San Agustín: Rebelde con causa (la mía)

Ayer fue el día de San Agustín y varios amigos y familiares me saludaron por ser mi santo. Como todos los años les agradezco y socarronamente acoto: “Por suerte el día ya tiene dueño. Otro Agus lo logró y entonces yo ya no me tengo que esforzar y me puedo portar mal”.

No termino de decir eso que recuerdo que justamente es el comportamiento rebelde de Agustín lo que más me atrae de su santidad y me identifica con su personalidad. Por eso hoy, aquí y en este escrito “yo confieso ante ustedes, hermanos”. Seguir leyendo

ORO en tiempos dolOROsos

No hay tiempo más doloroso en el calendario litúrgico que el Viernes Santo. La pasión de Jesús, vista estrictamente desde el sufrimiento humano, conmueve, duele y hasta enoja: ¿Cómo pueden los hombres infligir tanto dolor en otro hombre? La flagelación del látigo, la coronación burlesca y punzante, el peso exagerado de una cruz… En fin, una muerte lenta y dolorosa que Jesús vivió en carne propia y la Virgen María, sus discípulos y amigos acompañaron y sostuvieron como pudieron padeciendo la impotencia de no poder cambiar su suerte.

No hay tiempo más doloroso en una familia que cuando la muerte asoma con un diagnóstico irreversible o irrumpe y nos arrebata a un ser querido. Me tocó vivir la primera. Seguir leyendo

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Amigos invisibles que vemos sin mirar

Ayer, en vísperas del 14 de febrero, recibí muestras de amistad inesperadas de parte de dos personas que casi no conozco, pero veo más seguido que a amigos muy cercanos. Sus testimonios, sonrisas y dedicación valen la pena compartir.

 El Señor Chucho 

Hace siete años que en el colegio de mis hijos alguien me saluda y solicita Seguir leyendo

#NoEstresciembre

Oficialmente ya llegó el mes de “Estresciembre”. Un mes de 31 días, pero con 11 cenas de fin de año, 17 brindis, 9 desayunos a título de “veámonos antes de las fiestas”, 4 platos que te tocan cocinar, miles de Santa Claus clonados por toda la ciudad, 3 amigos secretos para sorprender, todos los parientes para saludar y 5 colectas de juguetes para donar y tantas sorpresas como podamos comprar. Ya para cuando llega el día 25 se nos agotaron las horas, los saldos, el presupuesto, las ideas y la energía. Seguir leyendo

Las falsas alternativas

Es A o B“, “Soy blanco o negro“, “no tengo punto medio“, y tantas frases cliché que contraponen dos alternativas. Nuestro día a día se va entretejiendo de estas dicotomías, donde no se percibe escapatoria.

Nos imaginamos viviendo entre la espada y la pared. La espada de hacer lo que creemos que debemos hacer y la pared de sentir que no sabemos hacer otra cosa. ¿Qué harías si no tuvieras miedo de fracasar? ¿Qué harías si no tuvieras miedo de equivocarte? ¿Qué cambiarías si no persiguieras a toda costa la seguridad?

Es cierto que el principio de no contradicción tal como lo enunció Aristóteles:

es imposible que, al mismo tiempo y bajo una misma relación, se dé y no se dé en un mismo sujeto, un mismo atributo

En otras palabras, algo no puede ser y no ser a la vez al mismo tiempo. O se hace o no se hace. Por ejemplo, no se puede estar parado y sentado a la vez. Se está parado o se está sentado. No se puede hablar y callar a la vez. Se habla o se calla.

Sin embargo, muchas veces abusamos o falseamos este principio. A lo que apunto es que en momentos, se está en frente de dos opciones opuestas y en otros momentos, maniatamos esas opciones y las formulamos de manera tal que fueran opuestas. En el primer caso, serían verdaderas contraposiciones o alternativas contrapuestas.

El problema viene cuando vemos nada más dos opciones sobre el universo de posibilidades. Cuando es “seguir así porque no se puede cambiar”, “elijo esto porque no me queda otra opción”. Por ejemplo, continuar en un trabajo que no me gusta porque lo sé hacer o “es lo único que sé hacer”, seguir con tal persona por miedo a estar solos o no irme al gran viaje que quiero hacer por miedo a abandonar mis seguridades.

Fuente: http://www.hotel-r.net/im/hotel/gb/two-ways-2.jpg

El mundo se encarga de situar todo a un nivel de falsa alternativa. De que permanentemente creamos que no existe más opción que la que estoy tomando. Y dejáme decirte: si estás viendo dos alternativas como contrapuestas; tal vez estás errando el enfoque.

Tal vez, mejor ir a caminar y pensar: ¿qué harías si no tuvieras que tomar esa primera opción?

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Dedicatoria a mi Madre

La voz de mi Mamá la extraño. Mucho. La escucho igualmente varias veces de mi propia boca. Repito frases hechas, estrategias, motivaciones y regaños que yo misma recibía de niña. Repertorio clásico de una madre involucrada que intenta, triunfa y fracasa a diario en su misión de educar, estimular y emancipar a sus retoños.
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Pero hay dos frases de mi Mamá que son un credo en mi vida. No las digo. No las repito. Las vivo. O, mejor dicho, vivo y me esfuerzo para honrarlas todos los días. Seguir leyendo
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Pokémon GOD

Mi hijo de 14, justo antes de entrar a misa, mira su celular y yo lo miro. Me sorprende su expresión y averiguo de inmediato:
- ¿De qué te reís?
- Hay un Pokémon acá en esta iglesia, Mamá.
- Otra razón para venir a misa.-  se apuró a comentar su hermana.

La risa de todos fue inmediata, ruidosa y  breve. Pero su efecto y eco dentro de mí fueron largos e inquietantes. Seguir leyendo

Mamá, ¿por qué voy a catequesis?

Jesús calma la tempestad

El Evangelio de Mateo 4, 37-39 lee:
Se levantó un viento huracanado, y las olas rompían contra la barca que se estaba llenando de agua. Jesús dormía en popa sobre un cojín. Lo despertaron y le dijeron: «Maestro, ¿no te importa que nos hundamos?» Se puso en pie, increpó al viento y ordenó al lago: «¡Silencio, cállate!» El viento cesó y sobrevino una gran calma.

En la vida enfrentaremos más de una tormenta. Y si tenés hijos, como yo, las de ellos te pesarán como propias y querrás ayudarlos siempre. Pero no hay que esperar hasta que se sientan amenazados, a punto de hundirse, para socorrerlos.

Diferencia, no te tenemos miedo.

Las diferencias que muchas veces asustan, son las que enriquecen y las que hacen al universo un poco como es y lo que es.

Permanentemente escucho historias de personas que realizan elecciones distintas a las que tomo yo o que incluso tomaría dadas las mismas circunstancias. Es una verdad universal: existen los que viven su vida de la manera en que quieren y yo, en efecto, pienso que también así lo hago. Sin embargo, ¿cómo es que cada uno toma diferentes rumbos?

El otro día tenía una conversación con una amiga diciendo: cómo nos parecemos ya la vez cuán distintas somos. Eso, me hizo reflexionar sobre aquello que nos unía: qué opiniones compartíamos o si en efecto, era el desacuerdo o los desencuentros de argumentos en variados temas lo que nos mantenía juntas. Aún hoy, no lo puedo definir. Porque siempre me motiva crecer al lado de personas que opinen y viven diferente. Pero ¿es sostenible en el tiempo? Me sorprende cómo el mundo tiene miedo de lo distinto y de lo desconocido. Por favor, ¡cuánta tolerancia y respeto por las decisiones de cada uno nos falta! (me incluyo claramente en esto).

Imagen obtenida de: http://corazontransicional.blogspot.com.ar/2010/09/caminos-diferentes.html

Somos únicos. En consecuencia, todo debería por definición ser diferente. Si no, ¿cuál es el punto de vivir? Nuestro lugar es único en el mundo, nadie repite nuestros mismos vínculos, relaciones, trabajo o incluso aunque tuviéramos la vida parecida a alguien ya sea por haber estudiado lo mismo y trabajar en el mismo lugar. La cruda realidad es que no existe otro como yo y – agárrense bien– no va a existir nunca. Al principio, puede generar pánico. Luego de amasar la verdad, de digerirla nos invita a lanzarnos a vivir un poco más intensamente. No hay tiempos para arrepentimientos por aquello que no hicimos. No existe el botón de volver atrás el tiempo. No hay un “contrl+z”. Entonces, si dejamos un espacio ocioso o calentamos una silla; en otras palabras, si sobrevivimos más que vivir o respiramos por inercia, es ahí mismo donde me animo a decir que estamos dejando algo vacante. No estamos saldando nuestra deuda con nosotros mismos, aquella de fidelidad a lo que somos y lo que podemos ser.  No estamos transformando nuestro pedazo de tierra, ni cultivando nuestros talentos o incluso, tampoco estamos mejorando. Simplemente, nos encontramos pagando al mundo el tributo por existir: un intercambio de dióxido de carbono y oxígeno.

Lejos de llamar a la soberbia, quiero que tengamos los cojones para plantear un poco la unicidad de cada uno. Visto desde esa perspectiva, casi por inercia terminemos por hacer algún aporte. Desde ese punto nace mi compromiso y mi responsabilidad por hacer de este mundo, un mundo mejor.

Cada uno es una persona única y en la medida en que nos hagamos conscientes de esa verdad, vamos a arrancar a vivir con los pies en la tierra. A embarcarnos, arriesgarnos, cambiar, romper, intentar y a volver a elegir. Volver a empezar. A no dejar de vivir. Básicamente, a dejarlo todo. Y a disfrutar la vida intentando dejar huella en el mundo.

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Libro cerrado, Maestro callado…

Los protagonistas: Matías y Mariana.

En estos días en que, en la Ciudad de Buenos Aires, la Feria Internacional del Libro se instala por 20 días, somos muchos quienes comentamos sobre libros y autores. Buscamos títulos, leemos críticas, escuchamos citas y vamos al encuentro de la cara y de la voz de esa pluma que finalmente nos dará su autógrafo y dedicatoria. Los libros nos atraen. Año tras año, surgen un sinfín de publicaciones. Siempre hay novedades, libros de moda y libros clásicos. Y hay un libro que es un clásico que nunca pasa de moda y siempre tiene algo nuevo que contar.

- Mamá, ¿qué es este libro?- preguntó Matías de 9 años.

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