Yo volví a Dios para agradecer

 

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Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 48 años …

 

Me acerqué de vuelta a Dios sin darme cuenta. Vino un muy amigo mío que me pidió que le regalara un fin de semana y como ni me imaginaba para qué era, confié en él y le dije que sí, después de todo, nos conocemos desde que tenemos 5 años. No sabía a dónde me llevaba. Me puse en sus manos.

Resulta que terminé encontrándome a mí mismo en un retiro. Y una vez ahí, a medida que pasaban las horas, sólo pude comprobar que Dios estaba ahí. Que pasó por delante mío y pude verlo. Que pude verlo en el otro.

Ahora que ese retiro ya pasó y que lo puedo ver en retrospectiva, me doy cuenta que en realidad Dios siempre estuvo. Era que yo no sabía verlo. El retiro me sirvió para confirmar que Él está. Y también para darle forma a esa frase que todo el mundo repite muchas veces y es que el picaporte en nuestro corazón está del lado de adentro, somos nosotros los que tenemos que abrir esa puerta.

Yo llegué al retiro, a diferencia de la mayoría de la gente, siendo un tipo feliz. Estando bien conmigo mismo. Teniendo una buena familia. Sin problemas serios. No vengo de una vida complicada ni difícil que me llevara a recurrir a Dios para pedirle. No, muy por el contrario, me ví agradeciendo. Y pude comprobar que mi vida después de ese retiro fue infinitamente más feliz de lo que ya era. Me sensibilizó en un montón de cosas. Aprendí a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida que antes ni siquiera reparaba. Lo que sí es curioso es que los golpes me empezaron a venir después. Como la muerte temprana de un ser querido, por ejemplo. Y las cosas se pusieron un poco más difíciles. Pero de vuelta, Él apareció recordándome que estaba a mi lado. Apareció en el momento que tenía que aparecer y yo me aferré a él. Yo volví a Dios para agradecer, y no para pedir.

A partir de aquel retiro yo siempre me acerco para agradecerle. Laburo muchísimo pero como hago lo que me gusta se me hace muy corto el día. Se me pasa volando y con una adrenalina de la linda. Aprendí a poner en balance y a convivir con mi familia de una forma diferente. Aprendí a disfrutar momentos con mi familia distintos a los que tenía antes. Mucho más profundos y mucho más procesados. Y eso, creo, no podría haberlo hecho si no me hubiera reencontrado con Dios y conmigo mismo. Y encontrar este espacio para ir y rezar. Yo había dejado la oración de lado y reencontrarme con él fue volver a rezar.

Por ejemplo, a mí me pasaba de no llegar a entender una Adoración. No lograba enganchar. Y Monseñor Eguía me contó una historia tan simple como que una monjita decía “es muy fácil. Yo me paro delante de él. Lo miro y él me mira. Si quiero le hablo y si quiero lo escucho.” Y eso me hizo ver lo fácil que era y lo puse en práctica. Y hay miles de veces en las que yo también me paro a verlo y le hablo, le agradezco. Y otras en las que quiero escucharlo simplemente me quedo en silencio. Escucharlo es parar. Es mirar en mi interior. Es contemplar. Y también tengo la confesión. Dios es todo misericordioso y si yo estoy profundamente arrepentido me va a perdonar. Y para el futuro hay que creer en su providencia. A veces nos cuesta. Pero se puede. Todos tenemos todo para ser felices. Entonces, con todo esto sobre la mesa. Reencontrarme con Dios fue pura felicidad. Puro abrir mi corazón y sensibilizarme. Y una de las cosas que me pasa después de haber hecho aquel retiro es emocionarme cada vez que tomo la comunión. Son pocas las veces que voy a comulgar y no vuelvo con lágrimas en los ojos. Es un momento de reencuentro con Dios que a mí me marcó muy fuerte. No tengo una respuesta a esa reacción, pero es algo que me emociona profundamente. Y fue muy complicado intentar explicárselo a mis hijos. Es una emoción linda. Un llanto de alegría y de poder encontrarnos los dos en un momento único. No es algo que busco cada vez que voy a misa, sino algo que se da sistemáticamente por obra del Espíritu Santo. Y me encanta que me siga pasando. Afortunadamente es algo que no puedo controlar. Ojalá me siga pasando siempre. Con mis hijos y mi mujer compartimos la misa. Y ellos aceptan esto que me pasa pero no es que lo conversamos cotidianamente.

A mi YO de hace un par de años le diría que tonto que fuiste por no haber abierto antes el corazón. Cuántas cosas te perdiste por no haberlo hecho antes. Me reprocho el no haberme dado cuenta antes de todo esto.

Pero ahora trato de compartirlo con quien se me cruce. Y seguir participando me produce una alegría y un placer enorme, a pesar de la demanda que significa. Pero al final del día, cerrás los ojos y ves que Jesús pasó. Que todos pudimos verlo. Y a esto lo tomo como mi propio proceso de evangelización. Uno a veces se pregunta qué hacer para salir a Evangelizar y para ir a las periferias como dice el Papa Francisco. Y creo que el compartir todas estas cosas y entregárselas al prójimo es un claro ejemplo. Yo no soy el mismo, por ejemplo, con el retiro que sin el retiro. A mí me ayuda. Le agrega calidad al tiempo que después le dedico a mi familia. Siento que me hace mejor papá. Mejor marido. Mejor hijo. Mejor sobrino. Mejor amigo. Y cada vez que lo vuelvo a hacer lo vivo de una manera diferente y salgo distinto de cada uno. Podría tomarse como algo egoísta porque es algo para mí. Pero en definitiva es algo para poder compartir con los demás.

  • Agustina Tocalli Beller

    ¡Qué buen testimonio! Gracias. Un abraZo y muchos reZos agradeci2.

    • http://blogs.lanacion.com.ar/parroquia-online/ Michel Thibaud

      Gracias Agustina. Están todos invitados a participar con su testimonio …