Mi Decenario

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo.

Hoy me toca ser YO. Un padre de 40 años que vive la vida como cualquiera.

Y hoy quiero contarles la historia de MI decenario.

Este decenario que ven en la foto iba en mi bolsillo derecho del pantalón desde el 13 de agosto de 2013. Sin importar que tipo de pantalón llevara o a qué evento fuera. Siempre estaba conmigo. Y así me acompañó en cada momento en el que metía la mano y me sostenía para no caer. Cada vez que metía la mano me llevaba hasta ese momento en el que me lo habían dado y recordaba lo que me decía la persona que me lo dio.

Por esas vueltas que tiene la vida, la historia no siguió tan color de rosa en los años siguientes, y por eso tenerlo en el bolsillo me retrotraía a esas épocas felices. Y conforme pasaba el tiempo, más fuerzas me daba. Y me ayudaba a pensar que por algún motivo, las cosas no se solucionaban.

Y por qué les cuento esta historia? Porque la semana pasada ese decenario se me perdió.

Estaba en un campamento con mi hijo mayor y al darme cuenta que no lo tenía empecé a buscarlo desesperadamente. El espacio para buscarlo era demasiado grande pero pensé que podría encontrarlo. Volví a armar la carpa. Volví a desenrollar la bolsa de dormir. Volví a vaciar el bolso. Y sin embargo no estaba. Volví a recorrer la mayoría de los lugares en los que había estado ese fin de semana y nada. Pensé que habría una posibilidad que se hubiera caído en casa o en el auto y me fui angustiado, creyendo que iba a aparecer. Pero no.

Dejé pasar la semana y cada vez que metía la mano en el bolsillo sentía que me faltaba algo. Algo muy importante. Llegué a pensar que, tal vez, María, me decía que era momento de soltar todos los recuerdos que este decenario traía y buscarme otro. Tengo otros, sí, pero por algún motivo no lo había reemplazado aún. Por el mismo motivo que este fin de semana, después de 7 días, decidí mandar un mensaje en el grupo de padres que habíamos estado en ese campamento.

El mensaje decía: “Les pido un favor. Se me perdió en el campamento. Es muy importante. Si alguien lo encuentra o lo “pisa” por ahí … sé que hoy o el año que viene va a aparecer … Gracias”.

Y lo mandé. La verdad que esperaba recibir todo tipo de comentarios y posibles chistes. Lo que nunca me imaginé fue, en cambio, a los 3 minutos, recibir una foto por privado que decía “volverá a tu bolsillo que es donde debe estar”.

Lo había encontrado, la madre de otro de los chicos, semienterrado y lo levantó porque le dio “cosa” que estuviera ahí tirado. Nunca lo asoció con el campamento ni mucho menos que podría ser de un conocido. Imagínense su sorpresa cuando leyó el comentario y la mía cuando me dijo que lo tenía.

Hoy está nuevamente conmigo.

Hoy me dice que no importa cuáles son las tormentas que tenemos que atravesar, que con fe, y rezando, algún día, pueden pasar.

Hoy sigo confiando que a pesar de todo se podrán solucionar las cosas y volver a escribir la historia.

Y Jesús estaba a mi lado.

(Fuente de la imagen)

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 49 años …

Fui un bebito demasiado esperado, deseado y mimado. Primer nieto, primer sobrino. Mis padres tenían un hermano cada uno. Y ellos son mis padrinos. Creo que ese es el primer signo visible por el cual siempre dije que soy un niño mimado de Dios. Y si bien hubo algunos golpes de chico y de joven, como la muerte de mi padre. El momento donde me sentí más mimado y querido y protegido por Dios fue a los 40. Como yo cumplo en enero y nunca hay nadie, estoy acostumbrado a festejarlo en marzo. Y ese año, quería celebrarlo. Estaba todo listo y el 5 de marzo hacemos el festejo. 3 días después, mi mujer, embarazada de nuestro 5to hijo, me dice que se va al médico a la ecografía de rutina y quise acompañarla. En el momento en que le hacen la eco, no encuentran latidos. Lloraba la médica. Lloraba mi mujer. Mi cabeza recuerda que ese día por la mañana salimos los tres rumbo al médico y a las 10 de la noche estábamos volviendo los dos solos. Estábamos en la clínica y se produjo igual el parto. La médica me ofreció verlo y entraba en la palma de mi mano. También le ofreció a mi mujer si quería verlo. Nos dijo que era un varón. Lo bautizamos mi mujer y yo y se lo llevaron. Y ese fue el momento en el que siento mi primer sacudón en la vida y siento que no soy yo quien maneja las cosas. Y a pesar de ese golpe, algo que todavía hoy me da vueltas en la cabeza y que no logro entender el porqué, es que al volver a casa, yo sentí alivio. ¿Como no mal interpretarlo?. Recuerdo haberle dicho a mi mujer, en el momento de enterarnos del embarazo, que para algo venía un hijo. Pero yo estaba obsesionado con las cuentas. Y un quinto hijo no sería cosa fácil de llevar. Y no podía dejar de pensar cómo yo sentía alivio ante semejante panorama. Recuerdo haber empezado terapia, incluso ir a hablarlo con un sacerdote porque no entraba en mi forma de vida semejante pensamiento.

A los pocos días de haber vuelto a casa mi mujer se enferma de golpe. Le da una neumonía galopante que no le permitía levantarse de la cama. Y yo tuve que atenderla a ella, los chicos, la casa, los colegios, el trabajo. Y ahí sentí nuevamente que Dios estaba ayudándome. Porque si no fuera así, jamás podría haber hecho todo lo que tuve que hacer esos días. Solo no hubiera podido nunca. Y un día nuestro hijo de 8 años le dice a mi mujer; “mamá, si vos nos transmitís la fe que cuando nos morimos vamos a estar mejor, nuestro hermanito se mudó a otra casa y no entiendo por qué llorás.” Y eso le hizo hacer un click. Empezó con terapia y con médicos y pudo salir adelante. Y entendimos que teníamos 4 hijos más por los que seguir adelante y no podíamos caernos por la pérdida de uno. Y ahí fue como empecé a transitar lo que todos conocemos como la crisis de los 40. Pero acompañado.

Pasó el tiempo y a los 45 me agarra un cólico un domingo en casa por la tarde y me voy a la clínica, como no andaba el ecógrafo me hacen volver al día siguiente. En los estudios dicen que no había nada pero que tenía sangre en la orina a lo que yo digo que no. Y el médico dice que se ve en el microscopio y no a simple vista. Me indican un par de estudios más mientras mi mujer me esperaba afuera. Yo entraba y salía de un consultorio a otro. Hasta que en uno, la médica me muestra un resultado en el que se veía todo negro y un “algo” blanco que parecía una moneda. Le digo a la médica, eso ahí no tiene que estar y ella me contesta. No, pero sos joven, así que no te preocupes que va a estar todo bien pero hay que sacarlo ya. Salí con una paz increíble y mi mujer me pregunta qué me pasa, y yo solo pude contestarle que tenía algo en la vejiga que había que sacar cuanto antes. Quedate tranquila que va a estar todo bien, y me encontré a mí mismo consolándola a ella. Porque yo seguía en paz. Fuimos a ver a un ahijado mío que es médico porque la verdad que nos había tomado de sorpresa y no entendíamos mucho y nos hizo el contacto para que nos viera urgente un colega de él, quien hoy sigue siendo mi médico. Con los estudios en mano me dijo que eso era un tumor y que el 95% de los casos era maligno, y que no tuviera muchas esperanzas de entrar en el 5% restante porque no era mi caso con seguridad. Yo al médico no lo conocía y al hospital en el que me estaba atendiendo tampoco. Pero cuando entro a su consultorio veo una imagen de la Virgen de Schoenstatt, que era muy importante en casa, y al verla yo le digo a mi mujer “mirá quién está”, y el doctor pregunta quién más había venido con nosotros pensando que yo me refería a una persona. Y cuando le dije que me refería a la imagen me dice que el jefe de servicios trabajaba en Schoenstatt. En ese momento supe que de ahí no me movía nadie. Y sin conocer al médico decidí operarme ahí. Solo confié. Y me abandoné en Dios y en la Virgen. Me acuerdo que antes de la operación vino a verme mi hermano, 5 años menor, y justo cuando se iba del cuarto me mira y me dice “te quiero mucho”. Fue la primera vez que nos lo decíamos. Eso también vino a traerme la operación. Y me acuerdo que ante su pregunta de en qué podía ayudarme yo le pedí que cuidara mucho a mis hijos. Ocupate de ellos en este tiempo.

Y entré a la operación. Y encontraron un tumor grande y muchos chiquitos. Cuando salgo del quirófano, que fue una operación larga, me llevan al cuarto y me empiezan a despertar y abro los ojos; lo primero que veo es a mi viejo al lado de la cama, a mi suegra a los pies, y a Jesús, acostado conmigo en la cama. Jesús estaba al lado mío. Yo lo miré y Él se sonreía. No era una visión. Estaba ahí y lo podía sentir. Los tres me habían estado cuidando durante la intervención y habían venido hasta el cuarto a cerciorarse que yo me despertara. Muy difícil de explicar. Increíblemente maravilloso de vivir. A partir de ahí, lo veo a Jesús casi diariamente.

A los 20 días cuando vuelvo a buscar los resultados el médico me confirma que era un cáncer. Y que él me había dicho que no iba a entrar en aquel 5%. Que por cómo estaban dadas las cosas podía empezar ya con la quimioterapia. Decidimos hacerlo así. Y ahí también me sentí muy acompañado y protegido por Dios. Porque la quimio fue localizada, no me circuló por el cuerpo, no se me cayó el pelo. En todo lo malo que estaba pasando, la estaba sacando barata. Me hizo todas las sesiones juntas que se podían, pasó el período de descanso y volvieron las sesiones finales. La posibilidad que volviera a salir era en el primer año así que los controles iban a ser periódicos. Y así fueron pasando los años hasta este momento en el que estamos hablando, que sin darme cuenta, hoy se cumplen 4 años de aquella operación. Y como transité todo con mucha paz y mucha confianza mi mujer me regaló y tengo colgado en una cerámica en casa una oración que describe cómo fueron las cosas; “Nada te turbe” (https://www.youtube.com/watch?v=VNAxkzq5qDA).

Y este año, una vez pasado mi cumpleaños 49, cuando pensamos que la quimio podría haber destruido varias cosas en su camino, mi mujer me dice que estábamos nuevamente embarazados. Algo que creíamos que nunca más iba a suceder, pasó. El embarazo vino sólo para confirmarnos que la vida continúa. Todavía podemos dar vida. Y en ese instante me hizo revivir los miedos de aquel otro embarazo. Y cuando vi el test me hizo revivir la alegría enorme que había sentido en nuestro primer embarazo. Y me hizo entender el porqué de aquel sentimiento equívoco de alivio que había sentido hacía 9 años. Era un volver a empezar en todo sentido. Sentirnos cocreadores. Y exactamente el mismo día que aquel 8 de marzo, volvía a pasar lo mismo y volvíamos a perder este nuevo embarazo. Pero a pesar del nuevo golpe siento que este nuevo embarazo que no prosperó, sirvió para hacerme entender un montón de cosas que habían quedado inconclusas en su momento. Y toda esta euforia y amor que sentía por la llegada de un nuevo hijo, quedará guardada, desde otro lugar, para la llegada de los nietos. Y sirve, además, como inyección de vida para vivir el presente. Para disfrutar, aún más, a los cuatro hijos que ya tenemos. Para aprovechar el momento y ver esas señales que, a veces, pasan de largo.

Y a pesar de todas las cosas que fueron pasando, nunca me sentí abandonado. Muy por el contario, sentí que en cada momento de flaqueza, Dios me cargaba. Y la Virgen me cubría con su manto. Porque uno no elije lo que le pasa pero si elige cómo transitarlo.

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Los argentinos me han devuelto mi FE

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 51 años …

Soy español, y vivo en argentina desde 1993. El mayor de 3 hermanos. Mi padre viene de una familia humilde. A los 10 años, cuando nació su hermano y sus padres no pudieron mantenerlo más se lo confiaron a un tío que era cura militar. Ahí fue donde aprendió todas las cosas que después supo transmitirme. Él es ateo. Mi madre es creyente pero no practicante. Les tocó vivir la guerra civil y eso les marcó su historia, y la mía. Me bautizaron y tomé la Primera Comunión como todos los chicos en España y la verdad que salvo a través de mis abuelos, nunca tuve relación con la Iglesia. Estudié en España en un colegio francés laico.

Habiendo sufrido las turbulencias del matrimonio de mis padres decidí emprender mi propio camino. Primero me fui a vivir a Francia un tiempo y al volver a España participé de un start-up que me permitió después venir por temas laborales a la Argentina. Aproveché esa excusa para poner un océano de por medio.

Acá empecé a vivir mi vida y a tener contacto con gente que tenía unos valores y unos principios que si bien no eran nuevos para mí eran muy refrescantes, en lo que a religión y fe se refiere. Y luego conocí a mi mujer que era bastante practicante. Siendo divorciada nos casamos por civil en España. Hoy estoy casado y tengo 4 hijas. Pero debido a eso estoy en un conflicto con la Iglesia.

Sus padres también son bastante practicantes. Perdieron un hijo en un accidente. Mi suegro hizo la carrera de acompañante espiritual. En el año 2013, mi hermano tuvo la desgracia de perder a su hija mayor en un accidente automovilístico. Esto fue un golpe muy fuerte tanto para mi hermano como para mis padres. Es algo que viene de repente y para lo que uno no está preparado. Para mí fue algo muy duro también y me movió la estantería. No hay en castellano un término en la Real Academia Española que defina el estado vital tras la pérdida de un hijo por parte de un padre. Justo para esa época me estaban insistiendo mucho en hacer un retiro de Entretiempo y yo me venía negando y poniendo excusas. Pero ese año decido aceptar. Fue una experiencia inolvidable. Fue un momento de empezar muchas cosas nuevas. Venía de estar acompañando a mi hermano y acá me sentí acompañado yo. Algo especial que pasó dentro del retiro me hizo sentí muy querido por gente que no me lo esperaba, y de forma desinteresada me dio mucho amor. Eso me hizo pensar que esta experiencia comunitaria podría ayudarme a conocerme a mí mismo y también ayudar a otros. De los argentinos valoro 3 cosas por encima de todo:

1- El sentido de la amistad. Es muy próximo, espontáneo, con una afinidad sincera.

2- El concepto de familia. Mientras que en Europa las familias se van atomizando cada vez más, acá se va agrandando la mesa con abuelos, hermanos, primos. En realidad uno empieza a formar parte de la familia del otro. Empieza a ser familia de sus amigos. Es bienvenido a las casas de otros. La familia tiene un peso. Es importante porque es un lugar de encuentro, donde desarrollar su identidad, pedir ayuda desinteresadamente, donde se valora a la persona.

3- La FE. En España nunca fui a la Iglesia. Si llegaba a ir sólo veía algunas canas solitarias en algún banco perdido en la penumbra. Se oía el tímido murmullo del rezo, pero allí nunca escuché cantos. Era triste y una experiencia individual. Nunca un sermón que no presentara un Dios castigador. Y eso más que acercarte te alejaba de la Iglesia. Acá es todo lo contrario; te invita a participar y disfrutar, a vivir en comunidad.

Entendí que tenía un nuevo camino que recorrer, donde podía aprender y crecer en el plano espiritual, y así, ya pasados los 50 años decidí recibir el sacramento de la Confirmación.

Al tiempo me convocaron para participar activamente en un Equipo de estos retiros y además de ser una especie de necesidad; uno lo vive viendo la transformación en el otro y se alegra por ello. Es algo que me transforma, me enriquece y me hace crecer. Y siento que los argentinos me han devuelto la fe.

Mi proceso fue progresivo y llevó mucho tiempo. Estaba latente. Pero también el grupo humano del que me siento parte y activo, me ha ayudado a no descolgarme muchas veces con muchas cosas, ni perder el rumbo.

Un hombre de resultados, de números, de gestión. Toda la vida estuve persiguiendo las cosas. Siempre pensando que el futuro se labra si tenés una buena educación pero sin FE es difícil llegar. Si tenés una buena educación, tenés mejores posibilidades. Si tenés la cabeza armada podés pensar. Si pensás podés elegir. Elegir es un tema mayor que define si te realizás haciendo lo que te gusta. Pero ahora no puedo dejar de lado la FE; la busco y la vivo plenamente.

Mi vocación ha sido esencialmente la de aprender. Entender. Vivir en plenitud. Eso me ha sido posible gracias a las elecciones hechas en el camino. Y ya de más grande, con Jesús a mi lado.

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Michel Houellebecq: “La razón no se opone a la fe de una manera tan clara”

En primer lugar, les quería pedir perdón a todos los lectores de esta sección. Este mes estuve trabajando en la Feria del Libro de Buenos Aires, durante todos los días que duró, y terminaba tan agotado que dos veces se me pasó la fecha de publicación de esta sección del blog. Les pido disculpas.

No solamente por la falta de material, sino además porque la entrevista que voy a comentar ya tiene un mes encima. Por suerte, la literatura no tiene las urgencias y exigencias del noticiero, así que verán que es muy aprovechable de todas maneras.

Fuente: http://www.theguardian.com/books/2015/jan/09/soumission-michel-houellebecq-review-charlie-hebdo

Les dejo acá el link a la entrevista al escritor francés Michel Houellebecq, publicada en el suplemento ADN Cultura de este mismo diario, en el cual habla de su nueva novela, Sumisión. Dicha novela está narrada en primera persona y cuenta la historia de François, un profesor de literatura especializado en la obra de Joris-Karl Huysmans, en el contexto de una Francia en la que el Frente Nacional y un partido islamista liderado por Mohammed Ben Abbes. Al borde de la guerra civil, Francia termina convirtiéndose en una sociedad islámica y el protagonista vive un reacercamiento a la fe.

Ahí va el link: http://www.lanacion.com.ar/1786998-es-absurdo-pensar-que-el-patriotismo-pueda-reemplazar-la-religion.

Rescato la entrevista porque me parece que trae temas muy interesantes a colación, que tienen que ver con el espíritu de este blog. Desde la necesidad humana de una trascendecia en la fe, hasta la importancia del arte y la belleza en la religión. Por ejemplo, cuando dice “No es falso decir que Huysmans terminó por creer en Dios porque esa creencia era bella. La belleza de la liturgia, de la pintura, de la música católica no dejan de ser pruebas de la existencia de Dios.[...] Pero la misa en sí misma es muy convincente; en realidad, es una de las cosas más perfectas que conozco. ”

Sobre la Venida y Resurección de Cristo:

“De todos modos, tu cristianismo es selectivo. Te interesa la vida eterna, pero no tanto, digamos, el perdón o la caridad.

-Eso es interesante. Pero, sabés, no creo que sea un rasgo heterodoxo. San Pablo dice con toda claridad en un pasaje de las Epístolas: si Cristo no resucitó, nuestra fe es vana. Así que Cristo, mal que mal, vino por eso. Para prometernos que la muerte había sido vencida.”

Sobre el inifinito perdón de Dios:

“A condición de seguir formando parte de la Iglesia, la cosa andaba. Para volver por un momento a Huysmans, una de sus escenas más impactantes es cuando los habitantes del pueblo donde vivió Gilles de Rais, los mismos a quienes él había torturado, se reúnen para orar por la salvación de su alma. O sea que incluso en el caso de Gilles de Rais, si hay arrepentimiento sincero, no hay dudas en cuanto a la absolución. Y hablamos de un hombre que fue probablemente lo peor que la humanidad produjo.”

Sobre la Virgen y los santos:

“Cristo, la Virgen, los santos son vías de acceso a Dios que permiten a cada uno elegir su camino preferido.”

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Retorno a Brideshead I

Esta semana estuve leyendo Brideshead Revisited (Retorno a Brideshead), del escritor inglés Evelyn Waugh. Antes que nada quisiera aclarar que voy a contar partes muy importantes del argumento de su novela, así que si alguien está interesado en leerla y no quiere que saber nada de antemano, salga del artículo.

Fuente: http://www.clivejames.com/books/shadows/waugh

Retorno a Brideshead es una novela narrada por un agnóstico, Charles Ryder, que se hace amigo de Sebastian Flyte, un alcohólico en ciernes, en la universidad de Oxford, y conoce a su familia. Los Flyte, nobles católicos, son una familia disfuncional: dos hermanos muy practicantes (Cordelia y Brideshead, el heredero) y dos aparentemente libertinos (Sebastian y Julia), una madre muy devota y un padre ausente, que se separó de su mujer y se fue a vivir con su amante a Italia.

Durante la época universitaria, Charles empieza a frecuentar la mansión de la familia, Brideshead, mientras Sebastian va aislándose cada vez más de la familia, escapando y gastando toda su plata en la bebida. Su hermana Julia empieza a salir con Rex Mottram, un hombre de grandes ambiciones políticas y sociales, que busca una esposa como otro paso más en su ascenso social. Mottram quiere primero casarse por la Iglesia católica, y se hace catecúmeno para bautizarse. Al descubrirse que ya estuvo casado anteriormente, y que por lo tanto no puede casarse por la Iglesia, termina volviendo a la Iglesia Anglicana y se terminan casando así.

La madre, ya muy enferma, se muere, Sebastian se escapa a África después de varios intentos de rehabilitación, haciéndose amigo de soldados de la Legión Extranjera, y la familia pierde el contacto con él.

Ante la pérdida de contacto con su amigo, Charles deja de ver a los Flyte. Se casa con una amiga de Julia,  una mujer hermosa pero frívola, que promueve su obra como manera de promoverse a si misma y le es infiel. Cansado de su matrimonio, vuelve a retomar el contacto con Julia en un crucero, e inician una relación.

Ambos planean divorciarse de sus parejas y casarse otra vez. Con el clima internacional enrarecido, Lord Marchmain, el padre de los Flyte, regresa a Inglaterra y cambia su testamento para dejarle la mansión a Julia. Cordelia regresa de España (había sido enfermera durante la Guerra Civil Española) y trae noticias de Sebastian: después de mucho vagabundear apareció en la puerta de un convento en Túnez pidiendo ser ordenado sacerdote. Flaco y envejecido, es rechazado por los religiosos, pero en los lapsos de razón que tiene entre borrachera y borrachera vuelve al convento pidiendo una y otra vez que lo dejen irse a misionar con ellos a algún lugar remoto de África. Finalmente lo dejan ser el portero del convento.

Marchmain enferma gravemente, y busca estar siempre acompañado y con luz en su habitación. El miedo a la muerte lo aterroriza, y echa al sacerdote que le llevan sus hijos más devotos para darle la extremaunción. Charles se opone con fuerza a esa acción, viéndola como un chantaje o una manera de calmar las consciencias de sus hijos. Ambos le explican que el sacramento necesita de la voluntad del que lo recibe, de un acto de arrepentimiento del mal que causó la persona y de un acto de contrición (proponerse no volver a hacerlo), pero Charles sigue sin convencerse.

Cuando Marchmain ya está moribundo, y Charles ve como Julia quiere también que su padre acepte el sacramento, empieza a rezar aunque sea para que los hijos queden consolados. El sacerdote le aplica el crisma al anciano, recita las palabras y todos ven como, aunque al principio parezca que se lleva la mano a la frente para lavarse el crisma, en realidad comenzó a hacerse la señal de la cruz.

Conmovidos por la escena, Julia y Charles deciden no casarse y cometer el mismo error que el padre de ella, y deciden separarse a pesar de amarse profundamente.

Un par de años después, con la Segunda Guerra Mundial ya comenzada, Charles es asignado como oficial a un puesto militar en la campiña inglesa. El lugar resulta ser la mansión de los Brideshead, requisada por el ejército, y la capilla, que había sido clausurada después de la muerte de Lady Marchmain, fue abierta de nuevo para uso de los soldados del regimiento. Charles piensa que el esfuerzo de las personas que construyeron la mansión, si bien por muchos años parecía que había sido en vano, valió la pena.

Para esta entrada dejo al final esta frase para reflexionar. La frase pertenece originalmente a un cuento de Chesterton del Padre Brown, pero Waugh lo aplica a la gracia, el regalo de Dios de la fe:

“”I caught him, with an unseen hook and an invisible line which is long enough to let him wander to the ends of the world, and still to bring him back with a twitch upon the thread”.

“Lo tengo agarrado con un gancho y un hilo invisibles, tan largos que puede irse hasta el fin del mundo, y de todas maneras traerlo de vuelta con un pequeño tirón.”

 

Nadie es una isla

“No man is an island, entire of itself; every man is a piece of the continent, a part of the main. If a clod be washed away by the sea, Europe is the less, as well as if a promontory were, as well as if a manor of thy friend’s or of thine own were: any man’s death diminishes me, because I am involved in mankind, and therefore never send to know for whom the bell tolls; it tolls for thee.” John Donne, Devotions Upon Emergent Occasions, “Meditation XVII”.

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte del todo. Si una porción de tierra es borrada por el mar, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, como si fuera la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque formo parte de la humanidad; por lo tanto nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.” John Donne, Devociones para ocasiones emergentes, “Meditación XVII”.

Fuente: http://barry-overstreet.com/sometimes-leadership-leaves-you-on-an-island/

Esta reflexión de John Donne, poeta inglés del siglo XVII, me dejó pensando últimamente. La humanidad es un todo por todas las partes que lo forman: por pequeña que sea el aporte o el impacto de la vida de una persona, si no estuviera todo el conjunto sería distinto, no como una mayoría donde sólo importa lo que predomina, sino como un cuerpo humano, donde existen materiales que lo componen en porcentajes minúsculos (en el cual 0,05 es la mitad de la tabla, chequeénlo) y que sin embargo son absolutamente necesarios para que seamos lo que somos.

Hasta la persona más humilde e insignificante existe por una razón. Este hecho, que se nos revela por la fe (Dios pensó, creó y ama a cada persona), nos pasa tan de costado muchas veces. Esas personas que nos caen mal, a los que no soportamos, y peor todavía, aquellas que no llaman nuestra atención, que parecen invisibles y a las cuales no vemos, o no prestamos atención, nunca los invitaríamos a una fiesta o juntarnos con ellos. Y si embargo, los necesitamos.

También me hicieron pensar acerca del individualismo de nuestra cultura. A pesar de que cada vez más vivimos en ciudades más grandes, en las cuales dependemos físicamente de los demás en mayor medida (o imaginate tener que plantar vos mismo todas las frutas y verduras y manejar el ganado necesario para comer todos los días), cada vez nos creemos más autosuficientes, como si viviéramos en una burbuja y los demás no nos afectaran ni importaran.

Una pequeña parte de tierra disminuye a un continente entero. Imaginen unos granos de arena frente a todo un continente. Es una imagen muy poderosa, nos llama y nos sobrecoge: cada partecita achica al conjunto.

Pero el texto habla también de la muerte, las campanas se refieren a la costumbre de tocar las campanas de las iglesias cuando se celebraban funerales. Si cada partecita de hombre, cada pérdida me afecta, no debo preguntar por quién se llora, se llora también por mí, porque yo quedé reducido, porque perdí algo irreparable, alguien que nunca va estar de la misma manera en este mundo, y que de una manera imperceptible estaba relacionado conmigo. Cada pérdida de uno es una pérdida de todos.

Si yo estoy mal, afectaré a los que están alrededor mío también. Cómo nos cuesta ver las consecuencias de nuestros actos, incluso las que podemos llegar a ver. Y la muerte es la suma final de todos nuestros actos.

Por último, traigo una cita del Génesis (4, 8-10) para reflexionar:

Caín dijo a su hermano Abel: «Vamos afuera». Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su hermano y lo mató.Entonces el Señor preguntó a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel?». «No lo sé», respondió Caín. «¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?».Pero el Señor le replicó: «¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo.Dios le preguntó a Caín dónde estaba su hermano. Caín le respondió: “No lo sé, ¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?”

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Ángel fieramente humano

“Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!”

Blas de Otero, “Hombre”, Ángel fieramente humano.

¿Cuántas historias de fe comienzan con un ¡Basta!? Un mundo sin Dios, sin causas últimas, sin eso que da sentido a nuestra vida o que se la dio a nuestra cultura por muchos siglos parece, al principio, liberador. Ponemos nuestro sentido a la vida, queremos cambiar las partes de la realidad que no nos satisfacen, queremos cambiar incluso la naturaleza humana.

Pero este impulso no dura mucho: nuestro sentido está unido a nuestra visión de la vida (si esta se tambalea, cae todo), las cosas que cambiamos nos salen torcidas y la naturaleza humana se resiste al cambio, por violento que sea y nos deja cansados de ese trabajo vano.

El poema “Hombre” refleja de una manera muy bella (y no por bella, menos terrible) esa experiencia de soledad absoluta, de sentirse abandonado por Dios “¿Por qué me has abandonado?

¿Cuántos a los que la vida golpeó perdieron la fe?

Es el grito de Job, uno de los lamentos más antiguos de la Humanidad: Si soy justo, ¿Por qué sufro el mal? ¿Y por qué los que no son justos a veces no lo sufren?

Y ustedes, ¿Se sintieron alguna vez así? ¿Lo superaron, fortalecieron su fe? ¿O se sienten alejados, sin saber cómo volver? ¿O quizá nunca sintieron nostalgia de Dios?

Literatura y Fe

La literatura representó un papel muy importante en mi camino hacia la fe. Los libros me ayudaron, entre otras cosas, a apreciar la belleza, a atreverme a pensar más profundo y no pocas veces me dieron un consejo, una palabra o una enseñanza para mi vida personal.

Me encantaría que esta sección pudiera guiar a los lectores en su propio camino, y así poder dar lo que yo recibí, porque la sabiduría o el bien que uno recibe se muere si no se comparte. Dichas estas cosas, me gustaría comenzar con una historia que me marcó en mi infancia, y ahí se encuentra el porqué del nombre de esta sección.

Empecemos pues.

La historia del rey David y Urías, el hitita.

Fuente: paintingandframe.com

 

“Un día el rey David sale a su balcón y ve a una mujer hermosa, Betsabé. La manda llamar a su palacio, y, a pesar de ser ella una mujer casada, tienen relaciones. Al enterarse de que Urías, el hitita, era su esposo, David lo manda a llamar del frente, puesto que era soldado. Urías rechaza el ofrecimiento varias veces.

Cada vez más ansioso, David ordena al comandante en jefe, Joab, que envíe a Urías a un lugar peligroso del frente de batalla, y que en el momento crucial su guardia personal lo abandone. Urías cumple con su deber, y muere en combate. Cuando David se enteró, hizo que Betsabé se fuera a vivir con él.

La acción desagradó a Dios, el cual envió al profeta Natán a confrontar al rey. Natán le  empezó a contar la historia de un hombre rico y un hombre pobre. El hombre rico tenía una gran hacienda, con todo tipo de ganado: ovejas, vacas y gallinas. El hombre pobre sólo tenía una oveja, a la cual quería mucho. Resulta que llega un viajero a la casa del hombre rico, y éste fue a la casa del hombre pobre, se llevó su oveja y se la dio de comer al visitante.

Nada más terminó de decir ésto, el rey David montó en cólera y gritó:-¿Cómo puede haber hecho algo tan ruin? ¡Ese hombre merece la muerte!

-Ese hombre eres tú.-le respondió el profeta.

Totalmente conmovido, David se impuso un ayuno de penitencia. El primer hijo que nació de su relación con Betsabé murió a los pocos días, como había profetizado Natán.”
Esta historia le pone el nombre a la sección del blog, primero porque la diferencia entre cómo se ve uno y cómo es visto desde afuera me impactó hondamente. También la acción de David; muy querido por Dios y un ejemplo de gobernante, a pesar de haber cometido un pecado horrible, y se convierte en un modelo de arrepentimiento. Pero además por una razón más profunda: en esta historia, una narración le hace ver a David el mal que había cometido, le destapa los ojos. El cuento de Natán es el espejo en el que se está viendo a si mísmo. Espero que este espacio nos pueda servir a todos para vernos realmente. Sólo con ese aspecto ya me parece que cumplió su cometido.

Si de paso, ya que estamos, puedo entretener y acercar alguna lectura interesante a otra persona, mejor que mejor.

 

El Resucitar Cotidiano

Uno, cuando viene al mundo, ya viene ahí “conectado” pero después a medida que va pasando la vida es uno quien elije ir alejándose.

En un momento empecé a sentir mucha angustia. Me miraba a mi mismo y me daba cuenta que me faltaban cosas. No disfrutaba de mi familia como debería. No disfrutaba de mi vida como la tenía que disfrutar. Estaba como en un callejón sin salida. Angustiado. Deprimido. Me faltaba algo y no sabía dónde estaba

 

Hoy soy un padre de 44 años. Yo me metí mucho en el trabajo. Le puse todo. Empecé a trabajar de muy chico. Terminé el colegio, hice el servicio militar, empecé la facultad y en la mitad de la facultad ya empecé a trabajar. Y ahí no paré.

Llegó un momento que estaba muy metido en eso, estaba muy pocas horas en casa. Llegué a irme un mes y medio de mi casa por mi trabajo. En el 2003 por cuestiones laborales había estado durante el fin de semana en Río Gallegos, vuelvo el lunes y me dicen te vas a Santa Fe y volvés entre miércoles o jueves a más tardar … y volví a casa 1 mes y medio después. Una locura. Y eso no pasó una sola vez. Pasó muchas veces.

Y esta vida de nómade hace que con mi mujer, que también trabaja, tengamos la vida organizada con mis viejos y mis suegros.

Y a medida que me acercaba a los 40 años veía que estaba entrando de cabeza a la crisis propia de la edad. La cuestión es que esto me tenía muy triste. No lograba encajar algunas piezas de mi vida; me faltaban cosas.

Buscaba con qué compararme, tratar de ver cómo era mi vida en aquellos días y me imaginaba a mí mismo volando en un avión, me quedaba dormido y al despertar no había nadie. Ni pasajeros, ni tripulación, nadie. Y eso me llevaba a pensar que por más que el avión siguiera andando en piloto automático, eventualmente, en algún momento se iba a quedar sin combustible. Podría llegar a planear un poco más. Pero al final de cuentas, se iba a estrellar. Ese avión era MI vida.

Ya la salud había presentado algunos problemas. Una época en la que había estado trabajando muchas horas seguidas, de golpe, me estallaron las cuerdas vocales. Me salió un nódulo. Y ningún especialista se animaba a tocar porque me podía llegar a quedar mudo. Y la voz, es mi herramienta de trabajo. Y fue cuando me pusieron la máscara de oxígeno en el quirófano que tuve el primer click, aunque todavía me faltaba algo.

Si bien yo nunca estuve totalmente alejado de Dios y de la Iglesia, es como que iba por un camino distinto. Y en uno de esos caminos me reencontré con un compañero mío del colegio. Lo reencontré en la vida. En esos reencuentros que con el tiempo, después, uno se da cuenta que nada es casualidad. Y hablando de todo un poco me invita a ir a Entretiempo que es una comunidad donde se hace retiros para mayores de 35 años. Primero le digo que no, más de una vez lo que quiere decir que fueron un par de años los que me negué. Hasta que en definitiva le digo que sí y voy al Entretiempo Nº52 (www.retiroentretiempo.com.ar) y eso fue un quiebre muy fuerte porque, en definitiva, lo que logré hacer fue abrir el corazón. Escuchar desde otro lugar. Los que creemos en esto sabemos que es así. Jesús está al lado nuestro siempre. El tema está en abrirle el corazón y dejarlo entrar. Cuando vos le abrís el corazón le estás abriendo la puerta y ahí cambia todo. La cabeza cambia. La vida cambia. Uno ve las cosas de distinta manera.

Tuve una infancia en la que me sentí bastante solo muchas veces pero dentro de todo tuve una vida normal. Y el quiebre llegó ahí. Ese Entretiempo fue como un fuego. Después de haber participado me invitaron a unirme para estar en Equipos. Y a partir de ahí te das cuenta que nada es casualidad.

Y después de haber participado de esto uno baja cambios. Y te das cuenta que la vida misma de cada uno necesita un parate. Necesita de ese tiempo. Uno tiene que frenar para planificar lo que viene. Uno ya vivió una gran parte de su vida, formó su familia. Y hay que encarar el segundo tiempo de cada uno.

El tema es valorar lo que uno tiene constantemente. Por ejemplo hoy tuve mi día libre. Estuve con mis hijos. Con mi mujer. Con mi familia. Pudimos disfrutar juntos. Nos reímos. Compartimos. Y eso no tiene un valor material pero si tiene un valor sentimental, humano y afectivo maravilloso. Y el anterior “yo” hubiera buscado algo para hacer referido a lo laboral y se hubiera perdido de disfrutar de este día con los suyos. Me hubiera enganchado en algo para conseguir un mango más.

Me doy cuenta que mi hijo mayor que ya tiene 16 años es un animal grandote al cual no puedo estar abrazando constantemente como antes pero todavía si puedo jugar con él un picadito y es maravilloso. Al más chico que tiene 11 todavía lo puedo levantar o andar en bicicleta juntos. Justo hoy en el picadito colgamos una pelota y fue toda una aventura intentar recuperarla. Y son cosas irrepetibles. Uno se da cuenta que es necesario esto de abrazar a los hijos. Y la idea es no darse cuenta tarde. El anterior “yo” se hubiera perdido de esto, como te decía, por estar laburando.

Y enseñarles a ellos que hay un camino en la vida para cuando la crisis llega. Porque, inevitablemente, la crisis, llega. El golpe te va a venir. Ya sea un problema de salud, laboral, con tus padres, un problema matrimonial; lo que sea. En algún momento la vida te va a poner un golpe porque son las reglas de juego. Y en ese momento o te tirás debajo de un tren o buscás una alternativa que te ayude a superar ese momento. Y tratar de ver las cosas buenas que van a venir una vez que pase ese bajón. Porque siempre viene algo bueno después. La vida te quita pero también te da. Y ahí es donde te das cuenta que al lado tuyo está este flaco pelilargo que vino hace más de 2000 años. Está y te marca las pautas de cómo son las cosas en la vida. Y yo creo que esto es así. Tengo muy grabada la historia del hombre que iba caminando por la playa y se da vuelta y le dice Padre, porqué en los peores momentos de mi vida me dejaste solo, se ve solo un par de huellas en la arena. Y Dios le contesta, hijo, porque fue en esos momentos de angustia y desazón donde yo te llevaba alzado.

Ahí es donde empezás a darte cuenta. Esa es la cuestión, darte cuenta.

Acaba de pasar la Navidad y uno siempre termina pensando en los regalos. Pero qué más le podés pedir a la vida si ya te regalaron todo. Empezando por haberte regalado la vida misma. Si todavía podés disfrutarla, te regalaron salud. Los ojos para ver el mundo maravilloso que nos dieron. Las piernas para correr y disfrutar. Tenés el tacto. Tenés los seres queridos. Tenés tantas cosas que te preguntás qué más te pueden regalar. Ya está todo regalado.

Y después el tema del renacimiento de todos los años. Nace nuevamente. Si Él nace todos los años te demuestra que si Él puede renacer; nosotros tenemos que “renacernos” o “reinventarnos” constantemente. Porque uno, cuando viene al mundo, ya viene ahí “conectado” pero después a medida que va pasando la vida es uno quien elije ir alejándose. Y después viene le camino de reencontrarse.

Tal vez mi quiebre fue recordar el cuando era chico. En el colegio, uno se arrodillaba y rezaba, había un vínculo. Y eso después se cortó. Y en un momento empecé a sentir mucha angustia. Me miraba a mi mismo y me daba cuenta que me faltaban cosas. No disfrutaba de mi familia como debería. No disfrutaba de mi vida como la tenía que disfrutar. Estaba como en un callejón sin salida. Angustiado. Deprimido. Me faltaba algo y no sabía dónde estaba. Y me ayudó mucho Entretiempo. Fue clave. Porque aparte de lo que va pasando en sí, es lo que yo sentía adentro mío. Es algo muy fuerte. Y más allá de todas las cosas que empezamos a compartir a partir de ahí, está bueno esto de tener un ratito diario para hablarle a Él. A veces uno se levanta diciendo “hoy pongo el día en TUS manos”. Y la verdad que arrancarlo así ya es distinto. Vas por la calle, o vas en el subte, o vas manejando y vas hablando con Él. Estaría buenísimo poder pasar por una iglesia todos los días, siempre hay una cerca, pero también es verdad que hay gente que no le dan los tiempos y eso es cierto. Pero ir hablándole cada vez que podés, Él te va a estar escuchando, siempre. Y uno se va acostumbrando y si tenés problemas en el trabajo o en lo que fuera ya sabés que él te escucha y te lo tomás distinto. Ya uno vive la vida de otra manera. Hay gente que al grupo al que pertenezco nos mira como locos. Siempre con una sonrisa. Siempre contentos. Pero la gente de Entretiempo es así. Obviamente están los momentos en los que rezamos y estamos serios. Pero de pronto podemos divertirnos o estar contentos y eso es porque hay alegría. Estar bien espiritualmente está bien. Te sentís bien. Y cuando tenés algún problema de algo, además de la ayuda de Él, está la ayuda y el apoyo de toda la comunidad. Sabés que van a rezar por vos. Que te van a acompañar. A pesar de estar hecho bolsa sabés que tus “hermanos” van a estar. No existe ningún tipo de vergüenza en expresar lo que uno siente y eso es buenísimo. Ahora, por ejemplo que está de moda el chat en los teléfonos, a uno se le ocurrió armar un grupo de oración; y somos 100 flacos que ponemos las intenciones de quien sea constantemente. Y hay uno que todos los días a las 13 pone un resumen de lo que fueron las últimas 24 hs y trata de mantener actualizado los pedidos de cada uno. Y eso está buenísimo. Estamos unidos también ahí. U otro grupo que trata de juntarse los viernes después de los trabajos para poder relajar y desenchufar. Y son todas cosas que suman a que uno esté bien. Y cuando tenés que meterte de lleno en algo serio todos nos metemos de corazón. Y ahí es donde aparece la alegría de dar. De poder darle al otro lo que vos tenés. Aunque eso sea un abrazo, una palmada, un oído. Es simplemente dar. Y te dan ganas de pensar en el otro de distinta manera. Y ayudás distinto. Me pasa en mi trabajo, que hago mucho relacionado con lo social. Y para mí, mi trabajo sirve, cuando ayuda de verdad a alguien. Cuando a partir de algo mío la realidad del otro cambia. Entonces me gusta compartir mucho con la gente. Y a partir del contacto con Dios lo vivo desde otro lado. Porque la gente también necesita hablar. Escuchar. Compartir. Y antes quizás sólo ponía el hombro. Y ahora tal vez, acompaño con algún mensaje de fe. Y te das cuenta que la relación con el otro es distinta. Uno tampoco es cura o catequista, pero simplemente tirarle al otro alguna palabra de fe ayuda enormemente.

La última vez que me había confesado había sido en el secundario. Y por obligación. Después nunca más. Pasó una vida. Y cuando fui a este retiro era tanto lo que sentía que tenía para hablar que no me animé a confesarme tampoco. Pero sabía que era una asignatura pendiente. Así fue como a las 2 semanas de haberlo hecho hablé con el mismo cura que estaba ahí y me dijo venite a “charlar un rato”, y estuvimos una mañana entera. Y yo lloraba y él me abrazaba. Y se hablaron todos los temas. Que uno de chico los va guardando y te van comiendo por adentro y nunca los sacás. Y creés que no te pesan pero sí, y cómo. Y está bueno sacarlas. Y olvidar algunos temas. Y dejar de sufrir por cosas que uno ha vivido. Y charlar con él de mis logros y mis errores. Mis aciertos y mis frustraciones. Y hablamos de un montón de cosas a corazón abierto y yo salí de ahí levitando. Y quedé muy conectado con él y a pesar que lo tengo lejos de casa trato de ir con mi familia a su misa de 20 hs de los domingos. Y por ejemplo otra de las cosas que a mí me movilizó mucho fue escucharlo en una misa decirle a le gente que estaban todos invitados a comulgar, y el que no pudiera hacerlo por alguna razón en particular, o los chiquitos que todavía no habían tomado su Primera Comunión; están todos invitados a venir y hacer la fila. Y el que no vaya a comulgar se acerca con sus brazos en cruz y simplemente le voy a hacer una bendición en la frente pero vengan todos. Y ese gesto me pareció algo maravilloso. Y eso me llenó de emoción. Porque quien se acerca a Jesús lo hace porque entiende que lo va a ayudar. Y eso me hizo ir a comulgar emocionado. Llorando. Me pareció algo alucinante. Y es lo que nos lleva otra vez a lo que hablábamos antes al renacer de cada uno.

 

Desafíos de la inculturación de la fe

Con fecha de 24 de noviembre de 2013, el papa Francisco ha publicado la exhortación apostólica ” Evangelii gaudium ” (La alegría del evangelio).
Es un texto considerado como la guía de su pontificado, donde habla de sus propuestas para anunciar el evangelio en  el mundo actual.
En este documento, Francisco, ofrece una visión motivadora e interpelante acerca del espíritu misionero y evangelizador de la Iglesia, a partir de una transformación misionera que incluye un análisis de la sociedad actual y ofrece claves para el anuncio evangélico en el mundo actual.
Hoy vamos a reflexionar el punto 68:

 Desafíos de la inculturación de la fe

68. El substrato cristiano de algunos pueblos —sobre todo occidentales— es una realidad viva. Allí encontramos, especialmente en los más necesitados, una reserva moral que guarda valores de auténtico humanismo cristiano. Una mirada de fe sobre la realidad no puede dejar de reconocer lo que siembra el Espíritu Santo. Sería desconfiar de su acción libre y generosa pensar que no hay auténticos valores cristianos donde una gran parte de la población ha recibido el Bautismo y expresa su fe y su solidaridad fraterna de múltiples maneras. Allí hay que reconocer mucho más que unas «semillas del Verbo», ya que se trata de una auténtica fe católica con modos propios de expresión y de pertenencia a la Iglesia. No conviene ignorar la tremenda importancia que tiene una cultura marcada por la fe, porque esa cultura evangelizada, más allá de sus límites, tiene muchos más recursos que una mera suma de creyentes frente a los embates del secularismo actual. Una cultura popular evangelizada contiene valores de fe y de solidaridad que pueden provocar el desarrollo de una sociedad más justa y creyente, y posee una sabiduría peculiar que hay que saber reconocer con una mirada agradecida. “

Nosotros los cristianos ¿Valoramos la fe de otros pueblos aunque tengan distintas formas de expresarse a la nuestra ?

¿Creemos que realmente ellos también están inspirados por el Espíritu Santo aunque su fé se manifieste de otras formas ?

¿Vemos los valores de auténtica fe y solidaridad que tienen estas culturas o solo miramos sus debilidades y dificultades? ( creencias supersticiosas, mágicas,  ignorancia, analfabetismo, alcoholismo, etc )