Semana Santa: Ser un burro sabio

 

Este fin de semana celebramos el Domingo de Ramos y el inicio de la Semana Santa, esos cuatro días que suelen traducirse en una “mini vacación”. Y no hay nada de malo en eso. O acaso ¿quién no aprovecha el feriado para dormir hasta tarde? Y, si es posible, ¿quién no busca escapar de la rutina y hasta de su propio código postal? Repito: no hay nada de malo en eso. El mismo Papa Francisco quiere cristianos que se muevan, se levanten, que no se queden quietos ni en silencio. En concreto, si son cristianos, que se note. Y, en sus propias palabras: cristianos que “hagan lío”. Ahora bien, que el lío no se nos vaya de las manos y terminemos metiendo la pata, como el burro de la leyenda simpática y didáctica sobre la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén.

A aquel burrito le llamó la atención ser el elegido para cargar a Jesús porque nadie nunca lo había montado. Aunque tampoco entendió mucho quién iría sobre su lomo y, menos aún, supo porqué una multitud esperaba y aclamaba a esa persona en Jerusalén. Con cada paso que el borrico daba, la gente aplaudía y cantaba agitando ramos y manos. Inédito el recibimiento para un burrito común y corriente… Sin embargo, ¡qué bien se sentía tener las miradas y la atención de un pueblo entero! Además, por primera vez en su vida, el ruido no lo asustaba, mas bien lo motivaba…
Las palmas no eran para castigarlo, sino mas bien para saludarlo…
Y los cantos no eran para espantarlo. ¡Eran para alabarlo!

Ser la novedad y el centro de las miradas fue sensacional y le gustó mucho a nuestro borrico. No podía creer toda la atención y diversión que había generado su llegada y que recibía en aumento conforme se adentraba en Jerusalén. Tan es así que nuestro asno se puso en dos patas y comenzó a saltar y bailar muy entusiasmado entre la gente. Saludaba a todos y cada uno. Y si hubiera sabido escribir, hubiera hasta firmado autógrafos. Pero, como era un burro, aunque a la fiesta se sumó, su comportamiento restó. Quien lo montaba cayó al piso en cuanto nuestro “protagonista” se puso en dos patas….

¿Y quién cayó al piso? Perdón, pero ¿había alguien sobre el borrico? ¿Quién era? No me digas que vos también, como yo, estás todavía entretenido imaginando que ese burro bien podría haber sido el de Shrek a todo dar y bailar…¡Qué fácil es olvidarse de Jesús, ¿verdad?! Entonces, ¡a desasnarnos ya! ¿Qué nos dice esta parodia de la entrada triunfal a Jerusalén?:

Está por comenzar la Semana Santa. Tenemos la oportunidad de entrar bien. No hagamos realidad la disparatada leyenda del burro demasiado divertido y creído. No permitamos que Jesús sea olvidado, desplazado y descuidado antes, durante y después su pasión.

Pero tampoco seamos burros encerrados y aburridos.

Porque en Semana Santa muchos solemos organizar planes muy entretenidos con amigos y hasta quizás viajamos. ¡Y qué bueno y bendecido poder hacer eso! Si hasta el mismo Jesús viajó: antes de entrar a Jerusalén estuvo en Betania y Betfagé. Y también cenó con sus amigos Lázaro, María y Marta. Sin embargo, nada de eso lo hizo olvidar que había un burro que podía ser parte de un día importante en la Historia de la Salvación, ¡y de TU propia salvación!

Jesús no pidió un caballo de paso fino que supiera de galopes triunfales o de trotes elegantes. Eligió un burro sin experiencia con jinetes profesionales y que ni siquiera sabía que estaría cumpliendo una profecía…

El verdadero burro, el del relato bíblico, no fue ningún burro. Fue sabio y humilde. Reconoció, entendió y enalteció a quien traía en su lomo. El borrico que entró a Jesús no quiso llamar la atención, sino que hizo lo que estaba llamado a hacer por naturAleZa de A a Z: cargar, abrir camino y unir puntos y personas. Siendo él mismo, desde su humilde lugar, pero haciendo su mejor papel, permitió que, por donde él pasara, otros a Jesús vieran y quisieran seguir y alabar.

Yo no sé dónde ni con quién estarás esta Semana Santa. Y, a decir verdad, no importan tu destino y actividad – de verdad. Porque, además de que Dios está en todas partes, lo que importa es que, sea donde sea que estés durante esta Semana Santa ¡no te olvides de abrirle paso a Jesús en tu vida! Donde sea. Y sin necesidad de ser un aBURRidO por eso.

Como siempre, es mejor no desplAZar a Dios de tu vida ni reemplAZarlo, sino  abrAZarlo de A-Z junto y a través de lo que haces por deber y por placer, desde tu propio lugar, desde quién eres. Y así verás que con eso, así sin más, con Dios a tu propio ritmo y paso, sentirás mucha pAZ de A a Z.