Creo, Señor, aumenta mi fe

 

Nos encontramos en tiempo de Cuaresma y me pregunto si realmente si nos estamos preparando para la pasión, muerte y resurrección de Jesús. ¿Lo estás haciendo?

La palabra Cuaresma viene asociada con las de oración, penitencia y ayuno. Es un tiempo litúrgico para la conversión de nuestras vidas, de nuestro corazón para llenarlo del amor de Cristo, tiempo de caminar hacia nuestro Señor.

Orar. En la Cuaresma principalmente implica estar en constante oración con Dios, porque sin ella es muy difícil estar cerca de nuestra fe. Rezar fortifica nuestra relación con Dios y también genera paz alimentando nuestra alma. Ya que es un momento de cambiar, nuestra oración podría estar inundada de agradecimientos. Muchas veces nos olvidamos de dar gracias y nos quedamos solo en el “Te pido por favor, Señor…”. Aprovechemos para agradecer y quizás si pedimos, pedir por él prójimo y no tanto por nosotros.

Ayunar. Ayunar no solo de ciertos alimentos, sino también de actitudes, acciones, respuestas. Dejar de lado el egoísmo, la envidia, los celos, el enojo, la ira y todos aquellos sentimientos que nos alejan de Jesús. ¿Qué haría Cristo en mi lugar? Podríamos preguntarnos cuando nos encontramos frente a una situación que no nos agrada, es difícil o no sabemos cómo actuar.

Penitencia. Implica el real y sincero arrepentimiento por nuestros pecados y nos induce al sacramento de la Reconciliación a partir del cual recibimos el perdón de Dios y nos acercamos mucho más a Jesús. Conlleva nuestra transformación, pensando qué es lo que nos aleja de nuestra fe.

Busquemos cada día del tiempo Cuaresmal: encontrar a Jesús en el prójimo,  en la oración y en nuestra actitudes. ¿Te proponés hacerlo? Si no lo hiciste, no es tarde. ¡ANIMATE!