Dejé de sentirme solo

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Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 50 años …

Soy el mayor de una familia de 6 hijos. Me siguen 3 mujeres y después 2 varones. Tuvimos una infancia con un entorno bastante ampliado que era con todos nuestros primos. Porque vivíamos todos pegados, una casa al lado de la otra. Encima éramos todas familias numerosas. Y era muy lindo vivir todo el año juntos. Jugar todas las tardes juntos. Hacer todo entre todos. Cada evento que había estábamos juntos. Participábamos de los Pesebres Vivientes todos los diciembres y siempre había alguno para hacer de Niño Jesús. Misas. Vía Crusis. Un cristianismo muy presente en todos. Era un clima de pueblo. En esa época uno volvía del colegio y se iba a jugar afuera con los primos. Recuerdo que como mi madre y tías iban a la par en los embarazos, yo tenía 2 primos hermanos de exactamente la misma edad. Nos pertenecíamos mucho. Pero las 3 familias tenían su gran cuota de diferencia. Entonces la crianza, en algún punto, difería. Y a nosotros nos tocó, si querés, estar en la cunita de oro. Y todo lo que yo quería se me iba dando. Me mimaban mucho. Me hacían sentir cómodo. Ojo, también me mandaba mis buenas macanas. Todo era diversión y juegos. Hasta el primer recuerdo trágico que tengo que es la muerte de un primo hermano mío, mayor, cuando yo tenía 10 años más o menos que tuvo un accidente acá en la calle. Y ese drama transformó a un tío mío en alcohólico y generó tristeza general en la familia.

Todo cambia cuando llega la adolescencia. Esas tensiones y miedos propios de los padres por sus hijos solos en la calle. Por suerte, a mí me divertían más los programas en las casas que salir a bailar. Pero también empecé a ser un poco más introvertido a lo que era de chico. Y, en lugar de salir a buscar cosas nuevas o tomar riesgos, prefería quedarme en mi núcleo familiar. Era más divertido quedarnos jugando a las cartas que ir al boliche. Pero por suerte se hacían muchas fiestas en las casas.

Y a medida que iba creciendo también crecían en mí las inseguridades. Y me transformé, de a poco, en un adolescente más introvertido; más bien inseguro. Y eso me jugó en contra. Y el tiempo pasaba y se acercaban los momentos de tomar elecciones. Y llegó el momento de elegir la carrera y tener que hacerlo entre 2 que me apasionaban y no saber con cuál quedarme. Pero sin embargo tener que decidirme por una. Esa carrera costó muchísimo terminarla. Había que viajar demasiado y eran épocas en las que había paros constantemente. Del grupo de amigos que habíamos empezado juntos la carrera, para fines del primer año, quedaba yo solo. Sin embargo, había una tenacidad propia en mí que me obligaba a terminar las cosas que empezaba. Con lo cual, seguí cursando como fuera posible.

Dejando atrás la adolescencia, entre carrera y trabajos casuales, llegó una primera novia. De la cual estaba muy enamorado. Al punto tal de sentir que perfectamente podía ser la madre de mis hijos. Pero también, en esas vueltas de la vida, esa relación no perduró. Y hoy, tengo que estar agradecido a eso, ya que era una familia que opinaba de manera opuesta a mí en lo que a cristianismo se refería. Y eso me había hecho mucho ruido en su momento pero no me había dado cuenta de la magnitud hasta tiempo después. Y así estuve dando vueltas algo más de un año hasta que, si bien me la habían presentado tiempo antes, me pongo de novio con mi actual mujer. Fueron 2 años y medio de novios. Fui conociéndola más profundamente cada día, pero de entrada tuve dos sensaciones: primero que era sin dudas mi media naranja, y lo segundo es que la recibía como un don que Dios me tenía preparado. Su familia era creyente, con lo cual volví a ir a misa nuevamente. Y después vino el casamiento. Todas las cosas hechas prolijamente. Y con el tiempo, Dios nos regaló 3 hijas. Pero me acuerdo que cuando queríamos tener a nuestra tercera hija, no podíamos quedarnos embarazados y las complicaciones crecían a medida que el tiempo pasaba. Recuerdo que alguien le dijo a mi mujer que cuando un Papa se moría había que pedirle por la intención que uno más quisiera porque al morir se va al cielo y lleva las intenciones para que se hagan realidad. Y eran los años en que el Papa Juan Pablo II estaba muy enfermo. El día que él murió mi mujer fue a la capillita que tenía cerca y le rezó para que pudiera quedar embarazada una vez más. Sin saber yo esto, rezaba al mismo tiempo por el Santo Padre a unos 100 mts de donde estaba ella rezando, porque sentí el repiqueteo del campanario y deduje su partida al cielo. Y después de tanto tiempo de estar buscando y no conseguirlo, casi cuando estábamos por bajar los brazos, gracias a esta petición quedamos embarazados. Y así vino nuestra tercera hija. Un regalo del cielo. Una imagen muy fuerte de la presencia de Dios.

A pesar de todo esto, las búsquedas internas no cesaban. Por temas laborales me la pasaba viajando de un lado a otro y la soledad era algo que me perseguía constantemente. Una soledad extraña, porque yo tenía mi familia bien constituida y sin embargo no dejaba de darme vueltas por la cabeza. Y en esa búsqueda, oigo de un retiro que decían que apuntaba a hombres en la mitad de la vida. Y eso me hacía mucho ruido porque parecía ser algo de lo que yo estaba buscando. Con lo cual me anoté. Pero la primera vez un avión me dejó varado sin poder regresar a Buenos Aires y me lo perdí. La segunda vez a mi mujer le agarró una infección muy fuerte con fiebre muy alta que me obligó a quedarme en casa cuidándola a ella y a las chicas. Y la tercera vez, esa sí fue la vencida, porque dejé todo lo que tenía por hacer para poder ir a este retiro que sentía que necesitaba. Y así fue. Encontré todo aquello que estaba buscando. Encontré a aquel que me sostenía. Lo que venía haciendo con desconfianza empecé a hacerlo con confianza. Volví a sentir que alguien me llevaba. Fue un encuentro muy fuerte. Y toda esa soledad que yo venía sintiendo desde la adolescencia se esfumó en el momento de la adoración. Sentí una compañía muy importante por parte de todos los que estaban ahí. Y hoy se mantiene así. Me regaló compañeros nuevos para transitar el camino que resta. Una tripulación nueva de amigos que jamás hubiera pensado tener. Dejé de estar solo. Pero lo más importante es que dejé de sentirme solo.

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Mi Génesis

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Todo este proceso comenzó con una invitación que me hicieron a un retiro. Me habían estado invitando durante 4 o 5 años. Cada vez que esta persona, un primo de mi mujer, me veía, me invitaba. Y recuerdo perfectamente como si fuera una foto, estar sentado en el living de su casa, con mi mujer al lado, me volvió a mirar y me dijo, vas a venir o no, mirá que está bueno, y además, en este, soy parte del Equipo. Le dije “bueno voy” y en ese momento sentí una cosa en el pecho medio extraña. Una mezcla de angustia con sorpresa y con qué estoy diciendo. E instantáneamente la miro a mi mujer y lo primero que ella me dijo, llena de sorpresa, fue “vas a ir?”. Sí, sí, anotame que voy. y ahí quedó. Esto fue en mayo, y el 13 de septiembre siguiente estaba entrando al retiro. Yo antes de todo esto era otra persona. Era un agnóstico. Un descreído. Despreciaba a la Iglesia. Incluso hasta cruzaba de vereda cuando veía un cura. Despreciaba a Dios. Blasfemé muchísimo. Yo pensaba que era un signo de debilidad. Que la Biblia era un libro para los débiles. Para aquellos que necesitaban justificarse o lavar sus culpas.

Yo me casé por Iglesia porque me lo pidió mi mujer. Pero para mí fue como ir a hacer un trámite ordinario. Estoy bautizado. Pero al momento de la primera comunión, mi papá le dijo a mi mamá que era una decisión mía. Y yo dije que no.

Me perdí montón de comuniones, confirmaciones, casamientos de amigos, casamientos de hijos de amigos. Era algo que me molestaba. Me irritaba tener que ir. Y siempre me quedaba afuera. Era una molestia muy particular, incluso, la alegría de la gente al salir. Y sin embargo, todo este rechazo y alejamiento nunca me produjo cuestionamiento alguno. Nunca me planteé porqué podría ser. Fue por todo esto que había dicho que no tantas veces a ir al retiro. Y fue por todo esto, también, que me sorprendió a mí mismo haber dicho que sí.

Siempre digo que lo bueno de esto es que no se puede explicar. No hay palabras. En mi caso no fue algo normal. Yo sentí una presencia viva. Latente. Cálida. De Dios al lado mío. Si yo me dejaba, Él me iba a guiar por donde Él sabía que yo quería ir.

Y también sentí la presencia muy cercana de una tía de mi mujer y la presencia increíble de una tía mía que fue como mi segunda mamá. Y estas dos personas ya no estaban entre nosotros. Todo esto fue de noche, con mi compañero de cuarto durmiendo. Y yo estaba llorando en el baño de la casa de retiros. Cuando se me pasó esto, lo primero que pensé al salir de ese “lapsus” fue que había despertado a esta persona y me sentí como un tarado. Yo estaba en el baño, con la luz apagada, llorando y no entendía. Y me fui a acostar con una sensación de haber estado soñando. Algo extraño. Y al llegar a mi cama agarré el celular y me grabé a mí mismo contándome esto para ver al día siguiente si era verdad. Eran un montón de cosas que yo no estaba acostumbrado a sentir.

Hoy soy otro. Soy otra persona. En ese retiro pasaron muchísimas cosas. Tuve muchísimos cambios. Yo tomé la comunión por primera vez en el retiro ese. Había tenido una charla muy profunda e intensa con el padre y pasó algo muy particular. Al momento de la misa, al final del retiro, yo miré a los animadores como preguntándoles si podía comulgar y ellos miraron al Padre quien asintió con su cabeza. Por supuesto que podés. Y esa fue mi Primera Comunión. Fue algo muy parecido a lo que nos cuentan en Hechos 8:36-38:

“36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?

37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.

38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó.”

Fue algo extraordinario. Es una de esas bondades de Dios. Salí del retiro como NUEVO.

Después de todos estos cambios sentí la necesidad de escribirle una carta al Papa Francisco. Y al cabo de unos días recibí la respuesta y realmente ahí me di cuenta, por todo lo que decía, que mi carta la había leído de principio a fin. Y es muy loco ver que el Papa te responde a vos. Te habla a vos. Me puso un par de cosas muy lindas.

Al poco tiempo se presentó la oportunidad de poder prepararme en la Parroquia para la Confirmación. Y la recibí un año después rodeado de muchísima gente querida.

Yo hoy siento que soy mejor. Siento que soy mi mejor versión. Siento que me tomó de los hombros y me ayudó a encarrilarme … y eso no me lo puedo sacar de la cabeza. Y cada cosa que hago es pensando en qué haría Jesús en mi lugar. Trato de imitar un poquito lo que el haría ante cada situación.

Yo hoy voy a misa todos los domingos y la disfruto. Disfruto de verdad el milagro de la misa y la presencia de Cristo en la Eucaristía. A veces trato de ir primero o último a comulgar para poder ver las caras de la gente que va a recibir el Cuerpo de Cristo. Disfruto mucho, también, los momentos de soledad con Cristo. Yo trabajo en Belgrano y muchas veces me voy a La Redonda, al mediodía, cuando solamente están los chicos que limpian y alguna que otra señora mayor rezando el rosario; y disfruto mucho ese momento.

Y en lo terrenal hoy yo creo que soy mejor marido. Mejor padre. Mejor hijo.

Y a partir de todo esto, con mi mujer, que supo esperarme, que rezó todo esto y que nunca me presionó para que fuera a misa ni mucho menos; surgió la posibilidad de ir a un retiro similar a este pero para matrimonios. Donde yo le pedí que nos anotáramos y fuéramos juntos. Y al año siguiente nos llamaron a formar parte del equipo que da charlas a otros matrimonios. Como los retiros de varones, este también termina con una misa. Y yo ya había tenido la Gracia en la Parroquia a la que voy y el padre conocía mi historia y un día me preguntó si yo quería dar la Eucaristía y así de la nada me convirtió en Ministro y entonces a partir de ese momento también ayudo de tanto en tanto. Pero la frutilla del postre fue que me pidió ayuda en esta misa del retiro y cuando la gente empezó a venir a comulgar, terminé dándole la Comunión a mi mujer y ahí sentí que había ganado el mundial. Fue algo muy emocionante. No sólo para mí sino para todo el Equipo. Por suerte están las fotos de ese día. Y cada tanto las vuelvo a ver y me llevan a ese momento y es algo que no puedo parar de agradecer.

Hoy por hoy, cada vez que entro a la Iglesia tengo diferentes sensaciones. Hoy a Dios lo siento como un amigo. Un buen amigo. El mejor amigo. Un amigo que me plantea preguntas y al mismo tiempo me da las respuestas.

Yo siempre digo que hoy soy un tipo que va a cumplir 2 años. Antes era una persona totalmente diferente. Nunca le hice mal a nadie ni nada. Pero siento que hoy soy mejor. Dios me hizo mejor.

Pero al YO del 2012 no le reprocho nada. Al contrario, le preguntaría, qué estabas haciendo que no te diste cuenta antes. Pero también le diría que está bien, porque los tiempos de Dios no son los mismos que los nuestros. Y si pasó lo que pasó cuando pasó fue porque era el momento exacto. Tal vez si todo pasaba antes no hubiera tenido las mismas consecuencias que tiene hoy.

Hasta el 2012, Genesis, para mí, era un grupo de música y hoy puedo llamarla a mi mujer al mediodía para comentarle lo bueno del evangelio del día!! Y yo hoy estoy convencido que todos estos cambios son por y gracias al Espíritu Santo.

Mi Sueño. Nuestra Familia

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Yo tenía ganas de hacer un clic y mi novia fue el medio para lograrlo. Cuando yo conocí a quien hoy es mi mujer, ella estaba metida en lo que era la Iglesia. Estaba en grupos misioneros. Estaba en grupos de jóvenes que se juntaban todas las semanas. Todos los domingos. Y la verdad que eso fue increíble. Me enamoré primero de ella y después ví que yo también quería eso para mi vida. Y eso me ayudó a ir enfrentando todas las cosas que vendrían después.

Me ayudó a ir preparándome para la muerte de mi viejo. Yo trabajaba con él. Lo veía todos los días. Y veía su deterioro constante. Venía en picada. Yo me enteré que se estaba muriendo mucho antes que el resto y me sirvió para poder asimilarlo. No fue fácil pero la elaboración, estar acompañado, ir a la Iglesia, estar con curas y poder charlarlo con ellos y acercarme fue muy bueno.

Siempre nos acordamos y nos reímos que nuestro casamiento fue con un paredón blanco frente a nosotros, porque teníamos 5 curas dándonos el sacramento, para que no nos escapemos.

Después del casamiento empezaron los problemas. Lo que podría haber sido una hecatombe lo pudimos sobrellevar de la mejor manera. Puertas adentro nos podríamos haber matado y sin embargo fue muy armonioso por estar viviendo las cosas como las veníamos viviendo. Tuvimos nuestro primer hijo después de haber perdido un embarazo. Teníamos un problema que el bebe no dormía y los médicos no nos creían lo que les contábamos. Incluso llegaron a pedirnos que anotemos las veces que nos levantábamos en la noche. Una vuelta anotamos en 15 oportunidades y después ya dejamos de hacerlo. Y cuando los médicos vieron eso se dieron cuenta que no estábamos exagerando y empezaron a preocuparse un poquito más. Vieron que no era un chiste. Era un caso atípico pero a un extremo en el que no lo podían nivelar ni controlar. Supuestamente iba a ser algo que a los 6 meses se le iba a ir; después a los 9; después al año. Y el bebe tenía un año y medio y la cosa no mejoraba. El problema que tenía era un reflujo muy fuerte y derivado de eso tenía el esófago quemado por la acidez. Entonces el pobre gordo tenía una cara de sufrimiento que no se podía creer. Y eso hacía que no durmiera, ni por las noches ni durante el día. Con lo cual, nosotros tampoco. Y a pesar de todo eso, se despertaba y enseguida te miraba con una sonrisa. Y eso es lo que más fuerzas nos daba. Hoy miro para atrás y veo que estuvimos más de un año y medio, casi dos, sin dormir, pero de verdad. Y en todo ese tiempo lo rezamos mucho y lo hablamos mucho. Y pudimos llevarlo juntos. Y paralelamente tenías que escuchar las opiniones diversas de todo el mundo. Incluso los que decían “qué suerte que les tocó a ustedes que lo pueden llevar y no a otros”. Ojalá a mí tampoco me hubiera tocado, pensaba yo por adentro.

Y la verdad que con todo ese panorama y con todas esas contras; nos quedamos embarazados otra vez. Justo el día que nuestro hijo cumplía 1 año anunciamos que venía otro en camino. Y la gente nos miraba y se preguntaba si estábamos locos. Pero nuestro sueño era formar una familia y estábamos viviendo nuestro sueño. Y la verdad que si esperábamos a “terminar” con toda la etapa del enano, volver a empezar de cero iba a ser muy difícil. Y por suerte en ese momento llegó, entonces, la segunda. Y no solamente tuvo el mismo reflujo sino que también tuvo intolerancia a la lactosa. Pero como teníamos la experiencia anterior a la semana ya tenía el diagnóstico y medicamentos para controlarlo. Con los médicos correspondientes. Y se ganó un montón de tiempo. Y también era alérgica a la leche. Y uno de los remedios que había que darle tenía leche en polvo. Y ahí venían las complicaciones. Entonces teníamos que modificar todo el ritmo de vida. Y las cosas se volvían a complicar. Pero siempre teníamos a la virgencita en la cabecera de nuestra cama que nos acompañaba. Jesús muy presente. Los amigos. Y eso llevaba a que sólo nosotros sabíamos lo que sentían nuestros hijos. No los podíamos dejar con nadie porque con sus problemas, los llantos no eran los mismos a los de cualquier chico. Nos costó mucho poder dejarlos con alguien alguna vez. Per era real que nosotros también necesitábamos descansar alguna vez. Poder dormir una noche entera. Esto a mí me produjo un rechazo real y muy feo a los bebés. Tuve sobrinos que de bebes NO pude hacerles upa. Y eso que me encantan los chicos.

Pero Dios nos dio una paz y una tranquilidad que seguimos agradeciendo. Y mientras tanto, la gente que nos decía “no saben el ejemplo que dan” y la verdad es que no queríamos dar ningún ejemplo. Queríamos ser normales, como mis amigos que tenían hijos y dormían 9 horas seguidas. Nosotros dormíamos por turnos en el sillón con el bebe a upa o a lado nuestro haciendo guardias. Pero no para malcriarlo sino porque lo necesitaba de verdad. Ir a la farmacia y que a los chicos los conocieran por su nombre no era algo muy divertido. Era porque íbamos todos los días.

La segunda era una beba que estaba todo el día en el piso, o a upa. Se arrastraba poco. Y resultó ser una beba que empezó a caminar a los 2 años. Con el tiempo nos enteramos que lo que pensábamos que era por cansancio de no dormir resultó ser que tenía una hipotonía y eso hacía que no tuviera fuerza en los músculos, por eso no gateaba o no caminaba. Y ahora nos enteramos, también, que tiene un retraso madurativo. Y llevarla a todos los médicos y seguir haciéndoles estudios. Porque la verdad es que pasamos por todos los tipos de medicinas que se les puedan ocurrir para tratar de solucionar estos inconvenientes. Médicos que nos recomendaban, médico al que íbamos.

Hubo una época en la que nos habían mandado a un médico que era privado y la situación económica en casa era difícil. Laboralmente la estaba pasando mal. Y cuesta mucho aceptar la ayuda económica de afuera. Pero esas cosas se van llevando de otra manera y las cosas fueron apareciendo, junto a un trabajo que me permitió ir a los médicos. Y gracias a lo de la enana terminamos cayendo en una médica que nos dijo que para poder entender a los chicos hay que estudiar primero a los padres y entonces nos manda a hacer una batería de exámenes a nosotros. Eran 3 hojas del recetario lo que nos pedían y cuando fuimos a sacarnos sangre para hacérnoslo, en el laboratorio no entendían quién era el loco que nos había mandado. Pero bueno, gracias a esos estudios saltó que yo tenía una anemia muy grande que nunca pensamos que era eso, sino que mi cansancio lo atribuíamos a que realmente no dormíamos nada. Entonces eso derivó a que me hiciera otro estudio y me encontraron un pólipo maligno en el colón. La pucha, con todas las cosas que nos venían pasando ahora sumábamos que me diagnosticaban un cáncer de colon a mí.

Y el pobre enano que también padecía todo esto porque al tener que llevar a la hermana a todos los médicos él tenía un ritmo de vida atípico.

Y después apareció lo mío. Era un médico al que nunca había querido ir. Y resulta que ir ahí hizo que me encontraran temprano el cáncer. Era maligno. Mi padre había muerto de cáncer después de un viaje a Europa. Un amigo de él había muerto de cáncer después de un viaje a Europa. Y a mí me estaban diagnosticando cáncer una semana antes de tener que viajar a Europa por trabajo. Los 3 al mismo lugar. Imagínense los fantasmas que pueden aparecer ante semejante situación. Yo tenía 33 años. Y a pesar de todo eso yo estaba muy tranquilo. Y tuve que viajar y a la vuelta sabía que me esperaban los médicos para operarme. Y unos días antes vino a comer a casa un cura amigo y me dio la unción a los enfermos. Y en casa seguíamos viviéndolo con mucha PAZ. Con mucha FE. Con mucho amor entre los 4. Y nunca pensábamos que iba a pasar algo más. No la veíamos venir. Y la verdad que nos ayudó a unirnos más aún. Por suerte la operación salió todo bien. Fueron 2 meses de pseudo reposo y de mimos que no me dejaban hacer nada en casa. Me acuerdo que mi mujer la agarró a la beba, que tenía meses, y le dijo como si fuera un adulto “ahora lo van a operar a papá y yo tengo que descansar un poco más y tengo que cuidarlo también a él”. Y es creer o reventar pero es como si la gordita hubiera entendido porque no es que se curó, obvio, pero hubo un cambio muy importante de parte de ella. Y eso es algo que te hace pensar en mil cosas. Y eso fue increíble.

Y teníamos que cuidar bien al primero. Cuidar un poco más a la segunda que tenía 4 tratamientos diferentes por semana. Cuidarme yo que venía de una operación importante. Y así y todo, seguíamos agrandando nuestro sueño. Y volvimos a quedarnos embarazados. Y esto lo hablamos primero con curas también. Cómo con todo lo que habíamos pasado seguir apostando a la vida. Y mucha gente nos decía que estábamos locos. Que no podíamos hacerlo. Y otros nos hacían ver que realmente somos fértiles y una familia sólida. Y habiendo gente que le cuesta tanto, incluso hasta no poder tener hijos, porqué íbamos a cerrarnos a la familia. Y así fue como volvimos a quedarnos embarazados y vino la tercera el año pasado. Me acuerdo que durante el embarazo habíamos hecho un retiro matrimonial. Y se acerca el cura a mi mujer, le toca la panza para bendecirla y le dice “va a ser mujer y va a ser la alegría de la casa”. Y hoy podemos decir que eso se cumplió. A pesar de todas las piedras en el camino la alegría está dentro de nuestro hogar. Y hoy podemos, también, dar gracias que no vino con reflujos, no vino con alergias, duerme. Vino una normal. Y nos reímos de eso.

Y hoy justo hablábamos con mi mujer, una charla que surgió espontáneamente. De todo por lo que habíamos pasado. Mi padre. Los chicos. Mi enfermedad. Mi suegro, que acaba de estar internado muy grave y salió. La familia que tenemos. Es algo increíble. Es una bendición. No se puede dejar de agradecer. Es muchísimo más de lo que podríamos haber soñado. Y nos pasó el otro día de haber ido a la misa de Pascuas. Y estar en dos puntas diferentes porque estábamos detrás de los chicos. Y cuando nos reencontramos vimos que estábamos los dos emocionados, prácticamente por lo mismo. Era la misa de resurrección. Porque todo lo que vivimos lo pudimos aceptar y superar gracias a Dios. Es increíble la PAZ y TRANQUILIDAD que te da. La FUERZA que sacás de donde no hay. Y así llegamos a hoy. Sintiéndonos acompañados en las malas. Porque uno siempre se siente “solo” cuando la pasa mal pero nunca agradece cuando la pasa bien. Y sin embargo, uno no ve cómo es acompañado cuando está mal. Y nosotros no decimos “por qué” o “dónde estás” cuando nos pasa algo malo. Sino que le rezamos diciéndole “gracias por estar”