Carta de un “feto” a un Senador



Hola, ¿estás ahí? ¿Me leés?

No te voy a escribir un poema. Pero sí quiero escribirte una carta. Tal vez no sea una obra de arte pero es lo que estoy sintiendo acá adentro. ¿Porqué nos están ignorando? ¿Porqué les mienten a nuestras madres con cifras que no existen? ¿Porqué apagan el sonido de los ecógrafos para que no oigan nuestros corazones? ¿Qué hay detrás de todo esto? No lo entiendo!!

¿Te pagaron? ¿Cuánto vale mi vida? ¿Estás convencido? ¿Estás seguro que escuchaste todo bien? ¿Volviste a leer los datos que da la gente que sabe de medicina?

Entiendo que vos sepas de leyes. Bueno, teóricamente, porque tampoco quieren ver que es inconstitucional. Pero que ya quieran ir contra los hechos médicos; ¿no es un poco mucho?

Hola, ¿estás ahí? ¿Me seguís leyendo? ¿Vos sos padre? ¿Sos madre? ¿Hablaste en algún momento de esto con tus hijos? ¿Qué te dicen? ¿Y tu familia? ¿Los amigos de tus hijos? ¿Están todos de acuerdo con lo que estás haciendo?

¿Estás a favor de matarme? ¿Qué te hice yo? ¿Porqué me tenés que prohibir de vivir?

¿Estás indeciso/a? ¿Qué parte que sigo creciendo acá adentro no se entiende? ¿Qué te falta para decidirte? Nosotros te elegimos a vos, vos elegime hoy a mí.

Estás en contra del aborto, no sabés lo agradecido que estoy. Me pone muy FELIZ saber que pensás así. Y sabés una cosa, que los indecisos y los que están a favor no se dan cuenta. Que hoy vos elegís cuidarme y yo voy a nacer; y así, en 16 años, voy a ser yo quien te cuide y cuando me vengas a pedir tu ayuda voy a ser quien te vote y quien te fiscalice. ¿Está buena esa parte no? ¿La habías pensado? Comentáselo a tus compañeros de bancada. Ya que no se preocupan por mí, que se preocupen por ellos de acá a 16 años. Que no se olviden que vamos a ser los votantes del 2035 en adelante.

Pero me quedo con vos que estás en contra, para volver a decirte GRACIAS. En nombre mío y de todos los chicos por nacer. Y de todas las madres que no pueden hacerse oir. Gracias de todo corazón. #SenadorArgentinaEsProvida #CuidemosLasDosVidas #RechazoSinModificaciones

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Eucaristía endovenosa

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Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 46 años …

Tuve la suerte de nacer en un hogar muy lindo donde mamá y papá se llevaban muy bien. Con una infancia tierna y feliz. Donde papá era abogado y mamá era escribana. Me mandaron a hacer la primaria en un colegio Salesiano del interior. Y Gracias a esa instrucción religiosa pude relacionarme con el “momento” que les voy a contar después. Hice toda mi carrera y me recibí de lo que me recibí por seguirle los pasos al hermano menor de mi papá. Un tío al que quiero mucho y fue de una gran ayuda para mí durante mi adolescencia, para no desbarrancarme. Mis padres eran muy creyentes pero mi madre ya rozaba el perfil de lo que uno llamaría “chupa cirios”. Eso hizo que mi adolescencia, por mi personalidad, fuera bastante virulenta. Y yo atacaba a mi madre en las partes más sensibles que ella tenía y veía que la Iglesia era una de ellas. Entonces podía llegar a hacerle un comentario como por ejemplo, en el silencio de un almuerzo familiar preguntar en voz alta “porqué la Iglesia está llena de boludos”. Mi padre, a quien yo admiraba intelectualmente me decía, qué podés esperar de un lugar que no hace falta que te inviten, y una vez que estás adentro nadie te puede echar. Y me sentía orgulloso de ver a mi madre bajar la cabeza, con cara de dolor, para pasar el momento. Y hoy, más de 30 años después, pienso que lo que ella debería haber estado haciendo en esos momentos era rezar. Ya que esas oraciones fueron las que a mí me ayudaron a sobrevivir a lo que yo llamo la caída de mis Torres de Ego.

Mi primera experiencia profesional fue ganar un proceso de selección entre más de 3000 postulantes, para poder venir a trabajar a una empresa en Capital. Y al año de estar trabajando ahí me contacta una multinacional y también entro a través de un proceso selectivo multitudinario que lo único que hacía era ir agrandando en mí esa idea, que hoy veo equivocada, de que todo lo conseguía porque yo era brillante y el mejor en lo mío. A los 4 años de estar ahí, logro mi primer objetivo profesional que era convertirme en un ejecutivo de primera línea y una vez en ese puesto mi empresa compra otra similar que había en el país y al terminarse la competencia local, me envían a otro país para abrir una subsidiaria.

A los 3 años de eso la compañía me invita a radicarme en Oriente. Pero la realidad es que como yo quería convertirme en empresario, no quería irme sino avanzar solo. Sumado a eso, el hecho de irme lejos no me tentaba. Mi papá había muerto mientras yo estaba en otro país y como él era mi mejor amigo y yo no estaba presente, eso me afectó muchísimo el no poder acompañar el proceso. Mis hijos conocían el himno de aquel país y no conocían el nuestro. Muchas cosas. Entonces dije que no y me fui a empezar la vida de los negocios propios. Pero sin un plan preconcebido. Donde comienzo un período de prueba y error y termino enfrentando más fracasos que éxitos. Donde un negocio me sale mal y el siguiente me sale peor. Y por algo que ocurrió paso a estar en bancarrota y sin ninguna actividad que me generase ingresos para vivir. Y esa situación límite me provocó una angustia tremenda, muy, muy fea, y que no estaba en condiciones humanas de resistir sin apelar a medidas extremas muy feas y la primera que se me ocurrió fue quitarme la vida. En cuanto empecé a tramar la forma de hacerlo, rápidamente me vinieron a la mente todas las ideas de la cultura católica en la que uno fue criado. Porque uno puede estar enfermo de soberbia, como era mi caso, una soberbia interior que me dificultaba la relación con Dios porque pensaba que lo bueno me pasaba era porque yo era bueno y que cuando iba a misa Dios tenía que ponerse contento porque le subía el promedio de la gente que asistía. Y esta experiencia de quebrar y tener que morder el polvo, me provoca esta angustia que cuando empiezo a tramar el plan de cómo matarme me acuerdo de estas ideas en las que si fuese cierto lo que la Iglesia Católica enseña sobre que Dios mandó a Jesús, su hijo, a la tierra por amor y así nos abrió las puertas del cielo; en realidad nosotros no somos dueños de nuestras vidas sino simplemente administradores y por lo tanto no tenemos la potestad de decidir cuándo termina. Y en el caso de hacerlo, es una decisión tan grave que implica no poder disfrutar del placer de la vida eterna. Que para el caso, tampoco creía demasiado en ella. Pero se me manifestó la posibilidad de pensar “y si fuese verdad, huevón, vos te matás y quedás inhabilitado”. Y ahí me puse a pensar qué juego tan macabro este el de la vida, quién lo habrá inventado así. Y me vino el nombre de Dios a mi mente. Entonces busqué la iglesia más cercana a donde yo estaba en ese momento. Caminé un par de cuadras y entré. Estaba enajenado. Fui derecho al Santísimo. Pasó muchísimo tiempo. No sé muy bien cuánto habré estado ahí ni qué fue lo que hice. Sí recuerdo haberme parado frente al Santísimo y con total franqueza decirle “vengo a buscar al dueño de este juego de mierda y ya que sos vos, en el hipotético caso que sea verdad que existís, yo me quiero matar. Pero como si me mato y es verdad que existís, me pierdo el pase a la vida eterna, que de existir, sería el mayor tesoro, te pido que te hagas cargo de mi vida porque yo no quiero vivir más.” No sé si pasaron 3, 4 o 5 horas ahí adentro. Vuelvo a tomar conciencia cuando ya la Iglesia estaba vacía y yo estaba desparramado en el piso boca abajo. Habiendo estado ahí tirado, llorando, sólo me llama la atención que no se me hubiera acercado nadie. Aunque es mejor que así haya sido. Pero es raro, porque había gente cuando yo llegué.

Evidentemente no me quité la vida, ni me morí. Con lo cual yo interpreto que fue la manifestación de la misericordia porque realmente el Señor se hizo cargo de mi vida. Ahí empieza el proceso, durísimo, de mucha incomodidad y mucha insatisfacción, sobre todo para una persona que estaba enferma de soberbia. Pasar por 3 o 4 situaciones de tener que caer hasta morder el polvo no es fácil. Recuerdo la primer noche en la que le confieso a mi mujer lo que había pasado y le digo, llorando desconsoladamente, que no tenía plata ni para ir a comprar la comida. En otro momento, cuando tuve que ir a la obra social para darme de baja por no tener más plata para pagar. Y uno que otro episodio más de esa índole.

Y el proceso tuvo distintos hitos que voy rescatando. El primero de ellos fue a los 4 o 5 meses. Yo nunca dejé de ir a misa los domingos. Y en la parroquia a la cual asistía después de volver a Buenos Aires en el 2011 el párroco, que poco nos conocía, me dice que nos acercáramos con mi mujer al finalizar la misa que quería hablar con nosotros. Y nos ofrece, nada más y nada menos, que ser Ministros de la Comunión. Mi primera reacción fue decirle que era un inconsciente, cómo podía nombrar a alguien a quien poco conocía, que podía ser un delincuente, para semejante misión. Pero aceptamos. Y mi mujer feliz de la vida porque si yo no me hubiera acercado así a Dios, hubiera sido un obstáculo para ella en su vida cristiana. De todas formas, yo no podía abrirme completamente a la Gracia que Dios estaba queriendo derramar sobre mí para sanar mis heridas, de las cuales todavía ni siquiera era del todo consciente. Y unos 8 o 9 meses después de esto, el día de mi cumpleaños, salgo al balcón de mi casa y me encuentro hablando con Dios diciéndole “Señor, yo nunca te pedí un regalo de cumpleaños y con lo necesitado que estoy que bien me vendría que me hagas uno porque vos sabés bien lo que me está doliendo todo esto. Entonces, te pido, por qué no me hacés un buen regalo, un lindo regalo. Yo te voy a facilitar las cosas y voy a ir a misa.” (para mí, ir a misa entre semana era algo de locos, por eso era un gran sacrificio de mi parte). Me fui a la misa y me encontré con que el cura que estaba celebrando era nuevo en la parroquia pero sabía que era mi cumpleaños porque alguien se lo habrá dicho entonces como sabía que yo era Ministro me invita a comulgar bajo las dos especies. Y me saluda frente a los pocos fieles que estaban en la misa semanal. Y cuando termina la misa, me estoy retirando por la puerta del costado y me tocan la espalda, me doy vuelta y el cura que había celebrado me dice, “hoy es tu cumpleaños, te quiero hacer un regalo, te invito a un retiro.” En esas milésimas de segundo que uno no sabe para dónde escaparse, mientras que mi mente pensaba, por un lado, cómo decirle que no educadamente, y por el otro lado miraba el cielo diciéndole si era un chiste que el regalo que me iba a mandar era ese; se me vino una frase de mi padre que siempre nos enseñaba que a caballo regalado no se le miran los dientes. En lugar de decirle que NO de una, me salió preguntarle con una voz aflautada, “un retiro?”. Y él me explica, luego de saber que yo cumplía 43 años, que era un retiro para gente que estaba en la mitad de la vida, que él creía que me iba a gustar mucho y me iba a hacer mucho bien. Entonces encontré la excusa ideal para esquivar la bocha que fue confesarle que estaba pasando por una crisis de generación de ingresos terrible y la verdad que no tenía ni 5 de ganas de hacer ningún retiro de nada porque no podía pagarlo. Y me cierra la boca diciéndome que me olvidara que eso no era un problema, que él me invitaba. Y bueh, ahí ya no tuve mucha opción ni escapatoria y ahí nomás ya me pidió mi mail a donde me mandó la ficha para que me inscribiese y ese fue el regalo que me mandaba Dios para mi cumpleaños. Que se convierte en un hito porque cuando hago ese retiro, lo que más me impactó fue el estilo de quienes lo daban. Porque en ese fin de semana me di cuenta que no entraban en el típico perfil de la gente que pertenecía, para mí, a la iglesia. Eran pares míos. Yo ya no era el mejor de todos. Y ahí vi que si ellos eran Iglesia, yo no tenía más un problema en pertenecer a la misma. Y me abrió los ojos de una manera impresionante. Ahí sentí que las paredes que yo mismo había levantado para contra la iglesia misma se derrumbaban y sentí que la Gracia me inundaba por completo. Empecé a ir a misa entre semana. Fui un día y me gustó. Fui al día siguiente y me encantó. Incluso llegué a ir a 2 misas diarias porque la autonomía de paz me duraba sólo 3 o 4 horas. Ahí es donde yo me invento el concepto de la eucaristía endovenosa. Porque sentía que venir a comulgar me daba paz. Y era una paz que recorría todo mi cuerpo.

Gracias a Dios, ese proceso, hoy, ya terminó. Desde hace casi 2 años que intento ir a misa diariamente. Me encanta ir a misa. Algo que consideraba de locos y casi paranoico que era ir a misa entre semana, es algo que a mi hoy me fascina. Veo y entiendo que la intervención de Dios fue muy clara en aquel momento, permitiéndome caer desde las Torres del Ego para poder vaciarme, abandonarme y confiar en la Providencia.

Me siento un mimado de Dios

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Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 48 años …

Vengo de una familia donde tuve una infancia con ausencias. Una ausencia de mi madre y una presencia muy activa de mi padre. Papá tuvo 3 varones y una mujer. Criándonos en la década del 70. Con lo que eso significa en este país. Y de un día para el otro se quedó solo. Sufriendo el abandono de su mujer. Nuestra mamá. Y sin saber qué había pasado tuvo que decidir sobre la marcha qué hacer. No había ningún tipo de conflicto o idea de algo que hubiera pasado como para sospechar porqué ella, de un día para el otro, había decidido irse, sin aviso. Y dejándolo a cargo de esa situación y con la desorientación propia del momento. Tratar de ubicarnos para que no sufriéramos. Con la ayuda de su familia. Que le dieron una mano con la crianza y la ubicación nuestra. Yo tengo un hermano gemelo y después tenemos un hermano más grande y una hermana más chica.

Mi papá era mecánico y trabajaba en un taller en Pilar. Nosotros vivíamos en José C Paz. Y cuando teníamos 8 años consiguió una guardería en Pilar que le quedaba cerca del trabajo. Entonces todos los días nos íbamos con él en tren, nos dejaba en la escuela, al mediodía nos cruzaba a la guardería y a la tarde emprendíamos el regreso juntos, caminando hasta la estación y a esperar el tren que nos llevara de vuelta a casa. Y hoy lo podría llegar a ver como algo duro. Pero en su momento, como chico y como hijo, disfrutaba de las aventuras de viajar todos los días en tren con papá. Y buscarle el lado positivo, ya que cuando estaba mamá, él estaba todo el día trabajando, y en cambio en la situación que nos tocaba, podíamos disfrutarlo muchísimo más. Y como chicos, nos fijábamos en eso. Antes trabajaba de sol a sol y lo veíamos sólo los fines de semana. En cambio, cuando mamá dejó de estar lo veíamos de una forma más humana, mucho más presente. No era el que ponía sus “Grandes Valores del Tango” los miércoles a la noche sino que era el que estaba y nos acompañaba al colegio. El que nos cuidaba. Tal vez con sus limitaciones, siendo una persona formada con el poco diálogo, nos hizo aprender que desde los gestos estaba implícito lo que era el amor de un padre. Así fue nuestra infancia. El primer año, los mellizos siempre juntos y el hermano mayor y la hermana menor en la casa de mi abuela. Y al año siguiente nuestro hermano mayor se sumó a nosotros. Y nuestra hermana se crió con la abuela. Pero otra vez mirando el vaso lleno, rescatando el haber podido disfrutar de nuestro crecimiento, los 3 varones, con papá; sin pensar tanto en la ausencia de mamá.

La familia de mi papá era toda de zona sur. Y nosotros estábamos en José C Paz. Entonces ir a visitarlos era muy de vez en cuando. Y los tiempos no daban para ir más seguido. Pero era parte de lo que teníamos que vivir para visitar a la abuela y a nuestra hermana. Hoy la abuela tiene 98 años y una lucidez privilegiada, con lo cual, la puedo visitar bastante más seguido que en esas épocas. Y siempre con el fiel recuerdo que de chicos, si bien era la mujer que había dejado a su hijo y nietos abandonados, ella nos hacía rezar por nuestra mamá. Y sin embargo nunca hubo ningún tipo de reclamo ni cuestionamiento de su parte. Y nos ayudó a nosotros a crecer entendiendo que habíamos tenido una mamá que había cometido un error y nosotros teníamos que tener el corazón abierto y ejercitar el perdón para que llegado el caso que ella volviera, fuera bien recibida. Y nos crió con ese corazón blando y sin rencor.

Y así transitó nuestra infancia. Con un papá, también, muy presente. En la adolescencia, acompañándolo y trabajando de mecánicos con él. Y aprender con él el oficio también fue algo interesante. Y si bien no era algo que me gustara, nos hacía entender que era lo que había que hacer. Convengamos que en esa época no se los cuestionaba a los padres. Se hacía lo que ellos decían. Y se ve que nos crió con una vocación de trabajo bien marcada, ya que hoy, los 4, estamos en la docencia. Los 3 varones ya somos maestros y nuestra hermana está estudiando para serlo. Y verlo a papá con sus 82 años, orgulloso de sus hijos es algo que a uno lo pone contento. Verlo grande y poder disfrutarlo. Y la historia que nos tocó vivir es la que, tal vez, nos ayudó a todos a crecer como familia.

Y así es como comienza mi vida de adulto. En la cual me pregunto en qué momentos está Dios? Y Dios está siempre, a pesar que en algunos momentos sintamos que no está presente, sí lo está. Si Dios no hubiera estado de chicos, cualquiera de los 4 podría haber caído en la delincuencia o cosas peores, ya que la calle te invita a todo.

Ya pasada la adolescencia, uno de mis hermanos tuvo la necesidad de encontrar a mamá, de conocerla. De salir a buscarla. Y ahí lo acompañamos todos. De hecho papá también estuvo al tanto de lo que necesitábamos, de cerrar parte de nuestra historia. Siempre teníamos que contestar que nuestros padres estaban separados y sin embargo esa no era la verdad. No veíamos a nuestra madre porque ella nos había abandonado.

Y al principio, esa búsqueda no nos condujo a ningún lugar. Cuando teníamos más o menos 26 años, un abogado le dijo a mi hermano que tenía que ir a La Plata, al Registro. Que ahí le iban a decir realmente si había fallecido o si estaba viva, dónde. Y por una de esas casualidades cuando mi hermano va a contar la historia, la persona que lo atiende entendió que nuestra madre era una desaparecida por los militares, ya que todas las fechas encajaban, y le dio la dirección de donde la podíamos encontrar. Algo que habíamos estado buscando durante tanto tiempo con abogados y demás yerbas, nos fue dado por una mala interpretación en una mesa de entradas. La cuestión es que fuimos a esa dirección a ver con qué nos encontrábamos en esa calle que nos habían dado anotada. Y de pronto nos encontramos que estábamos en una villa, una de las más fuertes de esa zona. Y como no conocíamos nos pusimos a caminar. Hasta que una vecina vio que no éramos de ahí y nos dijo que nos apuráramos a salir porque si se daban cuenta no íbamos a salir más de ahí. Y nos acompañó. Pero en el camino de salida, nos llevó al a casa de otra señora que tenía el listado de la gente que vivía ahí adentro, para el tema de los planes sociales, a ver si podía ayudarnos. Habíamos tenido que decir que buscábamos a una persona que había trabajado en la casa de unos amigos y que queríamos saber cómo estaba; porque sinó no nos iban a ayudar. Sin embargo esta mujer nos dice que no conocía a nadie de esas características. Y nos volvimos a casa.

Al día siguiente, mi hermano, sin decirle nada a nadie se tomó un colectivo y volvió a este lugar para hablar bien con esta señora que manejaba la lista de nombres y contarle la verdad, que a quien buscábamos era a nuestra madre. Y le dijo que no, pero que le dejara un teléfono que si sabía algo le iba a avisar. Y cuando mi hermano se va esta señora se da cuenta que efectivamente estaba nuestra madre en el listado así que decide ir a verla y decirle lo que estaba pasando. Pero mi madre, que nunca se hubiera imaginado esto, dice no conocernos y que no sabía por qué la andarían buscando. Pero cuando la hija de esta señora le dice que eran unos chicos muy parecidos, que podrían llegar a ser mellizos, ahí mi madre se da cuenta que éramos nosotros, y le dice a esta señora que nos llamara y que nos iba a recibir, pero que fuéramos solos.

Fue un reencuentro demasiado tenso. Lo que más me llamó la atención fue que no pudo reconocer cuál era yo y cuál mi hermano mellizo. Que una madre no reconozca a sus hijos es muy duro. Y ella pensó que estábamos buscando hacerle algún tipo de reclamo. Una de las primeras cosas que me dijo fue qué era lo que ella había dicho al momento de irse. Y eso era un sentimiento de culpa que yo tenía porque era algo que me había dicho a mí y que yo nunca le repetí a nadie. Porque yo había sido quien le había alcanzado el bolso con ropa pensando que ella se iba a quedar una semana con cama adentro de doméstica en la casa que estaba. Y nunca lo dije ni siquiera a mi mellizo, que cuando me escuchó decirlo en ese momento quería comerme con la mirada. Y de a poco el clima se fue ablandando, le fuimos contando nuestra historia, mostrando fotos. Poco a poco dejábamos de estar tensos. Para esta altura ya sabíamos que tenía otra hija, que era de esperar. Y de ese día tengo el primer recuerdo de ella cocinándonos algo. Porque de mis 7 años para atrás yo tengo todo absolutamente borrado. A propósito o inconscientemente pero no recuerdo nada de mi infancia. No tengo olores. No tengo sensaciones.

Y después de ese día nos vimos un par de veces más. También pudo reencontrarse con nuestro hermano mayor. Y a pesar de no vernos asiduamente, eso nos ayudó a cerrar un poco nuestra historia. Queríamos tratar de entender. Sin embargo, hoy, al día de la madre yo voy a pasarlo con mi abuela.

Y Dios también estuvo en la muerte de nuestro hijo. Habíamos hecho varios tratamientos de fertilidad hasta quedarnos embarazados. Y cuando estaba llegando la fecha del parto su corazón dejó de latir y lo perdimos. Como estaba avanzado el embarazo y estaba en riesgo mi mujer tuvimos que ir a cesárea. Y en ese momento nos sentimos muy acompañados por la familia. Dentro del gran dolor y en el silencio del último adiós, escuchar al sacerdote que al mismo tiempo que lo despedíamos lo estaba bautizando y llamándolo por su nombre fue algo celestial. Como que el corazón se me serenó. Hasta ese momento yo solo tenía la imagen de ver su cuerpito sin vida y un silencio nuevo. Ensordecedor. Que nunca había experimentado. Y ahí sentí la presencia de Dios, que nos invitaba a estar calmos. Y después de la experiencia, mala, en la clínica, poder tener un lugar para poder ir a visitarlo. Y sin la serenidad y la calma al sentirme acompañado por Dios, hubiera sido muy difícil lograr que nos dieran el cuerpito de nuestro hijo.

Y a pesar de todo esto, hoy me siento un mimado de Dios. Porque con todas las piedras que tuvimos en nuestro camino, Él siempre estuvo cuidando de mi familia.

Esto también nos llevó a tratar de ser padres adoptivos. Ya estamos encaminados. Y es un tema muy hablado. Hay que entender que uno acá también puede brindar amor. Hoy no podemos ser padres biológicos y entonces logramos entender, como pareja, que podemos brindarle a alguien nuestro amor y por eso estamos esperando que se nos den todos los papeleríos para llegar a buen puerto con eso. Y si Dios quiere, próximamente, será realidad.

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Siempre hubo una mujer que me volvió a Dios.

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Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 57 años…

Desde chico, siempre fui a escuela del estado y mis padres eran católicos pero no practicantes. Puedo decir, además, que en casa éramos más “hinchas” de María que de Jesús. Siempre recuerdo que cuando comprábamos un auto, lo primero que hacíamos era subirnos para ir a Luján y recibir la bendición de la Virgen.

Nunca me impusieron la religión y como en la escuela no había catecismo, yo prefería usar ese tiempo para irme a jugar a la pelota con amigos. Toda esta historia me llevó a tomar la Primera Comunión recién a los 22 años, de la mano de la que por entonces era mi novia. Ella me empezó a llevar a Misa en la iglesia Nuestra Señora de Lourdes de Flores. Allí conocí a un sacerdote maravilloso, el padre Jorge Herrera Gallo, que comenzó a despertar mi amor hacia un Dios totalmente distinto del que yo imaginaba. De una manera bien desacartonada, ese gran cura me presentó al Jesús que me acompaña desde aquellos tiempos, el del amor infinito y la alegría de poder contarlo siempre con uno.

Así fue como empecé a ir con más frecuencia a Misa y el padre Jorge me  preparó para tener mi primer encuentro fuerte con Jesús. Entonces me regaló la posibilidad de hacer mi Primera Comunión en la Misa de Navidad de 1982. Estoy convencido de que fue Dios el que eligió esa fecha y me hizo compartir “su fiesta de cumpleaños”, algo que nunca olvidaré.

Mi fe renació en una Navidad, en Nuestra Señora de Lourdes y con el protagonismo de María en esa fecha fundamental.

Al poco tiempo, con todo el entusiasmo del mundo, ya estaba metido en retiros y hasta pasé a formar parte de las organizaciones de los mismos en el Movimiento de Jornadas.

De no tener nada que ver con la Iglesia, de pronto, me encontraba haciendo de todo un poco y, encima, como instrumento de Dios para llegar a mucha más gente. Todo era una fiesta.

Años más tarde conozco a quien es la mujer de mi vida, la que me regaló tres hijas divinas, la que camina a mi lado desde hace veinticinco años.

Cuando nos casamos, nos iba bien en todos los sentidos y, como pasa muchas veces, estuvimos un tiempo algo alejados de Dios. Sabíamos que Él estaba siempre a nuestro lado pero pensábamos que no lo necesitábamos.

Es bastante común que cuando las cosas van bien en la vida y en lo material, a pesar de que no debiera ser así, uno se aleja de la Iglesia. Y cuando la situación se revierte y las papas queman, vuelve por necesidad.

Por suerte, no tuvimos que esperar ese momento de papas quemadas para sentir la necesidad de volver. Ese momento llegó con el nacimiento de nuestras hijas. Allí, la decisión casi exclusiva de mi mujer fue fundamental para la elección del colegio al que iban a ir, priorizando una educación con valores cristianos, por sobre todas las cosas. Comenzamos a regresar.

Otra vez, unas manos femeninas, (ahora un “cuarteto de mujeres”) organizaba mi regreso al amor de Jesús.

Suele decirse que uno de los caminos más seguros para llegar a Dios es a través de María.

A lo largo de mi vida, siempre hubo una mujer alentando mis reencuentros. Y a todas las asocio con la figura de esa María que siempre te da una mano para llegar a su hijo.

Cuando se acercaba la Comunión de las chicas, me daba cuenta de que tenía que acompañarlas en su formación. Al principio lo hacés casi por obligación y enseguida entendés que está muy bueno. Que también a uno le sirve. Y cómo!

Sin embargo, para ser fiel a mis “malas costumbres”, al tiempo me volví a alejar, en coincidencia con la muerte de mi padre, en 2001. Ahí me enojé, no entendí nada y estuve bastante mal por mucho tiempo.

La muerte de mi viejo coincidió con un bajón laboral y graves problemas económicos. Tuve que buscar una nueva forma de subsistir y comencé a manejar un transporte escolar. Este trabajo me daba el ingreso que necesitábamos en casa pero no me hacía muy feliz porque no era lo que había buscado toda mi vida. Por suerte, me permitía seguir con algunos clientes de mi otra actividad pero todo fue decreciendo por falta de tiempo. No le podía decir a un cliente, “esperame que hago el pool del mediodía y vuelvo”. Todo eso me llevó a caer en una fuerte depresión, enfermedad que ven todos los que te rodean menos vos.

Pasé bastante tiempo en esa situación hasta que un cuñado me invitó a un retiro de Entretiempo en el que participaba como uno de los organizadores. La historia se completa porque al año siguiente me convocaron a la apertura de una nueva zona para ese tipo de encuentros con Jesús y allí cambió mi vida, sin lugar a dudas.

Pasados los cuarenta, comencé a conocer amigos que nunca hubiera imaginado ni en los sueños más optimistas.

Hasta ese momento estaba convencido de que las amistades de fierro eran aquellas forjadas en la infancia, el colegio y la facultad. Después de determinada edad es como que el ser humano ya no busca más amigos, se conforma con los que tiene y ya ni le interesa sumar nuevos.

Con la presencia de Dios, uno conoce tipos que son verdaderos hermanos. Y eso te ayuda a salir adelante de cualquier cosa que te pase.

Con estos nuevos amigos compartí el dolor de perder a mamá y sentir todo el amor de Dios en esa Comunidad que me dio su incondicional apoyo y me ayudó a seguir adelante.

Si vuelvo unos años atrás hasta la muerte de mi viejo, la diferencia es notable.

Cerca de Dios, todo es más fácil. La paz que te da, en las buenas y en las malas, es increíble.

Si hoy pudiera volver a los espejos que fui dejando a lo largo de mi historia personal, entre claros y oscuros, les preguntaría cuáles fueron las causas de los alejamientos y acercamientos que tuve, sabiendo de qué se trataba la cosa, sabiendo que había algo mucho mejor.

No tengo respuestas pero sí enseñanzas que son ni más ni menos que el producto de la experiencia.

Algo fundamental que aprendí (no sé si para quitarme algo de culpa) es que los tiempos de Dios sólo los maneja Él. Lo que nosotros tenemos que aprender es a manejar nuestros tiempos “para” Dios.

Y como Él está en cada uno de los que nos rodean, si uno sabe ver a ese Jesús en el otro y ese otro lo puede ver en vos, todo se hace mucho más fácil.

Además, con mi historia, si se me cruza por la cabeza alejarme de nuevo, estoy seguro de que siempre voy a tener una mano femenina (me rodean) para hacerme volver de inmediato.

Hoy comparto con mi mujer, como pocas veces antes, este camino. Juntos nos regalamos a Dios en cada paso y eso no lo cambio por nada. Además, tenemos a María que nos tiende su mano siempre.

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Los argentinos me han devuelto mi FE

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 51 años …

Soy español, y vivo en argentina desde 1993. El mayor de 3 hermanos. Mi padre viene de una familia humilde. A los 10 años, cuando nació su hermano y sus padres no pudieron mantenerlo más se lo confiaron a un tío que era cura militar. Ahí fue donde aprendió todas las cosas que después supo transmitirme. Él es ateo. Mi madre es creyente pero no practicante. Les tocó vivir la guerra civil y eso les marcó su historia, y la mía. Me bautizaron y tomé la Primera Comunión como todos los chicos en España y la verdad que salvo a través de mis abuelos, nunca tuve relación con la Iglesia. Estudié en España en un colegio francés laico.

Habiendo sufrido las turbulencias del matrimonio de mis padres decidí emprender mi propio camino. Primero me fui a vivir a Francia un tiempo y al volver a España participé de un start-up que me permitió después venir por temas laborales a la Argentina. Aproveché esa excusa para poner un océano de por medio.

Acá empecé a vivir mi vida y a tener contacto con gente que tenía unos valores y unos principios que si bien no eran nuevos para mí eran muy refrescantes, en lo que a religión y fe se refiere. Y luego conocí a mi mujer que era bastante practicante. Siendo divorciada nos casamos por civil en España. Hoy estoy casado y tengo 4 hijas. Pero debido a eso estoy en un conflicto con la Iglesia.

Sus padres también son bastante practicantes. Perdieron un hijo en un accidente. Mi suegro hizo la carrera de acompañante espiritual. En el año 2013, mi hermano tuvo la desgracia de perder a su hija mayor en un accidente automovilístico. Esto fue un golpe muy fuerte tanto para mi hermano como para mis padres. Es algo que viene de repente y para lo que uno no está preparado. Para mí fue algo muy duro también y me movió la estantería. No hay en castellano un término en la Real Academia Española que defina el estado vital tras la pérdida de un hijo por parte de un padre. Justo para esa época me estaban insistiendo mucho en hacer un retiro de Entretiempo y yo me venía negando y poniendo excusas. Pero ese año decido aceptar. Fue una experiencia inolvidable. Fue un momento de empezar muchas cosas nuevas. Venía de estar acompañando a mi hermano y acá me sentí acompañado yo. Algo especial que pasó dentro del retiro me hizo sentí muy querido por gente que no me lo esperaba, y de forma desinteresada me dio mucho amor. Eso me hizo pensar que esta experiencia comunitaria podría ayudarme a conocerme a mí mismo y también ayudar a otros. De los argentinos valoro 3 cosas por encima de todo:

1- El sentido de la amistad. Es muy próximo, espontáneo, con una afinidad sincera.

2- El concepto de familia. Mientras que en Europa las familias se van atomizando cada vez más, acá se va agrandando la mesa con abuelos, hermanos, primos. En realidad uno empieza a formar parte de la familia del otro. Empieza a ser familia de sus amigos. Es bienvenido a las casas de otros. La familia tiene un peso. Es importante porque es un lugar de encuentro, donde desarrollar su identidad, pedir ayuda desinteresadamente, donde se valora a la persona.

3- La FE. En España nunca fui a la Iglesia. Si llegaba a ir sólo veía algunas canas solitarias en algún banco perdido en la penumbra. Se oía el tímido murmullo del rezo, pero allí nunca escuché cantos. Era triste y una experiencia individual. Nunca un sermón que no presentara un Dios castigador. Y eso más que acercarte te alejaba de la Iglesia. Acá es todo lo contrario; te invita a participar y disfrutar, a vivir en comunidad.

Entendí que tenía un nuevo camino que recorrer, donde podía aprender y crecer en el plano espiritual, y así, ya pasados los 50 años decidí recibir el sacramento de la Confirmación.

Al tiempo me convocaron para participar activamente en un Equipo de estos retiros y además de ser una especie de necesidad; uno lo vive viendo la transformación en el otro y se alegra por ello. Es algo que me transforma, me enriquece y me hace crecer. Y siento que los argentinos me han devuelto la fe.

Mi proceso fue progresivo y llevó mucho tiempo. Estaba latente. Pero también el grupo humano del que me siento parte y activo, me ha ayudado a no descolgarme muchas veces con muchas cosas, ni perder el rumbo.

Un hombre de resultados, de números, de gestión. Toda la vida estuve persiguiendo las cosas. Siempre pensando que el futuro se labra si tenés una buena educación pero sin FE es difícil llegar. Si tenés una buena educación, tenés mejores posibilidades. Si tenés la cabeza armada podés pensar. Si pensás podés elegir. Elegir es un tema mayor que define si te realizás haciendo lo que te gusta. Pero ahora no puedo dejar de lado la FE; la busco y la vivo plenamente.

Mi vocación ha sido esencialmente la de aprender. Entender. Vivir en plenitud. Eso me ha sido posible gracias a las elecciones hechas en el camino. Y ya de más grande, con Jesús a mi lado.

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Las vacaciones soñadas

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy, habiendo festejado el Día del Padre antes de ayer, me toca ser un bebe con Síndrome de Down recién nacido. Tengo apenas unas horas de vida.

Foto: Federico Figueroa

 

Queridos Papá y Mamá:

Cómo están? Qué emoción poder verles las caras. Y a vos papá, poder agarrarte el dedo cuando salí; no quería soltarte.

Antes que nada quería agradecerles con mi corazón delicado pero enorme el que hayan llegado hasta acá conmigo. Cuando me enteré que iba a venirme de vacaciones a su casa me puse muy contento. No me dijeron cuánto iban a durar estas vacaciones pero sí sé que éramos muchos los que esperábamos poder venir acá abajo y me tocó a mí.

Tal vez no soy todo aquello que soñaron desde un principio. Pero ustedes sí son lo que yo soñé. Mientras esperaba en la sala de embarque que llegara el momento de salir por la manga iba viendo y escuchando un montón de cosas. Sé que hubo un montón de decisiones que tomar que no fueron fáciles. Pero estoy convencidísimo que las tomaron con el corazón; GRACIAS por eso.

Les prometo que yo traté de hacer todos los deberes para llegar sano y fuerte, pero las cosas a veces no son tan fáciles para nosotros tampoco. Y a veces llegamos como podemos.

Ustedes querían ser padres. Yo quería ser hijo. Quería pertenecer a una familia. Quería tener a alguien a quien decirle “mamá” o “papá” dentro de un tiempo. Y me tocaron ustedes. Qué alegría. Estoy Feliz.

Esas cosas que les decía que escuchaba me iban llenando de vida. Cómo la gente estaba a su lado. Cuánta gente que rezó por mí. Papá, no sabés cómo se sentía eso. Ver cuánta gente que hay alrededor que los quiere y uno a veces no se da cuenta de eso. A cualquier hora dispuestos y unidos; Unidos En La Oración, como te gusta decir a vos. Agradeceles de mi parte el apoyo que te dieron. A vos y a mamá.

Y también a mi hermanito. Que cada noche se metía entre ustedes dos en la cama y le daba un beso a mamá en la panza, así, me daba un beso a mí. Estoy esperando poder conocerlo a él también. Y que podamos jugar juntos.

No tengo idea cuánto van a durar estas vacaciones acá, como te decía antes, pero sí estoy muy seguro que vamos a disfrutar juntos muchísimo. Que vamos a aprender un montón de cosas. Que nos vamos a equivocar en otras, seguro. Pero todo va a ser con muchísimo amor.

Gracias por haberme recibido. Juntos vamos a poder crecer en muchísimos aspectos. Todavía no sé hablar en su idioma así que por eso les mando esta carta.

Los médicos están haciendo todo lo posible para que los días que me tenga que quedar acá pasen volando. Y así poder irnos a casa.

No se preocupen que mi otra mamá, la que yo ya conozco, la mamá del cielo, me está cuidando desde hace un tiempo. Y nos va a ayudar en todo lo que pueda. Ustedes sigan rezándole como hasta ahora que eso le gusta mucho, y también le da fuerzas a ella. Va a ser lo que Dios quiera. Confíen en Jesús.

Mamá, Papá, los quiero mucho mucho … espero poder decírselos en algún tiempito. Y darles un abrazo grande. O poder regalarles una sonrisa, que va a ser mi forma de agradecerles hasta que aprenda a hablar.

Les mando un beso muy grande y otra vez GRACIAS por animarse a este desafío y TRAERME de vacaciones con ustedes.

 

Los QUIERO MUCHO

Lolo (*)

 

(*) NdeR: Lolo, Lorenzo, es un bebe con Síndrome de Down que nació el 7 de mayo pasado. Hoy sigue en Neo al cuidado de los médicos. Con las complicaciones pertinentes del caso pero aumentando de peso y mejorando día a día. Gracias a las oraciones, pasando los momentos angustiantes. Seguimos rezando para que aumente de peso, le puedan realizar todas las operaciones que hagan falta y le den el alta pronto para poder ir a su casa con sus padres y hermano.

Mi Sueño. Nuestra Familia

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 37 años …

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Yo tenía ganas de hacer un clic y mi novia fue el medio para lograrlo. Cuando yo conocí a quien hoy es mi mujer, ella estaba metida en lo que era la Iglesia. Estaba en grupos misioneros. Estaba en grupos de jóvenes que se juntaban todas las semanas. Todos los domingos. Y la verdad que eso fue increíble. Me enamoré primero de ella y después ví que yo también quería eso para mi vida. Y eso me ayudó a ir enfrentando todas las cosas que vendrían después.

Me ayudó a ir preparándome para la muerte de mi viejo. Yo trabajaba con él. Lo veía todos los días. Y veía su deterioro constante. Venía en picada. Yo me enteré que se estaba muriendo mucho antes que el resto y me sirvió para poder asimilarlo. No fue fácil pero la elaboración, estar acompañado, ir a la Iglesia, estar con curas y poder charlarlo con ellos y acercarme fue muy bueno.

Siempre nos acordamos y nos reímos que nuestro casamiento fue con un paredón blanco frente a nosotros, porque teníamos 5 curas dándonos el sacramento, para que no nos escapemos.

Después del casamiento empezaron los problemas. Lo que podría haber sido una hecatombe lo pudimos sobrellevar de la mejor manera. Puertas adentro nos podríamos haber matado y sin embargo fue muy armonioso por estar viviendo las cosas como las veníamos viviendo. Tuvimos nuestro primer hijo después de haber perdido un embarazo. Teníamos un problema que el bebe no dormía y los médicos no nos creían lo que les contábamos. Incluso llegaron a pedirnos que anotemos las veces que nos levantábamos en la noche. Una vuelta anotamos en 15 oportunidades y después ya dejamos de hacerlo. Y cuando los médicos vieron eso se dieron cuenta que no estábamos exagerando y empezaron a preocuparse un poquito más. Vieron que no era un chiste. Era un caso atípico pero a un extremo en el que no lo podían nivelar ni controlar. Supuestamente iba a ser algo que a los 6 meses se le iba a ir; después a los 9; después al año. Y el bebe tenía un año y medio y la cosa no mejoraba. El problema que tenía era un reflujo muy fuerte y derivado de eso tenía el esófago quemado por la acidez. Entonces el pobre gordo tenía una cara de sufrimiento que no se podía creer. Y eso hacía que no durmiera, ni por las noches ni durante el día. Con lo cual, nosotros tampoco. Y a pesar de todo eso, se despertaba y enseguida te miraba con una sonrisa. Y eso es lo que más fuerzas nos daba. Hoy miro para atrás y veo que estuvimos más de un año y medio, casi dos, sin dormir, pero de verdad. Y en todo ese tiempo lo rezamos mucho y lo hablamos mucho. Y pudimos llevarlo juntos. Y paralelamente tenías que escuchar las opiniones diversas de todo el mundo. Incluso los que decían “qué suerte que les tocó a ustedes que lo pueden llevar y no a otros”. Ojalá a mí tampoco me hubiera tocado, pensaba yo por adentro.

Y la verdad que con todo ese panorama y con todas esas contras; nos quedamos embarazados otra vez. Justo el día que nuestro hijo cumplía 1 año anunciamos que venía otro en camino. Y la gente nos miraba y se preguntaba si estábamos locos. Pero nuestro sueño era formar una familia y estábamos viviendo nuestro sueño. Y la verdad que si esperábamos a “terminar” con toda la etapa del enano, volver a empezar de cero iba a ser muy difícil. Y por suerte en ese momento llegó, entonces, la segunda. Y no solamente tuvo el mismo reflujo sino que también tuvo intolerancia a la lactosa. Pero como teníamos la experiencia anterior a la semana ya tenía el diagnóstico y medicamentos para controlarlo. Con los médicos correspondientes. Y se ganó un montón de tiempo. Y también era alérgica a la leche. Y uno de los remedios que había que darle tenía leche en polvo. Y ahí venían las complicaciones. Entonces teníamos que modificar todo el ritmo de vida. Y las cosas se volvían a complicar. Pero siempre teníamos a la virgencita en la cabecera de nuestra cama que nos acompañaba. Jesús muy presente. Los amigos. Y eso llevaba a que sólo nosotros sabíamos lo que sentían nuestros hijos. No los podíamos dejar con nadie porque con sus problemas, los llantos no eran los mismos a los de cualquier chico. Nos costó mucho poder dejarlos con alguien alguna vez. Per era real que nosotros también necesitábamos descansar alguna vez. Poder dormir una noche entera. Esto a mí me produjo un rechazo real y muy feo a los bebés. Tuve sobrinos que de bebes NO pude hacerles upa. Y eso que me encantan los chicos.

Pero Dios nos dio una paz y una tranquilidad que seguimos agradeciendo. Y mientras tanto, la gente que nos decía “no saben el ejemplo que dan” y la verdad es que no queríamos dar ningún ejemplo. Queríamos ser normales, como mis amigos que tenían hijos y dormían 9 horas seguidas. Nosotros dormíamos por turnos en el sillón con el bebe a upa o a lado nuestro haciendo guardias. Pero no para malcriarlo sino porque lo necesitaba de verdad. Ir a la farmacia y que a los chicos los conocieran por su nombre no era algo muy divertido. Era porque íbamos todos los días.

La segunda era una beba que estaba todo el día en el piso, o a upa. Se arrastraba poco. Y resultó ser una beba que empezó a caminar a los 2 años. Con el tiempo nos enteramos que lo que pensábamos que era por cansancio de no dormir resultó ser que tenía una hipotonía y eso hacía que no tuviera fuerza en los músculos, por eso no gateaba o no caminaba. Y ahora nos enteramos, también, que tiene un retraso madurativo. Y llevarla a todos los médicos y seguir haciéndoles estudios. Porque la verdad es que pasamos por todos los tipos de medicinas que se les puedan ocurrir para tratar de solucionar estos inconvenientes. Médicos que nos recomendaban, médico al que íbamos.

Hubo una época en la que nos habían mandado a un médico que era privado y la situación económica en casa era difícil. Laboralmente la estaba pasando mal. Y cuesta mucho aceptar la ayuda económica de afuera. Pero esas cosas se van llevando de otra manera y las cosas fueron apareciendo, junto a un trabajo que me permitió ir a los médicos. Y gracias a lo de la enana terminamos cayendo en una médica que nos dijo que para poder entender a los chicos hay que estudiar primero a los padres y entonces nos manda a hacer una batería de exámenes a nosotros. Eran 3 hojas del recetario lo que nos pedían y cuando fuimos a sacarnos sangre para hacérnoslo, en el laboratorio no entendían quién era el loco que nos había mandado. Pero bueno, gracias a esos estudios saltó que yo tenía una anemia muy grande que nunca pensamos que era eso, sino que mi cansancio lo atribuíamos a que realmente no dormíamos nada. Entonces eso derivó a que me hiciera otro estudio y me encontraron un pólipo maligno en el colón. La pucha, con todas las cosas que nos venían pasando ahora sumábamos que me diagnosticaban un cáncer de colon a mí.

Y el pobre enano que también padecía todo esto porque al tener que llevar a la hermana a todos los médicos él tenía un ritmo de vida atípico.

Y después apareció lo mío. Era un médico al que nunca había querido ir. Y resulta que ir ahí hizo que me encontraran temprano el cáncer. Era maligno. Mi padre había muerto de cáncer después de un viaje a Europa. Un amigo de él había muerto de cáncer después de un viaje a Europa. Y a mí me estaban diagnosticando cáncer una semana antes de tener que viajar a Europa por trabajo. Los 3 al mismo lugar. Imagínense los fantasmas que pueden aparecer ante semejante situación. Yo tenía 33 años. Y a pesar de todo eso yo estaba muy tranquilo. Y tuve que viajar y a la vuelta sabía que me esperaban los médicos para operarme. Y unos días antes vino a comer a casa un cura amigo y me dio la unción a los enfermos. Y en casa seguíamos viviéndolo con mucha PAZ. Con mucha FE. Con mucho amor entre los 4. Y nunca pensábamos que iba a pasar algo más. No la veíamos venir. Y la verdad que nos ayudó a unirnos más aún. Por suerte la operación salió todo bien. Fueron 2 meses de pseudo reposo y de mimos que no me dejaban hacer nada en casa. Me acuerdo que mi mujer la agarró a la beba, que tenía meses, y le dijo como si fuera un adulto “ahora lo van a operar a papá y yo tengo que descansar un poco más y tengo que cuidarlo también a él”. Y es creer o reventar pero es como si la gordita hubiera entendido porque no es que se curó, obvio, pero hubo un cambio muy importante de parte de ella. Y eso es algo que te hace pensar en mil cosas. Y eso fue increíble.

Y teníamos que cuidar bien al primero. Cuidar un poco más a la segunda que tenía 4 tratamientos diferentes por semana. Cuidarme yo que venía de una operación importante. Y así y todo, seguíamos agrandando nuestro sueño. Y volvimos a quedarnos embarazados. Y esto lo hablamos primero con curas también. Cómo con todo lo que habíamos pasado seguir apostando a la vida. Y mucha gente nos decía que estábamos locos. Que no podíamos hacerlo. Y otros nos hacían ver que realmente somos fértiles y una familia sólida. Y habiendo gente que le cuesta tanto, incluso hasta no poder tener hijos, porqué íbamos a cerrarnos a la familia. Y así fue como volvimos a quedarnos embarazados y vino la tercera el año pasado. Me acuerdo que durante el embarazo habíamos hecho un retiro matrimonial. Y se acerca el cura a mi mujer, le toca la panza para bendecirla y le dice “va a ser mujer y va a ser la alegría de la casa”. Y hoy podemos decir que eso se cumplió. A pesar de todas las piedras en el camino la alegría está dentro de nuestro hogar. Y hoy podemos, también, dar gracias que no vino con reflujos, no vino con alergias, duerme. Vino una normal. Y nos reímos de eso.

Y hoy justo hablábamos con mi mujer, una charla que surgió espontáneamente. De todo por lo que habíamos pasado. Mi padre. Los chicos. Mi enfermedad. Mi suegro, que acaba de estar internado muy grave y salió. La familia que tenemos. Es algo increíble. Es una bendición. No se puede dejar de agradecer. Es muchísimo más de lo que podríamos haber soñado. Y nos pasó el otro día de haber ido a la misa de Pascuas. Y estar en dos puntas diferentes porque estábamos detrás de los chicos. Y cuando nos reencontramos vimos que estábamos los dos emocionados, prácticamente por lo mismo. Era la misa de resurrección. Porque todo lo que vivimos lo pudimos aceptar y superar gracias a Dios. Es increíble la PAZ y TRANQUILIDAD que te da. La FUERZA que sacás de donde no hay. Y así llegamos a hoy. Sintiéndonos acompañados en las malas. Porque uno siempre se siente “solo” cuando la pasa mal pero nunca agradece cuando la pasa bien. Y sin embargo, uno no ve cómo es acompañado cuando está mal. Y nosotros no decimos “por qué” o “dónde estás” cuando nos pasa algo malo. Sino que le rezamos diciéndole “gracias por estar”

Atravesar mi desierto

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Soy nacido y criado en un matrimonio con padres católicos. En casa siempre se habló de religión, mi papá era catequista. De hecho se hizo catequista de grande, con su familia ya formada. O sea que por casa pasó mucha gente católica incluidos varios sacerdotes. Cuando era chico, esa fuerte presencia católica fue bien internalizada, pero al crecer tal vez me sentía un poco “saturado” y si bien entendía que la relación con Dios tenía que ser buena, otras prioridades se abrieron paso también.

Me fue muy bien tanto en el colegio como en la universidad. Y me había ido muy bien a nivel laboral. Lo asociaba solamente al desarrollo profesional en una empresa multinacional. Realmente me gustaba lo que hacía ya que podía poner en marcha proyectos de envergadura que me llenaban de orgullo por los desafíos que representaban.

Me casé y tuve dos hijos. Iba a misa los domingos, algunos sí y otros no. Pero si iba “volaba” y esperaba la bendición final para poder irme. Tenía la mente en otro lado. Cuando no concurría, pensaba para mis adentros “Hoy estoy cansado, Dios me va a entender”. Más tarde aparecieron otras excusas como que “los chicos son chicos y se van a aburrir”. En fin… si iba era un simple acto religioso y si no lo hacía me sentía más que justificado. Pero eso sí, en mi mente yo no tenía ningún pecado, entonces no veía motivo para confesarme. Típico razonamiento “no maté, no robé, no le fui infiel a mi mujer. Soy el hombre perfecto, tengo ganado el cielo”. Y esto es grave porque es un velo que nos impide ver la verdad.

Al principio la relación de Dios con uno mismo es muy linda, directa y transparente y que en mi caso tuvo un momento cúlmine en la Primera Comunión con el amor de Cristo entregándose a mí con todo amor y cariño. Pero a medida que los años pasan se van interponiendo diferentes tipos de vidrio en la relación con el Señor. Primero es un vidrio finito y transparente que deja ver todo. Pero a medida que pasa el tiempo, si no lo limpiamos se va ensuciando y engrosando. Entonces la imagen que se ve del otro lado comienza a tornarse difusa. Y si seguimos sin limpiarlo empieza a esmerilarse y a engrosarse cada vez más hasta que al final de esa bella relación queda solo una pálida imagen difusa… Había que quitar ese vidrio translúcido y para ello tenemos un sacramento que es “la confesión”.

Hace unos 2 años empezó a haber algún “ruido” en mi vida. Primero empezó en el ambiente laboral. Sentía que lo que yo creía que estaba perfecto e increíble empezaba a desgastarme. Me pedían algo en la oficina y al día siguiente me cambiaban las órdenes con directivas exactamente contrarias. Resulta cansador vivir en ese equilibrio inestable. Para peor, abundan los contraejemplos, ves que aquel que no se esfuerza progresa en base al amiguismo. Aparece entonces un “algo” en el interior que se exteriorizaba de maneras diferentes. Creía que dejaba los problemas laborales en la oficina, sin embargo mi mujer me manifestaba que vivía permanentemente cansado. Mi madre me decía que estaba ausente, que estaba raro. Desde mi perspectiva, lo negaba todo, lo atribuía a un exceso laboral. Y terminó detonando un día en el que me despidieron de ese trabajo por el que yo daba todo. Esto es imposible. ¿Cómo me pasa esto a mí? Y lo primero que me vino a la mente fue enojarme con Él. ¿Dios, porqué me abandonaste?. Para colmo me entero que me echan con calumnias. Que dicen de mí cosas totalmente falsas siendo aquellas las mentiras que más me dolían, decían que maltrataba a mi gente… Gracias a Dios, el tiempo demostró lo contrario, se disolvió mi equipo entero y con muchos de ellos mantengo una excelente relación (extralaboral ahora).

En ese momento, o me peleaba con Dios o me acercaba. Y por suerte opté por la segunda opción en la que me encontré pidiéndole ayuda. “¿Qué hago ahora?”. Tenía que seguir manteniendo a mi familia. Y empecé a pensar qué era lo que había hecho mal para estar en esa situación mas no encontraba nada.

Es difícil… nosotros los católicos tenemos una barrera a romper y es cómo mantener una relación con un Dios que no nos habla, o por lo menos no lo hace como a nosotros nos gustaría. Ya está, Dios rompió ese vidrio grueso, sucio y traslucido, ¿y ahora qué…?. Fue entonces que volví a mis raíces dándole gracias a mis padres por haberme educado en la Fe. Comencé a rezar mucho. Primero por tener trabajo que gracias a Dios conseguí realmente muy rápido. No tendría el mismo grado de desarrollo profesional que tenía antes o que me hubiera gustado pero era un trabajo digno y honrado. Y a veces las ansiedades son lo que más tenemos que controlar. Es allí donde aparece el golpe al orgullo y la soberbia donde te das cuenta que no lo sabés todo ni lo podés todo. Y puse a Dios en su lugar, el primero de todos, amarás a Dios sobre todas las cosas; confié en él y me dejé llevar. Saqué los “peros” de todo. No había vuelta atrás. Pude reconocer mis pecados que no veía. Aparecieron, como decía antes, el orgullo y la soberbia. Pude bajar la cabeza. Fui a confesarme, experimenté el perdón y la misericordia de Dios. Volví a estar en estado de Gracia. Desde entonces es algo cotidiano sin dejar pasar oportunidad cuando siento que estoy en pecado. Lo bien que te sentís cada vez que salís de la confesión. Y ves que empiezan a pasar cosas buenas.

Empecé a humanizarme más, a estar más conectado con mi familia, con mi mamá, con mi hermana.

Empecé a ir a misa “viviéndola, rezándola, alabando al Señor”. Como trabajo en el centro puedo dejar a los chicos en el colegio y llegar a misa en la Catedral. Mi mujer que estaba un poco alejada, con el ejemplo, vio que también era bueno y empezó a imitar en eso y a rezar un poco más. Mi hijo más grande está por tomar su Primera Comunión. Me encontraba con una disyuntiva interna de si tenía que llevarlo y obligarlo a ir más a misa o no. Terminé conversando con un cura para que me diera su opinión. No quería obligarlo para no saturarlo, pero también era consciente de que si no lo educamos nosotros en la Fe nadie lo hace por nosotros (por más colegio católico al que vaya). Entonces un domingo en casa les digo a los chicos, “vamos a misa”. El más chico no quería saber nada y lo primero que hace es decirme como respuesta “no quiero, me quedo con mamá”. Y ahí mi mujer entendió cómo venía la mano y a pesar que pensaba quedarse en casa, al ver la reacción del enano, lo miró y le dijo “vestite porque yo también voy a ir”. Así se empezó a dar de a poco y a vivir esto. Pero una cosa trajo a la otra y al final del día, en casa, se vive más PAZ. Por que descansamos en Dios. No hay paz en este mundo que no sea dada por Dios.

Tenemos que atravesar nuestros desiertos. Y mi desierto fue el trabajo. De un día para el otro me habían echado y estaba en la calle. De alguna manera te hace reflexionar y cambiar la manera de vivir.

Hoy, para mí, no es una carga ir a misa. Aprendí muchísimo al escuchar las diferentes homilías, aquellas en las que antes me encontraba en la luna.

Yo digo que todo empezó con haberme quedado sin trabajo. Ahora, del otro lado, también me pongo a pensar que en realidad el haberme quedado afuera fue el golpe para hacerme ver que en realidad tal vez hubieron señales que no veía para cambiar. Que estaba obnubilado y no podía ver que había algo un poco más allá. Por eso Dios siempre está, actúa a su debido tiempo. Estas situaciones son para que sintamos el amor de Dios que como en la parábola del hijo pródigo el Padre se encuentra siempre esperando y clamando “Vuelve a tu casa, vuelve a Mí”.

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