Milongas barriales, el Abasto de Gardel

El Abasto no es un barrio sino un área del barrio de Balvanera, lamento informales.

Le quedó ese rótulo por el desaparecido mercado que en el siglo pasado abastecía de alimentos a los vecinos de la ciudad, uno de los pocos edificios diseñados con estructura de hormigón armado, y que hoy es un mega shopping. Ubicado en las orillas de Almagro, fue quizá porque Carlos Gardel y Enrique Santos Discépolo fueron algunos de sus ilustres vecinos que cambió de categoría, pero lo mismo sucede con Once, que también es un área de Balvanera.Esa magnética sonrisa, la de Gardel Gza Agenda cultural

La zona fue un poco lumpen hasta 1998, cuando el mercado pasó ser un moderno centro comercial. Su apertura impulsó una profunda transformación urbana, al punto que dejó de ser conocido como un reducto tomado por inmigrantes para confirmar su estirpe 100% tanguera. En 2000 la calle Gardel se convirtió en peatonal, en 2003 la casa donde vivió en la infancia con su madre devino en museo y lentamente llegaron las tanguerías con sus espectáculos for export, las tiendas de souvenirs, teatros y claro, llegaron los monumentos. Gardel tiene el propio, Troilo y Goyeneche también están ahí, listos para la foto del turista. Mi primer maestro de tango, allá a comienzos del 2000, el querido Jesús Albornoz, vive en una de esas calles y en Loló Gerard, frente al shopping, sobre Anchorena, compré mis primeros zapatos de baile, un par de cuero negro tipo Guillermina y taco chupete que sigue vivito y coleando en los pies de una amiga que está dando sus pasos.

 

También es vecina la escuela DNI Tango, y están la de Roberto Canelo y la de Carlos Copello, un bailarín histórico que junto con sus hijos fundó un espacio con más de una década de trayectoria docente, a pasos del Pasaje Gardel, y del Zelaya. En este último queda el Teatro El Cubo, cuya fama le viene por la ubicación rodeada de los espléndidos murales de Marino Santamaría que ornamentan las fachadas de las casitas bajas. Uno más lindo que otro. Te das vuelta y en cada esquina sonríe el Morocho. Hay frentes íntegramente fileteados, otros con partituras enteras dibujadas y en otras hasta se puede leer algunas letras de tangos clásicos (Tinta Roja, uno de mis preferidos). En un galpón de Sánchez de Bustamente al 700 funciona desde hace diez años el Club Atlético Fernández Fierro, más conocido como CAFF, un tugurio donde siempre hay buenas orquestas y los jueves a las 22 mi amiga Adriana organiza la milonga Amapola. En el Museo Casa Carlos Gardel, calle Jean Jaurés, hay clases de baile, muestras, charlas y espectáculos buenos, como aquel tan lindo que vimos el año pasado del grupo Fabulandia, Volver, una invención Coreográfica.

Chino Laborde y la Fernández Fierro Gza Fernández Fierro

Dos curiosidades: en la esquina del Pasaje Gardel funciona un teatro para personas no videntes, y tras una sencilla fachada industrial está la casa de Daniel Scioli, tres plantas con quincho en la terraza, aunque no sé si sigue siendo propiedad de la familia. Otro poderoso ex vecino fue el archimillonario griego Aristóteles Onnasis, intimo amigo del general Perón.

 

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Jesús, Elisa y Emma, todo por el tango

Este 2011 ha sido intenso, diría, más malo que bueno (para mí), pero nadie muere en la víspera: al final siempre te salva comprobar que cerca de uno hay gente de buena madera. Es una frase de póster, lo sé, pero los lugares comunes también suelen ser grandes verdades, ¿no? 

Hace un mes Jesús Albornoz y Elisa Vilaseca, dos entrañables milongueros amigos, cumplieron el sueño de traer a Buenos Aires a Emma Barreras, una cubana que organiza la única milonga de La Habana y que jamás había visto tango en su vida, salvo en YouTube. La conocieron años atrás en una primera excursión a la isla de Fidel, en un vuelo directo desde La Glorieta de Belgrano con escala en Lima y bajando, duchazo previo, en La Milonguita de Emma, que se hace dos veces al mes en el coqueto salón de la Unión Arabe de Cuba y que gestionó con el apoyo económico de la embajada argentina en Cuba a cargo de Juliana Marino, y con el asesoramiento de Graciela López, de La Milonguita de Buenos Aires, el primer contacto que Emma tuvo con Argentina hace 5 años después de haber visto fotos de bailarines de tango en la peluquería de su barrio.   

Emocionados ante su esfuerzo por divulgar la danza en su país, con apenas 20 tangos, unos pasos rudimentarios e información histórica que va uniendo a pedazos y con suerte, decidieron invitarla a conocer Buenos Aires y ver el tango en vivo y en directo, con todo el tramiterío burocrático que supone invitar a un ciudadano cubano a salir de su patria. Pero éstos dos se armaron de paciencia, calentaron la silla en la embajada local… y lo consiguieron. Una vez obtenido el permiso para Emma, juntaron sus ahorros y le compraron el pasaje (vale aclarar que Jesús es jubilado y Elisa una profesional empleada a sueldo). Graciela López la hospedaría en su casa. Pero también había que costearle el resto de la estadía, entonces Jesús y Elisa dieron clases de tango para entregarle a Emma todos los días un monto fijo para sus gastos personales.

 Así fue como esta cubana simpática y charlatana conoció Buenos Aires. Pasó un mes bailando todas las noches, tomando clases, conociendo gente nueva, promocionando su espacio en las milongas locales y en los programas de radio de la 2×4. Se llevó horas de abrazos, técnica de baile, libros, zapatos para repartir entre los bailarines (allá es imposible conseguirlos) y 8000 tangos que el Dj Marcelo Rojas le grabó especialmente para que en Cuba nunca falte el tango nuestro de cada día. Si van este año de vacaciones a La Habana y quieren ir a bailar la cita es en Salón Jerusalén de la Unión Árabe de Cuba, Prado 256 entre Ánimas y Trocadero, en la Habana Vieja, pero antes escríban a emmabarreras@yahoo.es o a professionalcubatango@yahoo.es

En la foto, Ema, Jesús y Elisa, una preciosa tarde de asado con amigos

Al margen de la historia, no sé si Ema le agradeció públicamente a estas personas lo que hicieron por ella tan desinteresadamente, pero desde acá lo hago yo, porque creo que todos en la milonga deberían saber que personas como éstas no se conocen todos los días….

Gracias Jesús y Elisa.