Una foto lleva a la otra

brussels193201

Recién subí a Facebook una historia curiosa. La de una foto que lleva a la otra, y esta a un libro y a otro. Los temas son siempre los mismos y siempre conservan idéntica frescura para mi: La primera foto, los libros de fotos, la magia del “ojeo”. Pero mejor me ordeno y le cuento lo que me pasa.

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A dónde hemos llegado

retrato

La foto de la derecha es de Alejandro Witcomb, y la pueden ver (hasta el domingo nomás), en la muestra Bicentenario: Imágenes Paralelas – Siglo XIX a 1940, y la de la izquierda es de la muestra Guilty!, de Marcelo Grosman, que sigue hasta el 1 de julio en Catena Fotografía Contemporánea. Hace un  momento las quise ver una junto a la otra, y decidí publicarlas asi. ¿Será un díptico? Para mi es una comparación….

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La foto de domingo… y los bodegones

visita familiar

"Visita familiar". por Natacha Contreras Peñaloza

Cuando la realidad no alcanza, uno empieza a imaginar. La imaginación es un terreno peligroso. No tiene límites! Y necesitamos tanto que nos digan hasta dónde llegar, Los artistas de verdad acostumbran a buscarle un cause a su imaginación. El desborde sobrevendrá de todas maneras. Pero saben que en la medida que lleven una dirección, “algo valioso” quedará en los bordes del descarrilamiento, del salto al vacío. Lo único que les importa es el sentido de lo que hacen y por la misma inercia del trabajo en progreso, finalemente….. se va todo al diablo y se termina.  ¿Vieron la peli Seraphine?

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La foto de domingo… y el título

El Olvido“El Olvido.jpg”. Así se llama esta imagen que nos envia Iuri Izrastzoff. Tal vez sea simplemente el nombre que le puso al descargar el documento en la computadora. Nunca vi un título que termine con “.jpg”!

El tema señores, escritores, glogueros amigos, amigas… es el título, o la falta de título. O el nombre, caprichoso a veces que le colgamos a una foto, para no perderla si la dejamos descarpetada en cualquier parte.

En este mundo digital las fotos ya vienen con un número. Ninguna se salva. Entonces tenemos: el título, el sin título, y recientemente, el nombre, que no siempre es lo mísmo.

Ahhh… también tenemos la foto ! ¿Ustedes qué ven en ella?. Un vestido colgado, una toma despiadada del interior de un ropero, una forma geométrica casi irreconocible. ¿Algo olvidado?

Miyako Ishiuchi hizo una serie de fotografías con los vestidos y los objetos de su madre muerta. Wolfgang Tillmans se colgó durante años fotografiando pantalones arrojados descuidadamente (¿..?) sobre cualquier parte. “La ropa vacía” es el último vestigio palpable de una ausencia. Qué mal suena esto último! … tengo que hacer un taller de escritura este verano amigos…. Lo que quiero decir es que uno fotografía la ropa cuando aquel o aquella que la usó, ya no vuelve. ¿Es así?

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La vida loca

No pude evitarlo. El fin de semana fue un sube y baja constante. Mucho champagne en la inauguración de Guillermo Ueno y Ale Urresti en Galería Ernesto Catena. Las fotos de la intimidad de Ueno son una invitación al sosiego. “Fijate la marquetería” me susurró Rosana Schoijett cuando se iba en medio de una casi multitud que celebraba en grande (¿qué celebraban?). No pude aguantar mucho más que diez minutos el interesente experimento en video de Urresti. Pero me impactó y tengo ganas de verlo otra vez.

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El buen dolor

Ayer salí de la redacción sin campera y con un papel en la mano. Un recurso ideal para escaparse y que todos piensen que en verdad seguís trabajando. Corrí hasta el subterráneo, lo tomé de un salto y me bajé en la estación Uruguay. Quería ir a la inauguración de la muestra “La Casa” de Daniel Muchiut en la fotogalería del TMGSM, no me la quería perder. La recorrí a los brincos porque tenía que volver a la fábrica urgente. Pero fue suficiente para “ver esas fotos” de otro modo. Una cosa es en el monitor, y otra muy distinta es contemplarlas grandes, bien copiadas, con luz y ahhh! con el detalle importantísimo que le da más valor a su emocionante presentación: las tarjetas postales antiguas de la familia de Daniel que completan el melancólico registro de la casa de doña Carmela en Chivilcoy.

Pero la verdad, queridos amigos, quiero escribir del dolor, y les cuento que me robé el título de este comentario de la bellísima novela de Guillermo Saccomanno. Pero el arte apropiado está de moda! y mi dolor no me permite ser más creativo… ¿El buen dolor es lo que siente una anciana cuando limpia primorosamente los pequeños monumentos de los recuerdos de toda una vida?. Los atesora en su casa  y  los pone a disposición de la mirada de Muchiut, que despojado de cualquier sentimentalismo, retrata cada una de las pequeñas instalaciones que va descubriendo.  Juan Travnik nos avisa, en su conmovedor prólogo, de aquella extraña reconciliación que se logra -fotografía mediante- entre el pasado brumoso y el presente que lo mira con recelo, o con ignorancia. Gracias a Daniel Muchiut saboreamos ese buen dolor que se desprende de esos objetos. El transcurso del tiempo cumplió su tarea. Me hace acordar a Walker Evans (abajo): “la delimitación de la observación pura, y dura” sólo eso. Ese es el arte de Daniel.

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El buen dolor es un recuerdo luminoso  de la historia de amor contenida en esos objetos. Y si nos dejamos llevar por los detalles, podemos casi palparlos. Como las grandes historias de amor (que las hay, a no dudarlo), que nos plantan en la boca un regusto agridulce y dejan en nuestros ojos un gesto agradecido y triste. Un recuerdo que se hará presente y locuaz a la hora de nuevos amores. Roland Barthes se levantaría de su tumba si acaso leyera esto (por lo mal escrito sobretodo!) El buen dolor nos hace más generosos pero también más desesperanzados. Siempre será un tesoro, irremplazable objeto amoroso de nuestro paso por la vida.

Entre el cielo y la tierra


Si, se respiraba en el aire. Casi ni hablamos de fotografía pero estaba bien presente. Con Julie Weisz y Adriana Lestido dimos unas vueltas por el Uruguay este último fin de semana. Adriana Lestido inaugura el viernes 31 su retrospectiva “Lo que se ve” en el Museo de Bellas Artes de Rosario. Julie Weisz, por su parte, cuelga “Escenarios de Buenos Aires. La década del 80″, el 4 de septiembre en el Teatro Solís de Montevideo.

Y yo no inauguro nada. Bueno, pero igual me doy un gusto: pincho mi foto junto a estas tremendas mujeres!

Aca se acabó el avisito de las chicas y retomo el título de este comentario. Yo, que soy casi un ser no-pensante, “pienso” que entre el cielo y la tierra estamos “nosotros” y todo aquello que “nosotros hacemos”… Si, si, me volví loco y escribo tonterías, me olvido de los animales! perdón! Estas dos fotógrafas se han pasado la vida fotografiando la experiencia de vivir. Y lo digo del único modo que encuentro, aunque suene a telenovela che. De solo recordar la foto con la que Adriana ganó el Salón Nacional de Fotografía este año (arriba), se me caen las medias de la ternura (¿ternura? Entrega!) que esa pareja irradia. Y las fotos de Julie en Terapia Intensiva (abajo) son el retrato del dolor del cuerpo bajo la acción de las máquinas que hemos inventado para sanarlo. Ambas, con sus estilos diferentes, y trayectorias disímiles, se han dedicado a observar cómo transitamos esta vida, entre la tierra y el cielo.

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Jean Baudrillard, en su libro Frangments, se opone a tanta pasión, y pregunta: “¿Por qué hay que fotografiar a los seres humanos? Es demasiado sentimental. Incluso los animales y las plantas son demasiado sentimentales. La cultura es sentimental. Aún la violencia histórica es sentimental. Sólo los objetos, los colores, la luz y las substancias no tienen una aura sexual o sentimental. No es necesario “violarlos a sangre fria”  para tomar su fotografía. Al no atravesar la prueba del espejo, los objetos son  maravillosamente idénticos a  si mismos, sin los riesgos que trae la evocación. Con la técnica fotográfica,   dejamos constancia del hecho mágico de la indiferencia humana, la inocencia del escenario. Y en esa acción mostramos lo que la corporiza: la ilusión objetiva y la desilusión subjetiva del mundo”

Me fundí. Me ofendí! Me quemé la cabeza tratando de entender lo que dice este gran descifrafor del significado de los objetos. Estoy seguro que los maestros de la escuela de Düsseldorf han tomado algo de estos pensamientos y alguna pista aparecerá inesperadamente, leve y casi imperceptible, en mis sentidos tan vapuleados, dentro de un rato nomás!. Mientras tanto prefiero quedarme en el mundo de las evocaciones, entre el cielo y la tierra. Mirando (como Julie y Adriana)  lo que hemos hecho de este mundo.

“Yo soy los detalles”

Dice una costurera frente a la máquina de coser a fines de los años cuarenta. La costurera es María Merlino y está interpretando la obra “Nada del Amor me produce envidia”, de Santiago Loza. Anoté a oscuras la frasecita en mi libreta mientras miraba esta lindísima obra que me recomendó Eva. Los detalles, ¿son tan importantes en una buena fotografía? ¿Los detalles son importantes en general?

Ahora con el Gigapan vemos cuántos y quiénes son los miles de asistentes a una manifestación, y localizamos facilmente el lugar si lo buscamos en GoogleEarth. En Vimeo me sorprendo con la exahustiva investigación visual sobre Sidney que Keith Loutit está desarrollando con fotos y video.

Beached from Keith Loutit on Vimeo.

Me quedo pensando en lo que escribía Barthes en La Cámara Lúcida cuando indagaba en una vieja fotografía de su madre. Quería ir más allá, ampliar la imagen más y más, a ver si al fin llegaba a encontrar verdaderamente a su madre.

“Lo que importa es el detalle; puede ser la clave del todo” Decía un viejo maestro de fotografía. Estamos obsesionados por los detalles y las nuevas tecnologías agudizan el síntoma. “Estamos sonados, la fotografía va a desaparecer!” “Son juguetes tecnológicos y nada más!”, “Un elemento de control social!”, diría The Negative Man.

Mejor no le hago caso. Hoy estoy casi optimista. Se lo prometí a Funes!. Me voy a tomar el té. :)

El amor de todos los días

El gran Walker Evans (sigo mirando sus fotos y cada vez me gusta más Atget en comparación) decía en 1938 que había que concentrar el ojo en cómo vive la gente, sus costumbres, qué visten, qué comen. En una palabra, lo cotidiano.

W.E. es un grosso. Siempre lo fue. Pero no me banco esos aires de “dandy” que tenía (ya entró The Negative Man…). En fin, no me quiero ir de tema! LO COTIDIANO es el título que englobará todas las muestras de PhotoEspaña 2009 (allí estaré blogueando del 3 al 9 de junio). La bellísima foto de William Egleston (arriba) formará parte de una muestra sobre los años 70. Y hay más, Leibovitz, Lange, etc.

Lo cotidiano es lo que veo cada mañana cuando navego en mis favoritos de Flickr. Imágenes sin pretensiones, que de eso se trata la fotografía. Fernando de la Orden inaugura hoy en el Centro Cultural Borges una pequeña muestra acerca de su hijo Ezequiel. Lo de todos los días, incluso la ausencia… NO se la pierdan!

Y mañana también inaugura Martin Parr en el Centro Recoleta. Y que hizo Martín Parr? dejar de lado un poco los colores estridentes, los objetos en primer plano, el lamparazo saturador…. y volver a lo cotidiano. Sus fotos recuerdan sus primeras imágenes de las playas de Brighton.

Volver a fotografiar lo cotidiano, si. Pero como escribió Walker Evans: “Mirar concentradamente. Es el camino para educar tu ojo. Y más aún, mirar fijamente, entrometerse, escuchar a escondidas. Morir por descubrir algo. No estamos aquí por mucho tiempo”

Cuento de domingo 03

Había un campo con cuatro burros, dos machos y dos hembras, pastando, más de dos crías, pequeñas. De una clase de burro muy pequeña, en la que las crías son aun más menudas. Estaban parados allí. Entro a este campo y me siento contra un manzano. A lo largo del terreno se pueden observar todas las huellas que dejaron, porque han estado semanas allí.

dsc_7193.jpgY en dos sectores ya no hay pasto, queda tierra más bien rojiza, porque todos los días, en dos ocasiones, van y en ese pedazo de tierra se ponen de espaldas, sus patas en el aire, y ruedan, sólo para rascarse, primero siempre los machos y luego las crías. Están allí y me observan y se me acercan, y huelen como burros, un olor muy distinto al de los caballos. Y los machos me tocan la crisma de la cabeza con sus patas delanteras y sus músculos, allí, son blancos. Moscas alrededor de sus ojos. Las moscas están mucho más agitadas que ellos o que la mirada curiosa con que me escrutan. Hace mucho calor. Ahora están parados a la sombra, del otro lado del campo, al borde del bosque. Allí pueden quedarse inmóviles durante media hora, especialmente al mediodía, cuando el tiemop en el campo, en el verano, se hace más lento. Una de las crías succiona la leche de la madre con sus orejas contra las ancas. Y esa leche es lo más parecido a la leche humana. Entonces, a la luz del sol distingo sus patas, la delgadez, la pureza, la increible concentración y la certeza. Por contraste, cualquier otra pata o pierna se vería intranquila. Las patas del burro son para cruzar montañas que ningún caballo puede afrontar, son patas para llevar carga inimaginablemente pesada. Si se observan las rodillas, las zancadas, las articulaciones, todas las partes de sus patas, hasta las pezuñas, no podrían ser sino patas de burro. Ahora se alejan, las cabezas gachas, pastando hierba, las orejas sin perderse el más mínimo detalle, y los observo. Y en un intercambio como éste, en ese campo, un mediodía, en la clase de compañia que nos hicimos, había un substrato, un cimiento, de algo que sólo puedo llamar gratitud.

John Berger. Boulevard Central. John Berger-David Harvey. Pensamiento Urbano. Edhasa

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