Pokémon GOD

 

Mi hijo de 14, justo antes de entrar a misa, mira su celular y yo lo miro. Me sorprende su expresión y averiguo de inmediato:
- ¿De qué te reís?
- Hay un Pokémon acá en esta iglesia, Mamá.
- Otra razón para venir a misa.-  se apuró a comentar su hermana.

La risa de todos fue inmediata, ruidosa y  breve. Pero su efecto y eco dentro de mí fueron largos e inquietantes. No he dejado de pensar y comentar sobre esta anécdota familiar. No he dejado de preguntarme si la motivación y movimiento que ponen en juego a Pokémon Go podrían llevarnos a lugares donde la motivación y el sentimiento por estar y jugártela sean otros.

¿Qué tal poner un Pokémon en la puerta de un hospital? Y que sólo se pueda cazar después de visitar a un enfermo… ¿Qué tal diseñar una Poké parada justo en un centro de acopio donde para ganar puntos debas entregar alguna donación tangible para barrios carenciados? Aunque quizás todo puede ser más simple y quedar en tu propio barrio. No me parece una mala idea poner una Poké parada en una plaza donde se puede ayudar a limpiar (más limpiás, más puntos) o en una esquina donde por pintar y desterrar un grafiti que arruinó la ciudad llegás al PoKé gimnasio de inmediato. ¿Y si un Pokémon se pusiera y permaneciera al lado de quien por dentro está tan atormentado que juega con la idea de quitarse la vida? Y así para cazar al ser virtual el jugador deba abrazar al ser humano…

Es obvio que para que algo así suceda el jugador indefectiblemente debe tener la iniciativa, el desafío y la motivación de sacar los ojos de la pantalla para conectarse con el aquí y el ahora que late, piensa y siente en la calle y dentro suyo. Las criaturas que viven dentro de Pokémon Go se mueven. Pero no tienen latidos, ni pensamientos ni sentimientos. Los que estamos fuera de la pantalla, sí. Y, aunque nos movemos y llegamos a otras esquinas y zonas de la ciudad, al final ni siquiera estamos donde llegamos. Seguimos viviendo en la misma pantalla sobre la palma de nuestra mano.

El ser humano está diseñado mejor que cualquier criatura real y virtual. ¡Y está programado para cazar sus propios sueños y ser feliz! Se sabe (porque está científicamente comprobado) que hacer feliz a otro, dar una mano y estar donde te necesitan da sentido y alegría a tu vida. Entonces, ¿qué tal si nos la jugamos más allá?

Propongo que a donde sea que nos lleve Pokémon Go no nos olvidemos de quitar la mirada de nuestra pantalla para observar la realidad que nos rodea en ese momento. Seguramente algo veamos, pensemos y sintamos que también nos sume y nos haga avanzar diferente y con mejor experiencia y fuerza. Y también propongo alzar la mirada al cielo antes de “go” por otro Pokémon porque hay un “God” que hace millones de años creó el fascinante y muy atrapante juego de la vida y, mientras nos ve cazando Pokémones, me lo imagino diciendo: “¡Cuánta energía tienen mis «Pikachus»! Que no la malgasten porque ellos tienen una sola vida. Y yo ya se la dí”.