“Hola, te estábamos esperando”

(Fuente de la foto)

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 47 años …

Una de las experiencias donde sentí que Dios estaba presente fue a raíz de una separación que yo tuve con mi mujer. Ella pedía un tiempo y nos distanciamos. Estando yo en el departamento me veía con 1 colchón. 1 banquito. 1 mesita. 1 lámpara. 1 tostador. Mucho individualismo. Mi madrina, a quien quiero mucho me muestra una nota que había salido en el diario La Nación que hablaba de un Monasterio que estaba en Los Toldos a donde la gente podía ir a hacer un retiro. Y me dice que tal vez era una oportunidad para mí. Ella creía que esto me iba a hacer bien para reencontrarme un poco conmigo mismo. Estaba pasando unos días muy complicados. Bastante mal. Esto fue unos cuantos años atrás con lo cual la tecnología no es lo que conocemos hoy. Había que llamar por teléfono y esperar una respuesta. Y no habían celulares, sino que era un aparato fijo que estaba en un lugar específico y había que tener la suerte de llamar justo en el momento en el que alguno de los monjes estaba en ese lugar y dependía mucho del clima y de la antena.

Siento curiosidad por esto. Quería ver qué era. Habíamos estado ocho años de novios. Un año y medio de casados. Y de pronto ahora estaba separado hacía como 6 meses y como que no me veía muy bien. Estaba constantemente atrás de respuestas. Logro contactarme con el Monasterio y como venía Semana Santa quería aprovechar ese fin de semana para ir. Pero justo hay una tormenta y un rayo deja sin teléfono al Monasterio así que me quedé sin la confirmación de si tenía o no lugar.

Era tal la tristeza, angustia y soledad que sentía en esos días que el jueves a la mañana, decidí agarrar el auto e ir de todas formas. A lo sumo, lo peor que podía pasar era que me dijeran que no había lugar, con lo cual pegaba la vuelta y listo. Agarré el mapa de las rutas, me fijé dónde quedaba y emprendí la marcha. Aclaremos que el gps no era algo usual en aquella época tampoco. 6.30 am ya estaba en viaje. En silencio. Tranquilo. Después de recorrer los 310 km que separan a la ciudad de Buenos Aires de la de Los Toldos, llego al Monasterio Benedictino Santa María de los Toldos. Entro y me quedo en el jardín tratando de ver si había algún tipo de movimiento ya que no me animaba a entrar directamente a la Capilla de movida. Quería encontrar alguna puerta amigable que me invitará a entrar. Golpeo y no contesta nadie. Al rato aparece un monje y me pregunta si necesitaba algo o qué estaba haciendo ahí. Me presento, le digo quién soy y que había llamado para poder estar en Semana Santa con ellos pero debido a la tormenta y el corte de las comunicaciones me había quedado sin la confirmación y había decidido acercarme igual a ver qué pasaba. Y tal era mi desesperación que en ese mismo instante le dije, que estaba separado y pasándola muy mal con lo cual necesitaba estar ahí. Y de una forma muy tranquila Daniel (ese era su nombre, Daniel Menapache, el hospedero de esos días), me mira a los ojos y llamándome por mi nombre me dice “te estábamos esperando”. Ante semejante declaración se me aflojó todo. Jamás me hubiera esperado una respuesta de esa índole. Llamarme por mi nombre e invitarme a pasar era muchísimo más de lo que me podía haber imaginado.

Me acompaña hasta el lugar a donde yo iba a dormir, y en esa época, tuve la gracia de poder convivir con ellos, en el claustro de los monjes. Cruzármelos por los pasillos. Comer con ellos. Vivir con ellos. Si bien la hospedería queda en otro lugar compartías con ellos una infinidad de cosas. Incluso, el lugar donde se cambian y se ponen esos hábitos marrones con los que estamos acostumbrados a verlos para entrar a la Capilla. Así arranqué mi Jueves Santo en la celda que me asignaron que era la de San Marcos. Cama, escritorio, Biblia y nada más. Pude conocer en persona a Mamerto Menapache de quien ya había leído varias historias. Y pude confesarme con los monjes a través de una charla muy sincera. Incluso hablando con uno de ellos en un momento me dice “por más que vos sigas rezando y pidiendo, si tu mujer no quiere volver con vos, no va a hacerlo”. Y eso no me lo estaba diciendo un amigo y que yo ya lo sabía. Me lo estaba diciendo un monje. Aquel a quien yo había ido a pedirle la solución mágica a mi problema. Un pensamiento más profundo con la solución a la situación por la que estaba pasando para recuperar a mi mujer. Y encima, como en toda Pascua, ellos tienen la Ceremonia del Lavado de los Pies. Y me invitaron si quería ser uno de los que les lavaran los pies y no fue sino el Abad quien vino a hacerlo. Eso me impresionó muchísimo. Y me permitió tocar fondo y empezar a disfrutar de las miradas. Las sonrisas. Los actos. Esa fue la primera vez que yo hice un Vía Crucis completo. Empecé a sentir regalos.

Uno de ellos fue de un hermano consagrado que estaba estudiando ahí, se me acerca y me pregunta si lo podía ayudar a limpiar el Cristo. Cuando lo bajaban en esa fecha se aprovechaba, como es de madera, para pasarle cera. Y la verdad que uno no está acostumbrado a tocar esas imágenes. Son enormes. Imponentes. Y recuerdo estar pasándole la cera y sentir como si estuviera tocándolo a Jesús. Sintiendo su cuerpo. Sus brazos. La forma de sus músculos. Y yo estaba limpiando uno de los brazos. El hermano limpiaba el otro. Y el Abad estaba parado en los pies. Mientras que charlábamos. Y le conté toda mi historia. Y ellos quedaron muy conmovidos porque si hay algo que ellos tienen es un poder de escucha increíble. Y un sinfín de historias dolorosas de gente que va allá. Y en ese momento sentí que se producía una unión impresionante porque encima estaba Jesús en medio de nuestra charla literalmente. Y ya sentía que el estar ahí no estaba pasando de casualidad. Pude disfrutar muchísimo de una Misa de Resurrección diferente y ver como el silencio que había reinado en esos días se transformaba en una fiesta donde venía a compartir con ellos la gente del lugar. A celebrar.

Me acuerdo muchísimo de todas las actividades en las que participé. Y una de las cosas que más me quedó grabadas fue otra acción de uno de los hermanos. Ellos tienen como algo muy importante las siestas. Porque es su momento para descansar. Se levantan muy temprano. Y sin embargo, uno de ellos me dijo que como él veía que yo necesitaba hablar, que fuera con él a su claustro y ahí íbamos a poder charlar tranquilos. Él estaba ofreciéndome a mí su momento de descanso. Y cuando terminamos de charlar mira para todos lados y me dice: “no tengo nada para darte para que te lleves, pero si puedo darte este cuadrito.” Y me dio una imagen de San Benito que él tenía. Y yo pensaba, que no sólo ellos dejan todo para entrar ahí, sino que de lo poco que tenía estaba buscando algo para darme a mí. Era el que menos tenía el que más daba. Él no tenía por qué hacerlo, simplemente quería demostrarme que estaba dispuesto a acompañarme a llevar mi cruz.

Termina la misa y después del mediodía me vuelvo para Buenos Aires. Y yo volvía pensando que si realmente las cosas se podían llegar a solucionar tenían muchísimo que ver con todo lo que yo había vivido en ese fin de semana. Muy especial. Había logrado ver desde otro lugar todo lo que yo estaba viviendo.

Voy directo a la casa de mis padres, porque como era Pascua íbamos a juntarnos a comer en familia. Y además estaban todos muy expectantes a cómo me había ido ya que estaban todos movilizados por todo lo que a mí me estaba pasando. Y cuando estábamos comiendo suena el teléfono, y antes que atiendan yo les dijo, “esa es ella”. Mi ex sabía que yo iba a ir al Monasterio. Y efectivamente era ella que sólo quería saber, al igual que el resto, cómo me había ido. Era el primer gesto que ella tenía para conmigo. Hablamos un ratito y combinamos para encontrarnos. A partir de ahí empezó todo un proceso de recuperación, de unos 6 o 7 meses, que unos días atrás era casi inviable. Y de hecho, hoy, mi ex es mi mujer con la que tuvimos 3 hijos y estamos juntos.

Y como forma de agradecer todo esto, la invité a mi “novia” a que me acompañara a ver dónde yo había encontrado esas respuestas que buscaba y así fue como llegó Pentecostés y fuimos a visitar el Monasterio. Y los hermanos que ahí estaban, al verme venir y que se las presento, no podían creerlo. Había un gran avance. De la nada misma donde el matrimonio estaba perdido. En la resurrección de la Pascua, nacía un resurgir de nuestro matrimonio y se nos presentaba una nueva oportunidad que dura, incluso, hoy en día.

Este fue el primer momento donde yo encuentro que Dios estuvo muy presente en mi vida. Sigo yendo a Los Toldos cada tanto. Saben quién soy. Saben que está mi mujer. Saben de mis hijos. Se alegraron y lloraron con nosotros.

Sin comentarios

Uno no da lo que no tiene

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 45 años …

Fuente de la foto

Yo nací en una familia de clase media con educación católica desde casa y el colegio. Siempre fui un tipo creyente y digo que mi vida se divide en 4 partes. Una niñez donde Dios era un superhéroe. Una adolescencia muy triste porque cuando tenía 12 años mis viejos se separaron. Cuando tenía 13 mamá tuvo un acv y tuve que cuidarla durante mucho tiempo y se murió cuando yo tenía 16, lo que me hizo demasiado autodidacta. Me acuerdo que a esa edad yo hacía todo. Me ocupaba de todo. Era como si viviera solo. Recuerdo que a los 17 se vino a vivir conmigo mi abuela, pero más que nada para cuidarla yo a ella que ella a mí. Y estuvimos viviendo juntos hasta los 20 y pico. Esta adolescencia fue con un Cristo Amigo. Y después vino una juventud donde lo empecé a ver a Dios como un Juez. Porque yo ya era una persona más grande, andaba un poco desbarrancado y tenía mis creencias con lo cual hacía lo que quería. Después de los 30 y pico conocí a quien hoy es mi mujer, nos casamos, tuvimos nuestros hijos y yo me fui formando en el típico padre católico de familia pero empecé a sentir que me parecía mucho más a un fariseo que a un cristiano. Y manejé mi religión con muchísima soberbia. Con la idea clara que Dios estaba ahí pero nunca le pedía nada. Como yo había siempre hecho todo solo y lo arreglaba por las mías me creía omnipotente. Hasta que un día de hace un par de años, nos habían prestado una quinta, estábamos descargando las cosas del auto mi mujer me dice, fijate si podés que atrás está la pileta; para que tengamos cuidado con los chicos entonces me asomo y miro como analizando el lugar y veo algo que chapoteaba en el agua. Voy corriendo y me doy cuenta que era mi hija. Entonces voy corriendo y la última imagen que tengo y me quedó grabada es la de mi hija en el fondo de la pileta como si fuera una película. Con la boca y los ojos abiertos. Me tiro para sacarla y quedo yo abajo del agua porque era en la parte honda y levantándola a ella con un solo brazo para que quedara afuera. Tenía solo un año y medio. Creo que fueron los 2 segundos más largos de mi vida en los que recuerdo pensar para mis adentros “que no le pase nada, yo no te pido nunca más nada pero que a ella no le pase nada; me sacaste a mi vieja, me sacaste a todo el mundo pero no me saques a mis hijos.” Y cuando logro salir yo de abajo del agua la veo a mi hija totalmente blanca, con los labios morados y diciendo “agua pato, agua pato” y se reía. En ese momento yo no podía pensar en nada. Después, con el tiempo, un médico me explicó que cuando los chicos son tan chiquitos se les cierra la glotis y no les deja pasar el agua, de hecho no se ahogan por el agua sino por falta de oxígeno en muchos casos. Eso me hizo muy mal y me dejó durante muchísimo tiempo pensando en qué hubiera pasado si mi mujer no me hubiera hecho ese comentario. En si no la hubiera visto. En si hubiera pasado un minuto más. En qué hubiera pasado. Hoy no la tendría.

Llegó un momento en el que me sentí buscando respuestas a tantas dudas que yo tenía personales, en cuanto a mi vida. Sentía que todo daba vueltas alrededor mío. Que era yo el que tenía que hacer todo. Y llegué invitado a un Retiro. En el que descubrí que tenía que confiar un poco más en la providencia de Dios. Confiar más en Él. Aprender a pedirle. Y sin embargo la ficha no me cayó en ese momento. Fue algo que entendí y razoné ahí mismo pero seguía pensando y actuando como hasta ese momento. Y el año pasado, mi hijo mayor tomó la Primera Comunión. Soy un tipo cabrón pero muy sensible. Y estoy escuchando esa misa y cantan “5 panes” (http://canciones-de-misa.blogspot.com.ar/2010/09/un-nino-se-te-acerco.html). Y ahí me cayó la ficha. Porque uno escuchó esa lectura mil veces y la va a seguir escuchando pero desde la visión del adulto. Y la verdad que ver cómo le prestaban atención los chicos me cambió totalmente. Porque ellos realmente creen y están convencidos que los 5 panes fueron reales!. Y a veces eso pasa en la vida cotidiana. Uno no da lo que no tiene. Si vos, todo lo que tenés son 5 panes y los das, quiere decir que estás dando todo de vos. Es todo tu trabajo. Es romperse y dar. Y lo demás va a venir de la mano de Él. Y recién ahí empecé a confiar más en la providencia divina. Pero no esperando que me cayeran las cosas del cielo, sino que se alinearan las cosas detrás de mi trabajo y esfuerzo. Empecé a entender que aunque a veces yo piense que todo depende de mí; sería un poco ilógico y soberbio pensar que es así. Yo que era el que juzgaba, un verdadero fariseo; era en realidad, un soberbio. Esa soberbia la veía en el prójimo y no podía verla en mí. Y aún hoy me cuesta una lucha interna muy importante para tratar de erradicarla.

Y todo este cambio es lo que me hizo, a mí, ver las cosas de una manera diferente a partir de los 40 años. Empezar a confiar más y a ver qué es lo que pasa. No ver un problema con algo en sí mismo; sino ver en qué situación es que se me da dicho inconveniente. Eso no es menor. Por algo pasó cómo pasó. Seguramente algo atrás de eso hay.

Alguien me dijo una vez que la diferencia entre creer y no creer en Dios es como la historia de los dos hermanos que se van a dormir. El padre cierra la puerta y uno de los chicos se va a dormir tranquilo sabiendo que su padre está en el cuarto de al lado. Y el otro se duerme soñando que al padre lo raptaron y se fue. Que no hay nadie del otro lado de la puerta. Puede ser posible cualquiera de las dos, pero cuánto mejor duerme el que pensaba en su padre en la habitación contigua. Lo mismo es con Dios. Cuánto más tranquilo voy a caminar por la vida sabiendo que Dios está ahí. Y la Fe es algo que uno tiene o no tiene. No se le enseña a nadie. Es algo que se siente. Así como dice Saulo, yo no creo en Dios; estoy convencido de Dios. Estoy seguro de Dios. Y eso me hace estar muchísimo más tranquilo.

Durante ese Retiro logré ver cómo lo había tratado a Dios durante mi vida. Me considero católico, pero había dejado de ir a misa. Y si rezaba, era sólo durante las tormentas. Y, tal vez, nunca agradecía. Y ahí me encontré con un Dios más cercano.

Ahora está de moda la película Intensamente. Los chicos salen contentísimos después de haber ido a verla. Y entre sus personajes sobresale uno. Es clarísimo el paralelismo con el Cristiano. Es la ALEGRÍA. La alegría es el único “personaje” que tiene luz propia. Lo mismo pasa con nosotros. La persona feliz ilumina el lugar en el que está. Ilumina y contagia al resto. Es el tipo que le sirve de faro a Dios. Cuando uno cumple con todas las cosas está bien, pero a veces no es suficiente. La felicidad, en cambio, es algo mayor. Yo necesito que mis hijos me vean y se pregunten qué es lo que al viejo lo hace tan feliz que sigue apostando a tal o cual cosa. Y eso es un cambio importante que todos deberíamos lograr. Todo tiene un momento y un lugar.

Sin comentarios

Mi Génesis

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 45 años …

Fuente de la imagen

Todo este proceso comenzó con una invitación que me hicieron a un retiro. Me habían estado invitando durante 4 o 5 años. Cada vez que esta persona, un primo de mi mujer, me veía, me invitaba. Y recuerdo perfectamente como si fuera una foto, estar sentado en el living de su casa, con mi mujer al lado, me volvió a mirar y me dijo, vas a venir o no, mirá que está bueno, y además, en este, soy parte del Equipo. Le dije “bueno voy” y en ese momento sentí una cosa en el pecho medio extraña. Una mezcla de angustia con sorpresa y con qué estoy diciendo. E instantáneamente la miro a mi mujer y lo primero que ella me dijo, llena de sorpresa, fue “vas a ir?”. Sí, sí, anotame que voy. y ahí quedó. Esto fue en mayo, y el 13 de septiembre siguiente estaba entrando al retiro. Yo antes de todo esto era otra persona. Era un agnóstico. Un descreído. Despreciaba a la Iglesia. Incluso hasta cruzaba de vereda cuando veía un cura. Despreciaba a Dios. Blasfemé muchísimo. Yo pensaba que era un signo de debilidad. Que la Biblia era un libro para los débiles. Para aquellos que necesitaban justificarse o lavar sus culpas.

Yo me casé por Iglesia porque me lo pidió mi mujer. Pero para mí fue como ir a hacer un trámite ordinario. Estoy bautizado. Pero al momento de la primera comunión, mi papá le dijo a mi mamá que era una decisión mía. Y yo dije que no.

Me perdí montón de comuniones, confirmaciones, casamientos de amigos, casamientos de hijos de amigos. Era algo que me molestaba. Me irritaba tener que ir. Y siempre me quedaba afuera. Era una molestia muy particular, incluso, la alegría de la gente al salir. Y sin embargo, todo este rechazo y alejamiento nunca me produjo cuestionamiento alguno. Nunca me planteé porqué podría ser. Fue por todo esto que había dicho que no tantas veces a ir al retiro. Y fue por todo esto, también, que me sorprendió a mí mismo haber dicho que sí.

Siempre digo que lo bueno de esto es que no se puede explicar. No hay palabras. En mi caso no fue algo normal. Yo sentí una presencia viva. Latente. Cálida. De Dios al lado mío. Si yo me dejaba, Él me iba a guiar por donde Él sabía que yo quería ir.

Y también sentí la presencia muy cercana de una tía de mi mujer y la presencia increíble de una tía mía que fue como mi segunda mamá. Y estas dos personas ya no estaban entre nosotros. Todo esto fue de noche, con mi compañero de cuarto durmiendo. Y yo estaba llorando en el baño de la casa de retiros. Cuando se me pasó esto, lo primero que pensé al salir de ese “lapsus” fue que había despertado a esta persona y me sentí como un tarado. Yo estaba en el baño, con la luz apagada, llorando y no entendía. Y me fui a acostar con una sensación de haber estado soñando. Algo extraño. Y al llegar a mi cama agarré el celular y me grabé a mí mismo contándome esto para ver al día siguiente si era verdad. Eran un montón de cosas que yo no estaba acostumbrado a sentir.

Hoy soy otro. Soy otra persona. En ese retiro pasaron muchísimas cosas. Tuve muchísimos cambios. Yo tomé la comunión por primera vez en el retiro ese. Había tenido una charla muy profunda e intensa con el padre y pasó algo muy particular. Al momento de la misa, al final del retiro, yo miré a los animadores como preguntándoles si podía comulgar y ellos miraron al Padre quien asintió con su cabeza. Por supuesto que podés. Y esa fue mi Primera Comunión. Fue algo muy parecido a lo que nos cuentan en Hechos 8:36-38:

“36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?

37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.

38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó.”

Fue algo extraordinario. Es una de esas bondades de Dios. Salí del retiro como NUEVO.

Después de todos estos cambios sentí la necesidad de escribirle una carta al Papa Francisco. Y al cabo de unos días recibí la respuesta y realmente ahí me di cuenta, por todo lo que decía, que mi carta la había leído de principio a fin. Y es muy loco ver que el Papa te responde a vos. Te habla a vos. Me puso un par de cosas muy lindas.

Al poco tiempo se presentó la oportunidad de poder prepararme en la Parroquia para la Confirmación. Y la recibí un año después rodeado de muchísima gente querida.

Yo hoy siento que soy mejor. Siento que soy mi mejor versión. Siento que me tomó de los hombros y me ayudó a encarrilarme … y eso no me lo puedo sacar de la cabeza. Y cada cosa que hago es pensando en qué haría Jesús en mi lugar. Trato de imitar un poquito lo que el haría ante cada situación.

Yo hoy voy a misa todos los domingos y la disfruto. Disfruto de verdad el milagro de la misa y la presencia de Cristo en la Eucaristía. A veces trato de ir primero o último a comulgar para poder ver las caras de la gente que va a recibir el Cuerpo de Cristo. Disfruto mucho, también, los momentos de soledad con Cristo. Yo trabajo en Belgrano y muchas veces me voy a La Redonda, al mediodía, cuando solamente están los chicos que limpian y alguna que otra señora mayor rezando el rosario; y disfruto mucho ese momento.

Y en lo terrenal hoy yo creo que soy mejor marido. Mejor padre. Mejor hijo.

Y a partir de todo esto, con mi mujer, que supo esperarme, que rezó todo esto y que nunca me presionó para que fuera a misa ni mucho menos; surgió la posibilidad de ir a un retiro similar a este pero para matrimonios. Donde yo le pedí que nos anotáramos y fuéramos juntos. Y al año siguiente nos llamaron a formar parte del equipo que da charlas a otros matrimonios. Como los retiros de varones, este también termina con una misa. Y yo ya había tenido la Gracia en la Parroquia a la que voy y el padre conocía mi historia y un día me preguntó si yo quería dar la Eucaristía y así de la nada me convirtió en Ministro y entonces a partir de ese momento también ayudo de tanto en tanto. Pero la frutilla del postre fue que me pidió ayuda en esta misa del retiro y cuando la gente empezó a venir a comulgar, terminé dándole la Comunión a mi mujer y ahí sentí que había ganado el mundial. Fue algo muy emocionante. No sólo para mí sino para todo el Equipo. Por suerte están las fotos de ese día. Y cada tanto las vuelvo a ver y me llevan a ese momento y es algo que no puedo parar de agradecer.

Hoy por hoy, cada vez que entro a la Iglesia tengo diferentes sensaciones. Hoy a Dios lo siento como un amigo. Un buen amigo. El mejor amigo. Un amigo que me plantea preguntas y al mismo tiempo me da las respuestas.

Yo siempre digo que hoy soy un tipo que va a cumplir 2 años. Antes era una persona totalmente diferente. Nunca le hice mal a nadie ni nada. Pero siento que hoy soy mejor. Dios me hizo mejor.

Pero al YO del 2012 no le reprocho nada. Al contrario, le preguntaría, qué estabas haciendo que no te diste cuenta antes. Pero también le diría que está bien, porque los tiempos de Dios no son los mismos que los nuestros. Y si pasó lo que pasó cuando pasó fue porque era el momento exacto. Tal vez si todo pasaba antes no hubiera tenido las mismas consecuencias que tiene hoy.

Hasta el 2012, Genesis, para mí, era un grupo de música y hoy puedo llamarla a mi mujer al mediodía para comentarle lo bueno del evangelio del día!! Y yo hoy estoy convencido que todos estos cambios son por y gracias al Espíritu Santo.

El Club de Jesús

Ph. Martín F. Gómez Álzaga

Sentí como que Dios me había mandado la enfermedad de papá para acercarme.

Y con todo eso me estaba haciendo socio al Club de Jesús.

Hoy soy un padre de 45 años.

Vengo de una familia en donde se respira el catolicismo desde chico. Fui bautizado. Y en primaria fui a un colegio laico con lo cual tenía que ir a catequesis después de hora y me mandaban al Pilar. Hasta 6to grado que me cambian de colegio.

Lo que yo recuerdo de esa época es ir a misa con mi abuela materna que también me llevaba al Pilar. Me llevaba a rezar de vez en cuando con ella al cementerio. Pero no recuerdo haber vivido la religión con mis padres.

En el cambio de colegio voy a parar al La Salle y pasa lo que le pasaba a muchas familias de esa época; como que los padres se relajaban y que el colegio diera la religión. No iba a misa los domingos salvo cuando iba con mi abuela. Y no recuerdo haber ido a misa con mis padres.

Y así pasó la infancia. Y Llegó la adolescencia en la que uno a misa iba a la salida a ver a las chicas. Sí me acuerdo muy vagamente de entrar una que otra vez a rezar cuando algún familiar se enfermaba. A pedir por algo. O sea, el bichito de la intriga estaba pero no le daba mucha bolilla al asunto.

Mi mujer también tenía lo mismo que yo en cuanto a la educación religiosa, tal vez un poquito más. Y cuando estábamos de novios, a punto de casarnos, como que le habíamos enganchado la onda a un cura que nos gustaba como hablaba.

Después vinieron el casamiento y los hijos. Y con mi hija mayor nos mirábamos con mi mujer y nos empezábamos a plantear que estábamos haciendo lo mismo que nos había pasado a nosotros de chicos. Estábamos repitiendo la historia. Llegó la Primera Comunión de mi hija mayor y nos dimos cuenta que hasta ese momento estábamos viviendo todo como si fuera un mero presentismo. Y al poquísimo tiempo se enferma mi madre con un cáncer. Y pasa a ser relevante en la historia porque ni siquiera eso alcanzó para hacerme recapacitar. Y a los años se enferma mi padre. Y ahí hubo algo. Él era una persona fuerte que nunca había tenido nada. Y de pronto pasé de compartir todos los días con él, porque trabajábamos juntos, a estar visitándolo en un hospital. Lo operan antes de las vacaciones, sacan lo que tenían que sacar, y listo. Ya estaba curado. Con lo cual, yo en febrero me voy de vacaciones con mi familia. Y resulta que allá nos encontramos con unos amigos. Y en la playa conozco a otro amigo en común con mis amigos y empezamos a charlar y él nos contaba por lo que estaba pasando y unos estudios que le estaban haciendo. Nadie decía nada y cuando esta persona se va me quedo charlando con mi amigo y nos mirábamos como diciendo que había algo raro. Y esto queda como anecdótico.

Vuelvo de las vacaciones y en marzo mi padre va a hacerse un control de rutina y le encuentran que tiene otro cáncer y esta vez era complicado. Hoy te puedo decir que era del cual no iba a salir. De ser una persona sana, se enferma y en menos de un año se nos fue.

Y la verdad que fue un golpe muy fuerte. Tengo un amigo que me invita a hacer un retiro especial que él estaba organizando y al cual yo ya me había negado un par de veces y resulta que en ese año cae en mi cumpleaños. Pero yo sentía que a pesar de ser en esa fecha tenía algo que me decía que no me lo podía perder. Y fue ahí en ese retiro donde a mí me termina de caer la ficha de lo que estaba pasando con papá Yo estaba alejado, no iba misa, participaba poco y nada. Y sentí como que Dios me había mandado la enfermedad de papá para hacerme dar cuenta de todo esto. Para acercarme. Yo el retiro lo hago en noviembre y papá se muere en febrero. Ya se veía cuál iba a ser el desenlace. Y a mi edad uno tiene que prepararse para empezar a recibir golpes. Yo tenía que estar agradecido a la vida por tener a mis padres sanos y conmigo. Y eso no lo veía. Y ahora que se presentaba este panorama la cabeza empezaba a dar vueltas de otra manera.

Y a partir de ese momento empecé a vivir la fe y de alguna manera yo arrastré a mi familia. Ahí empecé a ir a misa con mis hijos. Con todo lo difícil que eso puede ser, sobretodo porque que ya eran adolescentes y de pronto estábamos yendo a misa todos juntos. A compartir ese momento. Para lo cual conté con el apoyo incondicional de mi mujer quien me acompañó un montón. Soy una persona muy amiguera. Soy socio del club. Voy a hacer deportes. Salgo con mis amigos. Pero con todo esto me estaba haciendo socio al Club de Jesús. Yo, hasta ese momento no era socio del Club de Cristo. Y me hice socio. Pero en realidad ya todos somos socios sin darnos cuenta. Todos tenemos el carnet en casa y lo que no nos damos cuenta es que hasta tenemos la cuota al día. Solamente hay que hacerse el tiempo para ir, EMPEZAR a ir. Y el hacerlo te ayuda a crecer desde otro lado. A relacionarte con las personas de forma diferente. La perseverancia es complicada pero la ayuda de los Amigos en Cristo es más que importante.

Yo tengo mucho trato, laboral, con gente. Y a los pacientes puedo atenderlos de diferente manera. Yo hoy TENGO una pausa que antes no tenía. El paciente entraba y salía y completaba la ficha médica. Hoy, con la gran mayoría de ellos, según los tiempos, lógico, termina la consulta y podemos charlar del “cómo estás”. Y esos datos ya son parte de la historia clínica del paciente. Ya no es más la parte técnica sino que la historia clínica tiene la parte emocional y humana. Quién es cada uno. Sé quién es cada paciente. Y eso nos ayuda muchísimo a los dos. Y de a poco se va sumando gente a este Club que es fantástico. Y no me dejo de sorprender con lo que sigo viendo.