La Verdad Inútil

verdadinutil Gran  libro el de RES. El título simpre me pareció uno de los mejores que haya visto en los trabajos fotográficos del mercado local. Pero no es de Res que quiero escribir. Ricardo Moho, del pueblo de San Martín, muy cerquita de Mendoza Capital, nos envía esta imagen sin título. ¿Qué les parece amigos míos?

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Cuento de domingo 06

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Agathe + Lucas. Por Bob Lightowler

La cara

Vino pues LaMente una tardecita, cuando yo había sacado la silla a la acera, y bajo el crepúsculo sentó su figura rellenita en las baldosas, a mi lado, dispuesto a trocar la sucesión del tiempo en un manojo de momentos inútiles. Sentí una inigualable finura interna como si estuvieran haciendo un encaje con mis entrañas. A continuación bosquejo parte de lo que hablamos:

LaM: ¿No es raro que los grillos canten igual en todas partes?

Yo: Yo no conozco todas las partes

LaM: Bien. Muy bien. ¿Y qué me dice de la imaginación?

Yo: Me imagino más de lo que ya vi.

LaM: Bah. Imagínese un demonio. o un gnomo.

Yo: Si.

LaM: Imagínese habitantes en ese planeta de allá, redondos y con tentáculos. Imagínese hablando por teléfono con Júpiter.

Yo: Si, si.

LaM: Imagínese una porción de carne, y dentro de esa porción a usted, pensando, sabiendo que existe, y capaz de moverla, hacerla dormir o treparse a un árbol.

Yo: No puedo. No paso de mi cara.

LaM: Lo que no se puede o no se quiere captar puede captarse poco a poco. Más si ya está imaginando desde el origen.

Yo: Bueno. Deme un apoyo.

LaM: Cierre los ojos. ¿Qué ve?

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Cuento de domingo 03

Había un campo con cuatro burros, dos machos y dos hembras, pastando, más de dos crías, pequeñas. De una clase de burro muy pequeña, en la que las crías son aun más menudas. Estaban parados allí. Entro a este campo y me siento contra un manzano. A lo largo del terreno se pueden observar todas las huellas que dejaron, porque han estado semanas allí.

dsc_7193.jpgY en dos sectores ya no hay pasto, queda tierra más bien rojiza, porque todos los días, en dos ocasiones, van y en ese pedazo de tierra se ponen de espaldas, sus patas en el aire, y ruedan, sólo para rascarse, primero siempre los machos y luego las crías. Están allí y me observan y se me acercan, y huelen como burros, un olor muy distinto al de los caballos. Y los machos me tocan la crisma de la cabeza con sus patas delanteras y sus músculos, allí, son blancos. Moscas alrededor de sus ojos. Las moscas están mucho más agitadas que ellos o que la mirada curiosa con que me escrutan. Hace mucho calor. Ahora están parados a la sombra, del otro lado del campo, al borde del bosque. Allí pueden quedarse inmóviles durante media hora, especialmente al mediodía, cuando el tiemop en el campo, en el verano, se hace más lento. Una de las crías succiona la leche de la madre con sus orejas contra las ancas. Y esa leche es lo más parecido a la leche humana. Entonces, a la luz del sol distingo sus patas, la delgadez, la pureza, la increible concentración y la certeza. Por contraste, cualquier otra pata o pierna se vería intranquila. Las patas del burro son para cruzar montañas que ningún caballo puede afrontar, son patas para llevar carga inimaginablemente pesada. Si se observan las rodillas, las zancadas, las articulaciones, todas las partes de sus patas, hasta las pezuñas, no podrían ser sino patas de burro. Ahora se alejan, las cabezas gachas, pastando hierba, las orejas sin perderse el más mínimo detalle, y los observo. Y en un intercambio como éste, en ese campo, un mediodía, en la clase de compañia que nos hicimos, había un substrato, un cimiento, de algo que sólo puedo llamar gratitud.

John Berger. Boulevard Central. John Berger-David Harvey. Pensamiento Urbano. Edhasa

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Cuento de domingo

Para un niño su padre es un modelo, un espejo, una esperanza. Más que eso, es un hombre tipo, un tipo de humanidad adulta y consumada. Una especie de Adán construido con todos los fragmentos de mundo que el niño va aprendiendo. No puede asombrar que algunas partes no coincidan, y que el conjunto resulte bastante misterioso.
Es como una gran adivinanza múltiple cuyas respuestas van apareciendo poco a poco a lo largo de la vida. Yo diría, arriesgándome, que esas respuestas son las instrucciones según las cuales uno vive. Se me dirá: ¿Y los que no tuvieron padre? Creo que ahí puedo responder: Todos lo tienen.

César Aira, El Tilo.
Beatriz Viterbo Editora.
Fotos: Silvina Arrastia

Cuento de domingo 01

Estimadísimos: hoy comienzo a publicar unos escritos que se llamarán tal cuál el título que ven arriba. En verdad, ya los había publicado en mi blog personal hace dos veranos, y no tuvieron ningúna repercusión ni comentarios ni fotos ni nada. Entonces pensé que tal vez aquí la idea pueda funcionar mejor. Todos los domingos (dia de mierda si los hay) publicaré un capítulo de este texto y tal vez a ustedes se les ocurra ponerle alguna imagen. Me la mandan por correo electrónico y yo la publico (si se puede publicar, claro), la discutimos, la criticamos, le hacermos todo el tratamiento, si! . Ahora les pincho ésta de acá abajo que la hizo Cata. La única inspirada que finalmente logró una foto buena de un cuento tan malo.

No sentía nada (I)

No sentía nada. ¿Estaba apagado, triste? El café tenía un gusto definitivamente raro. Él nunca hacía el café a la mañana. Su mamá o Juana (su hermana menor) lo hacían. Sabía que podía tener gustos diferentes por la marca, la cantidad de cucharadas en la cafetera, el agua. Estaba acostumbrado a todos esos diferentes gustos. Incluso algunos lo ponían de mal humor cuando todavía no podía “despegar” y necesitaba un sabor
preciso. Fernando siempre había tenido un sentido muy desarrollado del gusto
y el olfato.

- ¿Qué le pusiste hoy al café Ju?
- Nada, lo de siempre. ¿Por qué te quejás boludo?
- No me quejo.
- Entonces no pongas esa cara de boludo.

Juana tiene cuatro años menos que él, y sin embargo siempre se comportó como si fuera mayor. La relación invertida. Todavía tiene el olor de su hermana impregnado en la mente de cuando ella nació.

Fernando siente algo áspero debajo de la lengua. Mira a su hermana que le da la espalda mientras le habla. Podría estar quieto todo el día frente a la taza del desayuno. ¿Para qué moverse?
Ni que hubiera aprendido la lección en exceso. Ese desborde de energía rotundo había colapsado, se había esfumado.

- ¿Negro o blanco?- pregunta Juana graduando el fuego.
- ¿Quedó del que traje ayer?
- Todo tuyo. Está arriba de la heladera; ¿me alcanzás el queso ya que estás?

Fernando se incorporó atento a la respuesta de sus músculos, midiendo su propio peso.

- No sé qué le ponen; ¿lo probaste?
- Es pan! ¿qué le van a poner? harina, levadura y alguna gilada para cobrártelo un huevo. ¡Sólo vos comprás un pan a seis mangos!

El tono irritante de su hermana esta vez siguió de largo. ¿Lo traspasó? A Fernando le sonaba un eco. A pesar del sabroso mordisco el estómago se cerró resentido. Sumergido en sus contradicciones sin levantar la vista del plato, de golpe se sintió observado. “Puta! puto pan!” tragó callado.
Ahora, a la sensación áspera en la boca se suma el revoltijo en el estómago. Su mano derecha que está apoyada sobre la mesa, justo al lado de la taza, parece distinta. Está quieta, muerta; pero sigue sintiendo el fluir de la sangre por dentro. “Hace mucho que no me clavo una pasta, ayer no tomé nada….”

Fernando mira a su hermana que le sigue dando la espalda. Él ya está casi totalmente rígido; mira las caderas de su hermana. Nunca había reparado en las caderas de su hermana.

“Tengo que salir ya para el trabajo, puta! que sensación rara!”. Siente los oídos como atravesados por una fina cuerda de acero.

Juana calienta más café y se sirve otra taza. “Qué malhumor, este boludo está cada vez más nerdo. Y ayer Oli ni apareció, me dejó colgada y pensando que algo iba a pasar. Pero ¿dónde se metió la vieja?”

- Te está haciendo bien esta novia nueva, ¿cómo se llama?
- No me empieces a joder temprano! Olivia, ¿tanto te cuesta? y no es mi
novia.
- ¿Está linda OLIVIA? ¿Vos qué vendrías a ser, Popey? ¡Con lo que te gusta la
espinaca!
- ¡Ves que sos un imbécil! después querés que te presente a mis amigas; no te
aguanto. ¿Sabés dónde está mamá?
- ¿Por qué te ponés así? qué falta de humor. Claro que quiero conocer a tus amigas, ¿acaso no es normal?
- ¿Sabés de mamá o no?, preguntó ella en un tono más bajo sin poder disimular
su enojo. Se levantó molesta y empezó a acomodar las tazas y platos.
Fernando dio un último sorbo y caminado hacia la pileta de la cocina distraídamente encerró a su hermana contra le mesada. Fingiendo no querer tocarla se estiró para llegar al borde sosteniendo todo el
aire que rodeaba a Juana.
- Andará en las suyas la vieja. ¿Te tiene preocupada?- preguntó con la voz más tierna que pudo.
- Me tengo que ir cagando.- agregó enseguida.