Conferencia sobre Turismo Religioso

El próximo martes 27 de septiembre a las 18.30 tendrá lugar una interesante conferencia sobre Turismo Religioso en la Amat (Asociación Mutual Argentina de Turismo) en el marco del ciclo de charlas Viajes y Palabras.

La disertación que abordará diversos temas como el origen del Turismo Religioso en la Argentina, la importancia de la diversidad cultural y el Turismo Espiritual y de Fe, estará a cargo del Prof. Santiago Cano, quien posee una basta trayectoria en la materia como Creador del Encuentro Argentino de Turismo Religioso y Miembro Fundador de la Comisión Argentina de Turismo Religioso de la Federación Argentina de Asociaciones de Empresas de Viajes y Turismo.

 

Para los interesados en este segmento del Turismo es una buena oportunidad para acercarse a esta ponencia que ira transitando entre imágenes y la charla basada en las experiencias de Cano quien también dicta el curso de Introducción al Turismo Religioso en en Instituto de Formación Superior en Turismo.

Mas Info

Para asistir a la conferencia: Amat  Tel.: 4394-9665 / info@amat.org.ar

Instituto de Formación Superior en Turismo:  www.ifset.edu.ar

 

 

   

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Todos tenemos nuestra propia cabaña

 

Por Fernando Gorza

BUENOS AIRES.-¿Dónde está Dios en un  mundo de indescriptible dolor?”

Esa pregunta funciona como disparador para quien quiera leer La Cabaña, un libro apasionante escrito por Wm. Paul Young en el que relata el encuentro fantástico y sorprendente de Mack, el personaje principal de la obra, y Dios.

Luego de transitar una de las perdidas más terribles de su vida, Mack recibe una invitación a pasar un fin de semana en la cabaña para poder entender lo sucedido. Es una historia de búsqueda, perdón, sanación, tristeza y amor.  Abundan en la obra diálogos, preguntas y temas que muchas veces en nuestras vidas quedan como un interrogante sin respuesta. Con mucha sensibilidad y capacidad reflexiva, el autor pone en boca de Mack y de Dios conversaciones que llevan a la emoción y a la comprensión de aquella pregunta inicial.

“¿Esta historia es cierta?”- Le preguntaron más de un vez al autor. – “No: es ficción pero el sufrimiento emocional con oda su intensidad y el proceso que desgarra el corazón y el alma de Mack son muy reales. Yo tengo mi cabaña, el lugar por el que tenía que pasar para hallar mi sanación… El dolor, la pérdida, la aflicción el proceso, las conversaciones, las preguntas, la cólera, el perdón: todo es real, todo es verdad.” Y Agrega: “Ahí está Dios, que emerge en forma tan real, inesperada y al mismo tiempo sorprendente. Ciertamente Él es verdad”. Son innumerables los pasajes del libro en el que Dios se acerca a Mack con esa mirada de Amor infinito cobijándolo y abrazándolo en su totalidad como este que comparto:  

-“Vayamos a ver las estrellas” – invitó Dios

-¿Y los demás?- Pregunto Mack

-Aquí estoySiempre estoy aquí.  

Una obra recomendable y apasionante para profundizar en la fe, la búsqueda y el encuentro con Dios.  

Una mirada de Amor

Por Fernando Gorza

JERUSALEM.- Una de las experiencias más hermosas que viví en mi viaje a Tierra Santa es el ascenso por el Monte de los Olivos. Una caminata apacible y tranquila por calles angostas.

A medida que el camino avanza uno se va cruzando con otros feligreces que visitan el lugar, autos que pasan de costado, pastores que llevan sus animales y habitantes que simplementen bajan a la ciudad.

El premio al esfuerzo es sencillo y a la vez impactante: tan simple como sentarse en la escalinata exterior de la Capilla Dominus Flevit y contemplar el ir y venir de la ciudad Santa. El Arquitecto Antonio Barluzzi tuvo la sensibilidad de construir este Santuario en una de las elevaciones del Monte en forma de una gota de lágrima representando el llanto de Jesús por Jerusalem. En el pasaje de la Biblia (Lc, 19, 41-44) el evangelista recuerda el momento en que Jesús derramó lagrimas sobre ella.

Desde la altura es fácil distinguir la comunión de religiones que conviven junto al frenesí de una ciudad que conserva la historia de sus creencias hacia el interior de sus murallas reflejadas en templos, santuarios, capillas y mezquitas, y se extiende hacia afuera en líneas modernas de edificios altos, paseos de compras y locales de comidas rápida generando un contraste más que interesante.

Hace pocos días volví a trasladarme a ese momento de paz y tranquilidad que sentí en Dominus Flevit. En la pared de una capilla de la ciudad de Buenos Aires que visitaba por primera vez, observé un cuadro en blanco y negro de Jesús sentado sobre unas piedras en un terreno boscoso con los ojos puestos en la ciudad dorada.

Ví esa mirada contemplativa, silenciosa, intuitiva, serena y reflexiva. Me dí cuenta lo fácil que es volver a sentir el abrazo amoroso de un Padre que todo lo perdona, todo lo calma y todo lo espera y que mirándonos desde la altura, como lo hizo en Jerusalem, nos cuida y protege en nuestro andar cotidiano.

“¿Me amas más que a estos?”

Por Fernando Gorza

 

CAFARNAUM.- A la orilla noroeste del mar de Tiberíades se ubica una de las ciudades más amadas por Jesús. Caminar sus calles de piedra con vistas a la verde y florida Galilea es una invitación a recrear tantos milagros, tantos encuentros con sus discípulos, escuchar sus palabras que llegaron a nosotros en forma de parábolas completas de sentido y enseñanza.

Visitar Cafarnaúm y otras ciudades de Israel cambió para siempre mi vida como Cristiano. Mi viaje a Tierra Santa marcó un antes y un después. Cuando leo y escucho las lecturas de las sagradas escrituras, en pocos segundos me traslado a esos lugares. Logro volver a sentir el calor soberbio del desierto, a escuchar el apacible silencio del mar, a oler cientos de especias en los mercados de Jerusalém; vuelvo a sentir la emoción de tocar la piedra de la resurrección en el Santo Sepulcro y mi cuerpo se recoge en una noche fría y lluviosa al costado de los milenarios olivos del Huerto de Getsemaní.

Una de las tantas imágenes que conservo en mi corazón es la imagen de la estatua que se ubica al pié del Santuario Primado de Pedro en uno de los costados del Mar de Galilea. Cuando la vi por primera vez me impactó por su belleza, su expresividad y la claridad de la escena. La mano de Jesús sobre la cabeza de Pedro que lo mira arrodillado y asustado es más que significativa.

En ese brazo extendido y firme entendí la compasión del Señor que a la vez encierra ese amor que lo abarca todo, que lo perdona todo. Sin salir de su sorpresa y asombro al verlo resucitado, Pedro es interrogado por Jesús: “…¿me amas más que a estos?… Sí Señor, tu sabes que te amo…” (Jn 21 1-23).

Al releer ese pasaje de la Biblia pienso en cuántas veces esa misma pregunta se nos presenta en nuestra vida cotidiana, en un hermano que vive en calle, en un amigo que nos pide ayuda, en un familiar que necesita ser escuchado, en alguien que simplemente necesita algo de nosotros.

En cada uno de ellos tenemos una nueva, única e incomparable oportunidad de volver a amar.  

Volver a Dios

Por Fernando Gorza

CARTAGENA DE INDIAS.- Hace dos días llegué a esta hermosa ciudad de balcones de madera desbordantes de flores de colores, calles adoquinadas para caminar sin prisa y plazas arboladas con palmeras bien altas que resguardan el fresco del Mar Caribe.

Tras sus murallas, la ciudad se transforma en miles de experiencias para vivir y recordar. Las caminatas diarias regalan anécdotas de piratas y conquista desde su fundación en 1533, agradables charlas con los vendedores ambulantes que ofrecen miles de recuerdos de esta tierra colombiana, visitas a casas de familia y conventos que hoy son edificios públicos que resguardan parte del pasado cartagenero; la posibilidad de subir a una Chiva, un simpático colectivo abierto de madera, y como parte de la recorrida, la invitación a entrar a varias de las Iglesias que van apareciendo a cada paso.

A la vuelta de una de las esquinas de la ciudad amurallada me encontré con la inmensa puerta color ocre de la Parroquia San Pedro Claver enmarcada en una pared blanca y rugosa, en honor a quien fuera uno de los Misioneros y Sacerdotes Jesuitas nacido en 1580 que se ocupó de aliviar las penas de los esclavos negros. Tanto se dedicó a ellos que se hizo llamar el “esclavo de los negros”.

Lo que más me llamó la atención fue una de las láminas de la cartelera y la capacidad de síntesis y claridad para destacar la importancia de la Cuaresma. Recordé las palabras del Papa Francisco de su mensaje Fortalezcan sus corazones (St 5,8): “La Cuaresma es un tiempo de renovación para la iglesia, para las comunidades y para cada creyente. Pero sobre todo es un tiempo de gracia (2 Co 6,2). Dios no nos pide nada que no nos haya dado antes: “Nosotros amemos a Dios porque el nos amó primero” (1 Jn 4,19). Él no es indiferente a nosotros. Está interesado en cada uno de nosotros, nos conoce por nuestro nombre, nos cuida y nos busca cuando lo dejamos. Cada unos de nosotros le interesa; su amor le impide ser indiferente a lo que nos sucede”.

En ese cartel escrito a mano alzada a la salida de la Parroquia entendí la importancia de tantos momentos que como Cristianos elegimos vivir y decidimos transitar para que en nuestro recorrido y luego de dedicarnos a la oración, a la reflexión y siendo protagonistas de nuestra verdadera conversión podamos llegar a ese “Volver a Dios”.

Siempre hay alguien que reza por vos

Texto y Foto por Fernando Gorza

BUENOS AIRES.- Una de las postales que regala esta ciudad es la de los artistas callejeros. Creadores por naturaleza que dejan su huella en los espacios más transitados de la urbe en todas las versiones en que puedan expresar su arte.

Aquí les dejo una de esas “obras”. La Virgen pintada con tizas de colores en la esquina de Floridad y Paraguay. Un descanso en el trajín cotiadiano del ir y venir, una especie de respiro a pasos de cafés, bancos y la Plaza San Martín.

Siempre es un buen momento para hacer una oración y saber que, como dice la inscripción sobre la mano derecha de la Virgen, “creamos o no siempre hay alguien que reza por nosotros”.

Un puente de amor

 

Por Fernando Gorza

Fotos: Florencia Olguín

SAN ANTONIO DE ARECO.- Y un sábado a la tarde vuelve a ocurrir… Nace una nueva unión para siempre. Se empieza a edificar un puente de amor sobre pilotes fuertes a prueba de tormentas y vientos y el comienzo queda marcado en la Iglesia San Antonio de Padua de esta hermosa y pintoresca localidad de la Provincia de Buenos Aires.

 Paseando por el Pueblo me encontré con los invitados, elegantes y presurosos, acercándose a la Iglesia. El coro ensayando me dió una pista de lo que iba a ocurrir. Luego de almorzar en uno de los “boliches” de la plaza volví a la Iglesia. Todo estaba en marcha. El Ave María, siempre hermoso y emocionante, sellaba para siempre el comienzo de muchos sueños, renovadas ilusiones y la agradable sensación de esos novios de comenzar juntos a andar un nuevo camino.

 

 

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Cantar es rezar dos veces

Cancionero de la Iglesia Saint Joseph of the Holy FamilyPor Fernando Gorza

NUEVA YORK- Hace unos días regresé de mi viaje a Nueva York, una de las ciudades más fascinantes, cosmopolitas y atrapantes que conocí. La visité por primera vez siendo un niño y como un deseo que se mantuvo en el tiempo me prometí regresar para verla con otros ojos, caminarla distinto, sentirla y vivirla de una forma diferente y propia. Hoy pasados los treinta convertí el deseo en realidad.

Fueron diez días de caminar incansablemente y volverme a sorprender con sus majestuosos edificios, deslumbrarme andando sus avenidas, escuchar cientos de idiomas que se mezclan en cada esquina, recorrer sus parques, divertirme con sus personajes callejeros, visitar museos admirando obras de arte centenarias y como cierre del viaje, asistí a una misa Gospel en el corazón del Harlem, el barrio ubicado al norte de Manhattan que concentra la gran mayoria de las Iglesias que celebran la misa cantada.

Escuchar una Misa Gospel es una experiencia única. Pero vivirla, sentirla y emocionarse con esas maravillosas e impactantes voces que regalan glorias al Señor es superior. Todos aplauden, cantan y alaban. El coro entona oraciones en forma de canción y los tonos de las voces varían, suben, se elevan hasta el cielo y vuelven a bajar.

En medio de una de las canciones y luego de la homilía comencé a llorar de alegría y emoción. Volví a entender el regalo de mi fé y de ese amor infinito que no diferencia nada ni reconoce barreras. Un argentino mezclado entre hombres y mujeres de color, mejicanos, dominicanos, latinos, rusos, croatas; todos sonriendo, celebrando, compartiendo y agradeciendo el mismo regalo.

Este artículo lo escribí en diez minutos sentado en uno de los bancos de la iglesia guiado por una especie de impulso agradeciendo a Dios, como cantaba una de las coristas, “por haber vuelto a llegar a mi vida de esta forma tan particular.”

 

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Mi regalo en el mar

Atardecer en el mar. Autora Graciela Bellusci

Por Fernando Gorza

REÑACA.- El mar Pacífico es inmenso. No entra en una solo mirada y para recorrerlo hay que hacer un esfuerzo mayor pasando la vista de un lado al otro.

El Pacífico es magnético. De sus entrañas provienen ruidos, pájaros, peces, algas, gaviotas, lobos marinos, piedras y olas que rompen en su orilla.

Es atrapante ver tanta inmensidad junta en un sólo mar, tanta agua que recorre continentes tan lejanos.

Cuando me encuentro ante estos regalos de la naturaleza pienso en otro regalo, el de mi Fé. Ese tesoro dado gratuitamente, sin miramientos. Un regalo que no reconoce límites y que puede crecer de forma exponencial en la medida que nostros queramos poniendo nuestra confianza, voluntad y esfuerzo al servicio de Dios que siempre nos perdona y nos quiere amar.

El mar siempre me lleva a mi Fé, me traslada en su inmensidad, me recorre en su silencio, me identifica. Pienso en esa mirada inmensa como este mar, en esa palmada fraternal de mi Dios que me alienta y acompaña; que camina por la orilla a la par.

La tarde comienza a caer y yo sigo sentado en la arena agradeciendo uno de los mejores regalos en silencio y en paz.

 

 

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