Dios en un mundo en guerra

 

Una de las cosas que más me gusta de vivir en Buenos Aires son las librerías de segunda mano. Las de libros nuevos sólo tienen en forma fragmentaria los libros que se leen en el resto de Occidente, y algunos libros argentinos que afuera del país son difíciles de conseguir.

Pero las verdaderas sorpresas se consiguen en las librerías de viejo. Aparece otra Argentina, la herencia de una Argentina que cultivaba las artes y las letras, de una cultura más amplia. El deterioro de la cultura media se dio en todo Occidente, en América con más fuerza aún. Cada cierto tiempo a América le da la sensación de que se está perdiendo el tren de la historia: de ahí los excesos y fanatismos que se producen con cada movimiento europeo.

Al margen de esas opiniones, hoy quería hablar de un librillo que encontré en una de mis librerías preferidas: God in a World at War por John Hadham.

Fuente: Mercado libre. http://mla-s1-p.mlstatic.com/god-in-a-world-at-war-john-hadham-13677-MLA74557797_4846-O.jpg

No tengo la menor idea de quién es John Hadham. Lo que busqué de él por Internet no me dio muchos resultados. Sólo sé que es un hombre versado en teología, probablemente sacerdote anglicano, que sirvió en la Primera Guerra Mundial y que escribió un par de libros dentro de esta colección de la editorial Penguin (Y que yo poseo dos de estos).

El libro fue escrito en 1940, una momento muy difícil para el Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial. Trata brevemente algunos temas referidos a esa época en concreto (como piensa él que se llegó a ella, algunas cuestiones respecto de la cultura alemana y otra cosa más), pero más que nada se trata de un gran tratado acerca de la responsabilidad del libro albedrío, y del plan de Dios para los hombres.

Acá quiero rescatar unos pasajes.”El amor de Dios, dice, no es como el amor que existe entre marido y mujer, ni entre amigos, es el perfecto amor de un padre a un hijo; un amor que será siempre, de algún modo, desigual. Un padre es un ejemplo para sus hijos, sufre con sus sufrimientos y se regocija en sus alegrías, comparte sus problemas y angustias. El amor de un padre no está constantemente pidiendo gratitud, pidiendo una respuesta: busca oportunidades para darse. La pena de Dios surge de la ayuda rechazada, no de los agradecimientos no dichos. Como un padre humano querrá, de vez en cuando, regarle algo a sus hijos sin que éstos lo sepan, y encontrará una completa satisfacción en el aceptar y usar ese regalo.

Da a sus hijos grandes cosas, y pequeñas cosas. Les da regalos que no piden, y cosas que piden y necesitan. Les ha dado un mundo de una inacabable belleza y riqueza, inteligencia para dirigirlo, manos para moldearlo, ojos y orejas para entender sus posibilidades; y se los ha dado libremente y sin condiciones. El uso o abuso que hagan de él es su responsabilidad. E incluso dentro de ese mundo les ha dado numerosas bellas cosas “inútiles” para su deleite, flores, joyas, hermosas maderas y metales, esencias y música, todas esas cosas que dan alegría y felicidad a los hombres. Esos regalos se los da a todos los hombres, buenos y malos, ateos y santos, pero algunos sólo los puede dar a aquellos que los piden.

Pero si hay algo que no puede dar a los hombres es seguridad. Aquellos cuya mayor ambición sea una vida segura y cómoda deben buscarla en otra parte.”

En una época tan pendiente de lo cómodo que se vive, que sólo queremos saber cómo vivían los hombres de antes para saber si sus vidas valían la pena, esta frase nos llama poderosamente. El dolor, al que tanto miedo tenemos (yo, el primero de todos) nos despierta del sueño del placer para mostrarnos que hay cosas más importantes en la vida. Que hay cosas por las que vale la pena luchar. Que cuando el deber llama, no tenemos que estar pendientes de si estaremos cómodos o a gusto en esa nueva situación.

Y también nos llama a nuestra responsabilidad con el mundo. No leí todavía la encíclica Laudatio Si del Papa Francisco, pero creo que se relaciona con la responsabilidad en el cuidado del mundo.

Si siguen conmigo para la próxima, les traeré otros pasajes de este librito hermoso, y si Dios quiere, algo más sobre las encíclicas, qué son exactamente y cuáles son las que a mí más me llaman.

Hasta la próxima.

  • josefina

    Sí, quiero más, por favor!! Eso sobre las “bellas cosas inútiles” que nos deleitan y el dejarlas si el deber nos llama…aunque no estemos cómodos o a gusto. Altruismo le decían…

  • http://blogs.lanacion.com.ar/parroquia-online/ Francisco Videla

    ¡Muchas gracias por tu comentario, Josefina! Es interesante ver cómo, en una época tan centrada en el placer, hay cosas “inútiles” que se dejan de lado, entre ellas, gran parte de la cultura.