Lo que nos dejó esta Semana Santa

 

Terminando la Semana Santa del 2016, que no va a volver a repetirse, quería compartirles un poco el aprendizaje (o mejor dicho, los dos grandes aprendizajes) que tuve.

  1. Semana Santa es una oportunidad tremenda para crecer en comunidad.

Si uno se sumerge en el mensaje de Jesús, quien va viviendo cada paso hacia la muerte de Cruz y Resurrección, ve que en casi todo momento está acompañando. Elige estar con los demás. Pero lo más lindo de Jesús es que realiza esa opción misericordiosamente por sus amigos sin importarle que uno lo traiciona, otro lo niega y casi ninguno llega al momento culmine de su sufrimiento.

La Pasión de Jesús nos resalta la importancia que le da a la comunidad. Es más, me animo a decir que en estos relatos se encuentra la miseria de la Iglesia. Gente que no vela por Él cuando lo pide, gente que lo latiga, gente que le clava una espada en su costado. Pero Él sigue eligiendo vivirlo en comunidad. Porque el Amor por definición, necesita salir afuera de uno mismo.

Si vemos, Jesús comienza entrando en Jerusalén donde es recibido por una multitud, en la noche que va a ser atrapado celebra la Última Cena dejando en claro que el servicio a los demás es una de las claves para la vida, parte y comparte el Pan y el Vino, sienta en su mesa al enemigo, ora en el Huerto de los Olivos preocupándose por la Salvación de los que se quedan dormidos, durante el camino al Gólgota necesita a Simón de Cirene para cargar su Cruz, en el final trágico les habla a María y Juan, pide perdón por los que lo condenaron y salva al Buen Ladrón.

Básicamente, en todo momento, Jesús nos quiere decir que lo más importante que vino a hacer en esta Tierra necesita vivirlo con la gente. Ahí mismo, ya está presente el germen de una iglesia, iglesia humana que se equivoca, pero iglesia que acompaña.

fuente: forosdelavirgen.org

         Fuente de la imagen: forosdelavirgen.org

             2.Vivir mi vida como lo vivieron los apóstoles al Sábado Santo.

Me desperté el Sábado Santo preguntándome: ¿Qué habrán sentido los apóstoles ese Sábado Santo? Porque Jesús les había dicho que resucitaría pero bueno, “del dicho al hecho hay un largo trecho”. Supongo que se habrán  despertado más alegres pero expectantes, más tranquilos que el viernes pero con una pequeña duda. Sin embargo, ellos fueron al Sepulcro, rezaron y esperaron.

Lo que me llevé de esta Semana Santa fue que quiero encarar mi vida con ese sentir de los Apóstoles. Nadie sabe cuándo vendrá, cómo vendrá, ni cómo reaccionaremos en la Segunda Venida. Pero sí sé que quiero que mi vida sea una eterna vigilia esperando a Jesús, esperando el momento donde se cumplan las promesas. Pero para eso, tengo que vivir trabajando en la Tierra como si a cada segundo pudiera venir. Quiero entregarme por Amor en todo momento, crecer en oración y creer fervorosamente que mi vida vale la pena si me despierto cada día como aquellos apóstoles y corro al otro lado de la piedra del Sepulcro con sus ánimos y su fe. Porque al fin y al cabo, se trata de eso, de la fuerza de mantener una duda. Nadie sabe 100% ni tiene el pájaro en la mano, pero creemos sin ver y esperamos con fe.