Notre Pascua: ábside y abejas

 

ábside Notre Dame @MechiMuratorio

El inicio de esta Semana Santa estuvo marcado por el incendio de Notre Dame- ¡justamente la catedral donde se guardan las reliquias de la Pasión de Jesús! 

Gracias a Dios, la pérdida y la destrucción fueron menores que el susto y la congoja. Y, a Dios gracias también, el desafortunado suceso nos tuvo a todos en vilo y con la mirada unida y expectante sobre un mismo “punto de Fe”. Para muestra basta un botón-  mas bien una espina en este contexto: ¿O acaso quién no se enteró que la corona de espinas fue rescatada? Sí, esta reliquia está a salvo, aunque este Viernes Santo no fue exhibida en la Sala del Tesoro como todos los viernes de Cuaresma… Sin embargo, todos en el mundo entero, en mayor o menor medida y hasta de distintos credos, estuvieron adorando la corona sagrada desde su propio rincón y su propia fe y desde de las noticias que se continuaron por días. ¡Así de poderoso fue el fuego de esta Pascua!

Asi y todo, y como siempre, el ojo humano nos limita y condiciona y es por eso que seguimos lamentando la destrucción parcial del Kilómetro Cero de Paris.  Pero el Domingo de Resurrección es también “el KM 0″ de nuestra Fe. Entonces ya no calculemos en tiempo y dinero la reconstrucción de Notre Dame.  Si hoy- ¡justamente hoy!- hacemos eso, no estaríamos honrando el mensaje de salvación de la fecha litúrgica más importante para los católicos. Recordemos que solo unos pocos fueron elegidos para ver a Jesús resucitado. El resto, desde aquel domingo y por siglos hasta hoy, creímos y seguimos sin haber visto. “Este es el misterio de nuestra Fe”, que no se nos olvide.

Por eso insisto en no dejar nuestra mirada encendida en lo que padeció Notre Dame de Paris. No sigamos calculando, midiendo, inventariando y lamentando lo sucedido. No miremos lo que se desmoronó y está en ruinas. Demos el paso necesario para AlZar la mirada de la A a la Z y fijarla en el cielo – aunque lo que siempre veíamos ya no esté.

Ya, déjame decírtelo breve y directamente:

Lo que sucedió no te gustó, lo viste con tus propios ojos, lo lamentaste y no lo querías creer. Sin embargo, algunas de las consecuencias de lo sucedido sí te gustaron, sí las creíste y sí las celebraste… ¡aunque no las viste con tus propios ojos!

Al ejemplo del inicio, el de la corona de espinas, déjame ahora recordarte el del gallo de bronce que resurgió, cual ave fénix, de las cenizas. La imagen emblemática de la tragedia fue la aguja de la catedral que cayó estrepitosamente. Pero entre los escombros y las ruinas econtraron al gallo del “pararrayos espiritual”ícono de Paris. Y también te debes haber enterando que resistieron al humo del pavoroso fuego tres colmenas que fueron instaladas en los tejados para preservar la biodiversidad y recordarnos la belleza de la Creación. Pues, las 180.000 abejas ¡viven! -y siguen produciendo miel desde los AlféiZares de A a Z  de la catedral ;-)

Entonces, ya. Punto final, ¡digo inicial!, punto cero. Hoy celebramos la gloria de una Semana Santa diferente por la (des)GRACIA de Notre Dame. Y lo escribo así para recordarte que TÚ eliges dónde poner la mirada en la vida.

Aunque ahora voy a pedirte que la desvíes de este texto y leas y ad-MIRES las fotos que lo acompañan porque son una verdadera alabAnZa de A a Z al arte y a la vida.  Gracias, Mechi Muratorio, porque hoy tu ábside de Notre Dame y tu abeja viva y activa aumentan nuestra Fe.