María Nieves, sale su biografía autorizada

 

Cuando la conocí, años atrás, me preguntaba si el suyo sería un caso de mito o leyenda.

Según los diccionarios los mitos se tejen alrededor de individuos sobrenaturales, dotados de poderes fantásticos; en cambio la leyenda nos habla de seres humanos que representan arquetipos, como el del héroe o el anciano sabio, gente distinta del resto que por serlo ocupa un lugar singular entre los miembros de su comunidad. La figura de María Nieves Rego se agiganta en la imaginación de aquellos que de algún modo nos sentimos atravesados por el tango, porque su vida es una trama de hechos verídicos que cualquier telenovela de la tarde envidiaría.

Este sábado a las 20 en Radio Bar, Villafañe 65, La Boca, se presenta en el marco del Tango Festival y Mundial su primera biografía autorizada Soy Tango, escrita por mi colega María Oliva y publicada por Editorial Planeta. Se trata de un documento rico en testimonios y en el que nuestra célebre bailarina repasa momentos clave de su vida, su intensa vida.

Para quienes no lo saben, esta dama de 80 años que fuma en boquilla y usa minifalda fue el sueño erótico de varias generaciones de milongueros que, además, la deseaban como compañera de pista. Había nacido para salir del montón: era hermosa y bailaba el tango como los dioses. Hija de inmigrantes gallegos pobrísimos – padre golpeador y madre sumisa que crió sola a sus cinco hijos, sin quejarse jamás – Nieves tenía apenas 16 años y era empleada con cama adentro cuando conoció al joven Juan Carlos Copes en los bailes del Club Estrella de Maldonado. “Las minas le salían por la pinta, si ni sabía caminar”, diría luego, acerca del galán.

Estaban destinados a abrazarse por primera vez en el Club Atlanta, al año de conocerse, y de ese encuentro salieron chispas, recordaba en una entrevista que le hice para este diario. La pareja empezó arrasando en los concursos de tango barriales, en los salones del centro y luego en los escenarios del mundo. Sin dudas, lo de Copes y Nieves fue épico: sin un peso en el bolsillo se largaron a conquistar Broadway, bailando tango. Pasaron hambre, frío, soledad, se amaron, se odiaron, se traicionaron….pero hicieron historia.

Varias décadas después se separaron y llegó el derrumbe. María tardó años en volver a sus zapatos y comprobar que podía brillar con luz propia. Ese mérito, y otros tantos detalles duros de su vida alimentan ahora ese aura de diva, al tiempo que la convierten en una mujer real. Y por eso sus fans la veneramos.

Aquella tarde en su casa de Belgrano le pregunté que comía para estar a los 80 así de espléndida. Ya era casi de noche y segundos antes se había servido la cena: pan y café con leche, la dieta obligada de su infancia más pobre. Aunque entonces era mate cocido. “Nada: solo humildad, y constancia. Nada se consigue sin constancia. Hay que ir para delante y por derecha, con fracasos y todo, nunca mirar atrás. Seguir, seguir y seguir” dijo entonces, revolviendo la taza.

Y sí, pensé. De esa fe están hechas las leyendas….