María Nieves, la Primera Dama del tango cumple años

 

Hoy cumple años María Nieves Rego. No diremos cuántos, solo recordaremos que ya pasó los 80 y que no se le notan: baila y fuma como una piba de 15. Cada tanto suelo verla en los pocos eventos en los que participa, y compruebo que su ácida lucidez parece estar intacta, signo indiscutible de su vitalidad. María es nuestro máximo prócer femenino tanguero nacional, así de largo, el título. Un mito, o una leyenda, según como cada quien interprete el significado de estas palabras.

Dicen los diccionarios que los mitos se tejen alrededor de individuos sobrenaturales, dotados de poderes fantásticos; en cambio la leyenda nos habla de seres humanos que representan arquetipos, como el del héroe o el anciano sabio, gente distinta del montòn y que por serlo ocupa un lugar singular entre los miembros de su comunidad. La figura de María Nieves Rego se agiganta en la imaginación de aquellos que de algún modo nos sentimos atravesados por el tango, porque su vida es una trama de hechos verídicos que cualquier telenovela de la tarde envidiaría. De eso da cuenta Soy Tango, de mi colega María Oliva, una biografía autorizada y publicada hace un par de años por Editorial Planeta, documento en el que nuestra célebre milonguera repasa momentos clave de su vida, su intensa vida.

Mirando las imágenes de su época dorada es fácil imaginar que esta mujer de piernas interminables debe haber sido el sueño erótico de varias generaciones de milongueros que, además, la deseaban como compañera de pista. Había nacido para romper el molde: era hermosa y bailaba el tango como los dioses. Hija de inmigrantes gallegos pobrísimos – padre golpeador y madre sumisa que crió sola a sus cinco hijos, sin quejarse jamás – Nieves tenía apenas 16 años y era empleada con cama adentro cuando conoció al joven Juan Carlos Copes en los bailes del Club Estrella de Maldonado, cuya pista ya no existe. “Las minas le salían por la pinta, si ni sabía caminar”, diría luego, acerca del galán. Se abrazaron por primera vez en el Club Atlanta, al año de conocerse, y de ese encuentro salieron chispas, recordaba en una entrevista que le hice para este diario. La pareja empezó arrasando en los concursos de tango barriales, en los salones del centro y luego en los escenarios del mundo. Lo de Copes y Nieves fue épico: sin un peso se largaron a conquistar Broadway. Pasaron hambre, frío, soledad, se amaron, se odiaron, se traicionaron….pero hicieron historia.

Hace poco días en el Festival de Tango participó en una charla de bailarines entrevistada por Elina Roldán, vestida con chupines y su inoxidable melenita garcon. Luego dio unos pasos con su mejor compañero de pista, Pancho Martínez Pey. Y huelga recordar que la película sobre su vida sigue cosechando premios y aplausos en todo el mundo, Un tango más, dirigida por Germán Kral.

Una vez en su casa de Belgrano le pregunté que comía para estar así de espléndida y atlética. Ya era casi de noche y segundos antes se había servido la cena: pan y café con leche, la dieta de su infancia más pobre. Aunque entonces era mate cocido. “Humildad, y constancia, nena. Nada se consigue sin constancia. Hay que ir para delante y por derecha, con fracasos y todo, nunca mirar atrás. Seguir, seguir y seguir” dijo entonces, revolviendo la taza.

Y sí, pensé. De esa fe están hechas las leyendas. Dios salve a la Reina!