Mendoza es grandiosa. Paisajes, clima excepcional, montañas, gente de primera y trabajadora y, por supuesto, vinos increíbles.
Pero para hacerlos las viñas, su cuidado y cosecha son una parte fundamental.
Muchas veces había estado, durante estos diez años de periodismo gastronómico en Mendoza, pero nunca me había metido entre las hileras en medio de la cosecha.
Cada cosechador tiene determinada la cantidad de hileras que recoge el o ella, y a veces, lo hacen por familia. Van juntando las uvas de las hileras paralelas.
Cuando llenan el tacho van hasta la calle del medio, en donde un camión espera la uva y cuando la vuelcan cae una ficha con un ruido seco en cada uno de los tachos.
Con esa ficha van contando la cantidad de uvas recogidas y se paga un promedio de 2/3 pesos cada tacho.
Pero en muchas bodegas de grandes extesiones se utiliza también la cosechadora mecánica que va barriendo las hileras con un movimiento vibratorio. Tuve la suerte de observar los dos procesos y aquí les dejo imágenes para que entiendan bien de qué se trata