El deseo del objeto

 

Estos días son muy agitados en la redacción. Pero quiero volver aquí sobre algunas ideas que fui escribiendo en el blog. Una es Robert Adams. Hagan click en su sitio. Los invito a pasearse por sus fotos. Casi cuarenta años de trabajo. Les pido que vean What We Bought. (Arriba). La secuencia es importante. Después, vayan directo a Alder Leaves (Abajo).

En ambos casos recorrí la secuencia entera como la plantea Adams. Después, miré las primeras y las últimas fotos. Y el recorrido entremedio. Voy a dejar esas imágenes flotando por unos días en mi cabeza. ¿Ustedes qué ven?.  Joan Fontcuberta dice que todo mensaje tiene una triple lectura: nos habla del objeto, nos habla del sujeto y nos habla del propio medio. Estos tres aspectos no siempre se reparten proporcionalmente. Pero lo que siempre está presente de un modo preponderante es el objeto. Sin él, no habría foto… hasta hace poco.

Entre los primeros trabajos de Robert Adams y los últimos encuentro su reflexión acerca de la fotografía. La gradación tonal de sus copias, la composición cándida, la quietud de sus sujetos son el soporte de su visión que va más allá de las fotos.

Ayer pesqué por unos minutos en la tele la peli Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. La fotografía es un fijador de recuerdos. A veces pienso que mi Flickr pro es la bitácora más detallada de mis últimos años. Si no hay fotos no hay memoria posible para mi.

 

  • rodrigo

    Yo creo que las fotos de Adams no pueden explicarse con palabras. Ver cada serie (me) genera un estado que va más allá de lo que se puede encontrar al desmenuzarlas. Tiene una increíble capacidad para encontrar simpleza y a la vez generar imágenes potentes, que muestran la naturaleza, pero a la vez su deterioro (siento que uno puede elegir alternativamente cuál de los dos ver, mientras la otra opción queda en suspenso), o la presencia del hombre influyendo en el equilibrio natural.

  • mimí arrreta

    me gustaron las fotos soy estudiante de arte, me gustaria recibir trabajos para tener como referencias.

  • Aereal

    En uno de los capítulos de su libro “The Creative Habit” (que te lo recomiendo muchísimo)Twyla Thurp, consagrada coreógrafa estadounidense, habla de la memoria y el archivo. Cuenta cómo, para su proceso creativo, se nutre de su historia y de su pasado. Para ello, vuelve a revisar y releer notas y apuntes y recortes que hizo para obras anteriores que los tiene archivados por cada coreografía que creó (más de 130).
    Esas cajas, son para ella, lo que es tu Flickr para vos. Una nota, un comentario en el margen de un libro, un nro de teléfono anotado detrás de una tarjeta personal vieja o un recorte de diario, son un hito que nos lleva a un momento y un lugar que tal vez, de no existir esa referencia, no podríamos recuperar.
    Mis fotos están organizadas por semana, de la 1 a la 52, desde el año 2005 (que me pasé a la tecno digital). De tanto en tanto, recorro mi vida y revivo los sentimientos y sensaciones que, a veces, había dejado en el olvido.
    Aún cuando la mayoría de las veces detesto mis fotos, jamás borro alguna, porque sé que con el paso del tiempo, todas las fotos son maravillosas y tienen la particularidad de haber inmortalizado un momento, un lugar y mucho de lo que me pasaba cuando decidí tomarla.

    • daniel

      Ahora que mencionás el ejemplo Twyla Thurp recuerdo un libro de Robert Frank “New York to Nova Scotia” de 1986. Está construido en base a fotografias, cartas mecanografiadas, collages, anotaciones del momento, etc. ES como una reconstrucción de un segmento de su historia. Gracias por el dato!

  • Aereal

    Son las 7.40 am en San Francisco y al ver las fotos no puedo dejar de notar algo: En la mayoría de las series con exteriores se ven residuos y basura tirados en la calle. Hoy, 2012, es algo muy raro aquí en EEUU. Para nosotros, vivo en Mendoza, la basura y los residuos en las calles son parte del paisaje. Estamos acostumbrados a verlos. La reflexión, que me permitieron las fotos, es que se puede. Tal vez tengamos que esperar (invertir!?) 25 o 30 años, pero se puede cambiar un hábito cultural.