Navegando por la Web me encontré con este post de MEX (un sitio sobre la industria móvil muy interesante), donde hablan de John’s Phone, el teléfono móvil que no hace nada más que llamadas. Nada. No admite SMS, la pantalla está en el borde superior (al estilo de los viejos beepers) y no tiene agenda telefónica, aunque viene con un bonito clip para enganchar una agenda de papel. La batería dura 3 semanas. Lo creó una agencia publicitaria danesa llamada John Doe.
No es, ni por asomo, el primer teléfono realmente básico (ni el único disponible de ese estilo), y para lo que ofrece es carísimo (en el hemisferio norte ronda los 150 dólares desbloqueado). Pero es medianamente canchero en su diseño, aunque no todo lo funcional que podría ser, y llamó la atención de un montón de gente acostumbrada a cargar con una computadora móvil, con todo lo bueno y malo que implica. El equipo vale más por el concepto al que apunta más que por lo que ofrece su hardware y su diseño industrial.
El móvil John, y una charla que tuve con Federico Ini y Ricardo Braginski mientras esperábamos que arrancara el lanzamento oficial del BlackBerry Torch con Claro, me dejó pensando en algo: para evaluar un móvil a veces aplicamos cierta lógica demasiado influida por el modo de analizar una computadora. No todos los teléfonos deben ser smartphones ni (más importante) quieren serlo, por más que coincidan en algunas prestaciones. Y la clave está, creo, en la presencia de los botones verde y rojo para hacer llamadas.
Hubo un tiempo en el que todos los teléfonos tenían un botón verde y otro rojo, porque la función básica de los equipos era hacer llamadas. Después fueron sumando funciones, cambiaron los teclados, incorporaron algunas teclas especiales (de menú; de control multimedia; para la cámara de fotos) y fueron mutando.
Como la PC, el smartphone moderno es una computadora de bolsillo multipropósito. Una de las primeras compañías en comenzar a promover esta idea (desde un punto de vista marketinero y con una idea que, ya verán iba en contra de sus propia concepción de la industria) fue Nokia en 2006/2007, al insistir en que con la serie N fabricaban dispositivos multimedia, computadoras de bolsillo, antes que teléfonos.
El problema era, grosso modo, que seguían fabricando teléfonos. Y no lo digo peyorativamente.
Si en la fase de diseño de un dispositivo de estas características (donde cada centímetro cuadrado cuenta) se deja un espacio importante para los botones necesarios para iniciar y terminar una llamada es porque, en su concepción, esta tarea es básica (en el sentido de crucial, de importante) para el dispositivo.
El iPhone prescinde de esto no porque no sea un teléfono (aunque no sea particularmente bueno como tal) sino porque la llamada es una tarea más; ni siquiera está primera en las prioridades del equipo.
El otro día les comentaba de un texto de Tim Ocock analizando los traspiés de Symbian, en el que él hacía una diferenciación interesante: entre los “móviles de Internet” (es decir, donde el acceso a la Red es la función principal) y los que no lo son.
El iPhone es el ejemplo más claro de este concepto (aunque obviamente el resto de los competidores han seguido su ejemplo). El icono del teléfono es uno más en una grilla. Otro ejemplo: en el Samsung Galaxy S (que también es bastante minimalista) el icono para las llamadas se puede quitar. Lo podés mandar al fondo del menú, olvidarte del tema. Motorola está a mitad de camino (el botón de teléfono es virtual, pero fijo).
Esto, sumado a los múltiples estudios que dicen que grupos relativamente grandes de usuarios hacen cada vez menos llamadas con el móvil (acá tienen uno -con datos locales- de Celularis, acá tienen otro con una visión europea, desde El Mundo) hacen que muchos piensen en la muerte del teléfono móvil como tal.
Lo que pensaba el otro día es que cuando se compara en pie de igualdad a un Torch con un iPhone (o un móvil con Android, algún Symbian, etcétera) se incurre en un pequeño error, y es el de poner en el mismo nivel dispositivos que están pensados con fines diferentes. El iPhone es el rey del consumo multimedia, el BlackBerry de la comunicación, que sigue siendo o por voz, o mayoritariamente escrita. Sí, claro, con el iPhone también se pueden hacer llamadas y escribir lo que sea, de la misma manera que con el Torch (y la versión 6 del sistema operativo de los BlackBerry) se pueden ver películas, navegar por la Web o jugar. Cada uno, sin embargo, tiene sus fortalezas.
Por eso RIM destina parte del equipo a los botones verde y rojo, o al teclado. Lo pensaba también con los nuevos Nokia con Symbian^3; el N8 tiene un sólo botón, pero el C7 y el C6 (que son virtualmente idénticos salvo por el tamaño de la pantalla y la calidad de la cámara) ya suman los de llamada. Todos hacen lo mismo (y, discutiblemente, son idénticos en funciones a un móvil de Internet) pero el foco de uso es distinto. En un teléfono con botones físicos para llamada, esa función está siempre presente (y literalmente al alcance de las manos). En un equipo que relega esas funciones al software, las llamadas son secundarias; si querés hacer una tenés que primero activar esa función.
Y aunque se habla cada vez más de que en un móvil lo que vale es el software, que el hardware es demasiado común a todas las plataformas como para ser un diferencial, creo que algunas compañías, desde el diseño, están todavía pensando en los móviles como teléfonos, y no está mal. Todos los smartphones modernos hacen más o menos lo mismo; todos, incluso los que ya tienen unos añitos encima o parecen anticuados. Algunos hacen mejor algunas cosas, otros están más orientados a una función específica (estoy pensando en la cámara con teléfono de Altek Leo, por ejemplo).
Al discutir sobre los méritos de una plataforma por sobre otra (y si tal compañía/sistema operativo están muertos/obsoletos/anticuados) hay que pensar en la proposición de valor que ese modelo (o esa línea de dispositivos) ofrecen o, como dicen en Asymco, ver “para qué trabajo fue contratado un móvil”, es decir, qué esperamos de él antes de tildar a tal o cual equipo como obsoleto. Esa es la virtud de John’s Phone, por ejemplo. Está clarísimo para qué sirve, y para qué no, más allá de la intención marketinera/canchera/”creativa”/etc.
Así que ya saben: si están buscando algo que primero sea un teléfono, después un centro de comunicaciones y por último una computadora multimedia, elegir un dispositivo que es todo pantalla táctil y sin botones quizá no sea la mejor elección. De nuevo, no es que no se pueda (lo bonito del software es que permite emular casi cualquier cosa) pero no será tan fácil, o tan eficiente en el uso de recursos, o tan modesto en el uso de la batería.
Les dejo un video de John’s Phone:
17.11.2010
2:35 pm
Está bueno! solo teléfono!
Que loca que suena esta afirmación, hace diez años, era loca la de un teléfono con camara, música, etc.
18.11.2010
8:20 am
Me gusta la nota, varias veces me he sorprendido a mi mismo en ratos de ocio pensando para qué tengo un telefono tan grande e incomodo para usar como telefono, pero lleno de b…deces que hace solo 10 años me hubiera parecido salido de Star Trek.
Sigo sin poder responderme y sigo sin poder desprenderme de él jeje
23.11.2010
6:00 pm
Excelente nota! Que placer que por lo menos algunos blogs de lanacion.com estén escritos por gente que sabe de lo que escribe.
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