Jesús, Elisa y Emma, todo por el tango

Este 2011 ha sido intenso, diría, más malo que bueno (para mí), pero nadie muere en la víspera: al final siempre te salva comprobar que cerca de uno hay gente de buena madera. Es una frase de póster, lo sé, pero los lugares comunes también suelen ser grandes verdades, ¿no? 

Hace un mes Jesús Albornoz y Elisa Vilaseca, dos entrañables milongueros amigos, cumplieron el sueño de traer a Buenos Aires a Emma Barreras, una cubana que organiza la única milonga de La Habana y que jamás había visto tango en su vida, salvo en YouTube. La conocieron años atrás en una primera excursión a la isla de Fidel, en un vuelo directo desde La Glorieta de Belgrano con escala en Lima y bajando, duchazo previo, en La Milonguita de Emma, que se hace dos veces al mes en el coqueto salón de la Unión Arabe de Cuba y que gestionó con el apoyo económico de la embajada argentina en Cuba a cargo de Juliana Marino, y con el asesoramiento de Graciela López, de La Milonguita de Buenos Aires, el primer contacto que Emma tuvo con Argentina hace 5 años después de haber visto fotos de bailarines de tango en la peluquería de su barrio.   

Emocionados ante su esfuerzo por divulgar la danza en su país, con apenas 20 tangos, unos pasos rudimentarios e información histórica que va uniendo a pedazos y con suerte, decidieron invitarla a conocer Buenos Aires y ver el tango en vivo y en directo, con todo el tramiterío burocrático que supone invitar a un ciudadano cubano a salir de su patria. Pero éstos dos se armaron de paciencia, calentaron la silla en la embajada local… y lo consiguieron. Una vez obtenido el permiso para Emma, juntaron sus ahorros y le compraron el pasaje (vale aclarar que Jesús es jubilado y Elisa una profesional empleada a sueldo). Graciela López la hospedaría en su casa. Pero también había que costearle el resto de la estadía, entonces Jesús y Elisa dieron clases de tango para entregarle a Emma todos los días un monto fijo para sus gastos personales.

 Así fue como esta cubana simpática y charlatana conoció Buenos Aires. Pasó un mes bailando todas las noches, tomando clases, conociendo gente nueva, promocionando su espacio en las milongas locales y en los programas de radio de la 2×4. Se llevó horas de abrazos, técnica de baile, libros, zapatos para repartir entre los bailarines (allá es imposible conseguirlos) y 8000 tangos que el Dj Marcelo Rojas le grabó especialmente para que en Cuba nunca falte el tango nuestro de cada día. Si van este año de vacaciones a La Habana y quieren ir a bailar la cita es en Salón Jerusalén de la Unión Árabe de Cuba, Prado 256 entre Ánimas y Trocadero, en la Habana Vieja, pero antes escríban a emmabarreras@yahoo.es o a professionalcubatango@yahoo.es

En la foto, Ema, Jesús y Elisa, una preciosa tarde de asado con amigos

Al margen de la historia, no sé si Ema le agradeció públicamente a estas personas lo que hicieron por ella tan desinteresadamente, pero desde acá lo hago yo, porque creo que todos en la milonga deberían saber que personas como éstas no se conocen todos los días….

Gracias Jesús y Elisa.