Esta semana la gran noticia en móviles (al menos en la Argentina) fue el vaivén de Motorola respecto de las posibilidades de actualizar los equipos Android que vende en el país, algo que supuestamente sucedería antes de fin de año (corto: Backflip y Dext descartados, Milestone en evaluación).
El tema del firmware no es menor, y es más complejo de lo que parece. Sobre todo, más complicado que la actualización del sistema operativo de una PC, porque involucra a más actores, y una serie notable de idas y vueltas.
La actualización de firmware o de sistema operativo (aunque técnicamente son distintas cosas, en la práctica en el mundo móvil equivalen a lo mismo) nació primero como una manera de corregir errores después de que un equipo estaba en el mercado, y se asemeja más al “parche” disponible en el mundo de las PC: una forma de pulir el software, mejorar el rendimiento del equipo, actualizar elementos.
En una segunda instancia, y sobre todo cuando comenzó a crecer y madurar el mundo de los smartphones, esto -de nuevo, siguiendo al mundo de la computación personal tradicional- empezó a incluir también nuevas funciones que revaloraran al equipo adquirido.
Los fabricantes están siempre en un dilema frente a esto: no hay problemas en ofrecer una nueva versión del firmware que corrige errores, pero agregar más herramientas es una manera de extender su vida útil… y eso conspira con su negocio, que es vender equipos. Además, hacerlo implica una inversión económica que no siempre es recuperable, ni siquiera en imagen/lealtad del usuario. No estoy diciendo que sea un pensamiento maligno, o que los fabricantes sean un cuco; es una realidad económica de la que no pueden desentenderse.
Lo de Motorola no es nuevo:
- Muchísimos usuarios se quejaron al saberse que el iOS 4 dejaba afuera de la actualización al iPhone original.
- Algo similar sucedió con RIM: BlackBerry 6 estará disponible como actualización para varios equipos, pero no para todos, incluyendo algunos bastante nuevos como el Curve 8520.
- El Samsung Galaxy Spica, que acá vende Personal y usa Android 1.5, es casi seguro que no tendrá actualización a 2.1 (como sí la recibió en Europa) por razones similares a las que esgrimía la gente de Motorola esta semana.
- Casi nunca fue posible pasar de versiones de Windows Mobile, aunque el hardware fuera el mismo. Y hasta el HTC HD2, muy moderno y poderoso, que cumple con las especificaciones de hardware mínimo de Windows 7, se queda afuera (si alguno tiene ese equipo y quiere probar qué onda Android, puede instalarle una versión hecha específicamente para ese modelo).
- Los usuarios de Nokia han pedido por años y años que los equipos S60 recibieran actualizaciones a S60 FP1 o S60 FP2… sin noticias (supuestamente con Symbian^3 Nokia cambiaría esta postura).
Pero los usuarios conocen otro tipo de actualizaciones (más cercanas al parche correctivo) para sus móviles, que han descargado por años. Si no lo hicieron nunca, o no saben cómo, acá hice una mini guía. Les recomiendo hacerlo, porque en la enorme mayoría de los casos el equipo va a ganar en rendimiento. Y sépanlo: si su teléfono no está en la guía, igual es muy probable que haya una versión más moderna para su firmware, no importa qué tan poco sofisticado sea. En algunos casos, la operadora es capaz de hacer un push de datos al teléfono que es invisible al usuario; en otros, requiere llevar al equipo a un centro de atención al usuario, pero vale la pena. Mi ya difunto Nokia 1100 dejó de funcionar una vez, y en el servicio técnico, además de cambiarle la antena –flor de porrazo le había pegado– le actualizaron el firmware, para mi sorpresa.
Y otra cosa: no hay una versión universal de Android (o Symbian, o lo que fuere) que uno pueda descargarse así nomás, al estilo Windows/Linux, e instalarla alegremente en su teléfono. Lo más cercano a eso son los modders que hacen versiones propias del firmware del teléfono (cortesía, en el caso de Android, de que es mayormente de código abierto). Un ejemplo es Cyanogen. Pero aun así, los drivers de cada elemento (del video, el 3G, el Wi-Fi, el sonido) dependen de cada modelo, y lo que con mucho amor y esfuerzo funciona en un modelo puede no hacerlo en otro. Todos los firmware se hacen a medida, por más que compartan un patrón base, y por muy poco adaptados que estén.
El derrotero del firmware
La cuestión es que como muchos usuarios han notado, no todos los equipos reciben las mismas actualizaciones en todo el mundo y, peor, en un mismo país la versión del sistema operativo disponible para un teléfono varía de operador a operador.
Para tener un asomo de lo primero (distintas versiones de firmware según modelo y región, aunque sea de una familia de dispositivos con hardwar similar) vean esta página, que lista todas las versiones de firmware de todos los modelos de Nokia. Encima lista los cambios de versión a versión (el changelog, en la jerga).
La pregunta que todos nos hacemos es por qué esas diferencias, así que estuve investigando un poco. Según me explicaron Luis Ottati, Technical Account Manager para Servicios de Nokia Argentina, y Pablo Grasso, Gerente Regional de Ventas para el Mercado Corporativo y PyMEs de Cono Sur, el proceso es aproximadamente el siguiente:
- El fabricante (cualquiera sea) crea un sistema operativo para un determinado modelo (que incluye aplicaciones, los drivers para hacer funcionar correctamente cada elemento del hardware, etcétera). Esto implica también hacer las correcciones necesarias para cada región (sobre todo si el móvil no es cuatribanda, por ejemplo).
- Luego debe cumplir con las exigencias técnicas del país correspondiente (lo que puede implicar otro cambio). Ahí se lo ofrecen al operador; éste puede pedir cambios en la configuración, que van desde algo sencillo (un fondo de pantalla, una animación de bienvenida, un ringtone) a algo complejo (sacar o poner aplicaciones, cambiar cómo funcionan determinados elementos para que se ajusten a la tecnología que usa, etcétera). Si hay, como en la Argentina, 3 operadores, y el equipo se vende con todos, este proceso se hace por partida triple.
“Uno habla de GSM y parece que es todo lo mismo, pero no es así. No todas las redes son iguales porque están en el mismo país. Cada operador usa una tecnología levemente distinta, aunque todos sean del estándar GSM –me dijo Grasso-. Los fabricantes de equipos de telecomunicaciones lo ven de una manera, las operadoras lo ven de otra, y el fabricante de móviles tiene que hacer los ajustes necesarios para que funcione de manera óptima con esa red específica. En 3G es todo menos estándar todavía, ahí tenés que tener un cuidado especial, por cómo manejás la señal, cómo el equipo hace el paso de 2G a 3G en esa red, etcétera.”
- A medida que pasa el tiempo y equipo está en el mercado, el fabricante puede elegir hacer una actualización, como se hace con Windows, Mac OS X o Linux, porque encontró un error, una manera de hacer que el equipo ande mejor, etcétera. Pero también el operador puede pedir cambios por cosas que modificó internamente (una actualización de su propia tecnología de redes, de gestión de SMS, etcétera).
- En ese caso, y una vez hecho el nuevo firmware, hay que repetir todo el proceso de homologación. Si la adaptación pedida originalmente por la operadora era sencilla (agregar un ringtone) no hay mayores problemas; si no, hay que testear los cambios pedidos (y piensen que si un móvil se vende en todo el mundo eso implica, literalmente, cientos de operadoras) y ver que esto no traiga, a su vez, más problemas para el equipo, para la red y demás.
Todo esto tiene un costo, y el fabricante tiene que evaluar si vale la pena la inversión en tiempo y gente para armar esa actualización, en función de los usuarios que tiene, su tiempo en el mercado, el beneficio que realmente aportan esos cambios, etcétera. Obviamente si se trata del firmware para un teléfono desbloqueado se ahorran una parte del proceso, pero aún así es complejo.
“Todo eso hay que certificarlo frente al operador; y no todas esas compañías tienen el mismo interés en ofrecer actualizaciones a sus usuarios –me explicó Ottati-, sea porque es una política general, sea porque el equipo tiene, al momento de la actualización, una vida útil que está llegando a su fin, o porque no tuvo buena inserción en determinado mercado y hacer el despliegue necesario no es del todo atractivo. Y además cada operadora tiene sus tiempos y sus prioridades”.
De las múltiples opciones de actualización del mercado, la que más me gusta (por lo radical, más que nada) es la de WebOS (o al menos cómo lo implementó Palm): cuando hay una actualización, un cartel en el móvil te avisa, y te da un tiempo (creo que dos semanas) para iniciar el proceso; si al término de ese tiempo no hiciste nada, la nueva versión se descarga e instala sola. Brillante, sobre todo si es un parche de seguridad (piensen que se vende siempre con un paquete de datos).
Pero eso es siempre si la operadora colabora. De nuevo: el fabricante puede tener toda la buena voluntad del mundo, pero el cuello de botella es, en última instancia, la operadora. Y el mercado, claro, porque cuando estás en un rubro que mueve 1200 millones de equipos al año, qué es popular y qué no se desdibuja un poco.
Yo confío en que a medida que las actualizaciones se vuelvan algo normal y deseable para los usuarios, la traba de las operadoras va a desaparecer, porque es una manera de que ofrezcan un valor agregado a sus usuarios. Y me parece inteligente la estrategia que está analizando Google: transformar la actualización de piezas clave del sistema operativo en algo que los usuarios se pueden ir descargando del mercado de aplicaciones, como hoy se puede hacer en las PC con el navegador, el cliente de correo electrónico, el paquete de oficina, etcétera, dejando el cambio de versión del sistema operativo para cosas más profundas, menos frecuentes y cuyo atractivo sea más evidente para todos los involucrados (desarrollador del sistema operativo, fabricante del móvil y operadora).


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