Una familia con muchos ideales

 

En 1963, Tito, el abuelo, plantó viñedos en Mendoza para mostrar cómo funcionaban sus ingeniosos sistemas de riego, en una especie de show room del riego al que luego le sumó la creación de bloques de concreto.

El viñedo lo apasionó tanto que de a poco empezó a construir la bodega, con los bloques que también fabricaba.

Tito era el abuelo de Julia, Miguel y Sebastián, padre de José Alberto Zuccardi y suegro de Ana Amitrano, quienes 30 años después de la primera uva propia ya  exportaban el primer container de Santa Julia a Gran Bretaña.

Hoy, luego de más de dos décadas, Santa Julia pasó de ser una marca innovadora a convertirse casi en un clásico de la mesa argentina.

A la primera finca en Santa Rosa, le sumaron Maipú y en el último tiempo dos más en Valle de Uco de donde salen exclusivamente los Santa Julia Reserva y algunos de la creativa línea Innovación. Una propuesta que tiene detrás mucha investigación, como todo lo que hace la familia, y que se basa en el desarrollo de 35 varietales nuevos, no tradicionales, de distintas partes del mundo. Una ecuación precio calidad muy difícil de conseguir en las bateas. Como el Fiamo, vino típico del sur de Italia, de Avellino, un blanco, con frescura y exaltada acidez increíble para el paladar por $98.

Pero Santa Julia no sólo se preocupa por la calidad de sus productos sino que desde los inicios la relación con la comunidad y el medio ambiente estuvieron de la mano.

Sus fincas siempre tuvieron la impronta orgánica y desde hace un tiempo cuentan con la certificación oficial así como el sello de Fair For Life.

En eso estuvo acompañando Emma, la abuela y esposa de Tito, que desde los comienzos sumó sustentabilidad con actividades culturales para los vecinos, a lo que luego agregaron la donación de cuatro hectáreas para la escuela primaria y el secundario agrícola.

Otra de las marcas que hacen a la responsabilidad social de la bodega es la propuesta de nuevas actividades laborales para reducir la estacionalidad y que el trabajador rural tenga ocupación todo el año. Como la construcción de los calentadores contra heladas, otro invento de Tito Zuccardi, que hoy replican en muchas casas vinícolas

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“Si se genera trabajo y educación la gente se queda en el campo por eso alentamos las nuevas actividades” explica  Pepe (José Alberto Zuccardi) quien luego de más de 20 años de trabajo con la comunidad recién da a conocerlo, porque como dice “es lo que una empresa y empresarios responsables debe hacer sin bombos ni platillos”

Pero no termina el tema, la Fundación Santa Julia, liderada por Emma, creó un Taller de Costura, una de las últimas ideas llevadas a cabo con éxito, como todo lo que la familia emprende.

Son diez mujeres, esposas de los trabajadores de las fincas, que cuentan con un taller cerca de la bodega en donde tiene máquinas profesionales de coser y realizar todo tipo de labores, que muchas las compra la misma empresa, como los bolsos para vinos hechos con lonas de descarte de cartelería. Mochilas con viejos pantalones de jean, delantales y más.

Santa Julia hoy cuenta con unas 800 hectáreas y 40 etiquetas que se producen de manera sustentable. Todos los viñedos son tratados de manera orgánica como la historia de la viticultura tradicional, es decir, se controla la maleza con labranza y sin herbicidas y fertilizaciones con guano.

En la fincas hay un espacio dedicado al compost realizado a partir del uso de lombrices californianas que airean la tierra y replican los microorganismos necesarios para contribuir a la fertilidad de la misma. 

El servicio al visitante y las actividades que lo involucran con el proceso de producción son parte también de la cadena de valor. Viñedos, bodega de Santa Julia, aceitera de olivos, dos restaurantes y la destilería del Malamado son los espacios en donde terminan de cobrar vida todos sus productos. 

¡Hay que ir¡