Amigos invisibles que vemos sin mirar

Ayer, en vísperas del 14 de febrero, recibí muestras de amistad inesperadas de parte de dos personas que casi no conozco, pero veo más seguido que a amigos muy cercanos. Sus testimonios, sonrisas y dedicación valen la pena compartir.

 El Señor Chucho 

Hace siete años que en el colegio de mis hijos alguien me saluda y solicita Seguir leyendo

#NoEstresciembre

Oficialmente ya llegó el mes de “Estresciembre”. Un mes de 31 días, pero con 11 cenas de fin de año, 17 brindis, 9 desayunos a título de “veámonos antes de las fiestas”, 4 platos que te tocan cocinar, miles de Santa Claus clonados por toda la ciudad, 3 amigos secretos para sorprender, todos los parientes para saludar y 5 colectas de juguetes para donar y tantas sorpresas como podamos comprar. Ya para cuando llega el día 25 se nos agotaron las horas, los saldos, el presupuesto, las ideas y la energía. Seguir leyendo

Las falsas alternativas

Es A o B“, “Soy blanco o negro“, “no tengo punto medio“, y tantas frases cliché que contraponen dos alternativas. Nuestro día a día se va entretejiendo de estas dicotomías, donde no se percibe escapatoria.

Nos imaginamos viviendo entre la espada y la pared. La espada de hacer lo que creemos que debemos hacer y la pared de sentir que no sabemos hacer otra cosa. ¿Qué harías si no tuvieras miedo de fracasar? ¿Qué harías si no tuvieras miedo de equivocarte? ¿Qué cambiarías si no persiguieras a toda costa la seguridad?

Es cierto que el principio de no contradicción tal como lo enunció Aristóteles:

es imposible que, al mismo tiempo y bajo una misma relación, se dé y no se dé en un mismo sujeto, un mismo atributo

En otras palabras, algo no puede ser y no ser a la vez al mismo tiempo. O se hace o no se hace. Por ejemplo, no se puede estar parado y sentado a la vez. Se está parado o se está sentado. No se puede hablar y callar a la vez. Se habla o se calla.

Sin embargo, muchas veces abusamos o falseamos este principio. A lo que apunto es que en momentos, se está en frente de dos opciones opuestas y en otros momentos, maniatamos esas opciones y las formulamos de manera tal que fueran opuestas. En el primer caso, serían verdaderas contraposiciones o alternativas contrapuestas.

El problema viene cuando vemos nada más dos opciones sobre el universo de posibilidades. Cuando es “seguir así porque no se puede cambiar”, “elijo esto porque no me queda otra opción”. Por ejemplo, continuar en un trabajo que no me gusta porque lo sé hacer o “es lo único que sé hacer”, seguir con tal persona por miedo a estar solos o no irme al gran viaje que quiero hacer por miedo a abandonar mis seguridades.

Fuente: http://www.hotel-r.net/im/hotel/gb/two-ways-2.jpg

El mundo se encarga de situar todo a un nivel de falsa alternativa. De que permanentemente creamos que no existe más opción que la que estoy tomando. Y dejáme decirte: si estás viendo dos alternativas como contrapuestas; tal vez estás errando el enfoque.

Tal vez, mejor ir a caminar y pensar: ¿qué harías si no tuvieras que tomar esa primera opción?

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Dedicatoria a mi Madre

La voz de mi Mamá la extraño. Mucho. La escucho igualmente varias veces de mi propia boca. Repito frases hechas, estrategias, motivaciones y regaños que yo misma recibía de niña. Repertorio clásico de una madre involucrada que intenta, triunfa y fracasa a diario en su misión de educar, estimular y emancipar a sus retoños.
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Pero hay dos frases de mi Mamá que son un credo en mi vida. No las digo. No las repito. Las vivo. O, mejor dicho, vivo y me esfuerzo para honrarlas todos los días. Seguir leyendo
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Pokémon GOD

Mi hijo de 14, justo antes de entrar a misa, mira su celular y yo lo miro. Me sorprende su expresión y averiguo de inmediato:
- ¿De qué te reís?
- Hay un Pokémon acá en esta iglesia, Mamá.
- Otra razón para venir a misa.-  se apuró a comentar su hermana.

La risa de todos fue inmediata, ruidosa y  breve. Pero su efecto y eco dentro de mí fueron largos e inquietantes. Seguir leyendo

Mamá, ¿por qué voy a catequesis?

Jesús calma la tempestad

El Evangelio de Mateo 4, 37-39 lee:
Se levantó un viento huracanado, y las olas rompían contra la barca que se estaba llenando de agua. Jesús dormía en popa sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se puso en pie, increpó al viento y ordenó al lago: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y sobrevino una gran calma.

En la vida enfrentaremos más de una tormenta. Y si tenés hijos, como yo, las de ellos te pesarán como propias y querrás ayudarlos siempre. Pero no hay que esperar hasta que se sientan amenazados, a punto de hundirse, para socorrerlos.

Diferencia, no te tenemos miedo.

Las diferencias que muchas veces asustan, son las que enriquecen y las que hacen al universo un poco como es y lo que es.

Permanentemente escucho historias de personas que realizan elecciones distintas a las que tomo yo o que incluso tomaría dadas las mismas circunstancias. Es una verdad universal: existen los que viven su vida de la manera en que quieren y yo, en efecto, pienso que también así lo hago. Sin embargo, ¿cómo es que cada uno toma diferentes rumbos?

El otro día tenía una conversación con una amiga diciendo: cómo nos parecemos ya la vez cuán distintas somos. Eso, me hizo reflexionar sobre aquello que nos unía: qué opiniones compartíamos o si en efecto, era el desacuerdo o los desencuentros de argumentos en variados temas lo que nos mantenía juntas. Aún hoy, no lo puedo definir. Porque siempre me motiva crecer al lado de personas que opinen y viven diferente. Pero ¿es sostenible en el tiempo? Me sorprende cómo el mundo tiene miedo de lo distinto y de lo desconocido. Por favor, ¡cuánta tolerancia y respeto por las decisiones de cada uno nos falta! (me incluyo claramente en esto).

Imagen obtenida de: http://corazontransicional.blogspot.com.ar/2010/09/caminos-diferentes.html

Somos únicos. En consecuencia, todo debería por definición ser diferente. Si no, ¿cuál es el punto de vivir? Nuestro lugar es único en el mundo, nadie repite nuestros mismos vínculos, relaciones, trabajo o incluso aunque tuviéramos la vida parecida a alguien ya sea por haber estudiado lo mismo y trabajar en el mismo lugar. La cruda realidad es que no existe otro como yo y – agárrense bien– no va a existir nunca. Al principio, puede generar pánico. Luego de amasar la verdad, de digerirla nos invita a lanzarnos a vivir un poco más intensamente. No hay tiempos para arrepentimientos por aquello que no hicimos. No existe el botón de volver atrás el tiempo. No hay un “contrl+z”. Entonces, si dejamos un espacio ocioso o calentamos una silla; en otras palabras, si sobrevivimos más que vivir o respiramos por inercia, es ahí mismo donde me animo a decir que estamos dejando algo vacante. No estamos saldando nuestra deuda con nosotros mismos, aquella de fidelidad a lo que somos y lo que podemos ser.  No estamos transformando nuestro pedazo de tierra, ni cultivando nuestros talentos o incluso, tampoco estamos mejorando. Simplemente, nos encontramos pagando al mundo el tributo por existir: un intercambio de dióxido de carbono y oxígeno.

Lejos de llamar a la soberbia, quiero que tengamos los cojones para plantear un poco la unicidad de cada uno. Visto desde esa perspectiva, casi por inercia terminemos por hacer algún aporte. Desde ese punto nace mi compromiso y mi responsabilidad por hacer de este mundo, un mundo mejor.

Cada uno es una persona única y en la medida en que nos hagamos conscientes de esa verdad, vamos a arrancar a vivir con los pies en la tierra. A embarcarnos, arriesgarnos, cambiar, romper, intentar y a volver a elegir. Volver a empezar. A no dejar de vivir. Básicamente, a dejarlo todo. Y a disfrutar la vida intentando dejar huella en el mundo.

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Libro cerrado, Maestro callado…

Los protagonistas: Matías y Mariana.

En estos días en que, en la Ciudad de Buenos Aires, la Feria Internacional del Libro se instala por 20 días, somos muchos quienes comentamos sobre libros y autores. Buscamos títulos, leemos críticas, escuchamos citas y vamos al encuentro de la cara y de la voz de esa pluma que finalmente nos dará su autógrafo y dedicatoria. Los libros nos atraen. Año tras año, surgen un sinfín de publicaciones. Siempre hay novedades, libros de moda y libros clásicos. Y hay un libro que es un clásico que nunca pasa de moda y siempre tiene algo nuevo que contar.

- Mamá, ¿qué es este libro?- preguntó Matías de 9 años.

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Lo que nos dejó esta Semana Santa

Terminando la Semana Santa del 2016, que no va a volver a repetirse, quería compartirles un poco el aprendizaje (o mejor dicho, los dos grandes aprendizajes) que tuve.

  1. Semana Santa es una oportunidad tremenda para crecer en comunidad.

Si uno se sumerge en el mensaje de Jesús, quien va viviendo cada paso hacia la muerte de Cruz y Resurrección, ve que en casi todo momento está acompañando. Elige estar con los demás. Pero lo más lindo de Jesús es que realiza esa opción misericordiosamente por sus amigos sin importarle que uno lo traiciona, otro lo niega y casi ninguno llega al momento culmine de su sufrimiento.

La Pasión de Jesús nos resalta la importancia que le da a la comunidad. Es más, me animo a decir que en estos relatos se encuentra la miseria de la Iglesia. Gente que no vela por Él cuando lo pide, gente que lo latiga, gente que le clava una espada en su costado. Pero Él sigue eligiendo vivirlo en comunidad. Porque el Amor por definición, necesita salir afuera de uno mismo.

Si vemos, Jesús comienza entrando en Jerusalén donde es recibido por una multitud, en la noche que va a ser atrapado celebra la Última Cena dejando en claro que el servicio a los demás es una de las claves para la vida, parte y comparte el Pan y el Vino, sienta en su mesa al enemigo, ora en el Huerto de los Olivos preocupándose por la Salvación de los que se quedan dormidos, durante el camino al Gólgota necesita a Simón de Cirene para cargar su Cruz, en el final trágico les habla a María y Juan, pide perdón por los que lo condenaron y salva al Buen Ladrón.

Básicamente, en todo momento, Jesús nos quiere decir que lo más importante que vino a hacer en esta Tierra necesita vivirlo con la gente. Ahí mismo, ya está presente el germen de una iglesia, iglesia humana que se equivoca, pero iglesia que acompaña.

fuente: forosdelavirgen.org

         Fuente de la imagen: forosdelavirgen.org

             2.Vivir mi vida como lo vivieron los apóstoles al Sábado Santo.

Me desperté el Sábado Santo preguntándome: ¿Qué habrán sentido los apóstoles ese Sábado Santo? Porque Jesús les había dicho que resucitaría pero bueno, “del dicho al hecho hay un largo trecho”. Supongo que se habrán  despertado más alegres pero expectantes, más tranquilos que el viernes pero con una pequeña duda. Sin embargo, ellos fueron al Sepulcro, rezaron y esperaron.

Lo que me llevé de esta Semana Santa fue que quiero encarar mi vida con ese sentir de los Apóstoles. Nadie sabe cuándo vendrá, cómo vendrá, ni cómo reaccionaremos en la Segunda Venida. Pero sí sé que quiero que mi vida sea una eterna vigilia esperando a Jesús, esperando el momento donde se cumplan las promesas. Pero para eso, tengo que vivir trabajando en la Tierra como si a cada segundo pudiera venir. Quiero entregarme por Amor en todo momento, crecer en oración y creer fervorosamente que mi vida vale la pena si me despierto cada día como aquellos apóstoles y corro al otro lado de la piedra del Sepulcro con sus ánimos y su fe. Porque al fin y al cabo, se trata de eso, de la fuerza de mantener una duda. Nadie sabe 100% ni tiene el pájaro en la mano, pero creemos sin ver y esperamos con fe.

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Semana Santa: ¡Qué burro!

© Arctic-Images/Corbis

Este fin de semana celebramos el Domingo de Ramos y el inicio de la Semana Santa, esos cuatro días que suelen traducirse en una “mini vacación”. Y no hay nada de malo en eso. O acaso ¿quién no aprovecha el feriado para dormir hasta tarde? Y, si es posible, ¿quién no busca escapar de la rutina y hasta del propio código postal? Repito, no hay nada de malo en eso. El mismo Papa Francisco quiere cristianos que se muevan, se levanten, no se queden quietos y hagan ruido. En sus propias palabras: quiere cristianos que “hagan lío”. Pero que el lío no se nos vaya de las manos y terminemos metiendo la pata, como el burro de una leyenda simpática y didáctica sobre la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén. Seguir leyendo

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