Sor Juana, quiero mi celda “feminista”

 

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De casualidad, o más bien causalidad o “Diosalidad” digo yo, hoy 12 de noviembre fecha en que en México se celebra el Día Nacional del Libro, un grupo de amigas escritoras nos juntamos a debatir sobre el libro “Mamá, quiero ser feminista”, de Carmen G. de la Cueva (Ed. Lumen). Nos deberíamos haber reunido la semana pasada, pero por un ajuste de agendas hablamos mucho de feminismo y esCritURA justo hoy, el día del nacimiento de la poeta mexicana Sor Juana Inés de la Cruz (1651). Ella fue una mujer entregada a los libros y al fervor por el saber, pero sobre todas las cosas, fue una gran defensora de los derechos de la mujer.

Sin ánimo de ofender a de la Cueva- porque sí recomiendo su libro (lo leí en un día: es ágil, fresco, sincero y entretenido)-, relacionar su obra con Sor Juana es un favor de mi parte. No es comparable el calibre de la pluma de estas autoras, ni la época ni las circunstancias en las que escribieron. Para nada. Pero sí destaco que ambas mujeres lucharon en sus vidas por tener un espacio propio y privado para escribir.

Hoy en día ya es relativamente fácil para una mujer encontrar ese lugar físico, apartado y personal, que Virginia Woolf define como la clave para que una mujer escriba. Es decir, un cuarto y una vida propia e independiente de los hombres, donde la práctica de su creatividad la haga libre. Pero no siempre ha sido así: en el caso de Sor Juana, para poder acceder a las letras y el conocimiento, se tuvo que ordenar monja. Fue la única forma de abrirse paso en un mundo de hombres. Desde allí escribió sobre mujeres para mujeres, defendiendo el derecho a escribir libremente.

Su cuarto, su celda, fue cerca de Dios, donde recibió la fuerza y la inspiración para denunciar con persistencia los males del racismo y la desigualdad de las mujeres. Desde una celda religiosa y aislada Sor Juana comprendió la realidad y los dolores que se vivían afuera en el mundo ordinario y con su esCritURA impulsó los cambios sociales necesarios escribiendo (fragmento):

Hombres necios que acusáis

a la mujer sin razón,

sin ver que sois la ocasión

de lo mismo que culpáis.

 

Si con ansia sin igual

solicitáis su desdén,

¿por qué queréis que obren bien

si las incitáis al mal?

 

De gran impacto es esta poesía cuando pensamos que fue escrita por una monja en la soledad y silencio de una celda religiosa del siglo XVII. Claramente allí Sor Juana encontró no solo la presencia de su creatividad sino también la inspiración divina. Fue en ese espacio de calma y retiro que vio con claridad. Ese espacio que hasta el mismismo Dios nos recomienda buscar: “cuando te pongas a hacer oración, entra en tu cuarto, cierra la puerta, porque el Padre que ve en lo secreto, te recompensará”. Mateo 6:6

Recordarla a Sor Juana justo hoy, luego de compartir una mañana de letras con un grupo de amigas escritoras ha sido, entonces, no sólo honrar su manejo de la lengua española, sino también de la lucha desde la esCritURA a favor de las mujeres. Y ya no es una cuestión de feminismo – porque ¡vaya uno a saber al final qué significa ese término!- sino de ser valiente y buscar la voz propia y gritar bien alto, como lo hizo Sor Juana desde la privacidad de su celda. Fue allí donde se inspiró para seguir iluminándonos hasta el día de hoy porque, como ella misma escribió:

 “Sin claridad (que nace del silencio y la soledad, agrego) no hay voz de sabiduría.”