón pero la contaminación es más fuerte.</p>
<p>Del tercer piso para arriba, la sensación de invisibilidad se incrementa. Y en consecuencia, la variedad ecléctica de la “decoración”. Allí todo es posible. Los pisos superiores en general son habitados por gente precavida: suelen estar cerrados con redes y es más frecuente que dejen las persianas levantadas, sin temor a ser espiados por los vecinos: son ellos los que espían.</p>
<p>Cualquiera que haya vivido en un depto con balcón debe reconocer que en más de una oportunidad se asomó en condiciones en las que no saldría a la calle, creyendo ser invisible.</p>
<p>Hay algo poco natural en el hecho de habernos acostumbrarnos a ver las guirnaldas de bombachas y medias que cuelgan del balcón de enfrente. ¿Cómo hacemos para dar el buenos días al día siguiente?</p>
<p>Como sea. Con su fisonomía intimista y exteriorista, los balcones son una pieza única e imperdible del paisaje urbano.</p>
<p>Invito a los pasajeros frecuentes del blog a disfrutar del tour de los balcones de Buenos Aires la próxima vez que consigan un asiento en el colectivo. Y no hablo del patrimonio arquitectónico de la ciudad, que es otro yeite.</p>
<p>Hablo de todo aquello que habla de quienes somos y cómo somos los habitantes de esta ciudad que muchas veces se empecina en hacernos invisibles.</p>
<p>Sin dudas, un paseo para alquilar balcones.</p>
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		<item>
		<title>Honestidad en un lavadero de autos</title>
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		<pubDate>Mon, 09 Apr 2012 21:16:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Himitian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Compás de espera]]></category>
		<category><![CDATA[cámaras]]></category>
		<category><![CDATA[dólares]]></category>
		<category><![CDATA[lavadero]]></category>

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		<description><![CDATA[El hombre tenía unos 80 años y llegó al lavadero de autos de la avenida Juan B. Justo al borde del colapso. &#8220;Quiero hablar con el encargado&#8221;, reclamaba. Los clientes y los empleados, todos se alteraron. Parecía ser alguien a quien le habían lavado mal el auto, o se lo habían rayado, o vaya a [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="alignnone" src="http://1.bp.blogspot.com/-GH-EPdac1eM/T2Mx2qBt0bI/AAAAAAAAHdo/RSJupSMa1U4/s1600/IMG_6036.JPG" alt="" width="576" height="432" /></p>
<p>El hombre tenía unos 80 años y llegó al lavadero de autos de la avenida Juan B. Justo al borde del colapso. &#8220;Quiero hablar con el encargado&#8221;, reclamaba. Los clientes y los empleados, todos se alteraron. Parecía ser alguien a quien le habían lavado mal el auto, o se lo habían rayado, o vaya a saber uno qué cosa. Pero el temor que tenían todos era que al hombre le diera algo. Una ataque cardíaco, que se descompusiera.</p>
<p>Estaba blanco como la espuma sobre los autos y no cesaba de pedir por el encargado. La gente lo rodeó y en pocos segundos apareció el encargado. &#8220;No sé dónde tengo la cabeza&#8221;, le dijo.</p>
<p>&#8220;Señor, por favor, cálmese. Pase a la oficina, siéntese. Le va a hacer mal&#8221;.</p>
<p>Entraron a la oficina.</p>
<p>&#8220;Escuchame, no entendés. Estoy desesperado. No sé dónde tengo la cabeza, pero traje a lavar el auto y me olvidé de sacar 4500 dólares que tenía abajo de la alfombra del asiento del acompañante. Y ahora no están&#8221;, dijo el hombre, liberando su angustia.</p>
<p>El encargado encendió un monitor y le dijo que el lavadero tenía 16 cámaras que graban todos los movimientos, tanto de clientes como de los empleados. La grabación no dejó dudas. Los dos hombres vieron las imágenes, aliviados. Una cámara captó cómo el empleado se encontró con la pequeña fortuna al levantar la alfombra y cómo se llevó el dinero hacia un costado. Después, otra cámara tomó cómo lo guardó en una mochila y después, volvió y lo pasó a otra mochila. Volvió y terminó de lavar el auto.</p>
<p>El responsable del lavadero salió buscó la mochila y encontró allí los 4500 dólares. Se los devolvió al dueño y llamó al empleado para decirle que estaba despedido y que lo iba a denunciar.</p>
<p>Los clientes del lavadero quedaron pasmados por la rapidez con que se resolvió todo. Incluso, los más desconfiados, aquellos que se ponen paranoicos de que no les toquen nada cuando llevan a lavar el auto, se juraron a ellos mismos ser clientes de por vida de ese local.</p>
<p>&#8220;De ahora en más, yo lo voy a llevar siempre ahí&#8221;, me dijo la persona que me contó esta historia, que a la vez había escuchado el relato de un amigo que estaba presente aquella mañana.</p>
<p>Ni tarjetas de puntos ni grandes descuentos. ¿Sabrán las empresas que la honestidad es la mejor estrategia de fidelización del mercado y que se transmite como reguero de pólvora?</p>
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		<title>Un tributo al pasajero que cede el asiento</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Feb 2012 19:50:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Himitian</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pasajeros frecuentes]]></category>
		<category><![CDATA[ceder el asiento]]></category>
		<category><![CDATA[Keanu Reeves]]></category>
		<category><![CDATA[SUBE]]></category>

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		<description><![CDATA[EN EL SUBTE.- Miran para otro lado. Si les da tiempo, se hacen los dormidos, roncan y hasta babean. Estoy hablando de los pasajeros que consiguen un asiento y se aferran a él como su último lugar de seguridad en el mundo. No importa que se los tome por mal educados o por mal dormidos, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>EN EL SUBTE.- Miran para otro lado. Si les da tiempo, se hacen los dormidos, roncan y hasta babean. Estoy hablando de los pasajeros que consiguen un asiento y se aferran a él como su último lugar de seguridad en el mundo. No importa que se los tome por mal educados o por mal dormidos, si pueden evitar tener que ceder el asiento van a hacerlo.</p>
<p>Quienes hayan viajado con un embarazo a cuestas lo habrán notado. No son pocas las veces que una misma, con panza de siete meses, termina dejándole el asiento a otra mujer más embarazada que una, es decir, que se subió a ese subte o colectivo para ir a la clínica a parir.</p>
<p style="text-align: center">&nbsp;</p>
<div class="mceTemp mceIEcenter" style="text-align: center">
<dl>
<dt><a rel="attachment wp-att-1264" href="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/pasajeros-frecuentes/un-tributo-al-pasajero-que-cede-el-asiento/attachment/img050/"><img class="size-large wp-image-1264 " src="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/files/2012/02/IMG050-1024x651.jpg" alt="" width="614" height="391" /></a></dt>
<address><em>El vaivén del subte es como una canción de cuna para algunos </em></address>
</dl>
</div>
<p>&nbsp;</p>
<p>La que sigue es una clasificación de los pasajeros y sus estrategias a la hora de ceder el asiento.</p>
<p><strong>El/ la que duerme.</strong> De pronto, una ráfaga de sueño lo subyuga. Parpadea lento dos veces y deja caer la cabeza para atrás.  Se ladea a derecha e izquierda y hasta se atreve a apoyarse en el hombro vecino. Pero cuando llega su parada, se pone en pie como si tuviera resortes en la cola. ¿Cómo sabe que llegó su parada? Porque hace trampa. Pone los ojos en blanco y espía.</p>
<p><strong>El o la que lee</strong>. Viaja leyendo un libro sobre Derecho Internacional Privado que lo tiene con los párpados a media asta. Leyó cuatro veces la misma página y ni siquiera se dio cuenta. De pronto, cuando sube un anciano, una madre con un bebe en brazos o un pasajero con muletas, el texto cobra vida y lo atrapa. Es como una novela en la escena final, pasa las páginas con ojos brillantes, sin siquiera notar que sostiene el libro patas para arriba. Cuando el pasajero con movilidad reducida consigue un asiento, cierra el libro y empieza a jugar al tetris en su celular.</p>
<p style="text-align: center"><strong><em>Video: Keanu Reeves cede su asiento en el subte</em></strong></p>
<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/EMB1EOnUwX8" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p><strong>El que habla por teléfono</strong>. Juega con ese aparatito todo el viaje. Manda mensajes, saca fotos y se ríe solo/a. Pero cuando sube alguien con más derecho a ese asiento, se entrega a una conversación formal con aristas laborales, que requiere que saque papeles y carpetas de su portafolio y los use como argumento. Imposible, en esa condición dejar el asiento a otra persona. Claro que para utilizar esta estrategia debió primero haber apagado el aparato. ¿O es al único al que le suena el teléfono mientras está hablando?</p>
<p><strong>El que finge un embarazo. </strong>Es capaz de cualquier cosa con tal de no perder esos 30 cm donde apoyar su asentadera. Este pasajero/a es capaz de sacar panza, tramitar un pasaporte filipino y ponerse a tejer escarpines en ese momento, con tal de no levantarse.</p>
<p><strong>El que se levanta unos segundos después que otro. </strong>No se lo puede acusar de que no tuvo una buena actitud. Cuando subió un pasajero que necesitaba ese asiento, él hizo todo el amague. Claro que tardó tanto en juntar sus petates y ponerse en pie, que le ganaron de mano. &#8220;Pero, pero&#8230; bueno, la próxima vez será&#8221;. Igual, más allá de su actuación, en el vagón todos lo miran con desprecio. Somos pocos y nos conocemos tanto&#8230;</p>
<p><strong>El que intenta amontonarse.</strong> Tiene buen corazón. Eso es innegable. Este pasajero no es indiferente al hecho de que alguien en peores condiciones que él vaya parado. Intenta hacerle un lugarcito, pero eso sí, no le pidan que se pare. Entonces, si viaja en un subte con asientos indivisos, empuja y empuja con su cadera a los otros pasajeros para hacer espacio, de unos 15 cm y lo ofrece con toda generosidad. Sin palabras.</p>
<p><strong>El que se levanta y termina el viaje parado.</strong> Este es mi pasajero favorito, ese al que las abuelas cachetean y besan para demostrar agradecimiento. Ellas consiguen que el pasajero altruista sienta que hizo su buena acción del día y viaje orgulloso (y en pie) el resto del camino. Todo tiene su recompensa en esta tierra (o bajo ella). Unos minutos más tarde, el pasajero buena onda descubre al mirarse en el reflejo de las ventanas del subte, que los abdominales se marcan mucho más cuando uno va con los brazos arriba, tomado del pasamano. Antes de bajar, las abuelas lo buscan, le retornan el asiento  y vuelven a besarlo. &#8220;Gracias, mi cielo, que Dios te recompense, mua mua&#8221;, dicen. Algo, que las más jóvenes todavía no nos animamos a hacer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Redes para reencontrar amores de colectivo</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Feb 2012 00:02:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Himitian</dc:creator>
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		<category><![CDATA[redes]]></category>
		<category><![CDATA[reencuentros]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Se vieron en mitad de un trayecto. En el subte, en el colectivo, en el supermercado, entre idas y venidas, entre la marea de gente. Pero hubo algo que los atravesó. Una mirada, una sonrisa, un guiño o ni siquiera eso.  Solamente un halo que los dejó cautivos. En ese momento, no se animaron [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&nbsp;</p>
<p>Se vieron en mitad de un trayecto. En el subte, en el colectivo, en el supermercado, entre idas y venidas, entre la marea de gente. Pero hubo algo que los atravesó. Una mirada, una sonrisa, un guiño o ni siquiera eso.  Solamente un halo que los dejó cautivos. En ese momento, no se animaron a decirse nada. El instante pasó y se desvaneció la química, sin que pudieran hacer contacto.</p>
<p style="text-align: center"><a rel="attachment wp-att-1217" href="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/a-bordo/redes-para-reencontrar-amores-de-colectivo/attachment/anteojos-4/"><img class="aligncenter size-large wp-image-1217" src="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/files/2012/02/anteojos2-1024x768.jpg" alt="" width="654" height="477" /></a></p>
<p>Aquellos que hayan sido víctimas de historias de amor y desencuentro en los medios de transporte porteño, hoy cuentan con una herramienta para rebobinar y volver a ese instante mágico: hay dos redes sociales que enfocadas volver a conectar a personas que se vieron y se perdieron.</p>
<p>&#8220;Te vi a eso de las 2 y media de la tarde, en la estación Juramento del Subte D.<br />
Venias  vestida con una remera gris, calzas negras y ojotas. Tenias una cartera  roja y un moño en el pelo haciendo juego. Otros detalle, las uñas de  las manos y los pies color amarillo. Cruzamos un par de miradas, seguramente te acordas de mi porque tenia bolsas con comida de Wendys. Me baje en estación Palermo&#8221;, publicó hace unos días un chico en el sitio <a href="http://www.ayerpase.com.ar" target="_blank">AyerPase</a> (Te vi y de busqué).</p>
<p>Cuando uno entra a la página, lo primero que ve es un listado de avisos tipo clasificados con descripciones tales como &#8220;Te ví en el Urquiza hoy 25/01/2012 que salía de Lacroze a las 16&#8243; o bien &#8220;Te vi en el 168 ayer por la noche&#8221;. Dentro del aviso, la persona interesada incluye una descripción de la situación, lugar, momento, además de cómo estaba vestido uno y otro.</p>
<p>Algo similar ocurre en el sitio <a href="http://www.porvolverteaver.com.ar" target="_blank">Por Volverte a Ver</a> que además de encuentros en medios de transporte, ofrece categorías como supermercados, shoppings, cine, boliches, bares, entre otras. Una idea que hace pensar en la historia del hit de James Blunt, &#8220;You Are Beautiful&#8221;.</p>
<p style="text-align: center"><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/ehToBz7zhqE" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<p>En ambas páginas, cuando uno lee la descripción, puede escribir un mensaje o simplemente clickear el botón &#8220;Soy yo&#8221; y a continuación, subir una foto suya para que quien publicó el aviso confirme si se trata de la misma persona.</p>
<p>Según dicen los administradores de las páginas, no fueron pocas las historias de amor con final feliz.</p>
<p>&#8220;Todo  comenzó con una búsqueda llamada Subte linea A a Perú. Al día   siguiente desperté y BAM! (?) Me encontré con un e-mail de él que decía   textualmente &#8220;No estoy del todo seguro pero antes de perder la   oportunidad de volver a ver a la unica persona que me pudo sacar una   sonrisa ayer prefiero equivocarme&#8221;, y adjuntó una foto suya y un mensaje invitándome al   Starbucks de Av. La Plata y Av. Rivadavia. Y bueno, desde ese día todo viene muy bien, es muy genial estar con él.   Hemos pasado más de 10 horas seguidas hablando por msn, ¡es increíble!   Somos una parejita de ñoños, hacemos comentarios/chistes súper frikis,   nadie entiende y nosotros nos cagamos de risa. Además, los dos amamos el cine clase B y Z. ¿Vos te das cuenta de lo   difícil que es encontrar personas que disfruten de esas películas?&#8221;, escribe Mariana, que gracias a Ayer Pasé logró reencontrarse con Gustavo.</p>
<p style="text-align: center"><a rel="attachment wp-att-1257" href="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/a-bordo/redes-para-reencontrar-amores-de-colectivo/attachment/img00362-3/"><img class="aligncenter size-large wp-image-1257" src="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/files/2012/02/IMG003622-1024x768.jpg" alt="" width="614" height="461" /></a></p>
<p>Francisco Salvetti es el creador de Ayer Pasé. Este estudiante de multimedia, de 21 años cuenta que decidió hacerla tras la experiencia personal de un amigo. &#8220;Conoció a una chica en un colectivo y lo único que sabía era que se llama Lucrecia y que va a la UB. Armó toda una estrategia para buscarla por Facebook y al cabo de tres semanas la encontró. Salieron pero no hubo química. Entonces se me ocurrió que se podía hacer algo para que esa búsqueda fuera más sencilla&#8221;.</p>
<p>Donde se rozan miradas se genera algo. Esa es la premisa de Salvetti. Es una opción al tener que sobrevivir con la duda de qué hubiera pasado si hubiera pedido el teléfono o el Facebook. La página comenzó a funcionar hace un año y ya reunió a más de 25 amores de colectivo. Otras 20 parejas se formaron entre personas que no resultaron ser aquel a quien se buscaba, pero el hallazgo fue mejor. Otros tantos, en cambio descubrieron que la fantasía del flechazo a bordo era mejor que la realidad del encuentro.</p>
<p>Quienes más búsquedas impulsan son las mujeres, aunque también los hombres tímidos. La página también se convirtió en un espacio poético de gente que cree que el verdadero amor viaja en el próximo colectivo. También están los pesimistas que creen que el amor es un tren que ya se fue.</p>
<p>Hace unos meses, una mujer publicó un clasificado que llamó la atención a los editores de Ayer Pasé: &#8220;Busco a un boletero de tren que en 1977 me regaló un poema&#8221;. Una búsqueda que todavía continúa.</p>
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		<title>Un caso de acoso visual</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Dec 2011 20:36:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Himitian</dc:creator>
				<category><![CDATA[A bordo]]></category>
		<category><![CDATA[acoso visual]]></category>
		<category><![CDATA[affaire]]></category>
		<category><![CDATA[blusita]]></category>

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		<description><![CDATA[No había notado la presencia de esa mujer a su lado. Los dos subieron en distintos puntos de la línea B, los dos con distintas preocupaciones en la cabeza, que hacían invisibles a los demás pasajeros. Era un día infernal como pocos. Ella promediaba los 30 y era la típica chica de oficina que aprovechó [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><em><a rel="attachment wp-att-1159" href="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/a-bordo/un-caso-de-acoso-visual/attachment/img_1145/"></a><a rel="attachment wp-att-1164" href="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/a-bordo/un-caso-de-acoso-visual/attachment/img_1145-2/"><img class="aligncenter size-large wp-image-1164" src="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/files/2011/12/IMG_11451-1024x378.jpg" alt="" width="614" height="227" /></a></em></p>
<p><em> </em></p>
<p>No había notado la presencia de esa mujer a su lado. Los dos subieron en distintos puntos de la línea B, los dos con distintas preocupaciones en la cabeza, que hacían invisibles a los demás pasajeros.</p>
<p>Era un día infernal como pocos. Ella promediaba los 30 y era la típica chica de oficina que aprovechó la hora de almuerzo para salir a hacer un trámite y se le complicaron las cosas. El, en cambio, superaba ampliamente los 50 (años) y los 100 (kilos). Venía peleando con el calor, a fuerza de abanicarse con un papelito.</p>
<p>Cuando el subte llegó a Pellegrini, él seguía sentado, con el terciopelo rojo del asiento transpirándole la espalda. Ella se puso en pie y la blusa blanca estilo oriental se le pegó al cuerpo. Recién entonces él notó la presencia de su compañera de ruta. Y se le incendió la mirada.</p>
<p>De pronto, en mitad de corridas y trámites, se había hecho un paréntesis de pasión. La tomó de la mano y la llevó hasta su departamento de soltero. En el ascensor le arrancó la blusita y apenas abrió la puerta, acabó por consumirse en la hoguera.</p>
<p>La jornada más calurosa había dado un giro impensado&#8230;</p>
<p>Estaba a punto de terminar su cigarrillo, enroscado en las sábanas y mirando a la nada, cuando el subte llegó a Florida. Ella bajó y se perdió en la multitud. &#8220;Sí, si, vestite y andate&#8221;, pensó él, cuando volvió en sí, tras el affaire que acababa de tener en su mente, en sólo una estación.</p>
<p>Creo que la chica de la blusita blanca nunca se enteró de la fantasía que acababa de alimentar. Sólo lo vimos los pasajeros que íbamos sentados en frente de este hombre de mirada en llamas, que con su papelito, seguía luchando contra el calor.</p>
<p>¿Esto no debería ser considerado por el Código Civil como una especie de acoso visual? No sé, digo yo.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Obviedades de la vida a bordo</title>
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		<pubDate>Sun, 04 Dec 2011 21:24:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Himitian</dc:creator>
				<category><![CDATA[A bordo]]></category>
		<category><![CDATA[leer]]></category>
		<category><![CDATA[obviedad]]></category>
		<category><![CDATA[subte]]></category>

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		<description><![CDATA[EN EL SUBTE.- Observo y soy observada. Critico en mi mente, no puedo evitarlo y a la vez soy escudriñada y criticada por los cinco pares de ojos que van sentados frente a mí. Veo a alguien que conozco, pero no tanto como para entablar un diálogo, entonces evito el roce de mirada y, está [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><a rel="attachment wp-att-1140" href="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/a-bordo/obviedades-de-la-vida-a-bordo/attachment/img00190/"><img class="aligncenter size-large wp-image-1140" src="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/files/2011/12/IMG00190-1024x768.jpg" alt="" width="717" height="538" /></a></p>
<p>EN EL SUBTE.- Observo y soy observada. Critico en mi mente, no puedo evitarlo y a la vez soy escudriñada y criticada por los cinco pares de ojos que van sentados frente a mí.</p>
<p>Veo a alguien que conozco, pero no tanto como para entablar un diálogo, entonces evito el roce de mirada y, está claro, él me evita a mí.</p>
<p>Si sube alguien que va leyendo, no puedo evitar mirar qué lee. Y si está escribiendo a mano, la tentación es aún mayor.</p>
<p>Lo mismo le pasa al mal educado del pasajero que va sentado al lado mío. Por eso, ESCRIBO EN MAYUSCULAS la siguiente pregunta: ¿LOCO, QUÉ MIRAS? ¿POR QUE NO LEES TU LIBRITO?&#8221;. Y con eso, logro hacer que se sonroje y desvíe la mirada.</p>
<p>Por momentos, conecto con el aquí y ahora del vagón. Vuelvo a observar y a ser conciente de que soy observada. Por momentos, me cuelgo y navego en la internet de mis asuntos pendientes. En la nube de mis pensamientos, los trending topics son &#8220;vacaciones&#8221;, &#8220;médico&#8221;, &#8220;el calor&#8221;. Una obviedad, ¿no?</p>
<p>Ahora que conecto y miro a mi alrededor, veo que muchos de los que observan y son observados tienen cara de tener las mismas preocupaciones que yo.</p>
<p>En fin, confirmado. No hay nada nuevo bajo el sol.</p>
<p>Tampoco bajo tierra.</p>
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		<title>Un chofer romántico</title>
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		<pubDate>Fri, 11 Nov 2011 02:49:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Himitian</dc:creator>
				<category><![CDATA[A bordo]]></category>
		<category><![CDATA[colectivo]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Miguel]]></category>
		<category><![CDATA[romántico]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; A BORDO DEL COLECTIVO.- Todos hemos viajado alguna vez con uno. El personaje de hoy es el denominado &#8220;fercho romántico&#8221;. Gafas oscuras, camisita celeste abotonada al cuello, acodado sobre la ventanilla. Se abre paso por el carril del Metrobus, creyéndose un metrosexual. Pero no lo es. Eso sí, no te le cruces porque te [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center"><a rel="attachment wp-att-1129" href="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/a-bordo/un-chofer-romantico/attachment/img00033/"><img class="aligncenter size-large wp-image-1129" src="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/files/2011/11/IMG00033-1024x768.jpg" alt="" width="614" height="461" /></a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>A BORDO DEL COLECTIVO.- Todos hemos viajado alguna vez con uno. El personaje de hoy es el denominado &#8220;fercho romántico&#8221;. Gafas oscuras, camisita celeste abotonada al cuello, acodado sobre la ventanilla. Se abre paso por el carril del Metrobus, creyéndose un metrosexual. Pero no lo es. Eso sí, no te le cruces porque te tira el coche encima.</p>
<p>De todas formas, como amo y señor de la atmósfera que impera a bordo, la música la elige él. Y esta mañana, el señor que maneja el colectivo mientras yo hago estas anotaciones en una libreta, se despertó con ganas de Luis Miguel. Y lo puso a todo volumen, sin temor a que otros internos de la línea que une Villa Martelli con la Facultad de Derecho lo tomen por un blandito.</p>
<p>Cuando yo subí, en Villa del Parque, sonaba &#8220;Usted es la culpable&#8230;&#8221; Preferí no tomarlo como algo personal (&#8220;¿Qué? ¿También soy culpable de este caos de tránsito?&#8221;). Me limité a pedir &#8220;uno de uno con veinte, por favor&#8221;. Pero le saqué la ficha de inmediato.</p>
<p>Treinta cuadras más adelante ya sonaba &#8220;Te extraño&#8221;. Los pasajeros que no comulgaban con los gustos musicales del chofer romántico se veían forzados a buscar refugio en los auriculares de sus ipod/iphone/teléfonos inteligentes.</p>
<p>Estaba claro que el interno 39 tenía una fijación en la etapa bolerista de Luismi.</p>
<p>Pero si algo le faltaba a este viaje meloso era un vendedor ambulante de poesía, que subió en Corrientes y Scalabrini Ortiz.</p>
<p>&#8220;Desde el Alma&#8221;, el número 122 de una edición autogestionada. Se llama Omar Bruni, leo en el folleto: &#8220;Tu ahí sentada, haciendo no sé que cosa. Ensimismada en tu mundo. Me oyes hablar, levantas la vista, nuestros ojos se cruzan&#8221;.  Sí, esa soy yo, &#8220;enmimismada&#8221; a bordo del colectivo, el romantic tour menos pensado.</p>
<p>El poeta se baja diez cuadras más allá y el chofer vuelve a darle la palabra a Luis Miguel. Unas paradas más adelante, toco el timbre y bajo. Ya en la calle, no puedo evitar notar la sutileza: &#8220;La puerta se cerró detrás de tí&#8230;&#8221;</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Las once y cuarenta y nueve</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Oct 2011 19:30:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Evangelina Himitian</dc:creator>
				<category><![CDATA[A bordo]]></category>
		<category><![CDATA[bala perdida]]></category>
		<category><![CDATA[colectivo]]></category>
		<category><![CDATA[muerte]]></category>

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		<description><![CDATA[Foto ilustrativa: Enzo Velasco (relato ficcionado) Las once y cuarenta y nueve. Esa era la hora exacta en la que un perdigón le destrozó la garganta a Manuel a bordo de un colectivo. El lo sabía porque cuando el semáforo en rojo detuvo la marcha sobre la avenida, maquinalmente miró su reloj. Once y cuarenta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right"><a rel="attachment wp-att-1118" href="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/a-bordo/las-once-y-cuarenta-y-nueve/attachment/3408021707_7f4963ab74_o/"><img class="aligncenter size-full wp-image-1118" src="http://blogs.lanacion.com.ar/pasajero-en-transito/files/2011/10/3408021707_7f4963ab74_o.jpg" alt="" width="640" height="358" /></a><em>Foto ilustrativa: Enzo Velasco</em></p>
<p style="text-align: right"><em>(relato ficcionado</em>)</p>
<p>Las once y cuarenta y nueve. Esa era la hora exacta en la que un perdigón le destrozó la garganta a Manuel a bordo de un colectivo. El lo sabía porque cuando el semáforo en rojo detuvo la marcha sobre la avenida, maquinalmente miró su reloj. Once y cuarenta y nueve fue lo último que pensó.</p>
<p>En el segundo siguiente, escuchó el estruendo que hizo estallar el cristal de la ventanilla en la que había recostado la cabeza. Dos segundos después, sin entender qué pasaba, empezó a sentir dolor en la nuca, como si hielo seco lo estuviera quemando.  Quiso tocarse el cuello pero no pudo levantar el brazo y un escalofrío le recorrió el espinazo.</p>
<p>Un instante más y la imagen que tenía delante quedó desfazada de los sonidos. Se había desplomado. Sentía su brazo izquierdo desparramado sobre el suelo de goma del colectivo. Pero la imagen que veía era la de su reloj clavado en las once y cuarenta y nueve.</p>
<p>En su boca aleteaban los últimos suspiros. No podía retenerlos. Podía sentir cómo los pulmones se expandían dentro del pecho para tratar de enchirse de oxigeno. La garganta le parecía un pez boqueando fuera del agua.</p>
<p>Más de una vez había imaginado  el momento de su hora. Por eso sabía que, definitivamente, las once y cuarenta y nueve no era una buena hora para morir. Ese no era su fin.</p>
<p>En el instante que duró su muerte, Manuel comprendió que se sentía como un idiota por haberse creído afortunado porque el colectivo vino justo cuando él llegó a la parada.</p>
<p>Que nunca entendería el desenlace de su historia, -¿por qué lo habían matado a bordo de aquel colectivo?- porque le habían apagado la película, once minutos antes del final.</p>
<p>Que once y cuarenta y nueve es la hora en la que mueren  aquellos a los que mata una bala perdida</p>
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