El Galaxy S9 te mide la presión, cuánto se vende el iPhone X, 70 millones de Moto G y más

Los Samsung Galaxy S9 y S9+ se pondrán en venta en la Argentina en forma oficial la semana que viene, aunque ya están los precios de preventa con las operadoras y las cadenas de electrodomésticos. Una cosa que me sorprendió del S9, por lo inusual al menos, es el sensor de presión arterial, que estuve probando brevemente: es un tensiómetro en el teléfono. Como el monitor de ritmo cardíaco, es probable que no lo use jamás, pero para mucha gente es un agregado interesante, como lo es que la versión que se venderá en la Argentina (con chip Qualcomm) incluye, también radio FM habilitada. En los tres casos, además (la radio, el tensiómetro, el sensor de pulsaciones), si no los usás no importa: no hacen que el teléfono sea más grueso, o más pesado, no sobresale del perfil del equipo, etcétera.

Este año veremos, quizás, la llegada de Nokia, Xiaomi o Blu al país, sea vía Tierra del Fuego (lo más probable) o por importación directa (más sencillo, pero el resultado sigue siendo un equipo mucho más caro). Ojalá: siempre son bienvenidas nuevas opciones. Y en este caso, además, son todas de buena calidad.

Esta semana también se hizo otra prueba pública de 5G en la Argentina, esta vez entre Personal y Nokia (la anterior, el año pasado, fue con Movistar y Ericsson). No hay, por ahora, más que eso: falta que la tecnología esté terminada y en uso (2020), que se licite el espectro local, que instalen antenas y mucho más. Como referencia: en la Argentina la mitad del mercado de telefonía tiene una cónexión 4G.

Algo que me llamó la atención es la llamada dismorfia de Snapchat: gente que se opera la cara para parecerse al aspecto que tiene cuando se toma un autorretrato y lo pasar por un filtro de embellecimiento. Nadie, por suerte, pide hacer eso con los filtros retro que andan dando vueltas para hacer que la grabación parezca de un VHS o una película antigua. 

Escribí, también, sobre Chat, la aplicación para chatear que planea Google y que es el enésimo intento de buscarle la vuelta al SMS con RCS, un estándar de las operadoras que tiene todo lo que esperamos de un chat moderno. Estaría bueno que triunfe, porque es abierto y no deberíamos depender tanto de unas pocas compañías para esto (Whatsapp, Apple, WeChat); a la vez, no aporta nada nuevo, así que sus chances de hacerse masivo son mínimas.

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