Rezar de pie y de patas

 

El primer libro de la Biblia, el Génesis, relata la Creación según la sucesión de los siete días de las obras de Dios. En el quinto día, las aguas y el aire se poblaron de animales. Y en el día sexto, antes de crear al hombre, Dios creó a los animales que pueblan la tierra. Desde entonces y tan temprano y fundamental, un relato histórico deja ver que el concepto del mundo animal es esencial en la vida del hombre.  Ni qué hablar del suceso del arca de Noé…

No todos los animales son mascotas. Derivado del francés “mascotte”, este término significa amuleto, portador de buena suerte para su poseedor, y es el claro reflejo de una actitud humana favorable, que cree que estos animales traen felicidad y buena suerte a los hogares en los que los acogen. Son animales de companía que evocan ternura, cuidado, cariño y amistad, cualidades que se intensifican en momentos de soledad. Es justamente en esos momentos cuando la mascota pasa a ser parte importante de la familia: un gran amigo, un referente de tu estado de ánimo, tu sombra, tu escudo y, aunque cliché y frase trillada, se convirte en tu amigo más fiel.

Es por eso que, cuando nos dejan, duele mucho más de lo que imaginábamos. La huella y el vacío nos sorprenden. Si han logrado eso es porque han tenido también un impacto en nuestro ser espiritual. Estoy convencida de que hay mascotas que, desde su condición animal, nos hacen mejores seres humanos. Nadie lo supo decir mejor que la Madre Teresa de Calcuta:

¿Por qué amar a los animales? 

Porque lo dan todo, sin pedir nada,
porque ante el poder del hombre
que cuenta con armas… son indefensos,
porque son eternos niños,
porque no saben de odios…ni guerras,
porque no conocen el dinero y se conforman
solo con un techo donde guarecerse del frío,
porque se dan a entender sin palabras,
porque su mirada es pura como su alma,
porque no saben de envidia ni rencores,
porque el perdón es algo natural en ellos,
porque saben amar con lealtad y fidelidad,
porque dan la vida sin tener que ir a una lujosa clínica,  porque no compran amor, simplemente lo esperan y porque son nuestros compañeros,
eternos amigos que nunca traicionan,
y porque están vivos.
Por eso y mil cosas más ¡merecen nuestro amor!
Si aprendemos a amarlos como lo merecen estaremos mas cerca de Dios.

El lunes pasado, en Argentina, celebramos el Día del Animal. El 29 de abril es la fecha elegida porque conmemora el fallecimiento del Dr. Ignacio Lucas Albarracín. Además de abogado, Albarracín fue un gran defensor de los derechos del animal y el Presidente de la Sociedad Protectora de Animales. No he tenido el honor de conocerlo. Pero conozco a mi Papá tanto como para decir que él es de la misma “rAZa” que Albarracín de A a Z. Tan es así, que recién puedo escribir este artículo… Días antes del Día del Animal, las cenizas del “perrohumano” de mi papá llegaron a sus manos. Fue una muerte prematura e inesperada. Pero, amigo fiel como fue Suárez, no partió sin darnos una buena “pata” para seguir de pie. Se despidió con la ayuda de un servicio profesional y sensible que nos dejó una oración para fortalecernos en su ausencia y seguir andando.  La quiero compartir con todos ustedes en este espacio en homenaje y agradecimiento por cinco años de vida de este perro maravilloso. Gracias, Suaréz, porque, como vos, fuimos creados por Dios, pero gracias a vos fuimos mejorados .

También quiero agradecer por el retrato de Suárez a Amarillo y Después, un blog que, como su nombre lo indica, nos tiene entre el verde y el rojo, capacitándonos con su arte para saber cómo y cuándo detenernos o avAnZar de la A a la Z.