Oppo también le mete un motor a su teléfono, el celular como llave del auto, los smartphones más vendidos en América latina

Siguen los teléfonos con diseños raros: ahora le toca el turno al Oppo Find X, primo del Vivo Nex (ambas compañías son de un mismo dueño), que también apuesta a los diseños todo-pantalla e incluye un motor, pero éste se usa para la cámara delantera, la trasera y el sistema de identificación biométrica por láser (como el Face ID); todos los componentes se mueven en bloque.

No falta mucho para que uses el smartphone para abrir el auto, destrabar las puertas, etcétera. Los autos modernos ya no usan la llave mecánica, sino un control remoto inalámbrico, y esto va un paso más allá, con el nada menor agregado de seguridad: el smartphone es el que se encarga de validar la identidad.

No es nuevo, pero no está de más recordarlo: la luz azul de las pantallas es mala para el sueño, así que activá el filtro que ofrece la mayoría de los smartphones modernos si querés dormir bien. 

Buena entrevista a José Otero, de 5G Americas, explicando qué falta para que en 2021 podamos tener 5G en el país (sobre todo: legislación).

Un segmento en donde los relojes conectados aportan una ventaja de uso visible es en el de la gente mayor, que puede llevar en su muñeca un dispositivo que los mantiene conectados con familiares, permite pedir ayuda en cualquier momento, etcétera. No tiene por qué ser algo de muy alta gama (Apple Watch o similar); las alternativas más modestas cumplen esa misma función con bastante éxito, como mostramos en esta nota.  

De los diez modelos de smartphones más vendidos en América latina durante el primer trimestre de 2018, seis modelos son integrantes de la familia Galaxy J de Samsung. La compañía tiene el 36 por ciento del segmento de menos de 200 dólares, que a su vez constituye el 80 por ciento del mercado total. (Counterpoint)

Números de IDC para estimar el tamaño del mercado de dispositivos “vestibles” para 2018: 20,2 millones de relojes de Apple; 5,4 millones de Wear OS; 8 millones de Android (es decir, derivados no oficiales) y otros, para un total de 43,5 millones de relojes inteligentes, a los que se suman 45,1 millones de pulseras deportivas y 29,6 millones de relojes conectados. (IDC)

Salió a la luz un prototipo de un celular plegable de Samsung, con doble pantalla. Nunca lo fabricó, pero es muy parecido a lo que más tarde hizo ZTE con el Axon M, que sí vende. Es un concepto interesante, pero por ahora es tan de nicho (con un escenario de uso tan limitado) que es difícil verle el sentido. Lograr pantallas flexibles, o de bordes invisibles, quizá cambie esto, sobre todo para el consumo multimedia. (Ovrik)

 

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La computación de bolsillo, 20 años después: los pioneros, los que cayeron, la plataforma del futuro (y más cosas, claro)

Esta semana escribí sobre marzo de 1996, un mes fundamental en la historia de la informática de bolsillo: fue entonces cuando presentaron el Nokia 9000 Communicator (el primer smartphone comercialmente viable, aunque no el primero en términos cronológicos) y la primera palmtop, la Pilot 1000 (que no fue la primera computadora de mano, pero sí el primer dispositivo de bolsillo de gran difusión). Son clave, porque definieron qué se hacía y cómo (e influyeron en cómo usaríamos este tipo de dispositivos), impulsaron a dos compañías que tuvieron un papel preponderante en la década siguiente, y tuvieron un final parecido, cuando el mercado decidió ir por otro camino que ahora marcó Apple -y que a su manera habían previsto. Las obligó a capitular, cediendo sus destinos a los de Microsoft, su rival previo, cuando su propio sistema operativo no dio para más. Al final, Palm se pasó al bando Windows Mobile después de perder muchísimo tiempo intentando transformar Palm OS en algo moderno, como Nokia con Symbian (aunque Palm OS estaba mejor hecho) y luego Windows Phone. Ambas compañías vieron, además, a Linux como su salvación (Nokia pre-Microsoft, Palm post resurrección); ambas (con MeeGo y WebOS, con el N9 y con el Pre) con productos atractivos y bien recibidos, pero que ya llegaban tarde.

Hablando de Nokia, Microsoft y sistemas operativos en problemas: contamos esta semana que Microsoft publicó, finalmente, su actualización a Windows 10 Mobile para un gran número de teléfonos Lumia. Hay varios ausentes (el Nokia 1020, por ejemplo, o los más populares con chips Qualcomm S4 o 512 MB de RAM, como el Lumia 520) pero en total la mitad de la base instalada debería poder actualizar a W10M sin problemas; mejor que Android, peor que iOS (Windows Central) y con el reclamo de que el pitch original de Microsoft era que todo WP8 se actualizaba (Allaboutwindowsphone). ¿Vale la pena actualizar? Sí, aunque HOY vas a tener un rendimiento menor a Windows Phone 8.1 (Digital Citizen); pero a futuro las nuevas aplicaciones, y sus actualizaciones, van a estar en la tienda de Windows 10 Mobile.

Esta semana hablamos también de Baselworld, la feria anual de relojería, que mostró varias apuestas de la industria, intentando (con mayor o menor cautela) avanzar sobre el terreno de los relojes inteligentes y, sobre todo, los relojes conectados (mismo aspecto que un reloj normal, funciones de cuantificación de movimiento que se gestionan desde el celular). Es interesante, porque en un punto la relojería suiza está en el mismo momento que la industria de los celulares a principios de este milenio y corre el riesgo de transformarse en el mercado moderno de smartphones/PC. En un futuro ideal logrará ser como el mercado de autos.¿De qué hablo? Los smartphones y las PC modernas son todos iguales. Mismo hardware, cambia la combinación, el rango de precio y algo -pero no mucho- de la estética. En los relojes pulsera, la paridad de funciones hace tiempo es así: salvo raras excepciones y productos de nicho, no te comprás un reloj pulsera por lo que hace (ni por cómo lo hace), sino por la estética, por lo que representa. Uno podría creer que con una plataforma como Android Wear (que está adoptando la mayoría de los fabricantes) se mantiene el status quo: todos los relojes ahora son inteligentes, todos hacen lo mismo, todos siguen siendo iguales como antes (y son más o menos similares que el Apple Watch, que lo que haga Samsung con Tizen, etcétera). En FastCo tienen un buen argumento a propósito de esto. En la práctica, no obstante, buena parte de la diferencia está en el cuadrante (por estética, y -en los analógicos- por la carga de complicaciones que trae). Si todos los relojes pulsera tendrán, a futuro, la misma pantalla y la misma interfaz (y la posibilidad de cambiar su aspecto con un clic) esa posibilidad de diferenciación se diluye y tiende a cero (el marco, la montura, los materiales, pero no mucho más) y se transforma, cada vez más, en una cuestión de precio. Habrá que ver cómo logran las marcas “caras” para acomodarse en este segmento; por eso varias de ellas parecen apuntar al reloj conectado antes que inteligente: agrega funciones -con cautela- pero preserva el atractivo analógico; no se le escapa que lo que más se vende por lejos son las pulseras deportivas (y que Android Wear no tiene ni por asomo, todavía, el éxito del Apple Watch).  Seguir leyendo