Dejé de sentirme solo

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Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 50 años …

Soy el mayor de una familia de 6 hijos. Me siguen 3 mujeres y después 2 varones. Tuvimos una infancia con un entorno bastante ampliado que era con todos nuestros primos. Porque vivíamos todos pegados, una casa al lado de la otra. Encima éramos todas familias numerosas. Y era muy lindo vivir todo el año juntos. Jugar todas las tardes juntos. Hacer todo entre todos. Cada evento que había estábamos juntos. Participábamos de los Pesebres Vivientes todos los diciembres y siempre había alguno para hacer de Niño Jesús. Misas. Vía Crusis. Un cristianismo muy presente en todos. Era un clima de pueblo. En esa época uno volvía del colegio y se iba a jugar afuera con los primos. Recuerdo que como mi madre y tías iban a la par en los embarazos, yo tenía 2 primos hermanos de exactamente la misma edad. Nos pertenecíamos mucho. Pero las 3 familias tenían su gran cuota de diferencia. Entonces la crianza, en algún punto, difería. Y a nosotros nos tocó, si querés, estar en la cunita de oro. Y todo lo que yo quería se me iba dando. Me mimaban mucho. Me hacían sentir cómodo. Ojo, también me mandaba mis buenas macanas. Todo era diversión y juegos. Hasta el primer recuerdo trágico que tengo que es la muerte de un primo hermano mío, mayor, cuando yo tenía 10 años más o menos que tuvo un accidente acá en la calle. Y ese drama transformó a un tío mío en alcohólico y generó tristeza general en la familia.

Todo cambia cuando llega la adolescencia. Esas tensiones y miedos propios de los padres por sus hijos solos en la calle. Por suerte, a mí me divertían más los programas en las casas que salir a bailar. Pero también empecé a ser un poco más introvertido a lo que era de chico. Y, en lugar de salir a buscar cosas nuevas o tomar riesgos, prefería quedarme en mi núcleo familiar. Era más divertido quedarnos jugando a las cartas que ir al boliche. Pero por suerte se hacían muchas fiestas en las casas.

Y a medida que iba creciendo también crecían en mí las inseguridades. Y me transformé, de a poco, en un adolescente más introvertido; más bien inseguro. Y eso me jugó en contra. Y el tiempo pasaba y se acercaban los momentos de tomar elecciones. Y llegó el momento de elegir la carrera y tener que hacerlo entre 2 que me apasionaban y no saber con cuál quedarme. Pero sin embargo tener que decidirme por una. Esa carrera costó muchísimo terminarla. Había que viajar demasiado y eran épocas en las que había paros constantemente. Del grupo de amigos que habíamos empezado juntos la carrera, para fines del primer año, quedaba yo solo. Sin embargo, había una tenacidad propia en mí que me obligaba a terminar las cosas que empezaba. Con lo cual, seguí cursando como fuera posible.

Dejando atrás la adolescencia, entre carrera y trabajos casuales, llegó una primera novia. De la cual estaba muy enamorado. Al punto tal de sentir que perfectamente podía ser la madre de mis hijos. Pero también, en esas vueltas de la vida, esa relación no perduró. Y hoy, tengo que estar agradecido a eso, ya que era una familia que opinaba de manera opuesta a mí en lo que a cristianismo se refería. Y eso me había hecho mucho ruido en su momento pero no me había dado cuenta de la magnitud hasta tiempo después. Y así estuve dando vueltas algo más de un año hasta que, si bien me la habían presentado tiempo antes, me pongo de novio con mi actual mujer. Fueron 2 años y medio de novios. Fui conociéndola más profundamente cada día, pero de entrada tuve dos sensaciones: primero que era sin dudas mi media naranja, y lo segundo es que la recibía como un don que Dios me tenía preparado. Su familia era creyente, con lo cual volví a ir a misa nuevamente. Y después vino el casamiento. Todas las cosas hechas prolijamente. Y con el tiempo, Dios nos regaló 3 hijas. Pero me acuerdo que cuando queríamos tener a nuestra tercera hija, no podíamos quedarnos embarazados y las complicaciones crecían a medida que el tiempo pasaba. Recuerdo que alguien le dijo a mi mujer que cuando un Papa se moría había que pedirle por la intención que uno más quisiera porque al morir se va al cielo y lleva las intenciones para que se hagan realidad. Y eran los años en que el Papa Juan Pablo II estaba muy enfermo. El día que él murió mi mujer fue a la capillita que tenía cerca y le rezó para que pudiera quedar embarazada una vez más. Sin saber yo esto, rezaba al mismo tiempo por el Santo Padre a unos 100 mts de donde estaba ella rezando, porque sentí el repiqueteo del campanario y deduje su partida al cielo. Y después de tanto tiempo de estar buscando y no conseguirlo, casi cuando estábamos por bajar los brazos, gracias a esta petición quedamos embarazados. Y así vino nuestra tercera hija. Un regalo del cielo. Una imagen muy fuerte de la presencia de Dios.

A pesar de todo esto, las búsquedas internas no cesaban. Por temas laborales me la pasaba viajando de un lado a otro y la soledad era algo que me perseguía constantemente. Una soledad extraña, porque yo tenía mi familia bien constituida y sin embargo no dejaba de darme vueltas por la cabeza. Y en esa búsqueda, oigo de un retiro que decían que apuntaba a hombres en la mitad de la vida. Y eso me hacía mucho ruido porque parecía ser algo de lo que yo estaba buscando. Con lo cual me anoté. Pero la primera vez un avión me dejó varado sin poder regresar a Buenos Aires y me lo perdí. La segunda vez a mi mujer le agarró una infección muy fuerte con fiebre muy alta que me obligó a quedarme en casa cuidándola a ella y a las chicas. Y la tercera vez, esa sí fue la vencida, porque dejé todo lo que tenía por hacer para poder ir a este retiro que sentía que necesitaba. Y así fue. Encontré todo aquello que estaba buscando. Encontré a aquel que me sostenía. Lo que venía haciendo con desconfianza empecé a hacerlo con confianza. Volví a sentir que alguien me llevaba. Fue un encuentro muy fuerte. Y toda esa soledad que yo venía sintiendo desde la adolescencia se esfumó en el momento de la adoración. Sentí una compañía muy importante por parte de todos los que estaban ahí. Y hoy se mantiene así. Me regaló compañeros nuevos para transitar el camino que resta. Una tripulación nueva de amigos que jamás hubiera pensado tener. Dejé de estar solo. Pero lo más importante es que dejé de sentirme solo.

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Las vacaciones soñadas

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy, habiendo festejado el Día del Padre antes de ayer, me toca ser un bebe con Síndrome de Down recién nacido. Tengo apenas unas horas de vida.

Foto: Federico Figueroa

 

Queridos Papá y Mamá:

Cómo están? Qué emoción poder verles las caras. Y a vos papá, poder agarrarte el dedo cuando salí; no quería soltarte.

Antes que nada quería agradecerles con mi corazón delicado pero enorme el que hayan llegado hasta acá conmigo. Cuando me enteré que iba a venirme de vacaciones a su casa me puse muy contento. No me dijeron cuánto iban a durar estas vacaciones pero sí sé que éramos muchos los que esperábamos poder venir acá abajo y me tocó a mí.

Tal vez no soy todo aquello que soñaron desde un principio. Pero ustedes sí son lo que yo soñé. Mientras esperaba en la sala de embarque que llegara el momento de salir por la manga iba viendo y escuchando un montón de cosas. Sé que hubo un montón de decisiones que tomar que no fueron fáciles. Pero estoy convencidísimo que las tomaron con el corazón; GRACIAS por eso.

Les prometo que yo traté de hacer todos los deberes para llegar sano y fuerte, pero las cosas a veces no son tan fáciles para nosotros tampoco. Y a veces llegamos como podemos.

Ustedes querían ser padres. Yo quería ser hijo. Quería pertenecer a una familia. Quería tener a alguien a quien decirle “mamá” o “papá” dentro de un tiempo. Y me tocaron ustedes. Qué alegría. Estoy Feliz.

Esas cosas que les decía que escuchaba me iban llenando de vida. Cómo la gente estaba a su lado. Cuánta gente que rezó por mí. Papá, no sabés cómo se sentía eso. Ver cuánta gente que hay alrededor que los quiere y uno a veces no se da cuenta de eso. A cualquier hora dispuestos y unidos; Unidos En La Oración, como te gusta decir a vos. Agradeceles de mi parte el apoyo que te dieron. A vos y a mamá.

Y también a mi hermanito. Que cada noche se metía entre ustedes dos en la cama y le daba un beso a mamá en la panza, así, me daba un beso a mí. Estoy esperando poder conocerlo a él también. Y que podamos jugar juntos.

No tengo idea cuánto van a durar estas vacaciones acá, como te decía antes, pero sí estoy muy seguro que vamos a disfrutar juntos muchísimo. Que vamos a aprender un montón de cosas. Que nos vamos a equivocar en otras, seguro. Pero todo va a ser con muchísimo amor.

Gracias por haberme recibido. Juntos vamos a poder crecer en muchísimos aspectos. Todavía no sé hablar en su idioma así que por eso les mando esta carta.

Los médicos están haciendo todo lo posible para que los días que me tenga que quedar acá pasen volando. Y así poder irnos a casa.

No se preocupen que mi otra mamá, la que yo ya conozco, la mamá del cielo, me está cuidando desde hace un tiempo. Y nos va a ayudar en todo lo que pueda. Ustedes sigan rezándole como hasta ahora que eso le gusta mucho, y también le da fuerzas a ella. Va a ser lo que Dios quiera. Confíen en Jesús.

Mamá, Papá, los quiero mucho mucho … espero poder decírselos en algún tiempito. Y darles un abrazo grande. O poder regalarles una sonrisa, que va a ser mi forma de agradecerles hasta que aprenda a hablar.

Les mando un beso muy grande y otra vez GRACIAS por animarse a este desafío y TRAERME de vacaciones con ustedes.

 

Los QUIERO MUCHO

Lolo (*)

 

(*) NdeR: Lolo, Lorenzo, es un bebe con Síndrome de Down que nació el 7 de mayo pasado. Hoy sigue en Neo al cuidado de los médicos. Con las complicaciones pertinentes del caso pero aumentando de peso y mejorando día a día. Gracias a las oraciones, pasando los momentos angustiantes. Seguimos rezando para que aumente de peso, le puedan realizar todas las operaciones que hagan falta y le den el alta pronto para poder ir a su casa con sus padres y hermano.

Padre Gonzalo Fernández

El Padre Gonzalo Fernández fue ordenado Sacerdote por el actual Papa Francisco en el año 2002. Es Capellán del Hospital Neuropsiquiátrico Braulio Moyano situado en el barrio porteño de Barracas desde hace ocho años.

¿Qué es lo que más feliz te hace de tu vida sacerdotal?

La utopía del amor de poder vivir libre. De ser libre para algo mucho más grande. En criollo:  ”Vivir para servir es VIVIR en mayúsculas” . Ser un poco el amigo de Dios entre gente común. Ser puente en situaciones cotidianas. Ser Sacramento me hace feliz. Sentir que Dios se hace presente en los que están abandonados y que me quieren con el amor que Dios me quiere. A veces los estudios sobran y la gente te quiere por lo que sos más allá de los títulos

 ¿Quién es Dios para vos?

Dios es misterio profundo que me sondea y me rescata del abismo cuando no sé bien quien soy. Algo así como la respuesta a las preguntas que todavía no supe hacer.
Dios es misterio de Amor que me seduce, me conoce y me invita a VIVIR una aventura mayor a sus riesgos. Intuición en el amor que se hace vida que vale la pena gastar y convidar.

¿Cómo sentís la presencia de Dios en el Moyano?

Un rasgo característico, en el cual, siento la presencia de Dios en el Hospital Moyano, es la DESMEDIDA, que es tan típico de la locura. Dios en Jesucristo es locura y escándalo; Amor y Desborde. Él es capaz de todo y no todos son capaces de experimentar pasarse de ciertos límites. las mujeres internadas acá saben lo que es la desmesura y también saben lo que es el abandono. En la desmedida y en el abandono, Dios esta presente, muy presente.

¿Qué sentís desde que Francisco , una persona tan cercana para vos, se haya transformado en Papa?

Yo se lo dije cuando le visité el verano pasado, desde que él es Papa, siento que soy mal cura (lo era antes también) pero tengo la sensación de ser un cura que muchas veces no esta a la altura de las circunstancias. Algo parecido a lo que le pasó a Pedro con Jesús en la barca cuando lo reconoce como Hijo de Dios. Al mismo tiempo, un deseo enorme de seguir construyendo esta Iglesia de puertas afuera, de frontera, de periferia.