Cómo sería mi tableta si yo la diseñara (y la física no fuera un impedimento, claro)

 

Estos pibes de la CES no entienden nada. Déjenme que yo, repantigado en mi silla de caño y cuerina, frente a mi mesa de fórmica en un bar porteño, mientras miro por el ventanal pasar a las chicas veraniegas y dejo que se enfríe un cortado, les diga la posta: cómo sería una tableta si yo la diseñara. Ya les ofrecí mis genialidades sobre el móvil (sería el Homero 1, digamos), así que ahora voy por más.

The Homer, por Carlos Bisquertt

(Así es The Homer, el auto que Homero diseña para su hermano en un capítulo de Los Simpson)

 

Por lo que pudo verse en la CES, dos cosas hicieron bien los pobres diseñadores industriales que tienen que ver cómo hacen para pescarle la vuelta a un formato que, esencialmente, está físicamente sellado por varios años más. Digo sellado porque, como con los smartphones, hay poquísimo lugar para la distinción en el diseño; mucho menos que en una notebook. ¿Cómo son los smartphones y las tabletas actuales? Un rectángulo negro con uno o dos botones físicos, más un par de virtuales. Son todos iguales, y no hay escapatoria, porque lo que prima es lo virtual (el sistema operativo, la interfaz gráfica, las aplicaciones, la Web) y la pantalla es la ventana a esto, así que es el elemento principal de cualquier dispositivo móvil moderno, y por lo tanto es central al diseño.

Sí, los hay más grandes o alargados, con bordes curvos o rectos, etcétera. Pero se perdió eso de determinar, de lejos, qué modelo tenía alguien en la mano en el colectivo. Ahora mirás el sistema operativo y buscás el logo.

Pero me desvío de mi misión, que es compartir mi sabiduría de café. Dos cosas resolvieron bien, decía, los diseñadores industriales y todo el resto de las personas involucradas en el desarrollo de un producto de estas características, claro.

Una, decidir que el teclado desmontable es un accesorio perfectamente válido en una tableta, que merece una reválida histórica, e ingeniárselas para que el enganche no sea un horror. Si necesitás una tableta, vas con la interacción directa con la pantalla y el sistema operativo optimizado para estos menesteres (Windows 7 la mira desde afuera). El día que el teclado virtual no te alcanza, le conectás uno físico y a otra cosa. Lo demostró Think Outside con su teclado plegable para las Palm en el siglo pasado; lo demostró HP con su Compaq Tablet PC TC1000 a principios de este milenio (por nombrar un modelo entre tantos); lo demostraron todos los que crearon fundas que conectan una iPad con un teclado; lo demostró Asus en la CES la semana pasada con la Asus Eee Pad Transformer (foto).

asus-eee-pad-transform

Dos, entender que la distancia entre un smartphone, una tableta y una computadora personal (pensando en el término genérico y no en la PC que IBM creó hace casi 30 años) es hoy cada vez menor. El ejemplo más interesante de la CES 2011 es el Motorola Atrix, un smartphone que conjuga varios conceptos que están dando vueltas hace años: el del servidor personal, propuesto por Intel en 2003 (literalmente, un servidor de bolsillo conectado a Internet, que llevarías a todas partes con toda tu información personal), el MetaPad de IBM (también de esa época, y con un sentido similar, aunque pensado para enchufarse a un monitor y un teclado) y la computación en la Nube, es decir, tener todo online y acceder a nuestra vida digital a través de un navegador.

El Atrix (que dicho sea de paso, antes de mitad de este año llegan a la Argentina, según Infobae)  es un smartphone más o menos normal; usa Android 2.2, tiene el hardware que será de alta gama en 2011 (chip Nvidia Tegra 2 de doble núcleo a 1 GHz, 1 GB de RAM, pantalla de 4” de alta resolución), pero no está ahí lo que realmente lo distingue del resto, sino la disponibilidad de varios docks, dos de los cuales son clave: uno lo transforma en una notebook, el otro te permite conectarle un teclado y cualquier pantalla con conector HDMI (televisor o monitor); en ambos casos al conectarse el teléfono entra en modo webtop y te ofrece un Linux con Firefox completo (no la versión móvil) con Flash 10.1 y todos los chiches para que accedas a las versiones completas de los sitios Web 2.0 como mandan las buenas costumbres (y además podés usar todo lo que te ofrece el Android que lleva dentro, incluyendo las aplicaciones que descargaste). Acá tienen un video de cómo funciona que hicieron los de Engadget (está en inglés pero se entiende qué hace el Atrix).

Lo que tiene dentro es, calculo, alguno de los mini Linux que ya vienen en varias netbooks como alternativa de “carga rápida”. Uno de los más simpáticos, a mi juicio, es Splashtop (pueden probarlo gratis, se instala en paralelo a Windows sin tocar la partición del disco, la estilo de Ubuntu).

En su versión netbook enganchás al Atrix detrás de la pantalla y usás ese display y su teclado, además de acceder a al menos 2 puertos USB. El accesorio es puramente una pantalla, un teclado y (creo) una batería. Más hardware sería redundante.

Motorola no es la primera en intentar algo así; ya lo probó Palm con la fallida Foleo en 2007, ya lo tenía en mente Sony Ericsson por esa misma época y ya lo ofrece hoy la gente de Celio con su Redfly para Blackberrys y  dispositivos con Windows Mobile 6.5, aunque el funcionamiento depende más de la sincronización que de la integración.

Redfly_BB

La diferencia con Atrix está en el hardware del teléfono, que es lo suficientemente poderoso como para resolver las tareas cotidianas de una PC/notebook sin problemas, e implica algo no menor: usás la conexión 3G del teléfono. Parece una pavada, pero si a la conexión de banda ancha hogareña le sumás el abono del teléfono y luego el de la tableta/netbook/etc. terminás con un gasto mensual monumental. Acá te ahorrás un paso. Siempre podés usar el smartphone como módem para casi cualquier dispositivo (incluyendo una tableta), claro, pero está bueno tener esta opción que es más directa y eficiente.

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Yo no hubiera diseñado así la notebook para el Atrix.

Me pone muy nervioso que el equipo quede oculto detrás de la pantalla, y que sobresalga. Lo digo con la suficiencia y los gestos ampulosos que me permiten este café, esta mesa rayada, este calor; pero el conector está en un lugar muy feo. Aparentemente no se cae si inclinás el equipo, pero queda en un ángulo medio complicado si, por ejemplo, estás usando Atrix como netbook y la querés cerrar para trasladarte a otro lado; llevarlo bajo el brazo es un problema, lo mismo si lo querés meter en un bolso rápido.

¿Mi solución? La bahía para que se conecte el Atrix tiene que ser el touchpad. Es decir, el teléfono hace de touchpad y se coloca adelante del teclado, en una suerte de ranura/pozo. Además de que te ahorrás de instalarle un touchpad (es decir, reducís costo, por mínimo que sea) lográs que el usuario tenga el teléfono muy a mano, sea porque (como más de uno que conozco) necesita tenerlo a la vista y no oculto detrás de la pantalla, ni sobresaliendo del resto del equipo; o sea porque si alguien te llama por teléfono, te permite el gesto automático de tomar el equipo, llevártelo a la oreja y alejarte porque necesitás privacidad, porque no querés molestar, porque sos de los que necesitan caminar para hablar. Y si querés moverte con el móvil conectado al teclado funciona como una notebook (un bloque delgado bajo el brazo, etcétera).

Tiene la contra, claro, de que no podés hacer entonces un accesorio universal, porque no todos los modelos de Motorola tienen el mismo tamaño que el Atrix. Pero claro, eso no tiene por qué sucederle a otros fabricantes (Apple, por decir un nombre).

metapad_core_notebook_sYo haría lo mismo con una tableta: nada de hacer algo que es casi un smartphone grandote y que, salvo el tamaño de la pantalla, no aporta diferencias en términos de hardware. Sí, la pantalla no es poco, pero mientras se toman otro café atiendan a mi idea: podés tener eso, pero también podés tener la alternativa eficiente, que es un smartphone y una suerte de guante (un poco como proponía IBM con MetaPad, y eventualmente Sony Ericsson con su dock) que es básicamente una pantalla, un conector y una batería. Cuando querés tener un móvil, usás el teléfono; cuando sería mejor tener una versión extra-grande (la tableta) lo insertás en su ranura, cambia a modo webtop (o lo que fuere) y listo.

Esto debería ayudar a resolver uno de los temas más espinosos en una tableta (el precio sumado al segundo abono de conexión si se lo comprás a una operadora) mientras ofrece las funciones avanzadas y el tamaño que esperamos de una tableta sin requerir que compres dos veces el mismo hardware. Incluso podés agregar un teclado como accesorio.

Por supuesto, detalles nimios sobre cómo lo enganchás sin recurrir a horrores de diseño como puertas o cosas sobresaliendo; o como lográs que en la posición en que quede no desbalancee la tableta, quedan para los ingeniosos diseñadores industriales que siempre tienen buenas ideas.

Obviamente, todo esto es mientras esperamos que las pantallas que se enrollan o se estiran se transformen en una realidad; en esto, todo lo que pedí cuando hablé de cómo haría mi celular se sigue aplicando. Así que ahí tienen: la semilla para construir el segundo Homero y crear un imperio digital. Mientras no pase lo de Crunchpad, claro.