Las falsas alternativas

Es A o B“, “Soy blanco o negro“, “no tengo punto medio“, y tantas frases cliché que contraponen dos alternativas. Nuestro día a día se va entretejiendo de estas dicotomías, donde no se percibe escapatoria.

Nos imaginamos viviendo entre la espada y la pared. La espada de hacer lo que creemos que debemos hacer y la pared de sentir que no sabemos hacer otra cosa. ¿Qué harías si no tuvieras miedo de fracasar? ¿Qué harías si no tuvieras miedo de equivocarte? ¿Qué cambiarías si no persiguieras a toda costa la seguridad?

Es cierto que el principio de no contradicción tal como lo enunció Aristóteles:

es imposible que, al mismo tiempo y bajo una misma relación, se dé y no se dé en un mismo sujeto, un mismo atributo

En otras palabras, algo no puede ser y no ser a la vez al mismo tiempo. O se hace o no se hace. Por ejemplo, no se puede estar parado y sentado a la vez. Se está parado o se está sentado. No se puede hablar y callar a la vez. Se habla o se calla.

Sin embargo, muchas veces abusamos o falseamos este principio. A lo que apunto es que en momentos, se está en frente de dos opciones opuestas y en otros momentos, maniatamos esas opciones y las formulamos de manera tal que fueran opuestas. En el primer caso, serían verdaderas contraposiciones o alternativas contrapuestas.

El problema viene cuando vemos nada más dos opciones sobre el universo de posibilidades. Cuando es “seguir así porque no se puede cambiar”, “elijo esto porque no me queda otra opción”. Por ejemplo, continuar en un trabajo que no me gusta porque lo sé hacer o “es lo único que sé hacer”, seguir con tal persona por miedo a estar solos o no irme al gran viaje que quiero hacer por miedo a abandonar mis seguridades.

Fuente: http://www.hotel-r.net/im/hotel/gb/two-ways-2.jpg

El mundo se encarga de situar todo a un nivel de falsa alternativa. De que permanentemente creamos que no existe más opción que la que estoy tomando. Y dejáme decirte: si estás viendo dos alternativas como contrapuestas; tal vez estás errando el enfoque.

Tal vez, mejor ir a caminar y pensar: ¿qué harías si no tuvieras que tomar esa primera opción?

Sin comentarios

Echando luz

- Mamá, Navidad y Halloween son enemigos.

- ¿Por qué?

- Porque Navidad es el cumpleaños de Jesús y Halloween es el cumpleaños del Diablo. Es como el agua y el fuego. (Anna,9)

¡Qué alivio y qué alegría me dió escuchar ésto! Porque llevo muchas “Noches de Brujas” viendo cómo ir contra la corriente del “dulce o truco”,  sin lograrlo del todo y frustrándome completamente… Es muy difícil decirles a tus hijos que no salgan a la calle cuando el barrio entero está de fiesta, disfrazado y comiendo caramelos. Seguir leyendo

Sin comentarios

Dedicatoria a mi Madre

La voz de mi Mamá la extraño. Mucho. La escucho igualmente varias veces de mi propia boca. Repito frases hechas, estrategias, motivaciones y regaños que yo misma recibía de niña. Repertorio clásico de una madre involucrada que intenta, triunfa y fracasa a diario en su misión de educar, estimular y emancipar a sus retoños.
::
Pero hay dos frases de mi Mamá que son un credo en mi vida. No las digo. No las repito. Las vivo. O, mejor dicho, vivo y me esfuerzo para honrarlas todos los días. Seguir leyendo
Sin comentarios

Santa Teresita: La tercera en Dioscordia

Todo comenzó porque me casé. Ella se metió en mi matrimonio. Y todo cambió… Para bien.

Habíamos puesto fecha. Estábamos frente al dilema de todos los novios para elegir la iglesia. Pues tiene que ser linda, cerca de donde vivís vos, el novio, y yo, la novia. Y cerca de la fiesta, y fácil de llegar y, y, y… Y elegimos la Parroquia de Santa Teresita del Niño Jesús. Ah, sí, y porque ya habíamos ido ahí al casamiento de Ricardo y Juliana y nos había encantado. Listo: teníamos todo “fríamente calculado”. Ya podíamos anunciar, imprimir y repartir participaciones. Tres acciones que derivaban en muchas felicitaciones y conversaciones sobre, por ejemplo, el vestido y la luna de miel. Clásicos enganchados de diálogos pre-nupciales.

Pero hubo una pregunta diferente y de una persona muy especial con quien yo trabajaba. Además, la queridísima Laura se la contestó ella misma: Seguir leyendo

Conferencia sobre Turismo Religioso

El próximo martes 27 de septiembre a las 18.30 tendrá lugar una interesante conferencia sobre Turismo Religioso en la Amat (Asociación Mutual Argentina de Turismo) en el marco del ciclo de charlas Viajes y Palabras.

La disertación que abordará diversos temas como el origen del Turismo Religioso en la Argentina, la importancia de la diversidad cultural y el Turismo Espiritual y de Fe, estará a cargo del Prof. Santiago Cano, quien posee una basta trayectoria en la materia como Creador del Encuentro Argentino de Turismo Religioso y Miembro Fundador de la Comisión Argentina de Turismo Religioso de la Federación Argentina de Asociaciones de Empresas de Viajes y Turismo.

 

Para los interesados en este segmento del Turismo es una buena oportunidad para acercarse a esta ponencia que ira transitando entre imágenes y la charla basada en las experiencias de Cano quien también dicta el curso de Introducción al Turismo Religioso en en Instituto de Formación Superior en Turismo.

Mas Info

Para asistir a la conferencia: Amat  Tel.: 4394-9665 / info@amat.org.ar

Instituto de Formación Superior en Turismo:  www.ifset.edu.ar

 

 

   

Sin comentarios

Pokémon GOD

Mi hijo de 14, justo antes de entrar a misa, mira su celular y yo lo miro. Me sorprende su expresión y averiguo de inmediato:
- ¿De qué te reís?
- Hay un Pokémon acá en esta iglesia, Mamá.
- Otra razón para venir a misa.-  se apuró a comentar su hermana.

La risa de todos fue inmediata, ruidosa y  breve. Pero su efecto y eco dentro de mí fueron largos e inquietantes. Seguir leyendo

Mamá, ¿por qué voy a catequesis?

Jesús calma la tempestad

El Evangelio de Mateo 4, 37-39 lee:
Se levantó un viento huracanado, y las olas rompían contra la barca que se estaba llenando de agua. Jesús dormía en popa sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se puso en pie, increpó al viento y ordenó al lago: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y sobrevino una gran calma.

En la vida enfrentaremos más de una tormenta. Y si tenés hijos, como yo, las de ellos te pesarán como propias y querrás ayudarlos siempre. Pero no hay que esperar hasta que se sientan amenazados, a punto de hundirse, para socorrerlos.

Dejé de sentirme solo

(Fuente de la imagen)

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 50 años …

Soy el mayor de una familia de 6 hijos. Me siguen 3 mujeres y después 2 varones. Tuvimos una infancia con un entorno bastante ampliado que era con todos nuestros primos. Porque vivíamos todos pegados, una casa al lado de la otra. Encima éramos todas familias numerosas. Y era muy lindo vivir todo el año juntos. Jugar todas las tardes juntos. Hacer todo entre todos. Cada evento que había estábamos juntos. Participábamos de los Pesebres Vivientes todos los diciembres y siempre había alguno para hacer de Niño Jesús. Misas. Vía Crusis. Un cristianismo muy presente en todos. Era un clima de pueblo. En esa época uno volvía del colegio y se iba a jugar afuera con los primos. Recuerdo que como mi madre y tías iban a la par en los embarazos, yo tenía 2 primos hermanos de exactamente la misma edad. Nos pertenecíamos mucho. Pero las 3 familias tenían su gran cuota de diferencia. Entonces la crianza, en algún punto, difería. Y a nosotros nos tocó, si querés, estar en la cunita de oro. Y todo lo que yo quería se me iba dando. Me mimaban mucho. Me hacían sentir cómodo. Ojo, también me mandaba mis buenas macanas. Todo era diversión y juegos. Hasta el primer recuerdo trágico que tengo que es la muerte de un primo hermano mío, mayor, cuando yo tenía 10 años más o menos que tuvo un accidente acá en la calle. Y ese drama transformó a un tío mío en alcohólico y generó tristeza general en la familia.

Todo cambia cuando llega la adolescencia. Esas tensiones y miedos propios de los padres por sus hijos solos en la calle. Por suerte, a mí me divertían más los programas en las casas que salir a bailar. Pero también empecé a ser un poco más introvertido a lo que era de chico. Y, en lugar de salir a buscar cosas nuevas o tomar riesgos, prefería quedarme en mi núcleo familiar. Era más divertido quedarnos jugando a las cartas que ir al boliche. Pero por suerte se hacían muchas fiestas en las casas.

Y a medida que iba creciendo también crecían en mí las inseguridades. Y me transformé, de a poco, en un adolescente más introvertido; más bien inseguro. Y eso me jugó en contra. Y el tiempo pasaba y se acercaban los momentos de tomar elecciones. Y llegó el momento de elegir la carrera y tener que hacerlo entre 2 que me apasionaban y no saber con cuál quedarme. Pero sin embargo tener que decidirme por una. Esa carrera costó muchísimo terminarla. Había que viajar demasiado y eran épocas en las que había paros constantemente. Del grupo de amigos que habíamos empezado juntos la carrera, para fines del primer año, quedaba yo solo. Sin embargo, había una tenacidad propia en mí que me obligaba a terminar las cosas que empezaba. Con lo cual, seguí cursando como fuera posible.

Dejando atrás la adolescencia, entre carrera y trabajos casuales, llegó una primera novia. De la cual estaba muy enamorado. Al punto tal de sentir que perfectamente podía ser la madre de mis hijos. Pero también, en esas vueltas de la vida, esa relación no perduró. Y hoy, tengo que estar agradecido a eso, ya que era una familia que opinaba de manera opuesta a mí en lo que a cristianismo se refería. Y eso me había hecho mucho ruido en su momento pero no me había dado cuenta de la magnitud hasta tiempo después. Y así estuve dando vueltas algo más de un año hasta que, si bien me la habían presentado tiempo antes, me pongo de novio con mi actual mujer. Fueron 2 años y medio de novios. Fui conociéndola más profundamente cada día, pero de entrada tuve dos sensaciones: primero que era sin dudas mi media naranja, y lo segundo es que la recibía como un don que Dios me tenía preparado. Su familia era creyente, con lo cual volví a ir a misa nuevamente. Y después vino el casamiento. Todas las cosas hechas prolijamente. Y con el tiempo, Dios nos regaló 3 hijas. Pero me acuerdo que cuando queríamos tener a nuestra tercera hija, no podíamos quedarnos embarazados y las complicaciones crecían a medida que el tiempo pasaba. Recuerdo que alguien le dijo a mi mujer que cuando un Papa se moría había que pedirle por la intención que uno más quisiera porque al morir se va al cielo y lleva las intenciones para que se hagan realidad. Y eran los años en que el Papa Juan Pablo II estaba muy enfermo. El día que él murió mi mujer fue a la capillita que tenía cerca y le rezó para que pudiera quedar embarazada una vez más. Sin saber yo esto, rezaba al mismo tiempo por el Santo Padre a unos 100 mts de donde estaba ella rezando, porque sentí el repiqueteo del campanario y deduje su partida al cielo. Y después de tanto tiempo de estar buscando y no conseguirlo, casi cuando estábamos por bajar los brazos, gracias a esta petición quedamos embarazados. Y así vino nuestra tercera hija. Un regalo del cielo. Una imagen muy fuerte de la presencia de Dios.

A pesar de todo esto, las búsquedas internas no cesaban. Por temas laborales me la pasaba viajando de un lado a otro y la soledad era algo que me perseguía constantemente. Una soledad extraña, porque yo tenía mi familia bien constituida y sin embargo no dejaba de darme vueltas por la cabeza. Y en esa búsqueda, oigo de un retiro que decían que apuntaba a hombres en la mitad de la vida. Y eso me hacía mucho ruido porque parecía ser algo de lo que yo estaba buscando. Con lo cual me anoté. Pero la primera vez un avión me dejó varado sin poder regresar a Buenos Aires y me lo perdí. La segunda vez a mi mujer le agarró una infección muy fuerte con fiebre muy alta que me obligó a quedarme en casa cuidándola a ella y a las chicas. Y la tercera vez, esa sí fue la vencida, porque dejé todo lo que tenía por hacer para poder ir a este retiro que sentía que necesitaba. Y así fue. Encontré todo aquello que estaba buscando. Encontré a aquel que me sostenía. Lo que venía haciendo con desconfianza empecé a hacerlo con confianza. Volví a sentir que alguien me llevaba. Fue un encuentro muy fuerte. Y toda esa soledad que yo venía sintiendo desde la adolescencia se esfumó en el momento de la adoración. Sentí una compañía muy importante por parte de todos los que estaban ahí. Y hoy se mantiene así. Me regaló compañeros nuevos para transitar el camino que resta. Una tripulación nueva de amigos que jamás hubiera pensado tener. Dejé de estar solo. Pero lo más importante es que dejé de sentirme solo.

Sin comentarios

Eucaristía endovenosa

(fuente de la imagen)

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 46 años …

Tuve la suerte de nacer en un hogar muy lindo donde mamá y papá se llevaban muy bien. Con una infancia tierna y feliz. Donde papá era abogado y mamá era escribana. Me mandaron a hacer la primaria en un colegio Salesiano del interior. Y Gracias a esa instrucción religiosa pude relacionarme con el “momento” que les voy a contar después. Hice toda mi carrera y me recibí de lo que me recibí por seguirle los pasos al hermano menor de mi papá. Un tío al que quiero mucho y fue de una gran ayuda para mí durante mi adolescencia, para no desbarrancarme. Mis padres eran muy creyentes pero mi madre ya rozaba el perfil de lo que uno llamaría “chupa cirios”. Eso hizo que mi adolescencia, por mi personalidad, fuera bastante virulenta. Y yo atacaba a mi madre en las partes más sensibles que ella tenía y veía que la Iglesia era una de ellas. Entonces podía llegar a hacerle un comentario como por ejemplo, en el silencio de un almuerzo familiar preguntar en voz alta “porqué la Iglesia está llena de boludos”. Mi padre, a quien yo admiraba intelectualmente me decía, qué podés esperar de un lugar que no hace falta que te inviten, y una vez que estás adentro nadie te puede echar. Y me sentía orgulloso de ver a mi madre bajar la cabeza, con cara de dolor, para pasar el momento. Y hoy, más de 30 años después, pienso que lo que ella debería haber estado haciendo en esos momentos era rezar. Ya que esas oraciones fueron las que a mí me ayudaron a sobrevivir a lo que yo llamo la caída de mis Torres de Ego.

Mi primera experiencia profesional fue ganar un proceso de selección entre más de 3000 postulantes, para poder venir a trabajar a una empresa en Capital. Y al año de estar trabajando ahí me contacta una multinacional y también entro a través de un proceso selectivo multitudinario que lo único que hacía era ir agrandando en mí esa idea, que hoy veo equivocada, de que todo lo conseguía porque yo era brillante y el mejor en lo mío. A los 4 años de estar ahí, logro mi primer objetivo profesional que era convertirme en un ejecutivo de primera línea y una vez en ese puesto mi empresa compra otra similar que había en el país y al terminarse la competencia local, me envían a otro país para abrir una subsidiaria.

A los 3 años de eso la compañía me invita a radicarme en Oriente. Pero la realidad es que como yo quería convertirme en empresario, no quería irme sino avanzar solo. Sumado a eso, el hecho de irme lejos no me tentaba. Mi papá había muerto mientras yo estaba en otro país y como él era mi mejor amigo y yo no estaba presente, eso me afectó muchísimo el no poder acompañar el proceso. Mis hijos conocían el himno de aquel país y no conocían el nuestro. Muchas cosas. Entonces dije que no y me fui a empezar la vida de los negocios propios. Pero sin un plan preconcebido. Donde comienzo un período de prueba y error y termino enfrentando más fracasos que éxitos. Donde un negocio me sale mal y el siguiente me sale peor. Y por algo que ocurrió paso a estar en bancarrota y sin ninguna actividad que me generase ingresos para vivir. Y esa situación límite me provocó una angustia tremenda, muy, muy fea, y que no estaba en condiciones humanas de resistir sin apelar a medidas extremas muy feas y la primera que se me ocurrió fue quitarme la vida. En cuanto empecé a tramar la forma de hacerlo, rápidamente me vinieron a la mente todas las ideas de la cultura católica en la que uno fue criado. Porque uno puede estar enfermo de soberbia, como era mi caso, una soberbia interior que me dificultaba la relación con Dios porque pensaba que lo bueno me pasaba era porque yo era bueno y que cuando iba a misa Dios tenía que ponerse contento porque le subía el promedio de la gente que asistía. Y esta experiencia de quebrar y tener que morder el polvo, me provoca esta angustia que cuando empiezo a tramar el plan de cómo matarme me acuerdo de estas ideas en las que si fuese cierto lo que la Iglesia Católica enseña sobre que Dios mandó a Jesús, su hijo, a la tierra por amor y así nos abrió las puertas del cielo; en realidad nosotros no somos dueños de nuestras vidas sino simplemente administradores y por lo tanto no tenemos la potestad de decidir cuándo termina. Y en el caso de hacerlo, es una decisión tan grave que implica no poder disfrutar del placer de la vida eterna. Que para el caso, tampoco creía demasiado en ella. Pero se me manifestó la posibilidad de pensar “y si fuese verdad, huevón, vos te matás y quedás inhabilitado”. Y ahí me puse a pensar qué juego tan macabro este el de la vida, quién lo habrá inventado así. Y me vino el nombre de Dios a mi mente. Entonces busqué la iglesia más cercana a donde yo estaba en ese momento. Caminé un par de cuadras y entré. Estaba enajenado. Fui derecho al Santísimo. Pasó muchísimo tiempo. No sé muy bien cuánto habré estado ahí ni qué fue lo que hice. Sí recuerdo haberme parado frente al Santísimo y con total franqueza decirle “vengo a buscar al dueño de este juego de mierda y ya que sos vos, en el hipotético caso que sea verdad que existís, yo me quiero matar. Pero como si me mato y es verdad que existís, me pierdo el pase a la vida eterna, que de existir, sería el mayor tesoro, te pido que te hagas cargo de mi vida porque yo no quiero vivir más.” No sé si pasaron 3, 4 o 5 horas ahí adentro. Vuelvo a tomar conciencia cuando ya la Iglesia estaba vacía y yo estaba desparramado en el piso boca abajo. Habiendo estado ahí tirado, llorando, sólo me llama la atención que no se me hubiera acercado nadie. Aunque es mejor que así haya sido. Pero es raro, porque había gente cuando yo llegué.

Evidentemente no me quité la vida, ni me morí. Con lo cual yo interpreto que fue la manifestación de la misericordia porque realmente el Señor se hizo cargo de mi vida. Ahí empieza el proceso, durísimo, de mucha incomodidad y mucha insatisfacción, sobre todo para una persona que estaba enferma de soberbia. Pasar por 3 o 4 situaciones de tener que caer hasta morder el polvo no es fácil. Recuerdo la primer noche en la que le confieso a mi mujer lo que había pasado y le digo, llorando desconsoladamente, que no tenía plata ni para ir a comprar la comida. En otro momento, cuando tuve que ir a la obra social para darme de baja por no tener más plata para pagar. Y uno que otro episodio más de esa índole.

Y el proceso tuvo distintos hitos que voy rescatando. El primero de ellos fue a los 4 o 5 meses. Yo nunca dejé de ir a misa los domingos. Y en la parroquia a la cual asistía después de volver a Buenos Aires en el 2011 el párroco, que poco nos conocía, me dice que nos acercáramos con mi mujer al finalizar la misa que quería hablar con nosotros. Y nos ofrece, nada más y nada menos, que ser Ministros de la Comunión. Mi primera reacción fue decirle que era un inconsciente, cómo podía nombrar a alguien a quien poco conocía, que podía ser un delincuente, para semejante misión. Pero aceptamos. Y mi mujer feliz de la vida porque si yo no me hubiera acercado así a Dios, hubiera sido un obstáculo para ella en su vida cristiana. De todas formas, yo no podía abrirme completamente a la Gracia que Dios estaba queriendo derramar sobre mí para sanar mis heridas, de las cuales todavía ni siquiera era del todo consciente. Y unos 8 o 9 meses después de esto, el día de mi cumpleaños, salgo al balcón de mi casa y me encuentro hablando con Dios diciéndole “Señor, yo nunca te pedí un regalo de cumpleaños y con lo necesitado que estoy que bien me vendría que me hagas uno porque vos sabés bien lo que me está doliendo todo esto. Entonces, te pido, por qué no me hacés un buen regalo, un lindo regalo. Yo te voy a facilitar las cosas y voy a ir a misa.” (para mí, ir a misa entre semana era algo de locos, por eso era un gran sacrificio de mi parte). Me fui a la misa y me encontré con que el cura que estaba celebrando era nuevo en la parroquia pero sabía que era mi cumpleaños porque alguien se lo habrá dicho entonces como sabía que yo era Ministro me invita a comulgar bajo las dos especies. Y me saluda frente a los pocos fieles que estaban en la misa semanal. Y cuando termina la misa, me estoy retirando por la puerta del costado y me tocan la espalda, me doy vuelta y el cura que había celebrado me dice, “hoy es tu cumpleaños, te quiero hacer un regalo, te invito a un retiro.” En esas milésimas de segundo que uno no sabe para dónde escaparse, mientras que mi mente pensaba, por un lado, cómo decirle que no educadamente, y por el otro lado miraba el cielo diciéndole si era un chiste que el regalo que me iba a mandar era ese; se me vino una frase de mi padre que siempre nos enseñaba que a caballo regalado no se le miran los dientes. En lugar de decirle que NO de una, me salió preguntarle con una voz aflautada, “un retiro?”. Y él me explica, luego de saber que yo cumplía 43 años, que era un retiro para gente que estaba en la mitad de la vida, que él creía que me iba a gustar mucho y me iba a hacer mucho bien. Entonces encontré la excusa ideal para esquivar la bocha que fue confesarle que estaba pasando por una crisis de generación de ingresos terrible y la verdad que no tenía ni 5 de ganas de hacer ningún retiro de nada porque no podía pagarlo. Y me cierra la boca diciéndome que me olvidara que eso no era un problema, que él me invitaba. Y bueh, ahí ya no tuve mucha opción ni escapatoria y ahí nomás ya me pidió mi mail a donde me mandó la ficha para que me inscribiese y ese fue el regalo que me mandaba Dios para mi cumpleaños. Que se convierte en un hito porque cuando hago ese retiro, lo que más me impactó fue el estilo de quienes lo daban. Porque en ese fin de semana me di cuenta que no entraban en el típico perfil de la gente que pertenecía, para mí, a la iglesia. Eran pares míos. Yo ya no era el mejor de todos. Y ahí vi que si ellos eran Iglesia, yo no tenía más un problema en pertenecer a la misma. Y me abrió los ojos de una manera impresionante. Ahí sentí que las paredes que yo mismo había levantado para contra la iglesia misma se derrumbaban y sentí que la Gracia me inundaba por completo. Empecé a ir a misa entre semana. Fui un día y me gustó. Fui al día siguiente y me encantó. Incluso llegué a ir a 2 misas diarias porque la autonomía de paz me duraba sólo 3 o 4 horas. Ahí es donde yo me invento el concepto de la eucaristía endovenosa. Porque sentía que venir a comulgar me daba paz. Y era una paz que recorría todo mi cuerpo.

Gracias a Dios, ese proceso, hoy, ya terminó. Desde hace casi 2 años que intento ir a misa diariamente. Me encanta ir a misa. Algo que consideraba de locos y casi paranoico que era ir a misa entre semana, es algo que a mi hoy me fascina. Veo y entiendo que la intervención de Dios fue muy clara en aquel momento, permitiéndome caer desde las Torres del Ego para poder vaciarme, abandonarme y confiar en la Providencia.

Me siento un mimado de Dios

(Fuente de la imagen)

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 48 años …

Vengo de una familia donde tuve una infancia con ausencias. Una ausencia de mi madre y una presencia muy activa de mi padre. Papá tuvo 3 varones y una mujer. Criándonos en la década del 70. Con lo que eso significa en este país. Y de un día para el otro se quedó solo. Sufriendo el abandono de su mujer. Nuestra mamá. Y sin saber qué había pasado tuvo que decidir sobre la marcha qué hacer. No había ningún tipo de conflicto o idea de algo que hubiera pasado como para sospechar porqué ella, de un día para el otro, había decidido irse, sin aviso. Y dejándolo a cargo de esa situación y con la desorientación propia del momento. Tratar de ubicarnos para que no sufriéramos. Con la ayuda de su familia. Que le dieron una mano con la crianza y la ubicación nuestra. Yo tengo un hermano gemelo y después tenemos un hermano más grande y una hermana más chica.

Mi papá era mecánico y trabajaba en un taller en Pilar. Nosotros vivíamos en José C Paz. Y cuando teníamos 8 años consiguió una guardería en Pilar que le quedaba cerca del trabajo. Entonces todos los días nos íbamos con él en tren, nos dejaba en la escuela, al mediodía nos cruzaba a la guardería y a la tarde emprendíamos el regreso juntos, caminando hasta la estación y a esperar el tren que nos llevara de vuelta a casa. Y hoy lo podría llegar a ver como algo duro. Pero en su momento, como chico y como hijo, disfrutaba de las aventuras de viajar todos los días en tren con papá. Y buscarle el lado positivo, ya que cuando estaba mamá, él estaba todo el día trabajando, y en cambio en la situación que nos tocaba, podíamos disfrutarlo muchísimo más. Y como chicos, nos fijábamos en eso. Antes trabajaba de sol a sol y lo veíamos sólo los fines de semana. En cambio, cuando mamá dejó de estar lo veíamos de una forma más humana, mucho más presente. No era el que ponía sus “Grandes Valores del Tango” los miércoles a la noche sino que era el que estaba y nos acompañaba al colegio. El que nos cuidaba. Tal vez con sus limitaciones, siendo una persona formada con el poco diálogo, nos hizo aprender que desde los gestos estaba implícito lo que era el amor de un padre. Así fue nuestra infancia. El primer año, los mellizos siempre juntos y el hermano mayor y la hermana menor en la casa de mi abuela. Y al año siguiente nuestro hermano mayor se sumó a nosotros. Y nuestra hermana se crió con la abuela. Pero otra vez mirando el vaso lleno, rescatando el haber podido disfrutar de nuestro crecimiento, los 3 varones, con papá; sin pensar tanto en la ausencia de mamá.

La familia de mi papá era toda de zona sur. Y nosotros estábamos en José C Paz. Entonces ir a visitarlos era muy de vez en cuando. Y los tiempos no daban para ir más seguido. Pero era parte de lo que teníamos que vivir para visitar a la abuela y a nuestra hermana. Hoy la abuela tiene 98 años y una lucidez privilegiada, con lo cual, la puedo visitar bastante más seguido que en esas épocas. Y siempre con el fiel recuerdo que de chicos, si bien era la mujer que había dejado a su hijo y nietos abandonados, ella nos hacía rezar por nuestra mamá. Y sin embargo nunca hubo ningún tipo de reclamo ni cuestionamiento de su parte. Y nos ayudó a nosotros a crecer entendiendo que habíamos tenido una mamá que había cometido un error y nosotros teníamos que tener el corazón abierto y ejercitar el perdón para que llegado el caso que ella volviera, fuera bien recibida. Y nos crió con ese corazón blando y sin rencor.

Y así transitó nuestra infancia. Con un papá, también, muy presente. En la adolescencia, acompañándolo y trabajando de mecánicos con él. Y aprender con él el oficio también fue algo interesante. Y si bien no era algo que me gustara, nos hacía entender que era lo que había que hacer. Convengamos que en esa época no se los cuestionaba a los padres. Se hacía lo que ellos decían. Y se ve que nos crió con una vocación de trabajo bien marcada, ya que hoy, los 4, estamos en la docencia. Los 3 varones ya somos maestros y nuestra hermana está estudiando para serlo. Y verlo a papá con sus 82 años, orgulloso de sus hijos es algo que a uno lo pone contento. Verlo grande y poder disfrutarlo. Y la historia que nos tocó vivir es la que, tal vez, nos ayudó a todos a crecer como familia.

Y así es como comienza mi vida de adulto. En la cual me pregunto en qué momentos está Dios? Y Dios está siempre, a pesar que en algunos momentos sintamos que no está presente, sí lo está. Si Dios no hubiera estado de chicos, cualquiera de los 4 podría haber caído en la delincuencia o cosas peores, ya que la calle te invita a todo.

Ya pasada la adolescencia, uno de mis hermanos tuvo la necesidad de encontrar a mamá, de conocerla. De salir a buscarla. Y ahí lo acompañamos todos. De hecho papá también estuvo al tanto de lo que necesitábamos, de cerrar parte de nuestra historia. Siempre teníamos que contestar que nuestros padres estaban separados y sin embargo esa no era la verdad. No veíamos a nuestra madre porque ella nos había abandonado.

Y al principio, esa búsqueda no nos condujo a ningún lugar. Cuando teníamos más o menos 26 años, un abogado le dijo a mi hermano que tenía que ir a La Plata, al Registro. Que ahí le iban a decir realmente si había fallecido o si estaba viva, dónde. Y por una de esas casualidades cuando mi hermano va a contar la historia, la persona que lo atiende entendió que nuestra madre era una desaparecida por los militares, ya que todas las fechas encajaban, y le dio la dirección de donde la podíamos encontrar. Algo que habíamos estado buscando durante tanto tiempo con abogados y demás yerbas, nos fue dado por una mala interpretación en una mesa de entradas. La cuestión es que fuimos a esa dirección a ver con qué nos encontrábamos en esa calle que nos habían dado anotada. Y de pronto nos encontramos que estábamos en una villa, una de las más fuertes de esa zona. Y como no conocíamos nos pusimos a caminar. Hasta que una vecina vio que no éramos de ahí y nos dijo que nos apuráramos a salir porque si se daban cuenta no íbamos a salir más de ahí. Y nos acompañó. Pero en el camino de salida, nos llevó al a casa de otra señora que tenía el listado de la gente que vivía ahí adentro, para el tema de los planes sociales, a ver si podía ayudarnos. Habíamos tenido que decir que buscábamos a una persona que había trabajado en la casa de unos amigos y que queríamos saber cómo estaba; porque sinó no nos iban a ayudar. Sin embargo esta mujer nos dice que no conocía a nadie de esas características. Y nos volvimos a casa.

Al día siguiente, mi hermano, sin decirle nada a nadie se tomó un colectivo y volvió a este lugar para hablar bien con esta señora que manejaba la lista de nombres y contarle la verdad, que a quien buscábamos era a nuestra madre. Y le dijo que no, pero que le dejara un teléfono que si sabía algo le iba a avisar. Y cuando mi hermano se va esta señora se da cuenta que efectivamente estaba nuestra madre en el listado así que decide ir a verla y decirle lo que estaba pasando. Pero mi madre, que nunca se hubiera imaginado esto, dice no conocernos y que no sabía por qué la andarían buscando. Pero cuando la hija de esta señora le dice que eran unos chicos muy parecidos, que podrían llegar a ser mellizos, ahí mi madre se da cuenta que éramos nosotros, y le dice a esta señora que nos llamara y que nos iba a recibir, pero que fuéramos solos.

Fue un reencuentro demasiado tenso. Lo que más me llamó la atención fue que no pudo reconocer cuál era yo y cuál mi hermano mellizo. Que una madre no reconozca a sus hijos es muy duro. Y ella pensó que estábamos buscando hacerle algún tipo de reclamo. Una de las primeras cosas que me dijo fue qué era lo que ella había dicho al momento de irse. Y eso era un sentimiento de culpa que yo tenía porque era algo que me había dicho a mí y que yo nunca le repetí a nadie. Porque yo había sido quien le había alcanzado el bolso con ropa pensando que ella se iba a quedar una semana con cama adentro de doméstica en la casa que estaba. Y nunca lo dije ni siquiera a mi mellizo, que cuando me escuchó decirlo en ese momento quería comerme con la mirada. Y de a poco el clima se fue ablandando, le fuimos contando nuestra historia, mostrando fotos. Poco a poco dejábamos de estar tensos. Para esta altura ya sabíamos que tenía otra hija, que era de esperar. Y de ese día tengo el primer recuerdo de ella cocinándonos algo. Porque de mis 7 años para atrás yo tengo todo absolutamente borrado. A propósito o inconscientemente pero no recuerdo nada de mi infancia. No tengo olores. No tengo sensaciones.

Y después de ese día nos vimos un par de veces más. También pudo reencontrarse con nuestro hermano mayor. Y a pesar de no vernos asiduamente, eso nos ayudó a cerrar un poco nuestra historia. Queríamos tratar de entender. Sin embargo, hoy, al día de la madre yo voy a pasarlo con mi abuela.

Y Dios también estuvo en la muerte de nuestro hijo. Habíamos hecho varios tratamientos de fertilidad hasta quedarnos embarazados. Y cuando estaba llegando la fecha del parto su corazón dejó de latir y lo perdimos. Como estaba avanzado el embarazo y estaba en riesgo mi mujer tuvimos que ir a cesárea. Y en ese momento nos sentimos muy acompañados por la familia. Dentro del gran dolor y en el silencio del último adiós, escuchar al sacerdote que al mismo tiempo que lo despedíamos lo estaba bautizando y llamándolo por su nombre fue algo celestial. Como que el corazón se me serenó. Hasta ese momento yo solo tenía la imagen de ver su cuerpito sin vida y un silencio nuevo. Ensordecedor. Que nunca había experimentado. Y ahí sentí la presencia de Dios, que nos invitaba a estar calmos. Y después de la experiencia, mala, en la clínica, poder tener un lugar para poder ir a visitarlo. Y sin la serenidad y la calma al sentirme acompañado por Dios, hubiera sido muy difícil lograr que nos dieran el cuerpito de nuestro hijo.

Y a pesar de todo esto, hoy me siento un mimado de Dios. Porque con todas las piedras que tuvimos en nuestro camino, Él siempre estuvo cuidando de mi familia.

Esto también nos llevó a tratar de ser padres adoptivos. Ya estamos encaminados. Y es un tema muy hablado. Hay que entender que uno acá también puede brindar amor. Hoy no podemos ser padres biológicos y entonces logramos entender, como pareja, que podemos brindarle a alguien nuestro amor y por eso estamos esperando que se nos den todos los papeleríos para llegar a buen puerto con eso. Y si Dios quiere, próximamente, será realidad.

Sin comentarios