Por qué los nuevos smartphones no sorprenden tanto

 
El primer iPhone (2007)

El primer iPhone (2007)

Es algo que surge invariablemente con cada nueva presentación de un teléfono de gama alta: la frecuente queja de que no es fantásticamente revolucionario; la sorpresa de que comparados con el modelo anterior sí, son mejores, pero no tanto.

Es algo conocido, pero nunca está de más refrescar el concepto. Y tiene que ver con Darwin y con Copérnico.

En la primera parte de la historia de los teléfonos móviles lo que prevaleció fue el darwinismo, la supervivencia del mejor adaptado al entorno, mientras las propiedades intrínsecas de la evolución (prueba, error, retroalimentación) generaban múltiples formatos y diseños. La especie reinante, sin embargo, era la misma: el celular como una pantalla pequeña, un teclado alfanumérico, botones para iniciar y terminar una llamada. Eran teléfonos.

El iPhone implicó, en 2007, un giro copernicano, un cambio de paradigma fundamental. Si en el mundo ptolemaico (para seguir con la metáfora astronómica) lo que llevábamos en la mano era un teléfono, hoy (en el mundo copernicano post iPhone) lo que vale es la computadora de bolsillo.

Cambió el paradigma, cambió la función del celular, y con ella -necesariamente- su aspecto. El formato anterior daba demasiada importancia al teclado físico, no ofrecía la flexibilidad que se requiere hoy: un teléfono que también debe ser una ventana a la Web, un reproductor multimedia, cámara de fotos, consola de videojuegos y demás.

Ese cambio no salió de la nada: mucho de lo que trajo el iPhone ya estaba en modelos anteriores. Pero el iPhone lo catalizó, lo hizo dominante.

Buena parte de los smartphones modernos siguen esa línea definida en 2007. Algunos diseños encontraron su nicho (equipos con teclado tipo BlackBerry) y otros parecen seguir una rama evolutiva trunca (los móviles con teclado horizontal tipo Milestone, o los celulares que sólo son teléfonos). Se acaban los equipos raros y los formatos inusuales, porque la mejor adaptación al hábitat actual (a los requerimientos multimedia del usuario) la ofrece el equipo con pantalla rectangular sensible al tacto.

Mientras el paradigma de uso siga siendo el mismo, ese diseño será el más popular, porque es el que mejor se adapta a la Web, los videojuegos y las películas tal como los concebimos hoy. Irá cambiando, pero gradualmente.

Darwin, querido, la industria está contigo

Un Sony Ericsson W800 (2005)

Un Sony Ericsson W800 (2005)

Es decir, ese progreso es darwiniano: va mutando, iterando, pero sin cambios drásticos, salvo que haya un salto tecnológico importante (es decir, inusual; imprevisible). Los smartphones hoy mejoran gradualmente al estilo de la PC. Incorporan, por generaciones, procesadores más veloces, pantallas de mayor resolución, mejores cámaras, etcétera. Esto a su vez permite un software más sofisticado, más inteligente, más capaz.

Pero es un cambio progresivo, una escalera que se sube de a un escalón (y muy de vez en cuando, dos o tres a la vez): esperar cada año que otra vez venga Apple -u otra compañía- a patear el tablero y poner todo patas para arriba es abusar de la esperanza.

Sí, mil compañías más se desviven para crear algo diferente, algo que sea realmente innovador. Pero mientras el paradigma de uso sea el mismo -mientras lo que busquemos sea tener una computadora de bolsillo dúctil e hiperconectada- y no haya un salto tecnológico inesperado (que puede suceder, pero que no suele ser frecuente) difícilmente vaya a cambiar drásticamente el formato, que además se ajusta a nuestras limitadísimas (e inmutables, sin intervención ajena) formas de interacción: visual y manual, con un poco de oralidad en el medio.

Digo: salvo tener una computadora bajo la piel, instalada en la periferia de nuestra visión o sincronizada con nuestras ondas cerebrales (algo que parece chiste, pero que ya se está empezando a probar) el formato del rectángulo negro que entra en la palma y que podemos manipular con las manos -nuestra principal forma de interacción con las herramientas, a lo largo de nuestra historia- y que muestra información en una forma que resulta sencilla para nuestros ojos, y que no nos aísla del entorno, llegó para quedarse. Y para lo demás (Google Glass, ondas cerebrales, equipos ultra flexibles) falta todavía.

El otro punto que limita la evolución -que impide este vuelco que difícilmente vaya a darse año tras año- es la evolución del hardware, que tiene sus propios tiempos, idas y venidas. Sí, el grafeno (por citar un ejemplo) es el futuro, pero para hacer lo mismo mejor, no para hacer otra cosa (por ahora al menos).

Llegaremos a él pasito a pasito, como han progresado las computadoras tradicionales, que han incorporado cada tanto funciones nuevas y espectaculares, pero que el resto del tiempo han tenido una historia de crecimiento progresivo. Y sin que nadie se escandalice, además, si una notebook modelo 2013 es sólo marginalmente mejor que una de 2012.

¿Por qué con ellas sí, y con los smartphones no? El cambio de paradigma en móviles -una herramienta que, dicho sea de paso, para muchos es novedosa como tal- se dio en forma relativamente reciente: cinco, seis años. Todavía no se acomodaron las cosas y entonces sí, uno espera poder maravillarse todos los años; y Apple no calmó los ánimos con el iPad, que para mí es parte de la misma revolución copernicana, aunque la tableta como concepto y realidad esté dando vueltas con relativa fuerza desde principios de la década pasada.

Un Nokia E70 (2006)

Un Nokia E70 (2006)

Un jardin de senderos de hardware y software que confluyen

Así que en el presente y en el futuro próximo los equipos tienden a parecerse: todos usan hardware similar, apuntan a resolver un mismo problema -o cubrir una misma necesidad- con un formato parecido. Y encima -como ha sucedido con la PC- todo se empareja aún más cuando hay dos sistemas operativos dominantes (aunque con más pretendientes que en el mundo de las computadoras convencionales).

No hay para dónde disparar: si todos avanzan con una velocidad similar, distanciarse del pelotón es muy difícil. Lo que están haciendo algunos fabricantes, entonces, es irse para los costados: cubrir más y más necesidades, por periféricas que sean, aprovechando las dimensiones descomunales del mercado.

Un Samsung Galaxy SII (2011)

Un Samsung Galaxy SII (2011)

Por un lado, con el hardware: Apple con la pantalla Retina en su momento, Samsung con los múltiples sensores, Nokia (y ahora HTC) con la cámara.

Por otro lado, con el software: parte la prensa estadounidense acusaba al Galaxy S4 de featuritis (hace no mucho se le llamaba feature creep, sobre todo en software): básicamente, la acumulación de funciones más por “yo puedo” que porque sirvan de algo. Es transformar un cuchillo en una navaja suiza: no siempre es conveniente.

Pero a Samsung -y al resto- no les queda otra: si todo el mundo tiene el mismo sistema operativo, un hardware similar, y prestaciones y aplicaciones que hacen más o menos lo mismo -y en muchos casos es el mismo servicio adaptado a ese equipo-, lo que vale es lo que va encima de eso.

Los fabricantes de PC lo resolvieron históricamente por precio, hardware, diseño y cargando basura en el disco rígido: antivirus de prueba, software de edición de fotos de valor dudoso. Pero en los celulares modernos -donde cargar software de terceros es parte del atractivo- las diferencias van por otro lado.

No necesariamente por un camino positivo: como dije en otra ocasión, tengo mis dudas de que la mayoría de las funciones del Galaxy SIII y S4 basadas en sensores, golpes y movimientos valgan la pena. Lo mismo con las funciones que le agregan inteligencia a una cámara en otros modelos. Pero quizá soy yo, que quiero sacar fotos y ya (y no uso Instagram).

El otro fabricante vertical que queda entre los grandes (Blackberry) optó por diferenciarse en la interacción con el equipo, en la manera de acercarse a la información. Ubuntu, Jolla y en menor medida Mozilla están explorando ese camino, pero por ahora son una incógnita.

Como medida, la aplaudo: piensan diferente, para usar la frase de cabecera de Apple. Y parecen estar teniendo un buen resultado inicial, pero eso es otro tema.

El marketing no siempre es una mala palabra (lo dice la experiencia)

Un BlackBerry Q10 (2013)

Un BlackBerry Q10 (2013)

Así que ahí están iOS, Android, Windows Phone, BlackBerry 10 y sus amigos. Todos hacen lo mismo, con algunas diferencias y privilegiando algunas vistas antes que otras. Pero el resultado grueso es muy similar.

¿Cómo diferenciarse? ¿Cómo convencer a un posible cliente que es mejor un equipo que el otro? Un argumento de venta es el hardware, porque es cuantificable y comparable: este teléfono tiene más batería que el otro, es más rápido -no importa si se nota solo en algunas circunstancias-, tiene mejor cámara. Es el más comprensible de todos.

El otro, más endeble, es el de las funciones: tiene un millón de aplicaciones a su disposición, o una billetera electrónica, o saca fotos con las dos cámaras al mismo tiempo, o tenés los mapas sin conexión a Internet. Una actualización y lo que antes era un elemento diferencial se neutraliza, lo que era algo negativo desaparece.

En forma creciente, sin embargo, hay un tercer elemento, que es el más difícil de todos para comunicar, pero que influye mucho, y es el de la experiencia: es, precisamente, esa forma particular de interactuar con el equipo, sumado a la solidez en el diseño de sus herramientas y a cierta cosa intangible, levemente irracional. Apple es la reina en esto, porque desde siempre hizo un marketing de la experiencia antes que del producto (y aunque uso la palabra marketing, lo veo como algo positivo). Durante la presentación del Galaxy S4 Samsung no mencionó casi el hardware del equipo, y prefirió focalizarse en qué puede hacerse: finalmente es lo que nos interesa a todos de un smartphone.

Pienso en los autos: los avisos promocionando tal o cual modelo no suelen decir de qué tamaño es el motor, o los kilómetros por litro, o qué tan mullidos son los asientos -o si son rebatibles- salvo cuando esto es un elemento diferencial concreto. La mayoría del tiempo lo muestran, por fuera y por dentro, para que uno comprenda qué ofrece, pero sin entrar demasiado en los detalles (porque hace lo mismo que hacen todos los autos). La traslación a una computadora o un smartphone moderno es directa: ¿qué hace mi PC que no haga la tuya?

Esto último, sin embargo -la experiencia, la filosofía detrás de un sistema operativo o un dispositivo, la mentalidad detrás del que lo diseñó- es por lejos lo más difícil de transmitir a un usuario potencial, porque tiene mucho de emocional, de arbitrario. Sentencias del estilo “iOS es mejor que Android” o “Windows Phone es más fácil de usar” son muy difíciles de sostener y argumentar; tienen mucho que ver con gustos propios, con costumbres, con tipos de uso. En los albores de la computación de bolsillo, la discusión sobre cuál era mejor, si Palm OS o  Windows Mobile, se intentó saldar (sin éxito) con argumentos del tipo “cuántos toques necesitás para enviar un mail”, algo que Microsoft aprovechó, con relativo éxito, para su campaña de Windows Phone. El argumento, aunque parcialmente válido, es un buen ejemplo del marketing de la experiencia. Pero es discutible: sí, mi teléfono tarda medio segundo más en subir una foto a Facebook. Imperceptible en el día a día, si además lo hace de tal manera que me gusta más o se ajusta a mi manera de pensar.

Y representa uno de los grandes problemas que tendrán todos los nuevos contendientes que quieren ganarse un trozo del mercado móvil. Porque por muy bueno que sea Sailfish: ¿qué tiene que ofrecer Jolla para que alguien le compre un equipo y se desvíe de la manada? Si es muy parecido, no tiene sentido. Si es muy diferente, bueno, es diferente -y mucha gente prefiere el malo conocido al bueno por conocer-. Y si efectivamente tiene algo único, ¿cuánto tardarán sus competidores de mayores recursos en copiar/emular/mejorar esa propuesta? No se puede hacer con todo: hay ciertos caminos que tomaron Apple, Google, Microsoft o BlackBerry de los que es imposible desviarse en el corto y mediano plazo. Pero la supervivencia de otras especies distintas de las dominantes parece complicarse bastante.

Así, pensar en una revolución constante, en un quedarse boquiabierto cada año es, aunque atractivo, poco realista. Sucederá sólo con un cambio de paradigma; cuando cambie el uso que le damos al celular, o cuando la tecnología permita que ese cambio se genere. Hasta entonces -y tiendo a creer que será por un rato largo- la constante será la evolución.

  • http://twitter.com/martin_sm Martin Merlo

    genial nota!!!!

  • http://www.facebook.com/thewaywewalk92 Nicolás Girardi

    ¡Excelente nota!

  • peta13

    Un placer leerte Ricardo como siempre. En mi humilde opinion, creo que la evolucion (no se si agregarle la “r” adelante) de los telefonos celulares se dara cuando realmente comiencen a relacionarse directamente con el hogar/auto/trabajo, transformandose casi en controles remotos universales. Esto ya existe y se esta implementando a modo de apps, pero cuando la tecnologia en nuestros hogares y vehiculos alcance la del dispositivo que llevamos en nuestro bolsillo (en cuestiones de conectividad estilo NFC o Wi-fi Direct) quizas cambie un poco el paradigma. Humilde opinion. Saludos

  • juan

    muy buena nota.
    me gustaria una evolucion en la que desde un smartwatch podamos obtener una pantalla holografica al estilo Minority Report,esa si seria una buena evolucion (soñar no cuesta nada,y no se que tan lejos de eso estaremos,todo es cuestion de tener la mosca)

  • Fede

    Excelente, me sacaste una sonrisa con la frase: “Los fabricantes de PC lo resolvieron históricamente por precio, hardware, diseño y cargando basura” jajaj. Coincido plenamente con la nota, y yo creo que en algún momento llegaremos a comprar un cel, e instalar el SO que nos guste. Es complicado (que las empresas quieran), pero con tan poca diferenciación en hard, se podría allanar ese camino. Si bien hoy es posible hacerlo con varios equipos, no es como con una PC.

  • Daniel

    Esto siempre paso. La tecnologia llego a una meseta, donde los cambios son incrementales (les agregan unas cositas nomas en las nuevas versiones). Ya se esta terminando la guerra de las especificaciones. Esto ya se vio con el startac (fue revolucionario), el primer BlackBerry, el razr, y el iPhone, Es cuestion de esperar, y ya va a aparecer algo nuevo, que revolucionara la industria. No quiero dar predicciones, porque uno nunca sabe que se esta trabajando. Nunca nadie pudo haber predecido el iPhone. Asi que a sentarse a esperar, y por el momento, acostumbrarse a celulares con pocos cambios. Hasta el proximo!

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  • Nesstor

    Me gustaba mas el mundo, cuando no había smartphones. Pero la tecnologia avanza.
    Siempre use Sony Ericsson! Era el mejor en apartado de musica, y sus parlantes siguen siendo de gran calidad, vs la competencia.

    Buen Post!! a Favoritos :3

    • Luis Bandeo

      Nah Nokia forever … hasta el smatphone ahí cambie.

  • Luis Bandeo

    Si se quejan de los smartphones que me dejan a mi que hace 25 años que espero la revolucion de procesamiento: redes neuronales, paralelismo real, computadoras opticas … todo sigue igual la arquitectura base de von Neumann domina el mundo.

    Si son más potentes, si incorporan 4, 8 , 16 nucleos en una pastilla , cache nivel 99 pero la arquitectura es la misma.

    Pasando a la nota comparto totalmente los conceptos dado que lo mismo ha pasado en cada producto que revolucionó lo digital, ejemplo fotografia: al principio todo era revolucionario, 2 megapixeles, 4 megapixeles …. 16 megapixeles, que no eran rapidas, se hicieron rapidas, que no habia lentes, los hubo, y ahora: bueno ahora todas sacan buenas fotos, todas pueden tener zoom muy largos o no, las diferencias estan en ergonomia , facilidad de uso y detalles no hay revolucion solo evolución.

    Por otro lado el triunfo de un modelo sobre otros a veces me deja la sensación de que por ahí habia una mejor alternativa, es decir la concentración en una sola variante deja a las otras afuera, y por ahi, si se le daban los recursos necesarios esas eran mejores luego de invertir lo necesario.

  • Tokol

    Una verdadera “revolución” sería un smartphone cuya batería no se descargue en 24 hras. Mucha pantallita y software pero lo que mas molesta como usuario es depender de un enchufe porque nuestro super móvil es un devorador de batería.

  • Sofia Altamirano

    Por el problema de la Bateria, si un smarphone logra superar esa brecha de diseño donde las baterias aguanten mas horas.

  • Flor

    Hola Ricardo Queria saber que me recomendabas comprar : Motorola ATrix 2Motorola RAZRi Samsung Galaxy III mini? Aguardo tu respuesta. Muchas gracias

    • http://www.lanacion.com.ar/ Ricardo Sametband

      Entre esos tres, yo iría problema el Razr primero y el Samsung en segundo lugar

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  • Jose Luis Simionato

    Hola Ricardo, recibo un Samsung S2 de claro esta semana, conviene hacer la actualización a Androide 4 ni bien arranque el equipo y antes de cargar mis Datos? He visto en tus artículos que el Androide 4 para Claro ya estaba disponible

    • http://www.lanacion.com.ar/ Ricardo Sametband

      Sí, mejor actualizar y después arrancar con la configuración (pero si lo hacés al revés no pasa nada)

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  • Mariano

    ¡Muy buena nota!

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