La Guadalupana: Dimensiones y Bendiciones

 

Foto @aciprensa

Ya en la segunda semana de diciembre en todo el mundo comenzamos a pensar casi exclusivamente en la Navidad. En todo el mundo menos en México. Antes del 25, la fecha decembrina por excelencia de los mexicanos es el 12, día de la Virgen de Guadalupe. Las apariciones de la Guadalupana al indio Juan Diego en el cerro de Tepeyacac en 1531 no son dogma de fe. Pero en 1999 Juan Pablo II declaró la fecha del 12 de Diciembre con el rango litúrgico de Fiesta para todo el Continente de las Américas. Porque esta Virgen ha transformado la Fe y la identidad de todo un país desde casi los tiempos de la conquista española.

Luego de vivir 7 años en México, puedo dar testimonio de que en este país se puede no ser mexicano, ni cristiano ni católico, pero es casi imposible no ser “guadalupano”. No hay rincón que recorras del país sin que una imágen de la Virgen de Guadalupe se haga presente. Y si bien de vez en cuando se ven representaciones en 3D, las imágenes de La Guadalupana que vemos en México son mayoritariamente en 2D, al punto que, al simple ojo humano, podrían parecer cuadros sencillos que se veneran. Pero lo cierto es que cada cuadro es la réplica de la estampación original de la “Perfecta Virgen Santa María Madre de Dios” (tal como lo documenta el Nican mopohua, las primeras narraciones en náhuatl sobre las apariciones). Sí, estampación, que no es una pintura aunque técnicamente es en 2D. Pero es de una grandeza milagrosa y una dimesión sobrenatural que va más allá de lo que vemos a simple vista y de lo que cada parte de la imagen simboliza, tal como lo explica la foto adjunta.

La estampa sobre el rústico ayate de Juan Diego es una imagen grabada de la Virgen al momento de la aparición. La fibra es de maguey, es casi transparente y sus dimensiones son 104 x 170 centímetros- así de simple y hasta de frágil. Pero hay muchos misterios entretejidos que no han podido ser decifrados por la ciencia, pero que fortalecen nuestra Fe.

  1. No se explica cómo se ha conservado tan bien el ayate luego de más de cuatrocientos cincuenta años cuando ese tipo de indumentaria y material no suelen durar más de veinte. De la misma forma, no se puede explicar que la imagen de la Virgen esté tan bien conservada luego de tantos años y hasta incluso cuando primero no tuvo la protección del cristal que tiene en la actualidad.
  2. El ayate sufrió la caída de acído cítrico y una explosión que no pudieron destruirlo, aunque el entorno sí sufrió daños importantes.
  3. Se ha comprobado que los colorantes de la imagen no son de procedencia ni animal, vegetal, mineral ni sintético. Es decir, no se sabe de dónde provienen.
  4. El ojo de la imagen tiene las características exclusivas de un ojo humano con el efecto Púrkinje-Sánsom. Es decir, se triplica la imagen en la córnea y en las dos caras del cristalino. Y otros estudios de alta gama con microscopía aseguran que tan vivo es el ojo que, a pesar de sus siete milímetros de tamaño, en él se ven reflejadas las siluetas de varias personas, tal como cuando miramos en los ojos de una persona que tenemos al frente y nos vemos reflejados a nosotros mismos. Juan Diego es, por supuesto, una de las personas reflejadas en el ojo de la Guadalupana.

Así pueden resumirse algunos de los misterios del manto enmarcado que hoy sobrevuela el altar principal de la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Y hay uno más para comentar que la ciencia tampoco ha podido explicar. La estructura metálica que sostiene el ayate de Juan Diego se mantiene constantemente a 15 grados para resguardarlo y mantenerlo fresco. Pero la estampación, esa imagen 2D que veneramos, supera cualquier representación corporal o en 3D de cualquier advocación mariana porque, cuando es medida, siempre tiene mayor temperatura que la estructura que la sostiene: está a 36,5 grados, ¡la temperatura de un cuerpo humano vivo y saludable!

Pues entonces ¡Que viva La Virgen de Guadalupe! Salud y bendiciones, para México y el mundo entero. Hoy y siempre.