El guionista NO soy yo

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Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 42 años …

Tuve una infancia muy buena. Espectacular. Éramos más de 40 primos hermanos que nos reuníamos siempre. Soy el cuarto de cinco hermanos muy seguidos. Una familia muy linda de chiquito. Y a medida que iba creciendo veía los problemas que había alrededor. No había terminado la primaria cuando empiezan a verse los cortocircuitos de la casa y mis padres se separan. Al poco tiempo a papá le agarra un resfrío que se complica en una neumonía por la cual lo internan, y muere a los 5 días. Todo muy rápido. Y nos quedamos en casa con una madre que tenía problemas de pastillas y alcohol.

20 años después logré entender que todos los mandatos y presiones familiares que tenía el viejo habían hecho que explotara. Me costó mucho entenderlo. Y en casa teníamos a mamá en una cama algo así como desconectada de la realidad.

Durante mi primaria, en un colegio católico, tengo el recuerdo de vivir bajo la presión de la culpabilidad y castigo. Si no hacés esto te va a pasar tal cosa. Y si hacés tal otra te va a pasar … y así constantemente. Hoy por hoy puedo ver y comparar eso con el Año de la Misericordia. Donde la Iglesia intenta cambiar la imagen que los adultos jóvenes tenemos de Dios. No es un Dios que te castiga y te reprende sino que es un padre bueno que te espera con su abrazo y te perdona. Creo que si de chicos hubiéramos tenido esa línea las cosas serían completamente diferentes.

A los 13 años me di cuenta que no tenía padre. Que tenía una madre enferma. Que mi abuelo había sido una persona importante. Que eso me iba forzando a mí a “tener que”. Me idealizaba situaciones. Como mi padre había sido así yo tenía que ser asá. Hoy de grande puedo ver que mi padre no era ni la mitad de las cosas que yo me imaginaba. Que por su forma de ser había perdido su vida. Por estar cargándose con las culpas de los demás terminó explotando. Y a lo largo de mi adolescencia y juventud yo apuntaba exactamente a lo mismo. Hoy, gracias a Dios, soy un tipo que suelta las cosas. Vivo el presente mucho más relajado. Logro no hacerme mala sangre por todo.

Como mi padre había muerto siendo yo muy chico, me imaginaba que cuando yo llegara a esa edad tenía que ser otra cosa. Ya estaba casado, tenía hijos y no quería morirme a la edad de mi padre sin dejarle la vida resuelta a mis hijos. Sin dejarles una estructura armada como para que no se caiga al momento de yo no estar más.

Un año después de la muerte de mi padre empezaron los problemas en casa. Abríamos la heladera y lo único que había eran botellas de vino blanco. Empezaba a faltar la plata para pagar las cuentas. Y se vino el primer cambio de colegio empujado por la situación social en la que nos había dejado mi padre. Con colegio y club con un status bien posicionado. Pero todo ese castillito empezaba a desmoronarse. Y pasaba de un colegio a otro. Y de la mañana a la tarde y de la tarde a la noche. Para poder recibirme porque ya había empezado a trabajar.

A los 16 ya estaba trabajando. Para poder mantener ese status que me habían impuesto. De lunes a viernes era alguien que escondía esa situación y los fines de semana trataba de ser lo que no era juntándome con mis amigos que tenían otro “nivel”.

De los 13 a los 19 viví como pude. Y los fines de semana eran un descontrol total. Al punto que no sé todavía cómo los sobreviví. Salía el viernes y volvía el lunes para poder ir a trabajar. Había muchísima libertad. O mejor dicho, una absoluta falta de límites. Toda esa época sin religión. Sin confesión. Sin Iglesia. Y toda esa libertad y responsabilidad hace que uno vaya madurando muchísimo más rápido.

A los 20 años, aproximadamente, tuvimos que agarrar a mis tíos, con uno de mis hermanos, y obligarlos a que se hicieran cargo de nuestra madre porque lo poco que nos había quedo se lo estaba “tomando”. Nos estaba llevando al tacho. Y no podíamos tener esa responsabilidad. Yo seguía siendo una máquina. Lleno de mandatos autoimpuestos. Y eso te genera una fortaleza y una coraza que no entendés. Era sentarme en casa escuchando música y tomando un whiskey que terminaba siendo la botella casi entera. Eran cumplir todas las cosas materiales.

Empecé a trabajar muy chico y a crecer muy rápido. A subir escalones en el trabajo. Y me encontraba a los 25 años en una posición para la cual necesitaba el doble de trayectoria. Decidí terminar mi carrera solamente porque ya la había empezado pero sabía que no era lo mío. Vino la crisis del 2001 y yo estaba en Uruguay. Cuanto problema y locura había, ahí iba yo a tratar de solucionarlo. “Es un caos?, dámelo a mí”. Empezaron a haber un montón de momentos violentos dada la situación del país que me hicieron perderle el respeto a la gente mayor, pero en el sentido de tener que decirles las cosas de las maneras más crudas que uno se pueda imaginar. Gente que tal vez estaba perdiendo todo. Con toda esa crisis yo me recibo de la facultad y me caso. Y decidimos con mi mujer irnos de Buenos Aires porque era todo un caos. Una adrenalina y locura galopantes. Termino, no sé muy bien cómo, administrando un campo demasiado grande. Y en esa falta de respeto de la que hablaba antes, enfrento al dueño y le digo que yo no puedo estar ahí porque no entiendo nada del tema. Pero todo el camino recorrido hacía que las metas que me proponía las fuera cumpliendo y esta persona decide que sea yo quien se ocupara de todas maneras. Y ahí fui. A solucionar un problema más. “Yo puedo” era el lema. Y siempre subiendo la apuesta. Y lográndolo. Entonces me creía que nada podía conmigo y seguí para adelante. Me divertí mucho estando en el interior. Y después decidimos volver a Capital. Y cuando voy a decirle al dueño del campo que renuncio porque ya me había aburrido de eso, me dice, de ninguna manera, tengo otro trabajo para vos en Buenos Aires. Tenía 33 años y estaba sentándome a la mesa de los grandes de los números. 8 horas por día trabajando y otras 7 escondido estudiando para poder seguir en el lugar en el que estaba. Feliz de esa vida. Pero también me empiezo a aburrir. Y busco abrir una empresa con todos los problemas nuevos. Para cuando esos problemas se solucionaban me aburría. Y ahí, en ese aburrimiento me llaman para decirme que había un problema inmenso con una empresa que necesitaba ponerse a punto en menos de 6 meses. Y como no podía ser de otra manera, dije que sí. Y también salió adelante y funcionando. Pero ese problema era un poco más grande que yo y me explotó en las manos. Todos los días sentía que hablaban de mí. Me sentía “sucio”. Qué iba a hacer con mis mandatos y mis ideales. Todo empezó a salir pésimo. En medio de todo ese caos y de empezar a volverme loco, uno de mis mejores amigos se enferma de cáncer y en muy poco tiempo se muere. Y esa fue la gota que hizo que rebalsara mi vaso e hiciera click. Y de golpe y porrazo me encontré con el juez de línea levantando el cartel luminoso con mí número. Afuera de la cancha. A no jugar más. Y mi cabeza no lo estaba tolerando. Era algo demasiado fuerte para mí. Desde muy chico estaba a diez mil revoluciones trabajando y de pronto me encontré que no solo me sacaron sin mandarme al banco, sino que me mandaron derecho al vestuario, sin siquiera poder ver cómo seguía el partido. Y me sentía la persona más inútil del planeta. Y ahí otro amigo mío me empezó a decir que escuchara un poco más a Dios. Y me invitó a un retiro. No me contó ni la mitad de las cosas que iba a vivir pero me sumé igual. Necesitaba poder parar la pelota para que me llamaran a la cancha, otra vez, en el segundo tiempo. Llegó el retiro y lo que más me acuerdo fue descubrir que yo no era el guionista de mi vida. Salí de ahí dándome cuenta que no tenía un léxico de padre de familia, un léxico sentimental. Mi mujer insistía que yo había salido convertido. Y esa palabra tampoco me gustaba, no sabía a qué se refería. Ella se reía y me decía, por ejemplo, cuando querés mucho a una persona tenés que decirle “te quiero” o “te amo“. Eran palabras que no estaban dentro de mi cerebro. Yo, por mi lado, sólo sentía PAZ y FELICIDAD. Es lo único que creía entender.

Y en toda esa revolución interior que estaba teniendo, aparece un cura a confesarnos. Y da la casualidad que era el mismo cura que había casado en su momento a mi amigo que había muerto. Señales que yo no sabía ver. Muchas situaciones en las que yo podría haber arruinado todo y sin embargo salían bien. Y que mirándolas para atrás, me doy cuenta que yo no era el guionista de mi vida.

Y me pasó de empezar a ir a misa y sentir cosas excelentes. Como salir sintiendo que tenía el tanque lleno para toda la semana. La fuerza que necesitaba para llegar al domingo siguiente.

A mí yo de años atrás no le puedo decir nada. Sino que pienso en qué lástima que no tuve un tipo grande en quien apoyarme. Un tío o un padrino que me hubiera dicho pará, tomate tu tiempo, pensá y hacé tu vida. No te cargues los problemas de los otros. Dedicate a lo tuyo. Sacate las ganas.

Y lo que le diría a la gente de mi edad hoy es; no planifiques tanto; hacé foco en lo que realmente importa. Dedicate más a tus hijos y a tu familia. Sentate frente a un amigo y decile lo que te pasa. Esto más que nada porque una vez a mí me sentó un amigo y me dijo: “lo que más me molesta de vos es que sos incondicional, estás al pie del cañón para todo el mundo pero nadie sabe quién sos vos ni qué te pasa.” Siempre fui impenetrable.

Hoy puedo ver todo esto con muchísima Paz. Sabiendo y entendiendo que Dios estuvo, está y estará siempre. Reconociéndolo en la mirada de muchos amigos.

Esto lo cuento porque asumo que está y que es Él quien escribe el guión de mi vida. Si no fuera así no te lo estaría contando. Y estaría bueno para vos, que te preguntes ¿Cómo Estás? y ¿Qué es lo que realmente te importa?; y viví en consecuencia.

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Yo volví a Dios para agradecer

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Me acerqué de vuelta a Dios sin darme cuenta. Vino un muy amigo mío que me pidió que le regalara un fin de semana y como ni me imaginaba para qué era, confié en él y le dije que sí, después de todo, nos conocemos desde que tenemos 5 años. No sabía a dónde me llevaba. Me puse en sus manos.

Resulta que terminé encontrándome a mí mismo en un retiro. Y una vez ahí, a medida que pasaban las horas, sólo pude comprobar que Dios estaba ahí. Que pasó por delante mío y pude verlo. Que pude verlo en el otro.

Ahora que ese retiro ya pasó y que lo puedo ver en retrospectiva, me doy cuenta que en realidad Dios siempre estuvo. Era que yo no sabía verlo. El retiro me sirvió para confirmar que Él está. Y también para darle forma a esa frase que todo el mundo repite muchas veces y es que el picaporte en nuestro corazón está del lado de adentro, somos nosotros los que tenemos que abrir esa puerta.

Yo llegué al retiro, a diferencia de la mayoría de la gente, siendo un tipo feliz. Estando bien conmigo mismo. Teniendo una buena familia. Sin problemas serios. No vengo de una vida complicada ni difícil que me llevara a recurrir a Dios para pedirle. No, muy por el contrario, me ví agradeciendo. Y pude comprobar que mi vida después de ese retiro fue infinitamente más feliz de lo que ya era. Me sensibilizó en un montón de cosas. Aprendí a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida que antes ni siquiera reparaba. Lo que sí es curioso es que los golpes me empezaron a venir después. Como la muerte temprana de un ser querido, por ejemplo. Y las cosas se pusieron un poco más difíciles. Pero de vuelta, Él apareció recordándome que estaba a mi lado. Apareció en el momento que tenía que aparecer y yo me aferré a él. Yo volví a Dios para agradecer, y no para pedir.

A partir de aquel retiro yo siempre me acerco para agradecerle. Laburo muchísimo pero como hago lo que me gusta se me hace muy corto el día. Se me pasa volando y con una adrenalina de la linda. Aprendí a poner en balance y a convivir con mi familia de una forma diferente. Aprendí a disfrutar momentos con mi familia distintos a los que tenía antes. Mucho más profundos y mucho más procesados. Y eso, creo, no podría haberlo hecho si no me hubiera reencontrado con Dios y conmigo mismo. Y encontrar este espacio para ir y rezar. Yo había dejado la oración de lado y reencontrarme con él fue volver a rezar.

Por ejemplo, a mí me pasaba de no llegar a entender una Adoración. No lograba enganchar. Y Monseñor Eguía me contó una historia tan simple como que una monjita decía “es muy fácil. Yo me paro delante de él. Lo miro y él me mira. Si quiero le hablo y si quiero lo escucho.” Y eso me hizo ver lo fácil que era y lo puse en práctica. Y hay miles de veces en las que yo también me paro a verlo y le hablo, le agradezco. Y otras en las que quiero escucharlo simplemente me quedo en silencio. Escucharlo es parar. Es mirar en mi interior. Es contemplar. Y también tengo la confesión. Dios es todo misericordioso y si yo estoy profundamente arrepentido me va a perdonar. Y para el futuro hay que creer en su providencia. A veces nos cuesta. Pero se puede. Todos tenemos todo para ser felices. Entonces, con todo esto sobre la mesa. Reencontrarme con Dios fue pura felicidad. Puro abrir mi corazón y sensibilizarme. Y una de las cosas que me pasa después de haber hecho aquel retiro es emocionarme cada vez que tomo la comunión. Son pocas las veces que voy a comulgar y no vuelvo con lágrimas en los ojos. Es un momento de reencuentro con Dios que a mí me marcó muy fuerte. No tengo una respuesta a esa reacción, pero es algo que me emociona profundamente. Y fue muy complicado intentar explicárselo a mis hijos. Es una emoción linda. Un llanto de alegría y de poder encontrarnos los dos en un momento único. No es algo que busco cada vez que voy a misa, sino algo que se da sistemáticamente por obra del Espíritu Santo. Y me encanta que me siga pasando. Afortunadamente es algo que no puedo controlar. Ojalá me siga pasando siempre. Con mis hijos y mi mujer compartimos la misa. Y ellos aceptan esto que me pasa pero no es que lo conversamos cotidianamente.

A mi YO de hace un par de años le diría que tonto que fuiste por no haber abierto antes el corazón. Cuántas cosas te perdiste por no haberlo hecho antes. Me reprocho el no haberme dado cuenta antes de todo esto.

Pero ahora trato de compartirlo con quien se me cruce. Y seguir participando me produce una alegría y un placer enorme, a pesar de la demanda que significa. Pero al final del día, cerrás los ojos y ves que Jesús pasó. Que todos pudimos verlo. Y a esto lo tomo como mi propio proceso de evangelización. Uno a veces se pregunta qué hacer para salir a Evangelizar y para ir a las periferias como dice el Papa Francisco. Y creo que el compartir todas estas cosas y entregárselas al prójimo es un claro ejemplo. Yo no soy el mismo, por ejemplo, con el retiro que sin el retiro. A mí me ayuda. Le agrega calidad al tiempo que después le dedico a mi familia. Siento que me hace mejor papá. Mejor marido. Mejor hijo. Mejor sobrino. Mejor amigo. Y cada vez que lo vuelvo a hacer lo vivo de una manera diferente y salgo distinto de cada uno. Podría tomarse como algo egoísta porque es algo para mí. Pero en definitiva es algo para poder compartir con los demás.

A Dios no le puedo pedir más

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A Dios no le puedo pedir más. Ya estoy hecho. Cuando llegás a decir eso es porque pasás por una experiencia que te marca un antes y un después. Y eso me pasó con mi hijo. El varón. Después de dos hijas mujeres. Hoy está por cumplir 18 años.

Con mi mujer tuvimos un embarazo totalmente normal y tranquilo. Yo siempre recé. Siempre tuve fe. Siempre me sentí escuchado por Dios. Estaba viviendo mi vida normalmente. Andaba muy tranquilo. Todo fluía como “correspondía”. Sin sobresaltos.

Mi infancia no fue nada fácil. Fue feliz pero éramos muy pobres. Y me di cuenta que habíamos sido pobres de grande. Porque mis padres nos llevaban con mucha naturalidad. Siempre rezando. Siempre salí adelante.

Nació mi hijo. Con un parto normal. Se comportaba como un bebe normal. Y Pasaba el tiempo. Cuando ya tenía alrededor de un año y medio empezó a “retroceder”. Lloraba muchísimo. No dejaba que yo me acercara. Decía palabras sueltas. Y a medida que crecía empezaban los roces con mi mujer porque yo le decía que algo no estaba bien. Como ella estaba todo el día con el chiquito no veía cosas raras. En cambio yo me iba a la mañana y cuando volvía a la noche veía que el enano estaba peor. Se escondía abajo de la mesa. Venía gente y lloraba. Si lo agarraba lloraba más. El pediatra nos decía que era la edad. Que ya iba a crecer. Que algunos chicos maduran antes que otros. Hasta que un día, en la consulta, tuvo uno de los episodios y el médico ahí se alertó y nos mandó a ver a una doctora que era una eminencia en todo lo que a problemas de aprendizaje se refiere. Ella era la jefa del servicio en el hospital y nos empezó a atender. Pero había algo medio extraño desde el primer instante. Porque pretendía buscar un diagnóstico donde no lo había. Tuvimos alrededor de 8 o 10 sesiones que fueron un drama por todo el contexto que había en el consultorio. Era muy difícil ir a verla y encontrarnos con chiquitos con miles de problemas “peores” que el nuestro. Hasta que un día nos dice, y nos da por escrito, un informe (que lo tengo guardado) donde dice que nuestro hijo tenía autismo atípico. Básicamente es un chico que no se va a poder relacionar con el mundo. No va a tener contacto con los demás. Difícilmente estos chicos se sociabilizan. Ahí tuvimos que ver si lo que tenía era genético o traumático. Así que empezamos a hacer estudios a toda la familia. Fonoaudiólogas. Y así pasamos 2 años que fueron para el olvido. Tanto nosotros como las chicas. Además, fue en esos dos años la única vez que nos vieron discutir a mi mujer y a mí. Y ellas también la pasaban mal porque no les dábamos mucha bolilla porque estábamos abocados al gordito.

Hicimos todos los estudios que había que hacer y el resultado, tiempo después, fue que no había nada que dijera que fuera genético. Pero tampoco había nada que dijera que fuera traumático. Entonces dijeron que lo iban a empezar a tratar en el hospital. Pero en lugar de mejorar empeorábamos todos así que fuimos pocas veces porque estábamos en un mundo que nunca nos podríamos haber imaginado.

Cuando nos habían dado aquel informe diciendo lo del autismo, íbamos con mi mujer en un taxi y el señor iba escuchando un cassette de Marilina Ross. Me acuerdo como si fuera el día de hoy que estaba escuchando la canción Honrar la Vida (https://www.youtube.com/watch?v=381zc02YVHg) y en ese mismo momento a mí me hizo un click y ya empecé a rezar con fuerza para que pasara lo que pasase, él pudiese honrar su vida de la forma que fuera. Pero principalmente para que me diera fuerzas y vida para poder acompañarlo en su camino y cuidarlo. Y ese mismo rezo, lo intensifiqué también el día que decidimos no ir más a ese hospital. Entre tanto rezo y tiempo que pasaba, alguien nos recomendó a una psicóloga especialista en chicos con todo tipo de trastornos que atendía en el Hospital Gutierrez, y hacia allá fuimos. Conseguimos un turno para 2 meses después. Se lo empezamos a llevar a ella y le contamos todo lo que había pasado y ya habíamos hecho. Empezamos con ella, más una fonoaudióloga, más terapia de juegos. Una batería de cosas. No me olvido más, una de las sesiones, me tocaba ir a mí solo con mi hijo y tenía que jugar con él. Él estaba en una punta y yo en la otra. Y tenía que hacer lo imposible para que él me devolviera una pelotita que yo le tiraba. Ella sabía que eso no iba a pasar pero en realidad lo que quería demostrarme era que hiciera lo que yo hiciera, el tratamiento dependía de él. Era en equipo. Que yo solo no iba a poder hacer que pasara. Le tiré 30 veces la pelotita. Con alegría. Con bronca. Con optimismo. Con tristeza. Con esperanza. Y la pelotita NUNCA volvió. Y me fui a mi casa llorando con un nudo terrible en la garganta. Pero por ahí, un día, seguíamos con esta terapia de juegos y la pelotita volvió. Y ese día también lloré. Así estuvimos 2 años con las terapias hasta que llegó el momento de mandarlo al jardín. Ya tenía 5 años y teníamos que decidir el colegio para que empezara preescolar. Él ya había empezado a hilvanar algunas palabras. Se dejaba abrazar. Podía estar con más gente. Y cuando había más gente estaba un poco más sociable. Y cuando estaba con otros chicos podía hablar con algunas frases. Primero nos habían dicho que lo lleváramos a una escuela especial porque si no la iba a pasar mal. Y después, esta psicóloga nos dijo que no, que lo lleváramos a una jardín normal. Que él iba a poder adaptarse perfectamente a los otros chicos de su edad. Y que llegado el caso que pasara algo con las maestras o la psicopedagoga, que les dijéramos que se comunicaran con ella, sin dar mucho más detalles. Que tuviéramos confianza. Y pasó todo ese año sin ningún tipo de episodio fuera de lo común. Para fines de año estaba el acto de cierre de ciclo. Y él tenía que actuar. Durante el año la maestra nos había estado diciendo que le costaba un poco y que probablemente el no pudiera actuar. Y nosotros, como quien no quiere la cosa, le decíamos que todo bien, que ya se le iba a pasar. Y finalmente, llegó el día del acto y lo pudo hacer perfectamente como todos los otros chicos. Como si nada. Para entrar a primer grado también fue a un colegio normal con la misma recomendación de nuestra psicóloga, que si pasaba algo se comunicaran con ella. Y tampoco hizo falta. Desde primero a séptimo grado, nuestro hijo, de quien nos habían dicho que no iba a sociabilizarse nunca, salió siempre “mejor compañero”, elegido por los otros chicos. Y en segundo año también lo eligieron como representante del curso frente al resto.

Hoy es un chico que hace natación. Juega al fútbol. Tiene muchísimos amigos. Por mi casa no dejan de desfilar compañeros de los 3.

Acá es donde yo digo que hubo un milagro. Quien nos dio el primer diagnóstico es una eminencia en su terreno. Si se equivocó o no, nunca lo sabremos porque él era como era. Pero el pronóstico que nos habían hecho no se cumplió. Y yo me quedo con eso. Que el panorama que teníamos en un principio cambió rotundamente. Yo me sentí cerca de Dios. Lo tenía al lado mío. Podía hablar mano a mano con Él. Y Él nos escuchó. Me escuchó. Y nos regaló este milagro. Todos los miedos que teníamos y las cosas de las que nos preocupábamos no existieron. Acá hubo un milagro. Dios me volvió a escuchar. Y después de todo esto a mí me pasaron un montón de cosas, incluso en el plano laboral. Pero aprendí a no quejarme nunca de lo que me venía. Dios me puede mandar lo que sea porque sé que Él está siempre a mi lado. Por eso yo sé que a Dios no le puedo pedir nada más. Si tuviera que volver a pedir por algo en mi vida, pediría por esto nuevamente. Mi milagro, en mi vida, ya se dio.

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Los argentinos me han devuelto mi FE

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Soy español, y vivo en argentina desde 1993. El mayor de 3 hermanos. Mi padre viene de una familia humilde. A los 10 años, cuando nació su hermano y sus padres no pudieron mantenerlo más se lo confiaron a un tío que era cura militar. Ahí fue donde aprendió todas las cosas que después supo transmitirme. Él es ateo. Mi madre es creyente pero no practicante. Les tocó vivir la guerra civil y eso les marcó su historia, y la mía. Me bautizaron y tomé la Primera Comunión como todos los chicos en España y la verdad que salvo a través de mis abuelos, nunca tuve relación con la Iglesia. Estudié en España en un colegio francés laico.

Habiendo sufrido las turbulencias del matrimonio de mis padres decidí emprender mi propio camino. Primero me fui a vivir a Francia un tiempo y al volver a España participé de un start-up que me permitió después venir por temas laborales a la Argentina. Aproveché esa excusa para poner un océano de por medio.

Acá empecé a vivir mi vida y a tener contacto con gente que tenía unos valores y unos principios que si bien no eran nuevos para mí eran muy refrescantes, en lo que a religión y fe se refiere. Y luego conocí a mi mujer que era bastante practicante. Siendo divorciada nos casamos por civil en España. Hoy estoy casado y tengo 4 hijas. Pero debido a eso estoy en un conflicto con la Iglesia.

Sus padres también son bastante practicantes. Perdieron un hijo en un accidente. Mi suegro hizo la carrera de acompañante espiritual. En el año 2013, mi hermano tuvo la desgracia de perder a su hija mayor en un accidente automovilístico. Esto fue un golpe muy fuerte tanto para mi hermano como para mis padres. Es algo que viene de repente y para lo que uno no está preparado. Para mí fue algo muy duro también y me movió la estantería. No hay en castellano un término en la Real Academia Española que defina el estado vital tras la pérdida de un hijo por parte de un padre. Justo para esa época me estaban insistiendo mucho en hacer un retiro de Entretiempo y yo me venía negando y poniendo excusas. Pero ese año decido aceptar. Fue una experiencia inolvidable. Fue un momento de empezar muchas cosas nuevas. Venía de estar acompañando a mi hermano y acá me sentí acompañado yo. Algo especial que pasó dentro del retiro me hizo sentí muy querido por gente que no me lo esperaba, y de forma desinteresada me dio mucho amor. Eso me hizo pensar que esta experiencia comunitaria podría ayudarme a conocerme a mí mismo y también ayudar a otros. De los argentinos valoro 3 cosas por encima de todo:

1- El sentido de la amistad. Es muy próximo, espontáneo, con una afinidad sincera.

2- El concepto de familia. Mientras que en Europa las familias se van atomizando cada vez más, acá se va agrandando la mesa con abuelos, hermanos, primos. En realidad uno empieza a formar parte de la familia del otro. Empieza a ser familia de sus amigos. Es bienvenido a las casas de otros. La familia tiene un peso. Es importante porque es un lugar de encuentro, donde desarrollar su identidad, pedir ayuda desinteresadamente, donde se valora a la persona.

3- La FE. En España nunca fui a la Iglesia. Si llegaba a ir sólo veía algunas canas solitarias en algún banco perdido en la penumbra. Se oía el tímido murmullo del rezo, pero allí nunca escuché cantos. Era triste y una experiencia individual. Nunca un sermón que no presentara un Dios castigador. Y eso más que acercarte te alejaba de la Iglesia. Acá es todo lo contrario; te invita a participar y disfrutar, a vivir en comunidad.

Entendí que tenía un nuevo camino que recorrer, donde podía aprender y crecer en el plano espiritual, y así, ya pasados los 50 años decidí recibir el sacramento de la Confirmación.

Al tiempo me convocaron para participar activamente en un Equipo de estos retiros y además de ser una especie de necesidad; uno lo vive viendo la transformación en el otro y se alegra por ello. Es algo que me transforma, me enriquece y me hace crecer. Y siento que los argentinos me han devuelto la fe.

Mi proceso fue progresivo y llevó mucho tiempo. Estaba latente. Pero también el grupo humano del que me siento parte y activo, me ha ayudado a no descolgarme muchas veces con muchas cosas, ni perder el rumbo.

Un hombre de resultados, de números, de gestión. Toda la vida estuve persiguiendo las cosas. Siempre pensando que el futuro se labra si tenés una buena educación pero sin FE es difícil llegar. Si tenés una buena educación, tenés mejores posibilidades. Si tenés la cabeza armada podés pensar. Si pensás podés elegir. Elegir es un tema mayor que define si te realizás haciendo lo que te gusta. Pero ahora no puedo dejar de lado la FE; la busco y la vivo plenamente.

Mi vocación ha sido esencialmente la de aprender. Entender. Vivir en plenitud. Eso me ha sido posible gracias a las elecciones hechas en el camino. Y ya de más grande, con Jesús a mi lado.

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Uno no da lo que no tiene

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Yo nací en una familia de clase media con educación católica desde casa y el colegio. Siempre fui un tipo creyente y digo que mi vida se divide en 4 partes. Una niñez donde Dios era un superhéroe. Una adolescencia muy triste porque cuando tenía 12 años mis viejos se separaron. Cuando tenía 13 mamá tuvo un acv y tuve que cuidarla durante mucho tiempo y se murió cuando yo tenía 16, lo que me hizo demasiado autodidacta. Me acuerdo que a esa edad yo hacía todo. Me ocupaba de todo. Era como si viviera solo. Recuerdo que a los 17 se vino a vivir conmigo mi abuela, pero más que nada para cuidarla yo a ella que ella a mí. Y estuvimos viviendo juntos hasta los 20 y pico. Esta adolescencia fue con un Cristo Amigo. Y después vino una juventud donde lo empecé a ver a Dios como un Juez. Porque yo ya era una persona más grande, andaba un poco desbarrancado y tenía mis creencias con lo cual hacía lo que quería. Después de los 30 y pico conocí a quien hoy es mi mujer, nos casamos, tuvimos nuestros hijos y yo me fui formando en el típico padre católico de familia pero empecé a sentir que me parecía mucho más a un fariseo que a un cristiano. Y manejé mi religión con muchísima soberbia. Con la idea clara que Dios estaba ahí pero nunca le pedía nada. Como yo había siempre hecho todo solo y lo arreglaba por las mías me creía omnipotente. Hasta que un día de hace un par de años, nos habían prestado una quinta, estábamos descargando las cosas del auto mi mujer me dice, fijate si podés que atrás está la pileta; para que tengamos cuidado con los chicos entonces me asomo y miro como analizando el lugar y veo algo que chapoteaba en el agua. Voy corriendo y me doy cuenta que era mi hija. Entonces voy corriendo y la última imagen que tengo y me quedó grabada es la de mi hija en el fondo de la pileta como si fuera una película. Con la boca y los ojos abiertos. Me tiro para sacarla y quedo yo abajo del agua porque era en la parte honda y levantándola a ella con un solo brazo para que quedara afuera. Tenía solo un año y medio. Creo que fueron los 2 segundos más largos de mi vida en los que recuerdo pensar para mis adentros “que no le pase nada, yo no te pido nunca más nada pero que a ella no le pase nada; me sacaste a mi vieja, me sacaste a todo el mundo pero no me saques a mis hijos.” Y cuando logro salir yo de abajo del agua la veo a mi hija totalmente blanca, con los labios morados y diciendo “agua pato, agua pato” y se reía. En ese momento yo no podía pensar en nada. Después, con el tiempo, un médico me explicó que cuando los chicos son tan chiquitos se les cierra la glotis y no les deja pasar el agua, de hecho no se ahogan por el agua sino por falta de oxígeno en muchos casos. Eso me hizo muy mal y me dejó durante muchísimo tiempo pensando en qué hubiera pasado si mi mujer no me hubiera hecho ese comentario. En si no la hubiera visto. En si hubiera pasado un minuto más. En qué hubiera pasado. Hoy no la tendría.

Llegó un momento en el que me sentí buscando respuestas a tantas dudas que yo tenía personales, en cuanto a mi vida. Sentía que todo daba vueltas alrededor mío. Que era yo el que tenía que hacer todo. Y llegué invitado a un Retiro. En el que descubrí que tenía que confiar un poco más en la providencia de Dios. Confiar más en Él. Aprender a pedirle. Y sin embargo la ficha no me cayó en ese momento. Fue algo que entendí y razoné ahí mismo pero seguía pensando y actuando como hasta ese momento. Y el año pasado, mi hijo mayor tomó la Primera Comunión. Soy un tipo cabrón pero muy sensible. Y estoy escuchando esa misa y cantan “5 panes” (http://canciones-de-misa.blogspot.com.ar/2010/09/un-nino-se-te-acerco.html). Y ahí me cayó la ficha. Porque uno escuchó esa lectura mil veces y la va a seguir escuchando pero desde la visión del adulto. Y la verdad que ver cómo le prestaban atención los chicos me cambió totalmente. Porque ellos realmente creen y están convencidos que los 5 panes fueron reales!. Y a veces eso pasa en la vida cotidiana. Uno no da lo que no tiene. Si vos, todo lo que tenés son 5 panes y los das, quiere decir que estás dando todo de vos. Es todo tu trabajo. Es romperse y dar. Y lo demás va a venir de la mano de Él. Y recién ahí empecé a confiar más en la providencia divina. Pero no esperando que me cayeran las cosas del cielo, sino que se alinearan las cosas detrás de mi trabajo y esfuerzo. Empecé a entender que aunque a veces yo piense que todo depende de mí; sería un poco ilógico y soberbio pensar que es así. Yo que era el que juzgaba, un verdadero fariseo; era en realidad, un soberbio. Esa soberbia la veía en el prójimo y no podía verla en mí. Y aún hoy me cuesta una lucha interna muy importante para tratar de erradicarla.

Y todo este cambio es lo que me hizo, a mí, ver las cosas de una manera diferente a partir de los 40 años. Empezar a confiar más y a ver qué es lo que pasa. No ver un problema con algo en sí mismo; sino ver en qué situación es que se me da dicho inconveniente. Eso no es menor. Por algo pasó cómo pasó. Seguramente algo atrás de eso hay.

Alguien me dijo una vez que la diferencia entre creer y no creer en Dios es como la historia de los dos hermanos que se van a dormir. El padre cierra la puerta y uno de los chicos se va a dormir tranquilo sabiendo que su padre está en el cuarto de al lado. Y el otro se duerme soñando que al padre lo raptaron y se fue. Que no hay nadie del otro lado de la puerta. Puede ser posible cualquiera de las dos, pero cuánto mejor duerme el que pensaba en su padre en la habitación contigua. Lo mismo es con Dios. Cuánto más tranquilo voy a caminar por la vida sabiendo que Dios está ahí. Y la Fe es algo que uno tiene o no tiene. No se le enseña a nadie. Es algo que se siente. Así como dice Saulo, yo no creo en Dios; estoy convencido de Dios. Estoy seguro de Dios. Y eso me hace estar muchísimo más tranquilo.

Durante ese Retiro logré ver cómo lo había tratado a Dios durante mi vida. Me considero católico, pero había dejado de ir a misa. Y si rezaba, era sólo durante las tormentas. Y, tal vez, nunca agradecía. Y ahí me encontré con un Dios más cercano.

Ahora está de moda la película Intensamente. Los chicos salen contentísimos después de haber ido a verla. Y entre sus personajes sobresale uno. Es clarísimo el paralelismo con el Cristiano. Es la ALEGRÍA. La alegría es el único “personaje” que tiene luz propia. Lo mismo pasa con nosotros. La persona feliz ilumina el lugar en el que está. Ilumina y contagia al resto. Es el tipo que le sirve de faro a Dios. Cuando uno cumple con todas las cosas está bien, pero a veces no es suficiente. La felicidad, en cambio, es algo mayor. Yo necesito que mis hijos me vean y se pregunten qué es lo que al viejo lo hace tan feliz que sigue apostando a tal o cual cosa. Y eso es un cambio importante que todos deberíamos lograr. Todo tiene un momento y un lugar.

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Dios me dio una mano

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Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 45 años …

Hubo muchos años en los que tuve muchísima exposición; y eso me golpeó fuerte.

Lo que todo el mundo conoce como la crisis de los 40, a mí me agarró a los 30. Y eso produjo un punto de inflexión hacia otras cosas.

Me acuerdo que yo estaba trabajando muy bien en la empresa que estaba. Las cosas iban mejorando, y con eso logro cambiarme de empresa en el mismo rubro. Pero después vi que los de al lado mío iban progresando y yo me quedaba estancado siempre en el mismo lugar. Entonces empecé a sentirme víctima de esa realidad. Puteando contra todos. En ese momento me cansé de lo que estaba pasando acá y decidí que la mejor oportunidad para mí era irme afuera a perfeccionarme. Empiezo a averiguar, me pongo en campaña, doy los exámenes y cuando ya estaba con un pie adentro del avión me sale la posibilidad de abrir mi propia empresa acá con unos amigos en un rubro que era el auge en ese momento. Largué todo lo que estaba proyectando y nos metimos de cabeza. Sentía que estaba alineando pasión con laburo. Era algo eufórico. Estábamos de lunes a domingo a pleno con esto y tratando de levantar la empresa que teníamos en nuestras mentes. El problema es que no parábamos un minuto y sentía que las cosas se iban de control. Las horas se transformaban en días. Los días en semanas. Las semanas en meses. Y no había un solo descanso. El cuerpo se estaba preparando para pasarme factura. En ese interín terminamos lanzando el proyecto a medias y nos va mal. Fue un lindo fracaso pero fracaso al fin. En una noche se me dio vuelta todo y había muchísimas advertencias que no había visto. No podía pedir ayuda a nadie. No sabía qué hacer ni a dónde ir. Mis padres estaban separados y recuerdo que en ese momento logré juntarlos para mostrarles cuál era mi realidad. Tengo un vago recuerdo de lo que pasó después. Pero de lo que sí estoy seguro es que me internaron. Estuve entre 7 y 10 días sin saber lo que pasaba. Y es como que con la cantidad de medicación que le metían a mi cuerpo yo no recuerdo nada. Sí sé que estuve 6 meses así y tuve que volver a vivir a la casa de mi vieja.

No recuerdo ni amigos, ni familia, ni nada. Absolutamente nada. Es como si hubiera estado dormido durante esos 6 meses. Todos los días eran iguales y el tiempo no pasaba. Y ahí un poco empezó todo la búsqueda de algo distinto. Empecé con psicólogo y psiquiatra a diario. En ese entonces mi viejo me ofreció laburar con él condicionándome a que iba a vender la empresa ya que pensaba retirarse. Y fue así como me metí y me terminé quedando.

Empecé a buscar paliativos para poder seguir adelante. Yoga. Reiki. Todo lo oriental que se te ocurra. Necesitaba sacar toda esa energía que tenía adentro. Era una persona que podía estar 2 o 3 días sin siquiera dormir. Ver los límites y jugar con ellos. Tenía tanto adentro que necesitaba sacarlo y para eso forzaba esos límites. Sin embargo pasaba por delante de una Iglesia y ni pelota. Ni cerca estaba de interesarme. Pero buscaba algo que me bajara la adrenalina. Tengo un problema de ansiedad por el cual estoy medicado incluso hoy, y probablemente para siempre. Pero el tiempo seguía pasando y en aquella época no encontraba una salida.

Conocí a quien hoy es mi ex mujer. Ella, como muchísimos otros, no podía creer que una persona de 30 años tuviera que andar con un pastillero de acá para allá todo el día. Pero esa era mi realidad. Y este problema llevaba a otro. Y las piedras en el camino eran cada vez más. Y me iba hundiendo con el correr del tiempo. Intentamos hacer terapia de pareja y todo. Sin embargo, con una hija de por medio, decido irme y nos separamos. Y con esto retrocedí un montón de casilleros.

Con esto caigo en una depresión enorme. Mi hija era muy chiquita y la veía poco y nada. Y eso me entristecía aún más. Trataba de ponerme más y más cosas para poder tapar los problemas.

Un amigo me invita a vivir algo que supuestamente me iba a hacer bien. Mucho no me lo describió pero básicamente me hizo llenar un papel y me citó en un lugar. El problema estuvo que yo estaba tan a mil que fui y una vez ahí, me di cuenta que me había metido en un Retiro. A los 5 minutos de escuchar hablar a la gente agarré mis cosas y me quise ir. Con la casualidad que camino a la puerta me encuentro con otro amigo que no podía creer que yo estuviera ahí. Nos pusimos a charlar, se hizo ameno y me quedé. Y a partir de ese momento entré en una especie de tobogán emocional en el cual logré sacar todo aquello que tenía adentro. La última vez que había llorado había sido hacía más de 15 años. Nunca más había llorado para nada. Y acá salía todo. Esto me desarmó por completo. Yo no sabía lo que era rezar. Y ahí ves gente rezar. Gente que reza por vos. Golpe tras golpe. Sorpresa tras sorpresa. Venía, en ese momento, de una pésima relación con mi ex y de más está decir que a partir de ahí empezaron a cambiar las cosas.

Mi vida espiritual había estado siempre vacía. Y a partir de ese momento todo empezaba a darse vuelta. Empezaba a llenarse. Empezaba a llenarme. Empezaba a entender que yo estaba en una crisis. Y al saberse uno en crisis es que puede salir. Porque uno no puede salir de donde no cree que está.

Empecé a ponerme objetivos chicos y tratar de cumplirlos y a medida que iba cumpliendo esos objetivos, iban quedando y después venia el otro. Y así llega un momento en el que estoy ahora, en un gran agradecimiento. Siento que me están regalando cosas todo el tiempo.

Después de tanto tiempo perdido. Me di cuenta que estaba en crisis y alguien me dio una mano. Dios me dio una mano. Hubo varios amigos que fueron instrumentos para que yo lo lograra.

Hoy me siento renovado. El foco ya es otro.

Gracias a Dios, con el correr de los años, con mi ex mujer tenemos una excelente relación y eso nos ayuda muchísimo en la crianza de la enana. Compartimos muchísimas actividades del colegio. Y todo es mucho más fácil.

Después de haber estado mucho tiempo con la cabeza bajo tierra y remándola, poder estar así es algo muy lindo.

A mi yo de hace unos años atrás le diría que abra un poco los ojos. Pero no por las cagadas, sino para darse cuenta cuál era el error que no lo veía. Mi yo de ese entonces no tenía fondo. No veía dónde estaba el error. Era todo resignación y resentimiento. Todo víctima. Todo diversión. Pura banquina. Me hubiese encantado darme cuenta en ese momento. Pero Dios tiene sus tiempos y estoy segurísimo que por algo fue que yo me di cuenta de lo que me estaba pasando en el momento que lo hice.

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Las vacaciones soñadas

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy, habiendo festejado el Día del Padre antes de ayer, me toca ser un bebe con Síndrome de Down recién nacido. Tengo apenas unas horas de vida.

Foto: Federico Figueroa

 

Queridos Papá y Mamá:

Cómo están? Qué emoción poder verles las caras. Y a vos papá, poder agarrarte el dedo cuando salí; no quería soltarte.

Antes que nada quería agradecerles con mi corazón delicado pero enorme el que hayan llegado hasta acá conmigo. Cuando me enteré que iba a venirme de vacaciones a su casa me puse muy contento. No me dijeron cuánto iban a durar estas vacaciones pero sí sé que éramos muchos los que esperábamos poder venir acá abajo y me tocó a mí.

Tal vez no soy todo aquello que soñaron desde un principio. Pero ustedes sí son lo que yo soñé. Mientras esperaba en la sala de embarque que llegara el momento de salir por la manga iba viendo y escuchando un montón de cosas. Sé que hubo un montón de decisiones que tomar que no fueron fáciles. Pero estoy convencidísimo que las tomaron con el corazón; GRACIAS por eso.

Les prometo que yo traté de hacer todos los deberes para llegar sano y fuerte, pero las cosas a veces no son tan fáciles para nosotros tampoco. Y a veces llegamos como podemos.

Ustedes querían ser padres. Yo quería ser hijo. Quería pertenecer a una familia. Quería tener a alguien a quien decirle “mamá” o “papá” dentro de un tiempo. Y me tocaron ustedes. Qué alegría. Estoy Feliz.

Esas cosas que les decía que escuchaba me iban llenando de vida. Cómo la gente estaba a su lado. Cuánta gente que rezó por mí. Papá, no sabés cómo se sentía eso. Ver cuánta gente que hay alrededor que los quiere y uno a veces no se da cuenta de eso. A cualquier hora dispuestos y unidos; Unidos En La Oración, como te gusta decir a vos. Agradeceles de mi parte el apoyo que te dieron. A vos y a mamá.

Y también a mi hermanito. Que cada noche se metía entre ustedes dos en la cama y le daba un beso a mamá en la panza, así, me daba un beso a mí. Estoy esperando poder conocerlo a él también. Y que podamos jugar juntos.

No tengo idea cuánto van a durar estas vacaciones acá, como te decía antes, pero sí estoy muy seguro que vamos a disfrutar juntos muchísimo. Que vamos a aprender un montón de cosas. Que nos vamos a equivocar en otras, seguro. Pero todo va a ser con muchísimo amor.

Gracias por haberme recibido. Juntos vamos a poder crecer en muchísimos aspectos. Todavía no sé hablar en su idioma así que por eso les mando esta carta.

Los médicos están haciendo todo lo posible para que los días que me tenga que quedar acá pasen volando. Y así poder irnos a casa.

No se preocupen que mi otra mamá, la que yo ya conozco, la mamá del cielo, me está cuidando desde hace un tiempo. Y nos va a ayudar en todo lo que pueda. Ustedes sigan rezándole como hasta ahora que eso le gusta mucho, y también le da fuerzas a ella. Va a ser lo que Dios quiera. Confíen en Jesús.

Mamá, Papá, los quiero mucho mucho … espero poder decírselos en algún tiempito. Y darles un abrazo grande. O poder regalarles una sonrisa, que va a ser mi forma de agradecerles hasta que aprenda a hablar.

Les mando un beso muy grande y otra vez GRACIAS por animarse a este desafío y TRAERME de vacaciones con ustedes.

 

Los QUIERO MUCHO

Lolo (*)

 

(*) NdeR: Lolo, Lorenzo, es un bebe con Síndrome de Down que nació el 7 de mayo pasado. Hoy sigue en Neo al cuidado de los médicos. Con las complicaciones pertinentes del caso pero aumentando de peso y mejorando día a día. Gracias a las oraciones, pasando los momentos angustiantes. Seguimos rezando para que aumente de peso, le puedan realizar todas las operaciones que hagan falta y le den el alta pronto para poder ir a su casa con sus padres y hermano.

Mi Génesis

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser un padre de 45 años …

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Todo este proceso comenzó con una invitación que me hicieron a un retiro. Me habían estado invitando durante 4 o 5 años. Cada vez que esta persona, un primo de mi mujer, me veía, me invitaba. Y recuerdo perfectamente como si fuera una foto, estar sentado en el living de su casa, con mi mujer al lado, me volvió a mirar y me dijo, vas a venir o no, mirá que está bueno, y además, en este, soy parte del Equipo. Le dije “bueno voy” y en ese momento sentí una cosa en el pecho medio extraña. Una mezcla de angustia con sorpresa y con qué estoy diciendo. E instantáneamente la miro a mi mujer y lo primero que ella me dijo, llena de sorpresa, fue “vas a ir?”. Sí, sí, anotame que voy. y ahí quedó. Esto fue en mayo, y el 13 de septiembre siguiente estaba entrando al retiro. Yo antes de todo esto era otra persona. Era un agnóstico. Un descreído. Despreciaba a la Iglesia. Incluso hasta cruzaba de vereda cuando veía un cura. Despreciaba a Dios. Blasfemé muchísimo. Yo pensaba que era un signo de debilidad. Que la Biblia era un libro para los débiles. Para aquellos que necesitaban justificarse o lavar sus culpas.

Yo me casé por Iglesia porque me lo pidió mi mujer. Pero para mí fue como ir a hacer un trámite ordinario. Estoy bautizado. Pero al momento de la primera comunión, mi papá le dijo a mi mamá que era una decisión mía. Y yo dije que no.

Me perdí montón de comuniones, confirmaciones, casamientos de amigos, casamientos de hijos de amigos. Era algo que me molestaba. Me irritaba tener que ir. Y siempre me quedaba afuera. Era una molestia muy particular, incluso, la alegría de la gente al salir. Y sin embargo, todo este rechazo y alejamiento nunca me produjo cuestionamiento alguno. Nunca me planteé porqué podría ser. Fue por todo esto que había dicho que no tantas veces a ir al retiro. Y fue por todo esto, también, que me sorprendió a mí mismo haber dicho que sí.

Siempre digo que lo bueno de esto es que no se puede explicar. No hay palabras. En mi caso no fue algo normal. Yo sentí una presencia viva. Latente. Cálida. De Dios al lado mío. Si yo me dejaba, Él me iba a guiar por donde Él sabía que yo quería ir.

Y también sentí la presencia muy cercana de una tía de mi mujer y la presencia increíble de una tía mía que fue como mi segunda mamá. Y estas dos personas ya no estaban entre nosotros. Todo esto fue de noche, con mi compañero de cuarto durmiendo. Y yo estaba llorando en el baño de la casa de retiros. Cuando se me pasó esto, lo primero que pensé al salir de ese “lapsus” fue que había despertado a esta persona y me sentí como un tarado. Yo estaba en el baño, con la luz apagada, llorando y no entendía. Y me fui a acostar con una sensación de haber estado soñando. Algo extraño. Y al llegar a mi cama agarré el celular y me grabé a mí mismo contándome esto para ver al día siguiente si era verdad. Eran un montón de cosas que yo no estaba acostumbrado a sentir.

Hoy soy otro. Soy otra persona. En ese retiro pasaron muchísimas cosas. Tuve muchísimos cambios. Yo tomé la comunión por primera vez en el retiro ese. Había tenido una charla muy profunda e intensa con el padre y pasó algo muy particular. Al momento de la misa, al final del retiro, yo miré a los animadores como preguntándoles si podía comulgar y ellos miraron al Padre quien asintió con su cabeza. Por supuesto que podés. Y esa fue mi Primera Comunión. Fue algo muy parecido a lo que nos cuentan en Hechos 8:36-38:

“36 Y yendo por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua; ¿qué impide que yo sea bautizado?

37 Felipe dijo: Si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondiendo, dijo: Creo que Jesucristo es el Hijo de Dios.

38 Y mandó parar el carro; y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, y le bautizó.”

Fue algo extraordinario. Es una de esas bondades de Dios. Salí del retiro como NUEVO.

Después de todos estos cambios sentí la necesidad de escribirle una carta al Papa Francisco. Y al cabo de unos días recibí la respuesta y realmente ahí me di cuenta, por todo lo que decía, que mi carta la había leído de principio a fin. Y es muy loco ver que el Papa te responde a vos. Te habla a vos. Me puso un par de cosas muy lindas.

Al poco tiempo se presentó la oportunidad de poder prepararme en la Parroquia para la Confirmación. Y la recibí un año después rodeado de muchísima gente querida.

Yo hoy siento que soy mejor. Siento que soy mi mejor versión. Siento que me tomó de los hombros y me ayudó a encarrilarme … y eso no me lo puedo sacar de la cabeza. Y cada cosa que hago es pensando en qué haría Jesús en mi lugar. Trato de imitar un poquito lo que el haría ante cada situación.

Yo hoy voy a misa todos los domingos y la disfruto. Disfruto de verdad el milagro de la misa y la presencia de Cristo en la Eucaristía. A veces trato de ir primero o último a comulgar para poder ver las caras de la gente que va a recibir el Cuerpo de Cristo. Disfruto mucho, también, los momentos de soledad con Cristo. Yo trabajo en Belgrano y muchas veces me voy a La Redonda, al mediodía, cuando solamente están los chicos que limpian y alguna que otra señora mayor rezando el rosario; y disfruto mucho ese momento.

Y en lo terrenal hoy yo creo que soy mejor marido. Mejor padre. Mejor hijo.

Y a partir de todo esto, con mi mujer, que supo esperarme, que rezó todo esto y que nunca me presionó para que fuera a misa ni mucho menos; surgió la posibilidad de ir a un retiro similar a este pero para matrimonios. Donde yo le pedí que nos anotáramos y fuéramos juntos. Y al año siguiente nos llamaron a formar parte del equipo que da charlas a otros matrimonios. Como los retiros de varones, este también termina con una misa. Y yo ya había tenido la Gracia en la Parroquia a la que voy y el padre conocía mi historia y un día me preguntó si yo quería dar la Eucaristía y así de la nada me convirtió en Ministro y entonces a partir de ese momento también ayudo de tanto en tanto. Pero la frutilla del postre fue que me pidió ayuda en esta misa del retiro y cuando la gente empezó a venir a comulgar, terminé dándole la Comunión a mi mujer y ahí sentí que había ganado el mundial. Fue algo muy emocionante. No sólo para mí sino para todo el Equipo. Por suerte están las fotos de ese día. Y cada tanto las vuelvo a ver y me llevan a ese momento y es algo que no puedo parar de agradecer.

Hoy por hoy, cada vez que entro a la Iglesia tengo diferentes sensaciones. Hoy a Dios lo siento como un amigo. Un buen amigo. El mejor amigo. Un amigo que me plantea preguntas y al mismo tiempo me da las respuestas.

Yo siempre digo que hoy soy un tipo que va a cumplir 2 años. Antes era una persona totalmente diferente. Nunca le hice mal a nadie ni nada. Pero siento que hoy soy mejor. Dios me hizo mejor.

Pero al YO del 2012 no le reprocho nada. Al contrario, le preguntaría, qué estabas haciendo que no te diste cuenta antes. Pero también le diría que está bien, porque los tiempos de Dios no son los mismos que los nuestros. Y si pasó lo que pasó cuando pasó fue porque era el momento exacto. Tal vez si todo pasaba antes no hubiera tenido las mismas consecuencias que tiene hoy.

Hasta el 2012, Genesis, para mí, era un grupo de música y hoy puedo llamarla a mi mujer al mediodía para comentarle lo bueno del evangelio del día!! Y yo hoy estoy convencido que todos estos cambios son por y gracias al Espíritu Santo.

Mi Sueño. Nuestra Familia

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Yo tenía ganas de hacer un clic y mi novia fue el medio para lograrlo. Cuando yo conocí a quien hoy es mi mujer, ella estaba metida en lo que era la Iglesia. Estaba en grupos misioneros. Estaba en grupos de jóvenes que se juntaban todas las semanas. Todos los domingos. Y la verdad que eso fue increíble. Me enamoré primero de ella y después ví que yo también quería eso para mi vida. Y eso me ayudó a ir enfrentando todas las cosas que vendrían después.

Me ayudó a ir preparándome para la muerte de mi viejo. Yo trabajaba con él. Lo veía todos los días. Y veía su deterioro constante. Venía en picada. Yo me enteré que se estaba muriendo mucho antes que el resto y me sirvió para poder asimilarlo. No fue fácil pero la elaboración, estar acompañado, ir a la Iglesia, estar con curas y poder charlarlo con ellos y acercarme fue muy bueno.

Siempre nos acordamos y nos reímos que nuestro casamiento fue con un paredón blanco frente a nosotros, porque teníamos 5 curas dándonos el sacramento, para que no nos escapemos.

Después del casamiento empezaron los problemas. Lo que podría haber sido una hecatombe lo pudimos sobrellevar de la mejor manera. Puertas adentro nos podríamos haber matado y sin embargo fue muy armonioso por estar viviendo las cosas como las veníamos viviendo. Tuvimos nuestro primer hijo después de haber perdido un embarazo. Teníamos un problema que el bebe no dormía y los médicos no nos creían lo que les contábamos. Incluso llegaron a pedirnos que anotemos las veces que nos levantábamos en la noche. Una vuelta anotamos en 15 oportunidades y después ya dejamos de hacerlo. Y cuando los médicos vieron eso se dieron cuenta que no estábamos exagerando y empezaron a preocuparse un poquito más. Vieron que no era un chiste. Era un caso atípico pero a un extremo en el que no lo podían nivelar ni controlar. Supuestamente iba a ser algo que a los 6 meses se le iba a ir; después a los 9; después al año. Y el bebe tenía un año y medio y la cosa no mejoraba. El problema que tenía era un reflujo muy fuerte y derivado de eso tenía el esófago quemado por la acidez. Entonces el pobre gordo tenía una cara de sufrimiento que no se podía creer. Y eso hacía que no durmiera, ni por las noches ni durante el día. Con lo cual, nosotros tampoco. Y a pesar de todo eso, se despertaba y enseguida te miraba con una sonrisa. Y eso es lo que más fuerzas nos daba. Hoy miro para atrás y veo que estuvimos más de un año y medio, casi dos, sin dormir, pero de verdad. Y en todo ese tiempo lo rezamos mucho y lo hablamos mucho. Y pudimos llevarlo juntos. Y paralelamente tenías que escuchar las opiniones diversas de todo el mundo. Incluso los que decían “qué suerte que les tocó a ustedes que lo pueden llevar y no a otros”. Ojalá a mí tampoco me hubiera tocado, pensaba yo por adentro.

Y la verdad que con todo ese panorama y con todas esas contras; nos quedamos embarazados otra vez. Justo el día que nuestro hijo cumplía 1 año anunciamos que venía otro en camino. Y la gente nos miraba y se preguntaba si estábamos locos. Pero nuestro sueño era formar una familia y estábamos viviendo nuestro sueño. Y la verdad que si esperábamos a “terminar” con toda la etapa del enano, volver a empezar de cero iba a ser muy difícil. Y por suerte en ese momento llegó, entonces, la segunda. Y no solamente tuvo el mismo reflujo sino que también tuvo intolerancia a la lactosa. Pero como teníamos la experiencia anterior a la semana ya tenía el diagnóstico y medicamentos para controlarlo. Con los médicos correspondientes. Y se ganó un montón de tiempo. Y también era alérgica a la leche. Y uno de los remedios que había que darle tenía leche en polvo. Y ahí venían las complicaciones. Entonces teníamos que modificar todo el ritmo de vida. Y las cosas se volvían a complicar. Pero siempre teníamos a la virgencita en la cabecera de nuestra cama que nos acompañaba. Jesús muy presente. Los amigos. Y eso llevaba a que sólo nosotros sabíamos lo que sentían nuestros hijos. No los podíamos dejar con nadie porque con sus problemas, los llantos no eran los mismos a los de cualquier chico. Nos costó mucho poder dejarlos con alguien alguna vez. Per era real que nosotros también necesitábamos descansar alguna vez. Poder dormir una noche entera. Esto a mí me produjo un rechazo real y muy feo a los bebés. Tuve sobrinos que de bebes NO pude hacerles upa. Y eso que me encantan los chicos.

Pero Dios nos dio una paz y una tranquilidad que seguimos agradeciendo. Y mientras tanto, la gente que nos decía “no saben el ejemplo que dan” y la verdad es que no queríamos dar ningún ejemplo. Queríamos ser normales, como mis amigos que tenían hijos y dormían 9 horas seguidas. Nosotros dormíamos por turnos en el sillón con el bebe a upa o a lado nuestro haciendo guardias. Pero no para malcriarlo sino porque lo necesitaba de verdad. Ir a la farmacia y que a los chicos los conocieran por su nombre no era algo muy divertido. Era porque íbamos todos los días.

La segunda era una beba que estaba todo el día en el piso, o a upa. Se arrastraba poco. Y resultó ser una beba que empezó a caminar a los 2 años. Con el tiempo nos enteramos que lo que pensábamos que era por cansancio de no dormir resultó ser que tenía una hipotonía y eso hacía que no tuviera fuerza en los músculos, por eso no gateaba o no caminaba. Y ahora nos enteramos, también, que tiene un retraso madurativo. Y llevarla a todos los médicos y seguir haciéndoles estudios. Porque la verdad es que pasamos por todos los tipos de medicinas que se les puedan ocurrir para tratar de solucionar estos inconvenientes. Médicos que nos recomendaban, médico al que íbamos.

Hubo una época en la que nos habían mandado a un médico que era privado y la situación económica en casa era difícil. Laboralmente la estaba pasando mal. Y cuesta mucho aceptar la ayuda económica de afuera. Pero esas cosas se van llevando de otra manera y las cosas fueron apareciendo, junto a un trabajo que me permitió ir a los médicos. Y gracias a lo de la enana terminamos cayendo en una médica que nos dijo que para poder entender a los chicos hay que estudiar primero a los padres y entonces nos manda a hacer una batería de exámenes a nosotros. Eran 3 hojas del recetario lo que nos pedían y cuando fuimos a sacarnos sangre para hacérnoslo, en el laboratorio no entendían quién era el loco que nos había mandado. Pero bueno, gracias a esos estudios saltó que yo tenía una anemia muy grande que nunca pensamos que era eso, sino que mi cansancio lo atribuíamos a que realmente no dormíamos nada. Entonces eso derivó a que me hiciera otro estudio y me encontraron un pólipo maligno en el colón. La pucha, con todas las cosas que nos venían pasando ahora sumábamos que me diagnosticaban un cáncer de colon a mí.

Y el pobre enano que también padecía todo esto porque al tener que llevar a la hermana a todos los médicos él tenía un ritmo de vida atípico.

Y después apareció lo mío. Era un médico al que nunca había querido ir. Y resulta que ir ahí hizo que me encontraran temprano el cáncer. Era maligno. Mi padre había muerto de cáncer después de un viaje a Europa. Un amigo de él había muerto de cáncer después de un viaje a Europa. Y a mí me estaban diagnosticando cáncer una semana antes de tener que viajar a Europa por trabajo. Los 3 al mismo lugar. Imagínense los fantasmas que pueden aparecer ante semejante situación. Yo tenía 33 años. Y a pesar de todo eso yo estaba muy tranquilo. Y tuve que viajar y a la vuelta sabía que me esperaban los médicos para operarme. Y unos días antes vino a comer a casa un cura amigo y me dio la unción a los enfermos. Y en casa seguíamos viviéndolo con mucha PAZ. Con mucha FE. Con mucho amor entre los 4. Y nunca pensábamos que iba a pasar algo más. No la veíamos venir. Y la verdad que nos ayudó a unirnos más aún. Por suerte la operación salió todo bien. Fueron 2 meses de pseudo reposo y de mimos que no me dejaban hacer nada en casa. Me acuerdo que mi mujer la agarró a la beba, que tenía meses, y le dijo como si fuera un adulto “ahora lo van a operar a papá y yo tengo que descansar un poco más y tengo que cuidarlo también a él”. Y es creer o reventar pero es como si la gordita hubiera entendido porque no es que se curó, obvio, pero hubo un cambio muy importante de parte de ella. Y eso es algo que te hace pensar en mil cosas. Y eso fue increíble.

Y teníamos que cuidar bien al primero. Cuidar un poco más a la segunda que tenía 4 tratamientos diferentes por semana. Cuidarme yo que venía de una operación importante. Y así y todo, seguíamos agrandando nuestro sueño. Y volvimos a quedarnos embarazados. Y esto lo hablamos primero con curas también. Cómo con todo lo que habíamos pasado seguir apostando a la vida. Y mucha gente nos decía que estábamos locos. Que no podíamos hacerlo. Y otros nos hacían ver que realmente somos fértiles y una familia sólida. Y habiendo gente que le cuesta tanto, incluso hasta no poder tener hijos, porqué íbamos a cerrarnos a la familia. Y así fue como volvimos a quedarnos embarazados y vino la tercera el año pasado. Me acuerdo que durante el embarazo habíamos hecho un retiro matrimonial. Y se acerca el cura a mi mujer, le toca la panza para bendecirla y le dice “va a ser mujer y va a ser la alegría de la casa”. Y hoy podemos decir que eso se cumplió. A pesar de todas las piedras en el camino la alegría está dentro de nuestro hogar. Y hoy podemos, también, dar gracias que no vino con reflujos, no vino con alergias, duerme. Vino una normal. Y nos reímos de eso.

Y hoy justo hablábamos con mi mujer, una charla que surgió espontáneamente. De todo por lo que habíamos pasado. Mi padre. Los chicos. Mi enfermedad. Mi suegro, que acaba de estar internado muy grave y salió. La familia que tenemos. Es algo increíble. Es una bendición. No se puede dejar de agradecer. Es muchísimo más de lo que podríamos haber soñado. Y nos pasó el otro día de haber ido a la misa de Pascuas. Y estar en dos puntas diferentes porque estábamos detrás de los chicos. Y cuando nos reencontramos vimos que estábamos los dos emocionados, prácticamente por lo mismo. Era la misa de resurrección. Porque todo lo que vivimos lo pudimos aceptar y superar gracias a Dios. Es increíble la PAZ y TRANQUILIDAD que te da. La FUERZA que sacás de donde no hay. Y así llegamos a hoy. Sintiéndonos acompañados en las malas. Porque uno siempre se siente “solo” cuando la pasa mal pero nunca agradece cuando la pasa bien. Y sin embargo, uno no ve cómo es acompañado cuando está mal. Y nosotros no decimos “por qué” o “dónde estás” cuando nos pasa algo malo. Sino que le rezamos diciéndole “gracias por estar”

La Muerte. La Vida

Cada historia va cambiando. Cada crónica va apareciendo. Cada Milagro Personal sigue pasando. Y Parroqui@ Online está ahí para contártelo. Hoy me toca ser YO. Un padre de 37 años que vive la vida como cualquiera. Y recibe estas noticias igual que todos. Debido al lugar en donde estoy, esta semana me llegó muy de cerca y en repetidas oportunidades la información de varias muertes en la Comunidad. Gente mayor. Gente enferma. Gente que se lo veía venir. Gente joven. Repentinas. Súbitas. Pero muertes al fin. Sabemos que son las reglas de juego, pero a veces no nos gustan. Y por más que esté en el reglamento, no podemos quejarnos al juez. Pero sí podemos conversar con Dios y rezarle para que nos de tranquilidad.

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En esta oportunidad quiero compartir con ustedes el poema EL VELERO de William Blake. Nos muestra con unas simples palabras cómo se podría llegar a ver la muerte según desde donde se la mire. Este poema llegó a mí hace unos días, con motivo de la muerte del abuelo de un muy buen amigo.

 

El Velero (William Blake)

Estoy parado en la playa

Un velero pasa, en la brisa de la mañana

Y parte hacia el océano

Es la belleza, es la vida

Lo miro hasta que desaparece en el horizonte

Alguien a mi lado dice ” Se fue”

Se fue. ¿A dónde?

Partió de mi mirada, es todo

Su mástil está todavía bien alto,

Su proa tiene todavía toda su fuerza.

Su desaparición total de mi vista, está en mí,

No en él,

Y justo en el momento que alguien,

Al lado mío dice “Se fue”

Hay otros que lo ven llegar desde el horizonte,

Hacia ellos y con alegría dicen.

“Ahí llega ”

Eso es la muerte, hay vivos en las dos costas.

 

No sería acaso un vivo reflejo de cómo vemos la partida de los seres queridos. Todos tenemos algún familiar, amigo, persona querida que ha fallecido. Pero también, seguramente, tenemos algún familiar, amigo o persona querida que sigue a nuestro lado. Y efectivamente, el día que muera para nosotros se va a ir; pero para quien la esté esperando del otro lado va a “venir”.

Me pareció una forma lindísima de poder representar la muerte. Cómo la ven ustedes?