Los últimos cabeceadores de la milonga

¿Ya no se usa el cabeceo?¿se acabó el arte de ganarse una bailarina? Hace unos días en una milonga apareció de repente un señor en mi mesa y, teniéndolo a una nariz de distancia no me quedó otra que decir… no, gracias. Qué violencia. Mis compañeros de mesa casi me linchan por mala. No saben que de lejos veo nublado, que no sé si los bailarines me miran o es que están fuera de foco, y que por eso ahora achico el campo y raleo solo el horizonte vecino. Pero éste se mandó solo. Es al menos la tercera vez un mes que un bailarín se me apersona sin respetar un mínimo del código ¿vigente?. Los dos últimos casos eran argentinos, y “jóvenes”.

Qué dilema para los miopes y los conservadores. En las milongas menos almidonadas de Buenos Aires la costumbre sobrevive de casualidad, mucho menos en aquellas donde se juntan grupos de amigos a bailar entre ellos, pero lo decepcionante es saber que en el exterior consideran al cabeceo como un detalle extemporáneo y telúrico, exclusivo de la cultura local. Leyendo un cable de EFE me entero que en una academia en San Diego, Estados Unidos, la matrícula de inscriptos en las clases de tango aumentó gracias a las influencias de San Valentín. No logré encontrar en la Web de Positive Energy (así se llama la escuela) los nombres de los profes, pero parece que, además de tirar pasos, animan a los principiantes a investigar las raíces de la danza, lo que está muy bien.

“Como enfatizamos el baile social, para saber por qué se bailan ritmos como la bachata dominicana o el tango argentino, es importante conocer su cultura, lo que permite no hacer los movimientos mecánicamente. Si las personas tienen medios, los alentamos a que viajen para que entiendan también las cosas que los bailes adquieren cuando se mueven de sus lugares de origen“, le explicó al periodista un tal Albing, director del espacio. “Pese a que es considerado un baile más difícil de aprender que otras danzas, para poder bailarlo bien es necesario aprender la cultura de la que proviene, pues es altamente codificado. En la pista las parejas se mueven en sentido contrario a las manecillas del reloj, bailan “tandas” y tradicionalmente se negocia la invitación para bailar con gestos aprendidos no verbales que ahorran la vergüenza de ser rechazado públicamente o de bailar con quien no se quiere. Sin embargo, en Estados Unidos estos códigos son más flexibles. Hay un modelo de masculinidad y feminidad que viene de Argentina, sí, en el que el hombre tiene el privilegio de invitar y la mujer la prerrogativa de decir sí o no; pero aquí se revierten”, agregó el docente.

Uno corre el riesgo de pasar por vieja cuando no se adapta a situaciones nuevas, por eso esta misma semana pido turno en el oculista: no quiero perderme a los últimos cabeceadores de la milonga. 

(foto gentileza Semeon Kukormin)

Vuelve el guardapista a la milonga

En la década del 40 explotó el tango en los salones del centro y en los clubes de barrio, pero ni a los más dotados bailarines se les permitía hacer cualquier cosa en esas pistas “sacras”, bien lo recordaba Juan Carlos Copes en una entrevista: ”en los salones estaba prohibido bailar con corte, si lo hacíamos alguien se acercaba y nos decía: “Pase por boletería” y allí nos echaban. Nos llamaban compadritos”.

Casi todos los bailongos de entonces tenían una suerte de ”árbitro” o juez ocupado en velar por el orden y el cumplimiento de las reglas básicas de convivencia en la pista, ésas que se conocen en todo el mundo y que los buenos maestros repiten hasta el hartazgo, pero que muchos aprendices no asimilan, ni asimilarán jamás. Anoche una loca desatada que iba delante mío enganchó su taco en la falda de seda que tanto quiero, y me la rompió. Una bailarina medianamente hábil mide a ojo la distancia que la separa de las demás parejas y controla los movimientos en función de ese espacio disponible, pero fula volví a mi mesa y ví que la karateca seguía tirando pataditas en punta, filosas como cuchillos. La pobre quería hacer boleos…

Imagen album Graciela Piccardi/ Facebook

Es odioso ponerse en ese papel y pedirle a la gente que ”exprese” su arte con precaución. Creo que hoy el único organizador que se atreve a levantar el micrófono y sugerirle a los asistentes que no intenten acrobacias porque no estamos en un escenario, es Julio Dupláa, en el Sin Rumbo. El tipo se encarga cada viernes de recordarte en voz alta que ahí se baila al piso, o nada. Felizmente este domingo reabre la milonga al viejo Club Atlanta que, como no podía ser de otra manera, tratándose de un templo histórico, tendrá, como antes, dos  guardapistas que le sacarán tarjeta roja o amarilla al bailarín que no respete la etiqueta del lugar. ¡Qué laburito les espera a Hebe y a Laura!.

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El irresistible encanto del milonguero perfumado

Quienes me conocen saben que ya no soy muy amiga de tomar clases colectivas de tango. En esas aulas sagradas suele juntarse gente encantadora… y de la otra, la que lamentablemente es poco afecta al aseo diario.

Cada vez que toco este tema ante la audiencia milonguera, quedo como una loca de chaleco. Pero confieso que ya no me importa. Desde que empecé a bailar padezco, igual que otros aspirantes, la desaprensión de esos individuos que no registran que ésta es una danza social, de extrema cercanía, que por más pasión que pongan en el abrazo, el mal olor es también una falta de respeto, y que a larga (a la corta) se quedarán solos en la pista: nadie se te acercará si olés feo

Sin embargo, en las escuelas siguen pululando hombres y mujeres que descuidan el aliento, el olor a chivo (“extracto de cabra”, para hablar finamente, como decía mi abuela) o quienes cultivan la costumbre de cambiarse los zapatos y dejar las medias tiradas, hechas un bollito semiduro bajo la sillas de la sala. Al rato, el tufo es insoportable

 nico fong

..hummm, qué rico el perfume de tu cuello

 Foto gentileza Nicolás Foong

Cachito, el querido Cachito que ya no está, una vez salió disparado al baño de El Beso para lavarse después de haber bailado con una turista de origen galo que le dejó su transpiración impregnada en la manga de la camisa, siempre pulcra. Charlando con una profe amiga recordaba que en la última gira por Europa lo más ingrato que le pasó fue sentir ese olor penetrante que quedaba en el salón, al final de la clase. 

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¿Aprender a bailar?: ahora, en enero

El tango siempre está ahí. Sucede de forma inesperada – como me pasó a mí, cuando empecé a tomar clases después de ver cómo lo disfrutaban otros- o bien surge de la decisión de saldar de una vez esa deuda pendiente con el aprendizaje de la danza. No es que haya que buscar el momento justo para arrancar, pero algo de eso hay. El tango es básicamente un abrazo caminado, es decir, antes hace falta vencer algunos tiquismiquis para poder apoyarle el pecho a un extraño.

 

En esta perlita del archivo YouTube, Mora Godoy y Osvaldo Zotto (este 8 de enero se cumplirá un año de su muerte) enseñan los pasos básicos en una video clase

Muchos creen que no podrán lograrlo porque alguien de la familia les dijo que eran “pata dura”. Otros consideran que la timidez va impedirles el contacto, y algunos lo ven como una actividad para el “levante” y sienten que ya no están para “eso”. Tres importantes errores que conviene aclarar: primero, hubo grandes bailarines que fueron reconocidos pata dura; segundo, la milonga está llena de tímidos que bailan y se han hecho amigos; tres, el asunto del “levante” es relativo, y en todo caso pasa a ser una anécdota después de la primera clase. 

Entonces, si no tienen programa en enero, hay una buena oportunidad para aprender, o mejor dicho, probar. Entre el 17 y el 21 de enero de 12 a 18 estará abierta la inscripción para los talleres gratuitos de tango que organiza desde hace dos temporadas el Ministerio de Cultura porteño en cinco centros culturales de la ciudad, y que en 2011 estarán a cargo de los profesores de la Escuela de Tango de Mora Godoy…

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