Retorno a Brideshead I

Esta semana estuve leyendo Brideshead Revisited (Retorno a Brideshead), del escritor inglés Evelyn Waugh. Antes que nada quisiera aclarar que voy a contar partes muy importantes del argumento de su novela, así que si alguien está interesado en leerla y no quiere que saber nada de antemano, salga del artículo.

Fuente: http://www.clivejames.com/books/shadows/waugh

Retorno a Brideshead es una novela narrada por un agnóstico, Charles Ryder, que se hace amigo de Sebastian Flyte, un alcohólico en ciernes, en la universidad de Oxford, y conoce a su familia. Los Flyte, nobles católicos, son una familia disfuncional: dos hermanos muy practicantes (Cordelia y Brideshead, el heredero) y dos aparentemente libertinos (Sebastian y Julia), una madre muy devota y un padre ausente, que se separó de su mujer y se fue a vivir con su amante a Italia.

Durante la época universitaria, Charles empieza a frecuentar la mansión de la familia, Brideshead, mientras Sebastian va aislándose cada vez más de la familia, escapando y gastando toda su plata en la bebida. Su hermana Julia empieza a salir con Rex Mottram, un hombre de grandes ambiciones políticas y sociales, que busca una esposa como otro paso más en su ascenso social. Mottram quiere primero casarse por la Iglesia católica, y se hace catecúmeno para bautizarse. Al descubrirse que ya estuvo casado anteriormente, y que por lo tanto no puede casarse por la Iglesia, termina volviendo a la Iglesia Anglicana y se terminan casando así.

La madre, ya muy enferma, se muere, Sebastian se escapa a África después de varios intentos de rehabilitación, haciéndose amigo de soldados de la Legión Extranjera, y la familia pierde el contacto con él.

Ante la pérdida de contacto con su amigo, Charles deja de ver a los Flyte. Se casa con una amiga de Julia,  una mujer hermosa pero frívola, que promueve su obra como manera de promoverse a si misma y le es infiel. Cansado de su matrimonio, vuelve a retomar el contacto con Julia en un crucero, e inician una relación.

Ambos planean divorciarse de sus parejas y casarse otra vez. Con el clima internacional enrarecido, Lord Marchmain, el padre de los Flyte, regresa a Inglaterra y cambia su testamento para dejarle la mansión a Julia. Cordelia regresa de España (había sido enfermera durante la Guerra Civil Española) y trae noticias de Sebastian: después de mucho vagabundear apareció en la puerta de un convento en Túnez pidiendo ser ordenado sacerdote. Flaco y envejecido, es rechazado por los religiosos, pero en los lapsos de razón que tiene entre borrachera y borrachera vuelve al convento pidiendo una y otra vez que lo dejen irse a misionar con ellos a algún lugar remoto de África. Finalmente lo dejan ser el portero del convento.

Marchmain enferma gravemente, y busca estar siempre acompañado y con luz en su habitación. El miedo a la muerte lo aterroriza, y echa al sacerdote que le llevan sus hijos más devotos para darle la extremaunción. Charles se opone con fuerza a esa acción, viéndola como un chantaje o una manera de calmar las consciencias de sus hijos. Ambos le explican que el sacramento necesita de la voluntad del que lo recibe, de un acto de arrepentimiento del mal que causó la persona y de un acto de contrición (proponerse no volver a hacerlo), pero Charles sigue sin convencerse.

Cuando Marchmain ya está moribundo, y Charles ve como Julia quiere también que su padre acepte el sacramento, empieza a rezar aunque sea para que los hijos queden consolados. El sacerdote le aplica el crisma al anciano, recita las palabras y todos ven como, aunque al principio parezca que se lleva la mano a la frente para lavarse el crisma, en realidad comenzó a hacerse la señal de la cruz.

Conmovidos por la escena, Julia y Charles deciden no casarse y cometer el mismo error que el padre de ella, y deciden separarse a pesar de amarse profundamente.

Un par de años después, con la Segunda Guerra Mundial ya comenzada, Charles es asignado como oficial a un puesto militar en la campiña inglesa. El lugar resulta ser la mansión de los Brideshead, requisada por el ejército, y la capilla, que había sido clausurada después de la muerte de Lady Marchmain, fue abierta de nuevo para uso de los soldados del regimiento. Charles piensa que el esfuerzo de las personas que construyeron la mansión, si bien por muchos años parecía que había sido en vano, valió la pena.

Para esta entrada dejo al final esta frase para reflexionar. La frase pertenece originalmente a un cuento de Chesterton del Padre Brown, pero Waugh lo aplica a la gracia, el regalo de Dios de la fe:

“”I caught him, with an unseen hook and an invisible line which is long enough to let him wander to the ends of the world, and still to bring him back with a twitch upon the thread”.

“Lo tengo agarrado con un gancho y un hilo invisibles, tan largos que puede irse hasta el fin del mundo, y de todas maneras traerlo de vuelta con un pequeño tirón.”

 

Nadie es una isla

“No man is an island, entire of itself; every man is a piece of the continent, a part of the main. If a clod be washed away by the sea, Europe is the less, as well as if a promontory were, as well as if a manor of thy friend’s or of thine own were: any man’s death diminishes me, because I am involved in mankind, and therefore never send to know for whom the bell tolls; it tolls for thee.” John Donne, Devotions Upon Emergent Occasions, “Meditation XVII”.

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte del todo. Si una porción de tierra es borrada por el mar, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, como si fuera la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye, porque formo parte de la humanidad; por lo tanto nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti.” John Donne, Devociones para ocasiones emergentes, “Meditación XVII”.

Fuente: http://barry-overstreet.com/sometimes-leadership-leaves-you-on-an-island/

Esta reflexión de John Donne, poeta inglés del siglo XVII, me dejó pensando últimamente. La humanidad es un todo por todas las partes que lo forman: por pequeña que sea el aporte o el impacto de la vida de una persona, si no estuviera todo el conjunto sería distinto, no como una mayoría donde sólo importa lo que predomina, sino como un cuerpo humano, donde existen materiales que lo componen en porcentajes minúsculos (en el cual 0,05 es la mitad de la tabla, chequeénlo) y que sin embargo son absolutamente necesarios para que seamos lo que somos.

Hasta la persona más humilde e insignificante existe por una razón. Este hecho, que se nos revela por la fe (Dios pensó, creó y ama a cada persona), nos pasa tan de costado muchas veces. Esas personas que nos caen mal, a los que no soportamos, y peor todavía, aquellas que no llaman nuestra atención, que parecen invisibles y a las cuales no vemos, o no prestamos atención, nunca los invitaríamos a una fiesta o juntarnos con ellos. Y si embargo, los necesitamos.

También me hicieron pensar acerca del individualismo de nuestra cultura. A pesar de que cada vez más vivimos en ciudades más grandes, en las cuales dependemos físicamente de los demás en mayor medida (o imaginate tener que plantar vos mismo todas las frutas y verduras y manejar el ganado necesario para comer todos los días), cada vez nos creemos más autosuficientes, como si viviéramos en una burbuja y los demás no nos afectaran ni importaran.

Una pequeña parte de tierra disminuye a un continente entero. Imaginen unos granos de arena frente a todo un continente. Es una imagen muy poderosa, nos llama y nos sobrecoge: cada partecita achica al conjunto.

Pero el texto habla también de la muerte, las campanas se refieren a la costumbre de tocar las campanas de las iglesias cuando se celebraban funerales. Si cada partecita de hombre, cada pérdida me afecta, no debo preguntar por quién se llora, se llora también por mí, porque yo quedé reducido, porque perdí algo irreparable, alguien que nunca va estar de la misma manera en este mundo, y que de una manera imperceptible estaba relacionado conmigo. Cada pérdida de uno es una pérdida de todos.

Si yo estoy mal, afectaré a los que están alrededor mío también. Cómo nos cuesta ver las consecuencias de nuestros actos, incluso las que podemos llegar a ver. Y la muerte es la suma final de todos nuestros actos.

Por último, traigo una cita del Génesis (4, 8-10) para reflexionar:

Caín dijo a su hermano Abel: «Vamos afuera». Y cuando estuvieron en el campo, se abalanzó sobre su hermano y lo mató.Entonces el Señor preguntó a Caín: «¿Dónde está tu hermano Abel?». «No lo sé», respondió Caín. «¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?».Pero el Señor le replicó: «¿Qué has hecho? ¡Escucha! La sangre de tu hermano grita hacia mí desde el suelo.Dios le preguntó a Caín dónde estaba su hermano. Caín le respondió: “No lo sé, ¿Acaso yo soy el guardián de mi hermano?”

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Atravesar mi desierto

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 41 años …

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Soy nacido y criado en un matrimonio con padres católicos. En casa siempre se habló de religión, mi papá era catequista. De hecho se hizo catequista de grande, con su familia ya formada. O sea que por casa pasó mucha gente católica incluidos varios sacerdotes. Cuando era chico, esa fuerte presencia católica fue bien internalizada, pero al crecer tal vez me sentía un poco “saturado” y si bien entendía que la relación con Dios tenía que ser buena, otras prioridades se abrieron paso también.

Me fue muy bien tanto en el colegio como en la universidad. Y me había ido muy bien a nivel laboral. Lo asociaba solamente al desarrollo profesional en una empresa multinacional. Realmente me gustaba lo que hacía ya que podía poner en marcha proyectos de envergadura que me llenaban de orgullo por los desafíos que representaban.

Me casé y tuve dos hijos. Iba a misa los domingos, algunos sí y otros no. Pero si iba “volaba” y esperaba la bendición final para poder irme. Tenía la mente en otro lado. Cuando no concurría, pensaba para mis adentros “Hoy estoy cansado, Dios me va a entender”. Más tarde aparecieron otras excusas como que “los chicos son chicos y se van a aburrir”. En fin… si iba era un simple acto religioso y si no lo hacía me sentía más que justificado. Pero eso sí, en mi mente yo no tenía ningún pecado, entonces no veía motivo para confesarme. Típico razonamiento “no maté, no robé, no le fui infiel a mi mujer. Soy el hombre perfecto, tengo ganado el cielo”. Y esto es grave porque es un velo que nos impide ver la verdad.

Al principio la relación de Dios con uno mismo es muy linda, directa y transparente y que en mi caso tuvo un momento cúlmine en la Primera Comunión con el amor de Cristo entregándose a mí con todo amor y cariño. Pero a medida que los años pasan se van interponiendo diferentes tipos de vidrio en la relación con el Señor. Primero es un vidrio finito y transparente que deja ver todo. Pero a medida que pasa el tiempo, si no lo limpiamos se va ensuciando y engrosando. Entonces la imagen que se ve del otro lado comienza a tornarse difusa. Y si seguimos sin limpiarlo empieza a esmerilarse y a engrosarse cada vez más hasta que al final de esa bella relación queda solo una pálida imagen difusa… Había que quitar ese vidrio translúcido y para ello tenemos un sacramento que es “la confesión”.

Hace unos 2 años empezó a haber algún “ruido” en mi vida. Primero empezó en el ambiente laboral. Sentía que lo que yo creía que estaba perfecto e increíble empezaba a desgastarme. Me pedían algo en la oficina y al día siguiente me cambiaban las órdenes con directivas exactamente contrarias. Resulta cansador vivir en ese equilibrio inestable. Para peor, abundan los contraejemplos, ves que aquel que no se esfuerza progresa en base al amiguismo. Aparece entonces un “algo” en el interior que se exteriorizaba de maneras diferentes. Creía que dejaba los problemas laborales en la oficina, sin embargo mi mujer me manifestaba que vivía permanentemente cansado. Mi madre me decía que estaba ausente, que estaba raro. Desde mi perspectiva, lo negaba todo, lo atribuía a un exceso laboral. Y terminó detonando un día en el que me despidieron de ese trabajo por el que yo daba todo. Esto es imposible. ¿Cómo me pasa esto a mí? Y lo primero que me vino a la mente fue enojarme con Él. ¿Dios, porqué me abandonaste?. Para colmo me entero que me echan con calumnias. Que dicen de mí cosas totalmente falsas siendo aquellas las mentiras que más me dolían, decían que maltrataba a mi gente… Gracias a Dios, el tiempo demostró lo contrario, se disolvió mi equipo entero y con muchos de ellos mantengo una excelente relación (extralaboral ahora).

En ese momento, o me peleaba con Dios o me acercaba. Y por suerte opté por la segunda opción en la que me encontré pidiéndole ayuda. “¿Qué hago ahora?”. Tenía que seguir manteniendo a mi familia. Y empecé a pensar qué era lo que había hecho mal para estar en esa situación mas no encontraba nada.

Es difícil… nosotros los católicos tenemos una barrera a romper y es cómo mantener una relación con un Dios que no nos habla, o por lo menos no lo hace como a nosotros nos gustaría. Ya está, Dios rompió ese vidrio grueso, sucio y traslucido, ¿y ahora qué…?. Fue entonces que volví a mis raíces dándole gracias a mis padres por haberme educado en la Fe. Comencé a rezar mucho. Primero por tener trabajo que gracias a Dios conseguí realmente muy rápido. No tendría el mismo grado de desarrollo profesional que tenía antes o que me hubiera gustado pero era un trabajo digno y honrado. Y a veces las ansiedades son lo que más tenemos que controlar. Es allí donde aparece el golpe al orgullo y la soberbia donde te das cuenta que no lo sabés todo ni lo podés todo. Y puse a Dios en su lugar, el primero de todos, amarás a Dios sobre todas las cosas; confié en él y me dejé llevar. Saqué los “peros” de todo. No había vuelta atrás. Pude reconocer mis pecados que no veía. Aparecieron, como decía antes, el orgullo y la soberbia. Pude bajar la cabeza. Fui a confesarme, experimenté el perdón y la misericordia de Dios. Volví a estar en estado de Gracia. Desde entonces es algo cotidiano sin dejar pasar oportunidad cuando siento que estoy en pecado. Lo bien que te sentís cada vez que salís de la confesión. Y ves que empiezan a pasar cosas buenas.

Empecé a humanizarme más, a estar más conectado con mi familia, con mi mamá, con mi hermana.

Empecé a ir a misa “viviéndola, rezándola, alabando al Señor”. Como trabajo en el centro puedo dejar a los chicos en el colegio y llegar a misa en la Catedral. Mi mujer que estaba un poco alejada, con el ejemplo, vio que también era bueno y empezó a imitar en eso y a rezar un poco más. Mi hijo más grande está por tomar su Primera Comunión. Me encontraba con una disyuntiva interna de si tenía que llevarlo y obligarlo a ir más a misa o no. Terminé conversando con un cura para que me diera su opinión. No quería obligarlo para no saturarlo, pero también era consciente de que si no lo educamos nosotros en la Fe nadie lo hace por nosotros (por más colegio católico al que vaya). Entonces un domingo en casa les digo a los chicos, “vamos a misa”. El más chico no quería saber nada y lo primero que hace es decirme como respuesta “no quiero, me quedo con mamá”. Y ahí mi mujer entendió cómo venía la mano y a pesar que pensaba quedarse en casa, al ver la reacción del enano, lo miró y le dijo “vestite porque yo también voy a ir”. Así se empezó a dar de a poco y a vivir esto. Pero una cosa trajo a la otra y al final del día, en casa, se vive más PAZ. Por que descansamos en Dios. No hay paz en este mundo que no sea dada por Dios.

Tenemos que atravesar nuestros desiertos. Y mi desierto fue el trabajo. De un día para el otro me habían echado y estaba en la calle. De alguna manera te hace reflexionar y cambiar la manera de vivir.

Hoy, para mí, no es una carga ir a misa. Aprendí muchísimo al escuchar las diferentes homilías, aquellas en las que antes me encontraba en la luna.

Yo digo que todo empezó con haberme quedado sin trabajo. Ahora, del otro lado, también me pongo a pensar que en realidad el haberme quedado afuera fue el golpe para hacerme ver que en realidad tal vez hubieron señales que no veía para cambiar. Que estaba obnubilado y no podía ver que había algo un poco más allá. Por eso Dios siempre está, actúa a su debido tiempo. Estas situaciones son para que sintamos el amor de Dios que como en la parábola del hijo pródigo el Padre se encuentra siempre esperando y clamando “Vuelve a tu casa, vuelve a Mí”.

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El Resucitar Cotidiano

Uno, cuando viene al mundo, ya viene ahí “conectado” pero después a medida que va pasando la vida es uno quien elije ir alejándose.

En un momento empecé a sentir mucha angustia. Me miraba a mi mismo y me daba cuenta que me faltaban cosas. No disfrutaba de mi familia como debería. No disfrutaba de mi vida como la tenía que disfrutar. Estaba como en un callejón sin salida. Angustiado. Deprimido. Me faltaba algo y no sabía dónde estaba

 

Hoy soy un padre de 44 años. Yo me metí mucho en el trabajo. Le puse todo. Empecé a trabajar de muy chico. Terminé el colegio, hice el servicio militar, empecé la facultad y en la mitad de la facultad ya empecé a trabajar. Y ahí no paré.

Llegó un momento que estaba muy metido en eso, estaba muy pocas horas en casa. Llegué a irme un mes y medio de mi casa por mi trabajo. En el 2003 por cuestiones laborales había estado durante el fin de semana en Río Gallegos, vuelvo el lunes y me dicen te vas a Santa Fe y volvés entre miércoles o jueves a más tardar … y volví a casa 1 mes y medio después. Una locura. Y eso no pasó una sola vez. Pasó muchas veces.

Y esta vida de nómade hace que con mi mujer, que también trabaja, tengamos la vida organizada con mis viejos y mis suegros.

Y a medida que me acercaba a los 40 años veía que estaba entrando de cabeza a la crisis propia de la edad. La cuestión es que esto me tenía muy triste. No lograba encajar algunas piezas de mi vida; me faltaban cosas.

Buscaba con qué compararme, tratar de ver cómo era mi vida en aquellos días y me imaginaba a mí mismo volando en un avión, me quedaba dormido y al despertar no había nadie. Ni pasajeros, ni tripulación, nadie. Y eso me llevaba a pensar que por más que el avión siguiera andando en piloto automático, eventualmente, en algún momento se iba a quedar sin combustible. Podría llegar a planear un poco más. Pero al final de cuentas, se iba a estrellar. Ese avión era MI vida.

Ya la salud había presentado algunos problemas. Una época en la que había estado trabajando muchas horas seguidas, de golpe, me estallaron las cuerdas vocales. Me salió un nódulo. Y ningún especialista se animaba a tocar porque me podía llegar a quedar mudo. Y la voz, es mi herramienta de trabajo. Y fue cuando me pusieron la máscara de oxígeno en el quirófano que tuve el primer click, aunque todavía me faltaba algo.

Si bien yo nunca estuve totalmente alejado de Dios y de la Iglesia, es como que iba por un camino distinto. Y en uno de esos caminos me reencontré con un compañero mío del colegio. Lo reencontré en la vida. En esos reencuentros que con el tiempo, después, uno se da cuenta que nada es casualidad. Y hablando de todo un poco me invita a ir a Entretiempo que es una comunidad donde se hace retiros para mayores de 35 años. Primero le digo que no, más de una vez lo que quiere decir que fueron un par de años los que me negué. Hasta que en definitiva le digo que sí y voy al Entretiempo Nº52 (www.retiroentretiempo.com.ar) y eso fue un quiebre muy fuerte porque, en definitiva, lo que logré hacer fue abrir el corazón. Escuchar desde otro lugar. Los que creemos en esto sabemos que es así. Jesús está al lado nuestro siempre. El tema está en abrirle el corazón y dejarlo entrar. Cuando vos le abrís el corazón le estás abriendo la puerta y ahí cambia todo. La cabeza cambia. La vida cambia. Uno ve las cosas de distinta manera.

Tuve una infancia en la que me sentí bastante solo muchas veces pero dentro de todo tuve una vida normal. Y el quiebre llegó ahí. Ese Entretiempo fue como un fuego. Después de haber participado me invitaron a unirme para estar en Equipos. Y a partir de ahí te das cuenta que nada es casualidad.

Y después de haber participado de esto uno baja cambios. Y te das cuenta que la vida misma de cada uno necesita un parate. Necesita de ese tiempo. Uno tiene que frenar para planificar lo que viene. Uno ya vivió una gran parte de su vida, formó su familia. Y hay que encarar el segundo tiempo de cada uno.

El tema es valorar lo que uno tiene constantemente. Por ejemplo hoy tuve mi día libre. Estuve con mis hijos. Con mi mujer. Con mi familia. Pudimos disfrutar juntos. Nos reímos. Compartimos. Y eso no tiene un valor material pero si tiene un valor sentimental, humano y afectivo maravilloso. Y el anterior “yo” hubiera buscado algo para hacer referido a lo laboral y se hubiera perdido de disfrutar de este día con los suyos. Me hubiera enganchado en algo para conseguir un mango más.

Me doy cuenta que mi hijo mayor que ya tiene 16 años es un animal grandote al cual no puedo estar abrazando constantemente como antes pero todavía si puedo jugar con él un picadito y es maravilloso. Al más chico que tiene 11 todavía lo puedo levantar o andar en bicicleta juntos. Justo hoy en el picadito colgamos una pelota y fue toda una aventura intentar recuperarla. Y son cosas irrepetibles. Uno se da cuenta que es necesario esto de abrazar a los hijos. Y la idea es no darse cuenta tarde. El anterior “yo” se hubiera perdido de esto, como te decía, por estar laburando.

Y enseñarles a ellos que hay un camino en la vida para cuando la crisis llega. Porque, inevitablemente, la crisis, llega. El golpe te va a venir. Ya sea un problema de salud, laboral, con tus padres, un problema matrimonial; lo que sea. En algún momento la vida te va a poner un golpe porque son las reglas de juego. Y en ese momento o te tirás debajo de un tren o buscás una alternativa que te ayude a superar ese momento. Y tratar de ver las cosas buenas que van a venir una vez que pase ese bajón. Porque siempre viene algo bueno después. La vida te quita pero también te da. Y ahí es donde te das cuenta que al lado tuyo está este flaco pelilargo que vino hace más de 2000 años. Está y te marca las pautas de cómo son las cosas en la vida. Y yo creo que esto es así. Tengo muy grabada la historia del hombre que iba caminando por la playa y se da vuelta y le dice Padre, porqué en los peores momentos de mi vida me dejaste solo, se ve solo un par de huellas en la arena. Y Dios le contesta, hijo, porque fue en esos momentos de angustia y desazón donde yo te llevaba alzado.

Ahí es donde empezás a darte cuenta. Esa es la cuestión, darte cuenta.

Acaba de pasar la Navidad y uno siempre termina pensando en los regalos. Pero qué más le podés pedir a la vida si ya te regalaron todo. Empezando por haberte regalado la vida misma. Si todavía podés disfrutarla, te regalaron salud. Los ojos para ver el mundo maravilloso que nos dieron. Las piernas para correr y disfrutar. Tenés el tacto. Tenés los seres queridos. Tenés tantas cosas que te preguntás qué más te pueden regalar. Ya está todo regalado.

Y después el tema del renacimiento de todos los años. Nace nuevamente. Si Él nace todos los años te demuestra que si Él puede renacer; nosotros tenemos que “renacernos” o “reinventarnos” constantemente. Porque uno, cuando viene al mundo, ya viene ahí “conectado” pero después a medida que va pasando la vida es uno quien elije ir alejándose. Y después viene le camino de reencontrarse.

Tal vez mi quiebre fue recordar el cuando era chico. En el colegio, uno se arrodillaba y rezaba, había un vínculo. Y eso después se cortó. Y en un momento empecé a sentir mucha angustia. Me miraba a mi mismo y me daba cuenta que me faltaban cosas. No disfrutaba de mi familia como debería. No disfrutaba de mi vida como la tenía que disfrutar. Estaba como en un callejón sin salida. Angustiado. Deprimido. Me faltaba algo y no sabía dónde estaba. Y me ayudó mucho Entretiempo. Fue clave. Porque aparte de lo que va pasando en sí, es lo que yo sentía adentro mío. Es algo muy fuerte. Y más allá de todas las cosas que empezamos a compartir a partir de ahí, está bueno esto de tener un ratito diario para hablarle a Él. A veces uno se levanta diciendo “hoy pongo el día en TUS manos”. Y la verdad que arrancarlo así ya es distinto. Vas por la calle, o vas en el subte, o vas manejando y vas hablando con Él. Estaría buenísimo poder pasar por una iglesia todos los días, siempre hay una cerca, pero también es verdad que hay gente que no le dan los tiempos y eso es cierto. Pero ir hablándole cada vez que podés, Él te va a estar escuchando, siempre. Y uno se va acostumbrando y si tenés problemas en el trabajo o en lo que fuera ya sabés que él te escucha y te lo tomás distinto. Ya uno vive la vida de otra manera. Hay gente que al grupo al que pertenezco nos mira como locos. Siempre con una sonrisa. Siempre contentos. Pero la gente de Entretiempo es así. Obviamente están los momentos en los que rezamos y estamos serios. Pero de pronto podemos divertirnos o estar contentos y eso es porque hay alegría. Estar bien espiritualmente está bien. Te sentís bien. Y cuando tenés algún problema de algo, además de la ayuda de Él, está la ayuda y el apoyo de toda la comunidad. Sabés que van a rezar por vos. Que te van a acompañar. A pesar de estar hecho bolsa sabés que tus “hermanos” van a estar. No existe ningún tipo de vergüenza en expresar lo que uno siente y eso es buenísimo. Ahora, por ejemplo que está de moda el chat en los teléfonos, a uno se le ocurrió armar un grupo de oración; y somos 100 flacos que ponemos las intenciones de quien sea constantemente. Y hay uno que todos los días a las 13 pone un resumen de lo que fueron las últimas 24 hs y trata de mantener actualizado los pedidos de cada uno. Y eso está buenísimo. Estamos unidos también ahí. U otro grupo que trata de juntarse los viernes después de los trabajos para poder relajar y desenchufar. Y son todas cosas que suman a que uno esté bien. Y cuando tenés que meterte de lleno en algo serio todos nos metemos de corazón. Y ahí es donde aparece la alegría de dar. De poder darle al otro lo que vos tenés. Aunque eso sea un abrazo, una palmada, un oído. Es simplemente dar. Y te dan ganas de pensar en el otro de distinta manera. Y ayudás distinto. Me pasa en mi trabajo, que hago mucho relacionado con lo social. Y para mí, mi trabajo sirve, cuando ayuda de verdad a alguien. Cuando a partir de algo mío la realidad del otro cambia. Entonces me gusta compartir mucho con la gente. Y a partir del contacto con Dios lo vivo desde otro lado. Porque la gente también necesita hablar. Escuchar. Compartir. Y antes quizás sólo ponía el hombro. Y ahora tal vez, acompaño con algún mensaje de fe. Y te das cuenta que la relación con el otro es distinta. Uno tampoco es cura o catequista, pero simplemente tirarle al otro alguna palabra de fe ayuda enormemente.

La última vez que me había confesado había sido en el secundario. Y por obligación. Después nunca más. Pasó una vida. Y cuando fui a este retiro era tanto lo que sentía que tenía para hablar que no me animé a confesarme tampoco. Pero sabía que era una asignatura pendiente. Así fue como a las 2 semanas de haberlo hecho hablé con el mismo cura que estaba ahí y me dijo venite a “charlar un rato”, y estuvimos una mañana entera. Y yo lloraba y él me abrazaba. Y se hablaron todos los temas. Que uno de chico los va guardando y te van comiendo por adentro y nunca los sacás. Y creés que no te pesan pero sí, y cómo. Y está bueno sacarlas. Y olvidar algunos temas. Y dejar de sufrir por cosas que uno ha vivido. Y charlar con él de mis logros y mis errores. Mis aciertos y mis frustraciones. Y hablamos de un montón de cosas a corazón abierto y yo salí de ahí levitando. Y quedé muy conectado con él y a pesar que lo tengo lejos de casa trato de ir con mi familia a su misa de 20 hs de los domingos. Y por ejemplo otra de las cosas que a mí me movilizó mucho fue escucharlo en una misa decirle a le gente que estaban todos invitados a comulgar, y el que no pudiera hacerlo por alguna razón en particular, o los chiquitos que todavía no habían tomado su Primera Comunión; están todos invitados a venir y hacer la fila. Y el que no vaya a comulgar se acerca con sus brazos en cruz y simplemente le voy a hacer una bendición en la frente pero vengan todos. Y ese gesto me pareció algo maravilloso. Y eso me llenó de emoción. Porque quien se acerca a Jesús lo hace porque entiende que lo va a ayudar. Y eso me hizo ir a comulgar emocionado. Llorando. Me pareció algo alucinante. Y es lo que nos lleva otra vez a lo que hablábamos antes al renacer de cada uno.

 

Navidad 2014

Que esta noche no sea sólo una noche más y repetitiva como si fuese una pura tradición sistemática. Disfrutemos de la Navidad.

Parroqui@ Online les desea FELIZ NAVIDAD a ustedes y a su familia. Ojala que nazca Jesús en el corazón de cada uno de ustedes. Que nazca en sus esperanzas.

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Banquetazo

 (Fuente de la imagen)

Hoy soy un padre de 40 años.

La vida nos presenta tentaciones. Los viajes y el dinero muchísimo más. Las ofertas son de todo tipo y color.

La verdad que a los años que tengo, las metas que me puse las fui cumpliendo. El sueño de poder vivir de lo que me gustaba y formar una familia llegó. Hoy está.

No sé cuándo viví exactamente el clic en darme cuenta que Dios era parte de mi vida. De mi familia. De mi casa. Pero sí puedo decirte que hoy está entre nosotros constantemente. En algún gesto. En algún acto de alguno de los chicos. En algo que haga mi mujer. Siempre está.

Yo, de más joven, no es que estaba muy alejado de la Iglesia. Pero sí es cierto que uno, cuando empieza a alejarse de lo propio se siente perdido. Las tentaciones pueden ser muy fuertes. Ahí es cuando uno empieza a sentir los remordimientos y siente que por una pavada puede tirar por borda todo lo que tanto le costó conseguir.

Yo era muy joven cuando logré empezar a trabajar en lo mío. Eso hacía que estuviera fuera de casa y del país muchas semanas al año. Demasiados viajes. Teniendo que dejar mi mujer, mis hijos, mi familia durante mucho tiempo. Y la verdad que si uno se sube en esa calesita empieza a perderse y puede marearse. Pero lo importante es saber que el rezo siempre ayuda. Siempre ayudó a no caerse más de la cuenta. Lo importante es no perder las raíces de uno. No perder el “hilo primordial” que a uno le recuerda cómo son las cosas.

Hubo un momento en el que en los viajes, las ofertas que había sobre la mesa eran muy variadas. Las posibilidades para embarrarla eran muchas. Había llegado al banquetazo, como yo lo llamo y tenía lo que quería y cuando quería, más o menos.

En esos momentos son los que siento que estaba más aferrado a Dios y a la oración. En esos momentos es donde uno piensa mucho en la familia. En esos momentos es donde hay que parar la pelota, ver dónde estamos parados y volver a buscar nuestro hilo primordial.

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¿Cambios en la Iglesia?

Los medios quieren explicar un fenómeno de cambio de fondo sin tener en cuenta que el cambio está en el modo. Tiempo de misericordia sin postergar la VERDAD.

Sínodo sobre la familia

Hace unos días comenzó el Sínodo sobre la familia ¿Qué es? ¿Qué significa?

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Recetas para una noche feliz

Cuando se acerca la fiesta de la Navidad, en mi espíritu suelen cruzarse los más diversos sentimientos que muchas veces poco tienen que ver con el sentido verdadero de la fiesta, se han ido colando como tantas cosas que me invaden, como los yuyos cuando un jardín se descuida. Permítanme enumerar la lista de preocupaciones navideñas para intentar después recuperar su sentido verdadero:

¿Dónde y con quién lo vamos a pasar?

Elegir un lugar no es fácil, la dueña de casa es la que más trabaja y cuando todos se van a saludar a otros amigos o parientes, le queda un tendal de platos sucios y unos cuantos improperios poco navideños contra los comensales. La compañía ocupa otro capítulo de las peleas familiares. El está solo, pero es un plomo y esa noche tenemos que pasarla bien. Con aquel estoy peleado y no lo quiero invitar.

            Después de todo, la cultura mediática dice que no hay que ser hipócrita, y esto más que comida de navidad se va a convertir en uno de esos programas de la tarde, donde todos se pelean con todos.

     ¿Qué nos vamos a regalar?

Este tema en tiempos de crisis se vuelve particularmente conflictivo. “A ver si Yo le compro y después no se acuerda de Mí”. “Seguro que me regala las cosas inservibles que guardó del cumpleaños y no le gustaron”.

            La soledad y el recuerdo de los que no están, suele ser un capítulo más grave y que suma tristeza y melancolía, en algunas ocasiones hacen de estas fechas algo más digno de olvidar. Se espera que pasen, y se terminen rápido.

            La pirotecnia suma ruido, y más de un accidente; plata verdaderamente quemada; sin mencionar el exceso de alcohol, porque, la noche de la navidad hay que festejar y olvidar tanta desgracia.

Intentemos redescubrir el sentido de la fiesta, para que nuestras navidades sean plenas y enriquecedoras.

Frente a todo eso, recuerdo cómo Dios fue preparando un Pueblo, en el amor lento de quien requiere tiempo para comprender, le fue anunciando que no los dejaría solos. Dios nos habló en otro tiempo por medio de profetas, de señales, de sueños y epopeyas, pero en su generosidad decidió hacerse uno de nosotros. Hablarnos con gestos y Palabras en nuestro propio idioma.

María y José  también buscaron casa en aquella primera Navidad, golpearon puertas de parientes, de amigos, (Belén era la ciudad de la familia de José). No los habrán considerado divertidos, Ella estaba a punto de dar a luz, todo un problema. Decidieron “comprar” la hospitalidad que los otros le negaron, fueron a una hostería, estaba llena: “No hay lugar”… solo una cueva, un pesebre fue el destino definitivo. Ellos también quisieron compañía pero los otros no los eligieron, compartieron la navidad, con un buey y un burro. Los pobres que esa noche también estaban en el campo fueron invitados al convite. Por eso esa noche nos acordamos sobre todo de los que están solos, ponemos un plato de más, estiramos la mesa y disponemos la casa, porque es noche de reconciliación y de perdón, la peor hipocresía es la del orgullo que nos impide acercarnos al otro, y cerrarle la puerta porque “no hay lugar”.

 Dios, es el regalo mas grande. 

El amorla mejor comida.

La luz del recién nacido, la mejor pirotecnia.

En Él están los que se fueron, los recordaremos en Misa o con una Oración, en El se borra toda soledad o melancolía.

DIOS ENTRÓ EN EL TIEMPO, EL OMNIPOTENTE LLORA EN BRAZOS DE UNA MUJER: DIOS SE HIZO HOMBRE.

Es bueno recordarme que ese es el sentido de la verdadera Navidad.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD PARA TODOS!!!!