Mi Decenario

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo.

Hoy me toca ser YO. Un padre de 40 años que vive la vida como cualquiera.

Y hoy quiero contarles la historia de MI decenario.

Este decenario que ven en la foto iba en mi bolsillo derecho del pantalón desde el 13 de agosto de 2013. Sin importar que tipo de pantalón llevara o a qué evento fuera. Siempre estaba conmigo. Y así me acompañó en cada momento en el que metía la mano y me sostenía para no caer. Cada vez que metía la mano me llevaba hasta ese momento en el que me lo habían dado y recordaba lo que me decía la persona que me lo dio.

Por esas vueltas que tiene la vida, la historia no siguió tan color de rosa en los años siguientes, y por eso tenerlo en el bolsillo me retrotraía a esas épocas felices. Y conforme pasaba el tiempo, más fuerzas me daba. Y me ayudaba a pensar que por algún motivo, las cosas no se solucionaban.

Y por qué les cuento esta historia? Porque la semana pasada ese decenario se me perdió.

Estaba en un campamento con mi hijo mayor y al darme cuenta que no lo tenía empecé a buscarlo desesperadamente. El espacio para buscarlo era demasiado grande pero pensé que podría encontrarlo. Volví a armar la carpa. Volví a desenrollar la bolsa de dormir. Volví a vaciar el bolso. Y sin embargo no estaba. Volví a recorrer la mayoría de los lugares en los que había estado ese fin de semana y nada. Pensé que habría una posibilidad que se hubiera caído en casa o en el auto y me fui angustiado, creyendo que iba a aparecer. Pero no.

Dejé pasar la semana y cada vez que metía la mano en el bolsillo sentía que me faltaba algo. Algo muy importante. Llegué a pensar que, tal vez, María, me decía que era momento de soltar todos los recuerdos que este decenario traía y buscarme otro. Tengo otros, sí, pero por algún motivo no lo había reemplazado aún. Por el mismo motivo que este fin de semana, después de 7 días, decidí mandar un mensaje en el grupo de padres que habíamos estado en ese campamento.

El mensaje decía: “Les pido un favor. Se me perdió en el campamento. Es muy importante. Si alguien lo encuentra o lo “pisa” por ahí … sé que hoy o el año que viene va a aparecer … Gracias”.

Y lo mandé. La verdad que esperaba recibir todo tipo de comentarios y posibles chistes. Lo que nunca me imaginé fue, en cambio, a los 3 minutos, recibir una foto por privado que decía “volverá a tu bolsillo que es donde debe estar”.

Lo había encontrado, la madre de otro de los chicos, semienterrado y lo levantó porque le dio “cosa” que estuviera ahí tirado. Nunca lo asoció con el campamento ni mucho menos que podría ser de un conocido. Imagínense su sorpresa cuando leyó el comentario y la mía cuando me dijo que lo tenía.

Hoy está nuevamente conmigo.

Hoy me dice que no importa cuáles son las tormentas que tenemos que atravesar, que con fe, y rezando, algún día, pueden pasar.

Hoy sigo confiando que a pesar de todo se podrán solucionar las cosas y volver a escribir la historia.

Dejé de sentirme solo

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Soy el mayor de una familia de 6 hijos. Me siguen 3 mujeres y después 2 varones. Tuvimos una infancia con un entorno bastante ampliado que era con todos nuestros primos. Porque vivíamos todos pegados, una casa al lado de la otra. Encima éramos todas familias numerosas. Y era muy lindo vivir todo el año juntos. Jugar todas las tardes juntos. Hacer todo entre todos. Cada evento que había estábamos juntos. Participábamos de los Pesebres Vivientes todos los diciembres y siempre había alguno para hacer de Niño Jesús. Misas. Vía Crusis. Un cristianismo muy presente en todos. Era un clima de pueblo. En esa época uno volvía del colegio y se iba a jugar afuera con los primos. Recuerdo que como mi madre y tías iban a la par en los embarazos, yo tenía 2 primos hermanos de exactamente la misma edad. Nos pertenecíamos mucho. Pero las 3 familias tenían su gran cuota de diferencia. Entonces la crianza, en algún punto, difería. Y a nosotros nos tocó, si querés, estar en la cunita de oro. Y todo lo que yo quería se me iba dando. Me mimaban mucho. Me hacían sentir cómodo. Ojo, también me mandaba mis buenas macanas. Todo era diversión y juegos. Hasta el primer recuerdo trágico que tengo que es la muerte de un primo hermano mío, mayor, cuando yo tenía 10 años más o menos que tuvo un accidente acá en la calle. Y ese drama transformó a un tío mío en alcohólico y generó tristeza general en la familia.

Todo cambia cuando llega la adolescencia. Esas tensiones y miedos propios de los padres por sus hijos solos en la calle. Por suerte, a mí me divertían más los programas en las casas que salir a bailar. Pero también empecé a ser un poco más introvertido a lo que era de chico. Y, en lugar de salir a buscar cosas nuevas o tomar riesgos, prefería quedarme en mi núcleo familiar. Era más divertido quedarnos jugando a las cartas que ir al boliche. Pero por suerte se hacían muchas fiestas en las casas.

Y a medida que iba creciendo también crecían en mí las inseguridades. Y me transformé, de a poco, en un adolescente más introvertido; más bien inseguro. Y eso me jugó en contra. Y el tiempo pasaba y se acercaban los momentos de tomar elecciones. Y llegó el momento de elegir la carrera y tener que hacerlo entre 2 que me apasionaban y no saber con cuál quedarme. Pero sin embargo tener que decidirme por una. Esa carrera costó muchísimo terminarla. Había que viajar demasiado y eran épocas en las que había paros constantemente. Del grupo de amigos que habíamos empezado juntos la carrera, para fines del primer año, quedaba yo solo. Sin embargo, había una tenacidad propia en mí que me obligaba a terminar las cosas que empezaba. Con lo cual, seguí cursando como fuera posible.

Dejando atrás la adolescencia, entre carrera y trabajos casuales, llegó una primera novia. De la cual estaba muy enamorado. Al punto tal de sentir que perfectamente podía ser la madre de mis hijos. Pero también, en esas vueltas de la vida, esa relación no perduró. Y hoy, tengo que estar agradecido a eso, ya que era una familia que opinaba de manera opuesta a mí en lo que a cristianismo se refería. Y eso me había hecho mucho ruido en su momento pero no me había dado cuenta de la magnitud hasta tiempo después. Y así estuve dando vueltas algo más de un año hasta que, si bien me la habían presentado tiempo antes, me pongo de novio con mi actual mujer. Fueron 2 años y medio de novios. Fui conociéndola más profundamente cada día, pero de entrada tuve dos sensaciones: primero que era sin dudas mi media naranja, y lo segundo es que la recibía como un don que Dios me tenía preparado. Su familia era creyente, con lo cual volví a ir a misa nuevamente. Y después vino el casamiento. Todas las cosas hechas prolijamente. Y con el tiempo, Dios nos regaló 3 hijas. Pero me acuerdo que cuando queríamos tener a nuestra tercera hija, no podíamos quedarnos embarazados y las complicaciones crecían a medida que el tiempo pasaba. Recuerdo que alguien le dijo a mi mujer que cuando un Papa se moría había que pedirle por la intención que uno más quisiera porque al morir se va al cielo y lleva las intenciones para que se hagan realidad. Y eran los años en que el Papa Juan Pablo II estaba muy enfermo. El día que él murió mi mujer fue a la capillita que tenía cerca y le rezó para que pudiera quedar embarazada una vez más. Sin saber yo esto, rezaba al mismo tiempo por el Santo Padre a unos 100 mts de donde estaba ella rezando, porque sentí el repiqueteo del campanario y deduje su partida al cielo. Y después de tanto tiempo de estar buscando y no conseguirlo, casi cuando estábamos por bajar los brazos, gracias a esta petición quedamos embarazados. Y así vino nuestra tercera hija. Un regalo del cielo. Una imagen muy fuerte de la presencia de Dios.

A pesar de todo esto, las búsquedas internas no cesaban. Por temas laborales me la pasaba viajando de un lado a otro y la soledad era algo que me perseguía constantemente. Una soledad extraña, porque yo tenía mi familia bien constituida y sin embargo no dejaba de darme vueltas por la cabeza. Y en esa búsqueda, oigo de un retiro que decían que apuntaba a hombres en la mitad de la vida. Y eso me hacía mucho ruido porque parecía ser algo de lo que yo estaba buscando. Con lo cual me anoté. Pero la primera vez un avión me dejó varado sin poder regresar a Buenos Aires y me lo perdí. La segunda vez a mi mujer le agarró una infección muy fuerte con fiebre muy alta que me obligó a quedarme en casa cuidándola a ella y a las chicas. Y la tercera vez, esa sí fue la vencida, porque dejé todo lo que tenía por hacer para poder ir a este retiro que sentía que necesitaba. Y así fue. Encontré todo aquello que estaba buscando. Encontré a aquel que me sostenía. Lo que venía haciendo con desconfianza empecé a hacerlo con confianza. Volví a sentir que alguien me llevaba. Fue un encuentro muy fuerte. Y toda esa soledad que yo venía sintiendo desde la adolescencia se esfumó en el momento de la adoración. Sentí una compañía muy importante por parte de todos los que estaban ahí. Y hoy se mantiene así. Me regaló compañeros nuevos para transitar el camino que resta. Una tripulación nueva de amigos que jamás hubiera pensado tener. Dejé de estar solo. Pero lo más importante es que dejé de sentirme solo.

Sin comentarios

Eucaristía endovenosa

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Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 46 años …

Tuve la suerte de nacer en un hogar muy lindo donde mamá y papá se llevaban muy bien. Con una infancia tierna y feliz. Donde papá era abogado y mamá era escribana. Me mandaron a hacer la primaria en un colegio Salesiano del interior. Y Gracias a esa instrucción religiosa pude relacionarme con el “momento” que les voy a contar después. Hice toda mi carrera y me recibí de lo que me recibí por seguirle los pasos al hermano menor de mi papá. Un tío al que quiero mucho y fue de una gran ayuda para mí durante mi adolescencia, para no desbarrancarme. Mis padres eran muy creyentes pero mi madre ya rozaba el perfil de lo que uno llamaría “chupa cirios”. Eso hizo que mi adolescencia, por mi personalidad, fuera bastante virulenta. Y yo atacaba a mi madre en las partes más sensibles que ella tenía y veía que la Iglesia era una de ellas. Entonces podía llegar a hacerle un comentario como por ejemplo, en el silencio de un almuerzo familiar preguntar en voz alta “porqué la Iglesia está llena de boludos”. Mi padre, a quien yo admiraba intelectualmente me decía, qué podés esperar de un lugar que no hace falta que te inviten, y una vez que estás adentro nadie te puede echar. Y me sentía orgulloso de ver a mi madre bajar la cabeza, con cara de dolor, para pasar el momento. Y hoy, más de 30 años después, pienso que lo que ella debería haber estado haciendo en esos momentos era rezar. Ya que esas oraciones fueron las que a mí me ayudaron a sobrevivir a lo que yo llamo la caída de mis Torres de Ego.

Mi primera experiencia profesional fue ganar un proceso de selección entre más de 3000 postulantes, para poder venir a trabajar a una empresa en Capital. Y al año de estar trabajando ahí me contacta una multinacional y también entro a través de un proceso selectivo multitudinario que lo único que hacía era ir agrandando en mí esa idea, que hoy veo equivocada, de que todo lo conseguía porque yo era brillante y el mejor en lo mío. A los 4 años de estar ahí, logro mi primer objetivo profesional que era convertirme en un ejecutivo de primera línea y una vez en ese puesto mi empresa compra otra similar que había en el país y al terminarse la competencia local, me envían a otro país para abrir una subsidiaria.

A los 3 años de eso la compañía me invita a radicarme en Oriente. Pero la realidad es que como yo quería convertirme en empresario, no quería irme sino avanzar solo. Sumado a eso, el hecho de irme lejos no me tentaba. Mi papá había muerto mientras yo estaba en otro país y como él era mi mejor amigo y yo no estaba presente, eso me afectó muchísimo el no poder acompañar el proceso. Mis hijos conocían el himno de aquel país y no conocían el nuestro. Muchas cosas. Entonces dije que no y me fui a empezar la vida de los negocios propios. Pero sin un plan preconcebido. Donde comienzo un período de prueba y error y termino enfrentando más fracasos que éxitos. Donde un negocio me sale mal y el siguiente me sale peor. Y por algo que ocurrió paso a estar en bancarrota y sin ninguna actividad que me generase ingresos para vivir. Y esa situación límite me provocó una angustia tremenda, muy, muy fea, y que no estaba en condiciones humanas de resistir sin apelar a medidas extremas muy feas y la primera que se me ocurrió fue quitarme la vida. En cuanto empecé a tramar la forma de hacerlo, rápidamente me vinieron a la mente todas las ideas de la cultura católica en la que uno fue criado. Porque uno puede estar enfermo de soberbia, como era mi caso, una soberbia interior que me dificultaba la relación con Dios porque pensaba que lo bueno me pasaba era porque yo era bueno y que cuando iba a misa Dios tenía que ponerse contento porque le subía el promedio de la gente que asistía. Y esta experiencia de quebrar y tener que morder el polvo, me provoca esta angustia que cuando empiezo a tramar el plan de cómo matarme me acuerdo de estas ideas en las que si fuese cierto lo que la Iglesia Católica enseña sobre que Dios mandó a Jesús, su hijo, a la tierra por amor y así nos abrió las puertas del cielo; en realidad nosotros no somos dueños de nuestras vidas sino simplemente administradores y por lo tanto no tenemos la potestad de decidir cuándo termina. Y en el caso de hacerlo, es una decisión tan grave que implica no poder disfrutar del placer de la vida eterna. Que para el caso, tampoco creía demasiado en ella. Pero se me manifestó la posibilidad de pensar “y si fuese verdad, huevón, vos te matás y quedás inhabilitado”. Y ahí me puse a pensar qué juego tan macabro este el de la vida, quién lo habrá inventado así. Y me vino el nombre de Dios a mi mente. Entonces busqué la iglesia más cercana a donde yo estaba en ese momento. Caminé un par de cuadras y entré. Estaba enajenado. Fui derecho al Santísimo. Pasó muchísimo tiempo. No sé muy bien cuánto habré estado ahí ni qué fue lo que hice. Sí recuerdo haberme parado frente al Santísimo y con total franqueza decirle “vengo a buscar al dueño de este juego de mierda y ya que sos vos, en el hipotético caso que sea verdad que existís, yo me quiero matar. Pero como si me mato y es verdad que existís, me pierdo el pase a la vida eterna, que de existir, sería el mayor tesoro, te pido que te hagas cargo de mi vida porque yo no quiero vivir más.” No sé si pasaron 3, 4 o 5 horas ahí adentro. Vuelvo a tomar conciencia cuando ya la Iglesia estaba vacía y yo estaba desparramado en el piso boca abajo. Habiendo estado ahí tirado, llorando, sólo me llama la atención que no se me hubiera acercado nadie. Aunque es mejor que así haya sido. Pero es raro, porque había gente cuando yo llegué.

Evidentemente no me quité la vida, ni me morí. Con lo cual yo interpreto que fue la manifestación de la misericordia porque realmente el Señor se hizo cargo de mi vida. Ahí empieza el proceso, durísimo, de mucha incomodidad y mucha insatisfacción, sobre todo para una persona que estaba enferma de soberbia. Pasar por 3 o 4 situaciones de tener que caer hasta morder el polvo no es fácil. Recuerdo la primer noche en la que le confieso a mi mujer lo que había pasado y le digo, llorando desconsoladamente, que no tenía plata ni para ir a comprar la comida. En otro momento, cuando tuve que ir a la obra social para darme de baja por no tener más plata para pagar. Y uno que otro episodio más de esa índole.

Y el proceso tuvo distintos hitos que voy rescatando. El primero de ellos fue a los 4 o 5 meses. Yo nunca dejé de ir a misa los domingos. Y en la parroquia a la cual asistía después de volver a Buenos Aires en el 2011 el párroco, que poco nos conocía, me dice que nos acercáramos con mi mujer al finalizar la misa que quería hablar con nosotros. Y nos ofrece, nada más y nada menos, que ser Ministros de la Comunión. Mi primera reacción fue decirle que era un inconsciente, cómo podía nombrar a alguien a quien poco conocía, que podía ser un delincuente, para semejante misión. Pero aceptamos. Y mi mujer feliz de la vida porque si yo no me hubiera acercado así a Dios, hubiera sido un obstáculo para ella en su vida cristiana. De todas formas, yo no podía abrirme completamente a la Gracia que Dios estaba queriendo derramar sobre mí para sanar mis heridas, de las cuales todavía ni siquiera era del todo consciente. Y unos 8 o 9 meses después de esto, el día de mi cumpleaños, salgo al balcón de mi casa y me encuentro hablando con Dios diciéndole “Señor, yo nunca te pedí un regalo de cumpleaños y con lo necesitado que estoy que bien me vendría que me hagas uno porque vos sabés bien lo que me está doliendo todo esto. Entonces, te pido, por qué no me hacés un buen regalo, un lindo regalo. Yo te voy a facilitar las cosas y voy a ir a misa.” (para mí, ir a misa entre semana era algo de locos, por eso era un gran sacrificio de mi parte). Me fui a la misa y me encontré con que el cura que estaba celebrando era nuevo en la parroquia pero sabía que era mi cumpleaños porque alguien se lo habrá dicho entonces como sabía que yo era Ministro me invita a comulgar bajo las dos especies. Y me saluda frente a los pocos fieles que estaban en la misa semanal. Y cuando termina la misa, me estoy retirando por la puerta del costado y me tocan la espalda, me doy vuelta y el cura que había celebrado me dice, “hoy es tu cumpleaños, te quiero hacer un regalo, te invito a un retiro.” En esas milésimas de segundo que uno no sabe para dónde escaparse, mientras que mi mente pensaba, por un lado, cómo decirle que no educadamente, y por el otro lado miraba el cielo diciéndole si era un chiste que el regalo que me iba a mandar era ese; se me vino una frase de mi padre que siempre nos enseñaba que a caballo regalado no se le miran los dientes. En lugar de decirle que NO de una, me salió preguntarle con una voz aflautada, “un retiro?”. Y él me explica, luego de saber que yo cumplía 43 años, que era un retiro para gente que estaba en la mitad de la vida, que él creía que me iba a gustar mucho y me iba a hacer mucho bien. Entonces encontré la excusa ideal para esquivar la bocha que fue confesarle que estaba pasando por una crisis de generación de ingresos terrible y la verdad que no tenía ni 5 de ganas de hacer ningún retiro de nada porque no podía pagarlo. Y me cierra la boca diciéndome que me olvidara que eso no era un problema, que él me invitaba. Y bueh, ahí ya no tuve mucha opción ni escapatoria y ahí nomás ya me pidió mi mail a donde me mandó la ficha para que me inscribiese y ese fue el regalo que me mandaba Dios para mi cumpleaños. Que se convierte en un hito porque cuando hago ese retiro, lo que más me impactó fue el estilo de quienes lo daban. Porque en ese fin de semana me di cuenta que no entraban en el típico perfil de la gente que pertenecía, para mí, a la iglesia. Eran pares míos. Yo ya no era el mejor de todos. Y ahí vi que si ellos eran Iglesia, yo no tenía más un problema en pertenecer a la misma. Y me abrió los ojos de una manera impresionante. Ahí sentí que las paredes que yo mismo había levantado para contra la iglesia misma se derrumbaban y sentí que la Gracia me inundaba por completo. Empecé a ir a misa entre semana. Fui un día y me gustó. Fui al día siguiente y me encantó. Incluso llegué a ir a 2 misas diarias porque la autonomía de paz me duraba sólo 3 o 4 horas. Ahí es donde yo me invento el concepto de la eucaristía endovenosa. Porque sentía que venir a comulgar me daba paz. Y era una paz que recorría todo mi cuerpo.

Gracias a Dios, ese proceso, hoy, ya terminó. Desde hace casi 2 años que intento ir a misa diariamente. Me encanta ir a misa. Algo que consideraba de locos y casi paranoico que era ir a misa entre semana, es algo que a mi hoy me fascina. Veo y entiendo que la intervención de Dios fue muy clara en aquel momento, permitiéndome caer desde las Torres del Ego para poder vaciarme, abandonarme y confiar en la Providencia.

Me siento un mimado de Dios

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Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 48 años …

Vengo de una familia donde tuve una infancia con ausencias. Una ausencia de mi madre y una presencia muy activa de mi padre. Papá tuvo 3 varones y una mujer. Criándonos en la década del 70. Con lo que eso significa en este país. Y de un día para el otro se quedó solo. Sufriendo el abandono de su mujer. Nuestra mamá. Y sin saber qué había pasado tuvo que decidir sobre la marcha qué hacer. No había ningún tipo de conflicto o idea de algo que hubiera pasado como para sospechar porqué ella, de un día para el otro, había decidido irse, sin aviso. Y dejándolo a cargo de esa situación y con la desorientación propia del momento. Tratar de ubicarnos para que no sufriéramos. Con la ayuda de su familia. Que le dieron una mano con la crianza y la ubicación nuestra. Yo tengo un hermano gemelo y después tenemos un hermano más grande y una hermana más chica.

Mi papá era mecánico y trabajaba en un taller en Pilar. Nosotros vivíamos en José C Paz. Y cuando teníamos 8 años consiguió una guardería en Pilar que le quedaba cerca del trabajo. Entonces todos los días nos íbamos con él en tren, nos dejaba en la escuela, al mediodía nos cruzaba a la guardería y a la tarde emprendíamos el regreso juntos, caminando hasta la estación y a esperar el tren que nos llevara de vuelta a casa. Y hoy lo podría llegar a ver como algo duro. Pero en su momento, como chico y como hijo, disfrutaba de las aventuras de viajar todos los días en tren con papá. Y buscarle el lado positivo, ya que cuando estaba mamá, él estaba todo el día trabajando, y en cambio en la situación que nos tocaba, podíamos disfrutarlo muchísimo más. Y como chicos, nos fijábamos en eso. Antes trabajaba de sol a sol y lo veíamos sólo los fines de semana. En cambio, cuando mamá dejó de estar lo veíamos de una forma más humana, mucho más presente. No era el que ponía sus “Grandes Valores del Tango” los miércoles a la noche sino que era el que estaba y nos acompañaba al colegio. El que nos cuidaba. Tal vez con sus limitaciones, siendo una persona formada con el poco diálogo, nos hizo aprender que desde los gestos estaba implícito lo que era el amor de un padre. Así fue nuestra infancia. El primer año, los mellizos siempre juntos y el hermano mayor y la hermana menor en la casa de mi abuela. Y al año siguiente nuestro hermano mayor se sumó a nosotros. Y nuestra hermana se crió con la abuela. Pero otra vez mirando el vaso lleno, rescatando el haber podido disfrutar de nuestro crecimiento, los 3 varones, con papá; sin pensar tanto en la ausencia de mamá.

La familia de mi papá era toda de zona sur. Y nosotros estábamos en José C Paz. Entonces ir a visitarlos era muy de vez en cuando. Y los tiempos no daban para ir más seguido. Pero era parte de lo que teníamos que vivir para visitar a la abuela y a nuestra hermana. Hoy la abuela tiene 98 años y una lucidez privilegiada, con lo cual, la puedo visitar bastante más seguido que en esas épocas. Y siempre con el fiel recuerdo que de chicos, si bien era la mujer que había dejado a su hijo y nietos abandonados, ella nos hacía rezar por nuestra mamá. Y sin embargo nunca hubo ningún tipo de reclamo ni cuestionamiento de su parte. Y nos ayudó a nosotros a crecer entendiendo que habíamos tenido una mamá que había cometido un error y nosotros teníamos que tener el corazón abierto y ejercitar el perdón para que llegado el caso que ella volviera, fuera bien recibida. Y nos crió con ese corazón blando y sin rencor.

Y así transitó nuestra infancia. Con un papá, también, muy presente. En la adolescencia, acompañándolo y trabajando de mecánicos con él. Y aprender con él el oficio también fue algo interesante. Y si bien no era algo que me gustara, nos hacía entender que era lo que había que hacer. Convengamos que en esa época no se los cuestionaba a los padres. Se hacía lo que ellos decían. Y se ve que nos crió con una vocación de trabajo bien marcada, ya que hoy, los 4, estamos en la docencia. Los 3 varones ya somos maestros y nuestra hermana está estudiando para serlo. Y verlo a papá con sus 82 años, orgulloso de sus hijos es algo que a uno lo pone contento. Verlo grande y poder disfrutarlo. Y la historia que nos tocó vivir es la que, tal vez, nos ayudó a todos a crecer como familia.

Y así es como comienza mi vida de adulto. En la cual me pregunto en qué momentos está Dios? Y Dios está siempre, a pesar que en algunos momentos sintamos que no está presente, sí lo está. Si Dios no hubiera estado de chicos, cualquiera de los 4 podría haber caído en la delincuencia o cosas peores, ya que la calle te invita a todo.

Ya pasada la adolescencia, uno de mis hermanos tuvo la necesidad de encontrar a mamá, de conocerla. De salir a buscarla. Y ahí lo acompañamos todos. De hecho papá también estuvo al tanto de lo que necesitábamos, de cerrar parte de nuestra historia. Siempre teníamos que contestar que nuestros padres estaban separados y sin embargo esa no era la verdad. No veíamos a nuestra madre porque ella nos había abandonado.

Y al principio, esa búsqueda no nos condujo a ningún lugar. Cuando teníamos más o menos 26 años, un abogado le dijo a mi hermano que tenía que ir a La Plata, al Registro. Que ahí le iban a decir realmente si había fallecido o si estaba viva, dónde. Y por una de esas casualidades cuando mi hermano va a contar la historia, la persona que lo atiende entendió que nuestra madre era una desaparecida por los militares, ya que todas las fechas encajaban, y le dio la dirección de donde la podíamos encontrar. Algo que habíamos estado buscando durante tanto tiempo con abogados y demás yerbas, nos fue dado por una mala interpretación en una mesa de entradas. La cuestión es que fuimos a esa dirección a ver con qué nos encontrábamos en esa calle que nos habían dado anotada. Y de pronto nos encontramos que estábamos en una villa, una de las más fuertes de esa zona. Y como no conocíamos nos pusimos a caminar. Hasta que una vecina vio que no éramos de ahí y nos dijo que nos apuráramos a salir porque si se daban cuenta no íbamos a salir más de ahí. Y nos acompañó. Pero en el camino de salida, nos llevó al a casa de otra señora que tenía el listado de la gente que vivía ahí adentro, para el tema de los planes sociales, a ver si podía ayudarnos. Habíamos tenido que decir que buscábamos a una persona que había trabajado en la casa de unos amigos y que queríamos saber cómo estaba; porque sinó no nos iban a ayudar. Sin embargo esta mujer nos dice que no conocía a nadie de esas características. Y nos volvimos a casa.

Al día siguiente, mi hermano, sin decirle nada a nadie se tomó un colectivo y volvió a este lugar para hablar bien con esta señora que manejaba la lista de nombres y contarle la verdad, que a quien buscábamos era a nuestra madre. Y le dijo que no, pero que le dejara un teléfono que si sabía algo le iba a avisar. Y cuando mi hermano se va esta señora se da cuenta que efectivamente estaba nuestra madre en el listado así que decide ir a verla y decirle lo que estaba pasando. Pero mi madre, que nunca se hubiera imaginado esto, dice no conocernos y que no sabía por qué la andarían buscando. Pero cuando la hija de esta señora le dice que eran unos chicos muy parecidos, que podrían llegar a ser mellizos, ahí mi madre se da cuenta que éramos nosotros, y le dice a esta señora que nos llamara y que nos iba a recibir, pero que fuéramos solos.

Fue un reencuentro demasiado tenso. Lo que más me llamó la atención fue que no pudo reconocer cuál era yo y cuál mi hermano mellizo. Que una madre no reconozca a sus hijos es muy duro. Y ella pensó que estábamos buscando hacerle algún tipo de reclamo. Una de las primeras cosas que me dijo fue qué era lo que ella había dicho al momento de irse. Y eso era un sentimiento de culpa que yo tenía porque era algo que me había dicho a mí y que yo nunca le repetí a nadie. Porque yo había sido quien le había alcanzado el bolso con ropa pensando que ella se iba a quedar una semana con cama adentro de doméstica en la casa que estaba. Y nunca lo dije ni siquiera a mi mellizo, que cuando me escuchó decirlo en ese momento quería comerme con la mirada. Y de a poco el clima se fue ablandando, le fuimos contando nuestra historia, mostrando fotos. Poco a poco dejábamos de estar tensos. Para esta altura ya sabíamos que tenía otra hija, que era de esperar. Y de ese día tengo el primer recuerdo de ella cocinándonos algo. Porque de mis 7 años para atrás yo tengo todo absolutamente borrado. A propósito o inconscientemente pero no recuerdo nada de mi infancia. No tengo olores. No tengo sensaciones.

Y después de ese día nos vimos un par de veces más. También pudo reencontrarse con nuestro hermano mayor. Y a pesar de no vernos asiduamente, eso nos ayudó a cerrar un poco nuestra historia. Queríamos tratar de entender. Sin embargo, hoy, al día de la madre yo voy a pasarlo con mi abuela.

Y Dios también estuvo en la muerte de nuestro hijo. Habíamos hecho varios tratamientos de fertilidad hasta quedarnos embarazados. Y cuando estaba llegando la fecha del parto su corazón dejó de latir y lo perdimos. Como estaba avanzado el embarazo y estaba en riesgo mi mujer tuvimos que ir a cesárea. Y en ese momento nos sentimos muy acompañados por la familia. Dentro del gran dolor y en el silencio del último adiós, escuchar al sacerdote que al mismo tiempo que lo despedíamos lo estaba bautizando y llamándolo por su nombre fue algo celestial. Como que el corazón se me serenó. Hasta ese momento yo solo tenía la imagen de ver su cuerpito sin vida y un silencio nuevo. Ensordecedor. Que nunca había experimentado. Y ahí sentí la presencia de Dios, que nos invitaba a estar calmos. Y después de la experiencia, mala, en la clínica, poder tener un lugar para poder ir a visitarlo. Y sin la serenidad y la calma al sentirme acompañado por Dios, hubiera sido muy difícil lograr que nos dieran el cuerpito de nuestro hijo.

Y a pesar de todo esto, hoy me siento un mimado de Dios. Porque con todas las piedras que tuvimos en nuestro camino, Él siempre estuvo cuidando de mi familia.

Esto también nos llevó a tratar de ser padres adoptivos. Ya estamos encaminados. Y es un tema muy hablado. Hay que entender que uno acá también puede brindar amor. Hoy no podemos ser padres biológicos y entonces logramos entender, como pareja, que podemos brindarle a alguien nuestro amor y por eso estamos esperando que se nos den todos los papeleríos para llegar a buen puerto con eso. Y si Dios quiere, próximamente, será realidad.

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A Dios no le puedo pedir más

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Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 55 años …

A Dios no le puedo pedir más. Ya estoy hecho. Cuando llegás a decir eso es porque pasás por una experiencia que te marca un antes y un después. Y eso me pasó con mi hijo. El varón. Después de dos hijas mujeres. Hoy está por cumplir 18 años.

Con mi mujer tuvimos un embarazo totalmente normal y tranquilo. Yo siempre recé. Siempre tuve fe. Siempre me sentí escuchado por Dios. Estaba viviendo mi vida normalmente. Andaba muy tranquilo. Todo fluía como “correspondía”. Sin sobresaltos.

Mi infancia no fue nada fácil. Fue feliz pero éramos muy pobres. Y me di cuenta que habíamos sido pobres de grande. Porque mis padres nos llevaban con mucha naturalidad. Siempre rezando. Siempre salí adelante.

Nació mi hijo. Con un parto normal. Se comportaba como un bebe normal. Y Pasaba el tiempo. Cuando ya tenía alrededor de un año y medio empezó a “retroceder”. Lloraba muchísimo. No dejaba que yo me acercara. Decía palabras sueltas. Y a medida que crecía empezaban los roces con mi mujer porque yo le decía que algo no estaba bien. Como ella estaba todo el día con el chiquito no veía cosas raras. En cambio yo me iba a la mañana y cuando volvía a la noche veía que el enano estaba peor. Se escondía abajo de la mesa. Venía gente y lloraba. Si lo agarraba lloraba más. El pediatra nos decía que era la edad. Que ya iba a crecer. Que algunos chicos maduran antes que otros. Hasta que un día, en la consulta, tuvo uno de los episodios y el médico ahí se alertó y nos mandó a ver a una doctora que era una eminencia en todo lo que a problemas de aprendizaje se refiere. Ella era la jefa del servicio en el hospital y nos empezó a atender. Pero había algo medio extraño desde el primer instante. Porque pretendía buscar un diagnóstico donde no lo había. Tuvimos alrededor de 8 o 10 sesiones que fueron un drama por todo el contexto que había en el consultorio. Era muy difícil ir a verla y encontrarnos con chiquitos con miles de problemas “peores” que el nuestro. Hasta que un día nos dice, y nos da por escrito, un informe (que lo tengo guardado) donde dice que nuestro hijo tenía autismo atípico. Básicamente es un chico que no se va a poder relacionar con el mundo. No va a tener contacto con los demás. Difícilmente estos chicos se sociabilizan. Ahí tuvimos que ver si lo que tenía era genético o traumático. Así que empezamos a hacer estudios a toda la familia. Fonoaudiólogas. Y así pasamos 2 años que fueron para el olvido. Tanto nosotros como las chicas. Además, fue en esos dos años la única vez que nos vieron discutir a mi mujer y a mí. Y ellas también la pasaban mal porque no les dábamos mucha bolilla porque estábamos abocados al gordito.

Hicimos todos los estudios que había que hacer y el resultado, tiempo después, fue que no había nada que dijera que fuera genético. Pero tampoco había nada que dijera que fuera traumático. Entonces dijeron que lo iban a empezar a tratar en el hospital. Pero en lugar de mejorar empeorábamos todos así que fuimos pocas veces porque estábamos en un mundo que nunca nos podríamos haber imaginado.

Cuando nos habían dado aquel informe diciendo lo del autismo, íbamos con mi mujer en un taxi y el señor iba escuchando un cassette de Marilina Ross. Me acuerdo como si fuera el día de hoy que estaba escuchando la canción Honrar la Vida (https://www.youtube.com/watch?v=381zc02YVHg) y en ese mismo momento a mí me hizo un click y ya empecé a rezar con fuerza para que pasara lo que pasase, él pudiese honrar su vida de la forma que fuera. Pero principalmente para que me diera fuerzas y vida para poder acompañarlo en su camino y cuidarlo. Y ese mismo rezo, lo intensifiqué también el día que decidimos no ir más a ese hospital. Entre tanto rezo y tiempo que pasaba, alguien nos recomendó a una psicóloga especialista en chicos con todo tipo de trastornos que atendía en el Hospital Gutierrez, y hacia allá fuimos. Conseguimos un turno para 2 meses después. Se lo empezamos a llevar a ella y le contamos todo lo que había pasado y ya habíamos hecho. Empezamos con ella, más una fonoaudióloga, más terapia de juegos. Una batería de cosas. No me olvido más, una de las sesiones, me tocaba ir a mí solo con mi hijo y tenía que jugar con él. Él estaba en una punta y yo en la otra. Y tenía que hacer lo imposible para que él me devolviera una pelotita que yo le tiraba. Ella sabía que eso no iba a pasar pero en realidad lo que quería demostrarme era que hiciera lo que yo hiciera, el tratamiento dependía de él. Era en equipo. Que yo solo no iba a poder hacer que pasara. Le tiré 30 veces la pelotita. Con alegría. Con bronca. Con optimismo. Con tristeza. Con esperanza. Y la pelotita NUNCA volvió. Y me fui a mi casa llorando con un nudo terrible en la garganta. Pero por ahí, un día, seguíamos con esta terapia de juegos y la pelotita volvió. Y ese día también lloré. Así estuvimos 2 años con las terapias hasta que llegó el momento de mandarlo al jardín. Ya tenía 5 años y teníamos que decidir el colegio para que empezara preescolar. Él ya había empezado a hilvanar algunas palabras. Se dejaba abrazar. Podía estar con más gente. Y cuando había más gente estaba un poco más sociable. Y cuando estaba con otros chicos podía hablar con algunas frases. Primero nos habían dicho que lo lleváramos a una escuela especial porque si no la iba a pasar mal. Y después, esta psicóloga nos dijo que no, que lo lleváramos a una jardín normal. Que él iba a poder adaptarse perfectamente a los otros chicos de su edad. Y que llegado el caso que pasara algo con las maestras o la psicopedagoga, que les dijéramos que se comunicaran con ella, sin dar mucho más detalles. Que tuviéramos confianza. Y pasó todo ese año sin ningún tipo de episodio fuera de lo común. Para fines de año estaba el acto de cierre de ciclo. Y él tenía que actuar. Durante el año la maestra nos había estado diciendo que le costaba un poco y que probablemente el no pudiera actuar. Y nosotros, como quien no quiere la cosa, le decíamos que todo bien, que ya se le iba a pasar. Y finalmente, llegó el día del acto y lo pudo hacer perfectamente como todos los otros chicos. Como si nada. Para entrar a primer grado también fue a un colegio normal con la misma recomendación de nuestra psicóloga, que si pasaba algo se comunicaran con ella. Y tampoco hizo falta. Desde primero a séptimo grado, nuestro hijo, de quien nos habían dicho que no iba a sociabilizarse nunca, salió siempre “mejor compañero”, elegido por los otros chicos. Y en segundo año también lo eligieron como representante del curso frente al resto.

Hoy es un chico que hace natación. Juega al fútbol. Tiene muchísimos amigos. Por mi casa no dejan de desfilar compañeros de los 3.

Acá es donde yo digo que hubo un milagro. Quien nos dio el primer diagnóstico es una eminencia en su terreno. Si se equivocó o no, nunca lo sabremos porque él era como era. Pero el pronóstico que nos habían hecho no se cumplió. Y yo me quedo con eso. Que el panorama que teníamos en un principio cambió rotundamente. Yo me sentí cerca de Dios. Lo tenía al lado mío. Podía hablar mano a mano con Él. Y Él nos escuchó. Me escuchó. Y nos regaló este milagro. Todos los miedos que teníamos y las cosas de las que nos preocupábamos no existieron. Acá hubo un milagro. Dios me volvió a escuchar. Y después de todo esto a mí me pasaron un montón de cosas, incluso en el plano laboral. Pero aprendí a no quejarme nunca de lo que me venía. Dios me puede mandar lo que sea porque sé que Él está siempre a mi lado. Por eso yo sé que a Dios no le puedo pedir nada más. Si tuviera que volver a pedir por algo en mi vida, pediría por esto nuevamente. Mi milagro, en mi vida, ya se dio.

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Las vacaciones soñadas

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy, habiendo festejado el Día del Padre antes de ayer, me toca ser un bebe con Síndrome de Down recién nacido. Tengo apenas unas horas de vida.

Foto: Federico Figueroa

 

Queridos Papá y Mamá:

Cómo están? Qué emoción poder verles las caras. Y a vos papá, poder agarrarte el dedo cuando salí; no quería soltarte.

Antes que nada quería agradecerles con mi corazón delicado pero enorme el que hayan llegado hasta acá conmigo. Cuando me enteré que iba a venirme de vacaciones a su casa me puse muy contento. No me dijeron cuánto iban a durar estas vacaciones pero sí sé que éramos muchos los que esperábamos poder venir acá abajo y me tocó a mí.

Tal vez no soy todo aquello que soñaron desde un principio. Pero ustedes sí son lo que yo soñé. Mientras esperaba en la sala de embarque que llegara el momento de salir por la manga iba viendo y escuchando un montón de cosas. Sé que hubo un montón de decisiones que tomar que no fueron fáciles. Pero estoy convencidísimo que las tomaron con el corazón; GRACIAS por eso.

Les prometo que yo traté de hacer todos los deberes para llegar sano y fuerte, pero las cosas a veces no son tan fáciles para nosotros tampoco. Y a veces llegamos como podemos.

Ustedes querían ser padres. Yo quería ser hijo. Quería pertenecer a una familia. Quería tener a alguien a quien decirle “mamá” o “papá” dentro de un tiempo. Y me tocaron ustedes. Qué alegría. Estoy Feliz.

Esas cosas que les decía que escuchaba me iban llenando de vida. Cómo la gente estaba a su lado. Cuánta gente que rezó por mí. Papá, no sabés cómo se sentía eso. Ver cuánta gente que hay alrededor que los quiere y uno a veces no se da cuenta de eso. A cualquier hora dispuestos y unidos; Unidos En La Oración, como te gusta decir a vos. Agradeceles de mi parte el apoyo que te dieron. A vos y a mamá.

Y también a mi hermanito. Que cada noche se metía entre ustedes dos en la cama y le daba un beso a mamá en la panza, así, me daba un beso a mí. Estoy esperando poder conocerlo a él también. Y que podamos jugar juntos.

No tengo idea cuánto van a durar estas vacaciones acá, como te decía antes, pero sí estoy muy seguro que vamos a disfrutar juntos muchísimo. Que vamos a aprender un montón de cosas. Que nos vamos a equivocar en otras, seguro. Pero todo va a ser con muchísimo amor.

Gracias por haberme recibido. Juntos vamos a poder crecer en muchísimos aspectos. Todavía no sé hablar en su idioma así que por eso les mando esta carta.

Los médicos están haciendo todo lo posible para que los días que me tenga que quedar acá pasen volando. Y así poder irnos a casa.

No se preocupen que mi otra mamá, la que yo ya conozco, la mamá del cielo, me está cuidando desde hace un tiempo. Y nos va a ayudar en todo lo que pueda. Ustedes sigan rezándole como hasta ahora que eso le gusta mucho, y también le da fuerzas a ella. Va a ser lo que Dios quiera. Confíen en Jesús.

Mamá, Papá, los quiero mucho mucho … espero poder decírselos en algún tiempito. Y darles un abrazo grande. O poder regalarles una sonrisa, que va a ser mi forma de agradecerles hasta que aprenda a hablar.

Les mando un beso muy grande y otra vez GRACIAS por animarse a este desafío y TRAERME de vacaciones con ustedes.

 

Los QUIERO MUCHO

Lolo (*)

 

(*) NdeR: Lolo, Lorenzo, es un bebe con Síndrome de Down que nació el 7 de mayo pasado. Hoy sigue en Neo al cuidado de los médicos. Con las complicaciones pertinentes del caso pero aumentando de peso y mejorando día a día. Gracias a las oraciones, pasando los momentos angustiantes. Seguimos rezando para que aumente de peso, le puedan realizar todas las operaciones que hagan falta y le den el alta pronto para poder ir a su casa con sus padres y hermano.

Mi Sueño. Nuestra Familia

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 37 años …

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Yo tenía ganas de hacer un clic y mi novia fue el medio para lograrlo. Cuando yo conocí a quien hoy es mi mujer, ella estaba metida en lo que era la Iglesia. Estaba en grupos misioneros. Estaba en grupos de jóvenes que se juntaban todas las semanas. Todos los domingos. Y la verdad que eso fue increíble. Me enamoré primero de ella y después ví que yo también quería eso para mi vida. Y eso me ayudó a ir enfrentando todas las cosas que vendrían después.

Me ayudó a ir preparándome para la muerte de mi viejo. Yo trabajaba con él. Lo veía todos los días. Y veía su deterioro constante. Venía en picada. Yo me enteré que se estaba muriendo mucho antes que el resto y me sirvió para poder asimilarlo. No fue fácil pero la elaboración, estar acompañado, ir a la Iglesia, estar con curas y poder charlarlo con ellos y acercarme fue muy bueno.

Siempre nos acordamos y nos reímos que nuestro casamiento fue con un paredón blanco frente a nosotros, porque teníamos 5 curas dándonos el sacramento, para que no nos escapemos.

Después del casamiento empezaron los problemas. Lo que podría haber sido una hecatombe lo pudimos sobrellevar de la mejor manera. Puertas adentro nos podríamos haber matado y sin embargo fue muy armonioso por estar viviendo las cosas como las veníamos viviendo. Tuvimos nuestro primer hijo después de haber perdido un embarazo. Teníamos un problema que el bebe no dormía y los médicos no nos creían lo que les contábamos. Incluso llegaron a pedirnos que anotemos las veces que nos levantábamos en la noche. Una vuelta anotamos en 15 oportunidades y después ya dejamos de hacerlo. Y cuando los médicos vieron eso se dieron cuenta que no estábamos exagerando y empezaron a preocuparse un poquito más. Vieron que no era un chiste. Era un caso atípico pero a un extremo en el que no lo podían nivelar ni controlar. Supuestamente iba a ser algo que a los 6 meses se le iba a ir; después a los 9; después al año. Y el bebe tenía un año y medio y la cosa no mejoraba. El problema que tenía era un reflujo muy fuerte y derivado de eso tenía el esófago quemado por la acidez. Entonces el pobre gordo tenía una cara de sufrimiento que no se podía creer. Y eso hacía que no durmiera, ni por las noches ni durante el día. Con lo cual, nosotros tampoco. Y a pesar de todo eso, se despertaba y enseguida te miraba con una sonrisa. Y eso es lo que más fuerzas nos daba. Hoy miro para atrás y veo que estuvimos más de un año y medio, casi dos, sin dormir, pero de verdad. Y en todo ese tiempo lo rezamos mucho y lo hablamos mucho. Y pudimos llevarlo juntos. Y paralelamente tenías que escuchar las opiniones diversas de todo el mundo. Incluso los que decían “qué suerte que les tocó a ustedes que lo pueden llevar y no a otros”. Ojalá a mí tampoco me hubiera tocado, pensaba yo por adentro.

Y la verdad que con todo ese panorama y con todas esas contras; nos quedamos embarazados otra vez. Justo el día que nuestro hijo cumplía 1 año anunciamos que venía otro en camino. Y la gente nos miraba y se preguntaba si estábamos locos. Pero nuestro sueño era formar una familia y estábamos viviendo nuestro sueño. Y la verdad que si esperábamos a “terminar” con toda la etapa del enano, volver a empezar de cero iba a ser muy difícil. Y por suerte en ese momento llegó, entonces, la segunda. Y no solamente tuvo el mismo reflujo sino que también tuvo intolerancia a la lactosa. Pero como teníamos la experiencia anterior a la semana ya tenía el diagnóstico y medicamentos para controlarlo. Con los médicos correspondientes. Y se ganó un montón de tiempo. Y también era alérgica a la leche. Y uno de los remedios que había que darle tenía leche en polvo. Y ahí venían las complicaciones. Entonces teníamos que modificar todo el ritmo de vida. Y las cosas se volvían a complicar. Pero siempre teníamos a la virgencita en la cabecera de nuestra cama que nos acompañaba. Jesús muy presente. Los amigos. Y eso llevaba a que sólo nosotros sabíamos lo que sentían nuestros hijos. No los podíamos dejar con nadie porque con sus problemas, los llantos no eran los mismos a los de cualquier chico. Nos costó mucho poder dejarlos con alguien alguna vez. Per era real que nosotros también necesitábamos descansar alguna vez. Poder dormir una noche entera. Esto a mí me produjo un rechazo real y muy feo a los bebés. Tuve sobrinos que de bebes NO pude hacerles upa. Y eso que me encantan los chicos.

Pero Dios nos dio una paz y una tranquilidad que seguimos agradeciendo. Y mientras tanto, la gente que nos decía “no saben el ejemplo que dan” y la verdad es que no queríamos dar ningún ejemplo. Queríamos ser normales, como mis amigos que tenían hijos y dormían 9 horas seguidas. Nosotros dormíamos por turnos en el sillón con el bebe a upa o a lado nuestro haciendo guardias. Pero no para malcriarlo sino porque lo necesitaba de verdad. Ir a la farmacia y que a los chicos los conocieran por su nombre no era algo muy divertido. Era porque íbamos todos los días.

La segunda era una beba que estaba todo el día en el piso, o a upa. Se arrastraba poco. Y resultó ser una beba que empezó a caminar a los 2 años. Con el tiempo nos enteramos que lo que pensábamos que era por cansancio de no dormir resultó ser que tenía una hipotonía y eso hacía que no tuviera fuerza en los músculos, por eso no gateaba o no caminaba. Y ahora nos enteramos, también, que tiene un retraso madurativo. Y llevarla a todos los médicos y seguir haciéndoles estudios. Porque la verdad es que pasamos por todos los tipos de medicinas que se les puedan ocurrir para tratar de solucionar estos inconvenientes. Médicos que nos recomendaban, médico al que íbamos.

Hubo una época en la que nos habían mandado a un médico que era privado y la situación económica en casa era difícil. Laboralmente la estaba pasando mal. Y cuesta mucho aceptar la ayuda económica de afuera. Pero esas cosas se van llevando de otra manera y las cosas fueron apareciendo, junto a un trabajo que me permitió ir a los médicos. Y gracias a lo de la enana terminamos cayendo en una médica que nos dijo que para poder entender a los chicos hay que estudiar primero a los padres y entonces nos manda a hacer una batería de exámenes a nosotros. Eran 3 hojas del recetario lo que nos pedían y cuando fuimos a sacarnos sangre para hacérnoslo, en el laboratorio no entendían quién era el loco que nos había mandado. Pero bueno, gracias a esos estudios saltó que yo tenía una anemia muy grande que nunca pensamos que era eso, sino que mi cansancio lo atribuíamos a que realmente no dormíamos nada. Entonces eso derivó a que me hiciera otro estudio y me encontraron un pólipo maligno en el colón. La pucha, con todas las cosas que nos venían pasando ahora sumábamos que me diagnosticaban un cáncer de colon a mí.

Y el pobre enano que también padecía todo esto porque al tener que llevar a la hermana a todos los médicos él tenía un ritmo de vida atípico.

Y después apareció lo mío. Era un médico al que nunca había querido ir. Y resulta que ir ahí hizo que me encontraran temprano el cáncer. Era maligno. Mi padre había muerto de cáncer después de un viaje a Europa. Un amigo de él había muerto de cáncer después de un viaje a Europa. Y a mí me estaban diagnosticando cáncer una semana antes de tener que viajar a Europa por trabajo. Los 3 al mismo lugar. Imagínense los fantasmas que pueden aparecer ante semejante situación. Yo tenía 33 años. Y a pesar de todo eso yo estaba muy tranquilo. Y tuve que viajar y a la vuelta sabía que me esperaban los médicos para operarme. Y unos días antes vino a comer a casa un cura amigo y me dio la unción a los enfermos. Y en casa seguíamos viviéndolo con mucha PAZ. Con mucha FE. Con mucho amor entre los 4. Y nunca pensábamos que iba a pasar algo más. No la veíamos venir. Y la verdad que nos ayudó a unirnos más aún. Por suerte la operación salió todo bien. Fueron 2 meses de pseudo reposo y de mimos que no me dejaban hacer nada en casa. Me acuerdo que mi mujer la agarró a la beba, que tenía meses, y le dijo como si fuera un adulto “ahora lo van a operar a papá y yo tengo que descansar un poco más y tengo que cuidarlo también a él”. Y es creer o reventar pero es como si la gordita hubiera entendido porque no es que se curó, obvio, pero hubo un cambio muy importante de parte de ella. Y eso es algo que te hace pensar en mil cosas. Y eso fue increíble.

Y teníamos que cuidar bien al primero. Cuidar un poco más a la segunda que tenía 4 tratamientos diferentes por semana. Cuidarme yo que venía de una operación importante. Y así y todo, seguíamos agrandando nuestro sueño. Y volvimos a quedarnos embarazados. Y esto lo hablamos primero con curas también. Cómo con todo lo que habíamos pasado seguir apostando a la vida. Y mucha gente nos decía que estábamos locos. Que no podíamos hacerlo. Y otros nos hacían ver que realmente somos fértiles y una familia sólida. Y habiendo gente que le cuesta tanto, incluso hasta no poder tener hijos, porqué íbamos a cerrarnos a la familia. Y así fue como volvimos a quedarnos embarazados y vino la tercera el año pasado. Me acuerdo que durante el embarazo habíamos hecho un retiro matrimonial. Y se acerca el cura a mi mujer, le toca la panza para bendecirla y le dice “va a ser mujer y va a ser la alegría de la casa”. Y hoy podemos decir que eso se cumplió. A pesar de todas las piedras en el camino la alegría está dentro de nuestro hogar. Y hoy podemos, también, dar gracias que no vino con reflujos, no vino con alergias, duerme. Vino una normal. Y nos reímos de eso.

Y hoy justo hablábamos con mi mujer, una charla que surgió espontáneamente. De todo por lo que habíamos pasado. Mi padre. Los chicos. Mi enfermedad. Mi suegro, que acaba de estar internado muy grave y salió. La familia que tenemos. Es algo increíble. Es una bendición. No se puede dejar de agradecer. Es muchísimo más de lo que podríamos haber soñado. Y nos pasó el otro día de haber ido a la misa de Pascuas. Y estar en dos puntas diferentes porque estábamos detrás de los chicos. Y cuando nos reencontramos vimos que estábamos los dos emocionados, prácticamente por lo mismo. Era la misa de resurrección. Porque todo lo que vivimos lo pudimos aceptar y superar gracias a Dios. Es increíble la PAZ y TRANQUILIDAD que te da. La FUERZA que sacás de donde no hay. Y así llegamos a hoy. Sintiéndonos acompañados en las malas. Porque uno siempre se siente “solo” cuando la pasa mal pero nunca agradece cuando la pasa bien. Y sin embargo, uno no ve cómo es acompañado cuando está mal. Y nosotros no decimos “por qué” o “dónde estás” cuando nos pasa algo malo. Sino que le rezamos diciéndole “gracias por estar”

May Feelings es la red social que reza para cambiar el mundo

Seguir tratando de explicar lo importante que se volvió Internet en los tiempos que corren para el mundo de las comunicaciones, sería absolutamente redundante.

Me gustó mucho una pregunta:

¿Cómo es posible que en un mundo lleno de redes sociales todavía haya gente que se siente sola?

Hoy les vengo a presentar un proyecto creado por jóvenes del otro lado del Océano Atlántico.

Esto es lo que describen ellos en el área “sobre nosotros” del sitio:

“May Feelings es un servicio que conecta gente de todo el mundo a través del intercambio de peticiones, comentarios y mensajes. La gente escribe breves peticiones en sus perfiles llamados “Prays” de 259 caracteres o menos. Estos “Prays” se comparten en los perfiles de la gente, se envían a los seguidores y se pueden buscar en la herramienta de búsqueda de May Feelings.”

Puedo escribir muchos párrafos más sobre esto pero sería más interesante que entres vos, lo conozcas y saques tus propias conclusiones:

Click aquí para entrar a mayfeelings.com y crearse una cuenta.

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