Los hijos del jazz

 

Son hijos de destacados músicos del jazz argentino, pero tienen nombre propio. Han logrado trascender en términos artísticos más allá del vínculo filial. Pero, a la vez, han aprendido desde pequeños por esos “monstruos” que tocaban en sus casas y hoy disfrutan de tocar junto a ellos, con gran admiración. La lista es muy extensa, por suerte. Y este blog consultó a varios.Aquí van tres valiosos testimonios de ellos, los hijos del jazz: Cecilia López Ruiz, hija de Jorge; Javier Malosetti, hijo del recordado Walter; Tomás Fraga, hijo de Manuel; Andrés Pellican, hijo de Ricardo; Sebastián De Urquiza, hijo de Juan Cruz y Martín Iaies, hijo de Adrián.

La infancia:

Cecilia: “En mi infancia la música era un hecho cotidiano. Parte de la escenografía de nuestra vida y no podías prescindir de ella. Desde lo que se escuchaba, mi viejo trabajando en casa o yendo a los boliches y teatros o grabaciones donde tocaba. Siempre estaba presente. Mi relación con el canto fue más espontánea. Me gustaba cantar pero no lo pensaba como un objetivo. Soy de la época de las guitarreadas que aún se hacían en las esquinas, así que cantar también era parte de mi vida fuera de casa. Yo creo que mi viejo se “cuidaba” de no influir en nuestras decisiones vocacionales y como suele pasar en estos casos eso fue bueno y malo a la vez porque tanto mi hermano Pablo como yo nos acercamos seriamente a la música un poco más tarde que otros. Especialmente yo”.

Javier: La influencia que mi viejo ejerció en mí fue determinante desde siempre, sus discos, sus clases y ensayos en casa, las violas por todos lados, todo fue un incentivo invaluable. Mi vieja también tenía muy buenos discos de otras ondas quizás de jazz, pero más cantado o melódico y mi hermana me trajo la electricidad: Beatles, rock and roll, y música negra, entre otros.

Foto: Martha González

Tomás: “Desde que nací, en mi casa siempre hubo y hay música; el piano de mi papá, los alumnos, ensayos, discos. Lo que más se escuchaba era jazz, pero también sonaba música clásica, blues y rock. Empecé a tocar la guitarra a los ocho años, estudiando con una profesora que vivía cerca de la casa de mis abuelos. La influencia de mi papá fue sencillamente el hacer música; él nunca me obligo o dijo que haga tal o cual cosa, como a veces escucho que sucede; surgió de mi propio interés el aprender y obviamente, tocábamos mucho juntos y me enseñaba”.

Andrés: “No recuerdo un momento o época en mi vida donde no haya jugado con la música, ¡por suerte siempre estuvo ahí!. La influencia de mi viejo respecto a eso es total, no porque me haya  inducido u obligado a tocar, simplemente porque es músico… mi casa siempre estuvo repleta de instrumentos, de guitarras especialmente y, además, siempre desfilaron músicos y alumnos al por mayor. Pero lo más importante por lo que considero que me influenció tiene que ver con su pasión por la música: siempre lo vi divertirse y ser feliz. Creo que a cualquier persona, especialmente a un niño eso puede motivarlo para involucrarse en lo que ve, ya sea música, fútbol, abogacía o lo que sea”.

Martín: “Mi papá me sentó por primera vez al piano cuando tenía 4 años. Fueron sólo dos clases en las cuales me enseñó las notas musicales y me “derivó” a mi abuela, también profesora de piano, con quien estudié hasta casi entrada mi adolescencia. Pero el primer empujón fue de él”

Sebastián: “Siempre estuvo muy presente la música, y me asombraba todo lo que escuchaba, siempre estuve en contacto con la música. Me acuerdo bien de chico ser fanatico de Fito Paez, y ver muchísimas veces la película “Fantasia” de Disney, en la cual la música es muy variada e increíble; en particular me marcó “La consagración de la primavera” de Stravinsky, la primera que aparece. Eso sé que en parte apareció gracias a él. Era chico pero ahí, por lo que me dicen, me metí a cantar cualquier cosa que escuchaba, tanto Fito, como Stravinsky”

Una anécdota:

Cecilia: “Lo que recuerdo es que cantaba a escondidas de la familia (se ríe mucho) Probablemente sentía que la mirada crítica era tremenda”.

Javier: “Las fiestas o los cumpleaños siempre eran ocasiones para tocar y cantar, también recuerdo unos asados en casa al que venían un montón de músicos re grosos de Jazz, entre ellos, alguna vez vino Oscar Alemán”.

Tomás: “Quizás la más importante anécdota fue cuando tocamos juntos por primera vez, en mi primer show profesional. Fue el 25 de Agosto del 2001, tenía doce años, el marco de un festival realizado en el Club Universitario de Buenos Aires”.

Andrés: “Recuerdo ensayos de él con sus grupos en casa y la infaltable pizza posterior, también recuerdo conciertos a los que iba con mi guitarrita de juguete y me paraba ahí adelante con el grupo. Y lo que recuerdo con más cariño de mi infancia musical es la sensación de ser partícipe de esos shows cuando en realidad tenía en mis manos una guitarra de juguete que no sonaba y en la cual en realidad no estaba tocando acordes o melodías”

Sebastián: “Recuerdo como si fuera ayer un concierto en Notorius del quinteto Urbano, en el cual me llamo poderosamente la atención el contrabajo. Pienso que más por su tamaño que por otra cosa, pero fue a partir de ahí que de tanto en tanto decía en casa que quería tocar el contrabajo. Por diversos motivos, se fue pateando esa idea hasta que algún día fue inevitable”

El primer instrumento y la formación musical:

Cecilia: “Mi educación musical formal fue desordenada, caótica y extendida en el tiempo, pero también profunda. Empecé jugando a tocar el piano y la guitarra todo el tiempo y de oído. Pablo estudiaba la guitarra y yo lo copiaba un poco. Mis primeros estudios formales llegaron realmente en Estados Unidos. Allí, primero en el colegio y después con un novio músico- Seth Cooper- hice mis primeros pasos musicales serios. En Hunter College de New York, si bien estudiaba otra cosa más ligada a lo literario, también hacía música. Después volví a Buenos Aires y estudié con muchos profesores y profesoras de canto y de música a lo largo de los años buscando completar mi formación. Y aún lo sigo haciendo. Incluso estoy estudiando el piano otra vez”

Javier: “La batería me apasionó primero; todavía sostenemos un romance medio histérico que va y viene. Luego el bajo se apoderó de mí sin que yo haya decidido el cambiazo, y la guitarra acompañó siempre, aún hoy sigue siendo mi “roommate”. Lo de cantar, si bien apareció a la vista después, está en mi de toda la vida, solo que necesitó un tiempo para vencer el prurito del “músico-cabezón-de-Jazz-instrumental”".

Tomás: “Empecé con la guitarra y sigue siendo mi instrumento principal. Luego de estudiar con María Rosa Bouquet, un día lo vamos a ver a mi viejo que se presentaba con una orquesta, donde el guitarrista era Marcelo Mayor. En un momento del concierto, Marcelo hace una versión de Summertime; fue un antes y un después, al día siguiente lo llamé por teléfono para tomar clases con él. Marcelo fue mi maestro, con él aprendí el arte de la guitarra, la improvisación y la armonía. Luego de terminado el secundario estudie un año con Manolo Juárez, también gran y epifánica experiencia, y al año siguiente entré en la UNA e hice Composición. Por otro lado tome un tiempo clases con el compositor Daniel Montes”.

Andrés: “Como todo niño fue la batería, primero con el clásico set de ollas de la cocina y posteriormente con una batería de juguete que estaba buenísima (sonaba de verdad, era una batería chiquita). Pero los primeros instrumentos con los que me involucre un poco más fueron la guitarra y el piano. Por ultimo, a los 11 agarre el bajo (mi viejo toca y tiene uno) y me re cope con Jaco Pastorius, de ahí en más ya no me moví de ese instrumento, y por el nivel de cope que tuve con Jaco ya me puse a estudiar formalmente el instrumento y hoy sigue siendo el que más toco”.

Martín: “Mi primer instrumento fue el piano, desde los 4 hasta los 12. Con mi abuela primero, y después unos meses con Susana Kasakoff, una increíble concertista clásica, hasta que dejé para hacer el ingreso a la secundaria. Ya de adolescente, a los 14, escuchaba rock y me terminé inclinando por la guitarra, instrumento que sigo investigando y estudiando hoy en día”

Sebastián: “El primer instrumento que agarré fue a los 5 años el violín, y aprendí en el colegio. Recuerdo que lo elegí porque me gustaba. En paralelo y siempre de oreja estuve con la guitarra. En el medio deje el violín, pase por la flauta traversa y un paso muy fugaz por el clarinete, y la guitarra siempre siguió ahí firme al pie del cañón. Y fue en la secundaria cuando tomé mis primeras clases importantes con mi primer gran maestro (sin contar a mi papa) que fue Miguel Tarzia, persona que me marcó mucho”

¿Alguna vez pensaste en no ser músico de jazz?

Cecilia: “La mitad de mi vida (se ríe). Durante años pensé que iba a ser escritora y me preparé para eso que me encanta también. Trabajé durante 20 años como creativa publicitaria y si bien mientras tanto seguía estudiando canto, enseñaba y ya también cantaba, comencé cantando tango, género que aún hoy abrazo con total amor y convicción. Pero bueh… el jazz fue mi cuna musical y si bien me resistí durante años,  me ganó y sedujo completamente”.

Javier: “Sin ánimo de rebelión alguno toqué un montón de músicas de diferentes estilos y siempre con el mismo amor. Fui bajista de Luis Alberto Spinetta como también de Baby Lopez Furst, o de Dino Saluzzi y también tuvimos un proyecto muy lindo con Rubén Rada. Trabajé con Pappo con Rubén Juarez entre otros muchos artistas de Rock y de Jazz muy disímiles entre sí. Nunca lo entendí como una rebelión al Jazz de la casa paterna, sino más bien pienso que no es otra cosa que mi espíritu inquieto y el deseo de aprender o absorberlo todo que ojalá me acompañe siempre”. 

Tomás: “¡Claro! Es lo más sano, pero no le pondría la palabra “rebelarse”, sino explorar. El Jazz es mi lenguaje principal, pero hay que escuchar y nutrirse de todas las expresiones (no solo musicales). Lo que más escucho y compongo últimamente es música contemporánea. Sé que estas etiquetas son necesarias, pero en lo profundo, la música es siempre una”.

Andrés: “Nunca estuve obligado a ser músico, mucho menos a tocar jazz… esas fueron decisiones mías que tome inconscientemente en ese momento. Y si bien mi entorno musical cuando era chico fue principalmente de músicos y estudiantes de Jazz, con los años eso fue ampliándose y hoy toco con músicos de Rock por ejemplo que se supone están ¨en la vereda de enfrente¨. En ese sentido si hay algo que tengo que agradecerle a mi viejo es la diversidad de músicas con las que conviví cuando era chico: montones de músicos y bandas como The Beatles, Django Reinhardt, Living Colour, Paco De Lucia, Steve Vai, Weather Report, Joe Pass y Seru Giran, entre otras”

Martín: “Nunca me sentí obligado a ser músico ni a tocar jazz, con lo cual tampoco hubo intención de rebelarme. Solamente, en el par de años que estuve sin hacer música entre que dejé el piano y me metí con la guitarra, me interesaban otras carreras pensando a futuro, pero cuando arranqué tercer año de la secundaria recuerdo una charla con mi profesor de guitarra de aquel momento en la cual le comentaba que no me interesaba otra cosa que no sea la música. Y desde entonces no hubo dudas”

Sebastián: “ Pense en las dos cosas jaja. Quería rebelarme, tenía gran interés por la medicina y biología, pero no era tan sólido. Y recuerdo de chicanear a papa diciéndole “cuando sea más grande capaz toco, ahora por favor no…”, pero en el fondo sabía que quería tocar jazz y nunca se lo decía”

¿Cómo es tu papá, cuál fue su influencia sobre tu música?:

Cecilia: “Mi papá toca el contrabajo, es arreglador, es compositor  y su obra me encanta. La conozco toda y me siento orgullosa de ella. ¿Puedo ser objetiva? Supongo que no. Pero creo que fue parte de la generación de oro del jazz en Argentina. Uno de los creadores argentinos que supo fusionar nuestra música con el jazz de manera excelente y que se animó a experimentar con todo lo que tuvo a su alrededor.  Un genio, bah”.

Javier: “Un músico de una gran honestidad y nobleza, fiel a sus principios y con una incontenible pulsión de ayudar y enseñar. No por nada muchos de los mejores músicos de Jazz de la actualidad en el país lo aman y fueron sus grandes amigos o discípulos”.

Tomás: “Uno de los más grandes pianistas de Jazz, que conoce como nadie los distintos estilos pianísticos. Y también un gran docente (y humorista)”.

Andrés: “Calculo que su influencia musical en mí, más allá de que fue mi profe y me enseño no solo a querer la música, sino también una gran cantidad de elementos técnicos y teóricos, puede ser el dominio de mi instrumento a un nivel más alto de lo normal (el Jazz y algunas músicas que lo rodean conllevan esa exigencia). Desde el primer momento en el que agarre el bajo eléctrico quise tocar ciertas músicas que él siempre toco y que inevitablemente me llevaron a sentarme a estudiar y practicar un montón”.

Martín: “Salvo ese puntapié inicial con el piano, nunca estudié ni tomé clases con el. Y sin embargo es mi principal influencia. Pienso en el como un gran músico y como un  gran ejemplo de músico independiente, entendiendo esto como algo más que hacer música. Me ha ayudado no sólo en cómo improvisar sobre un standard, sino también en cómo planificar las clases con mis alumnos, en cómo armar mi grupo, cómo encarar un concierto, cómo tratar con un productor de conciertos y ahora con la planificación de mi primer disco. Si pienso en lo estrictamente musical, me parece un músico con una gran identidad. Escucho algo de el, sin saber quién es, y lo puedo reconocer. Desde el sonido del piano hasta por la sonoridad de los temas. Y esa identidad creo que es lo más importante a lo que puede aspirar un músico”

Sebastián: “Es mi máximo referente sin dudas, admiración absoluta y claramente muchas veces me acostumbro demasiado y no tomo la dimensión necesaria. Lo que más admiro de él es la perseverancia en el estudio, es realmente un buscador incansable, y a la hora de tocar se nota”

La experiencia de tocar juntos:

Cecilia: “Tocamos juntos y seguimos haciéndolo. Primero lo invité a hacer unos arreglos de tango y tocamos algunas veces juntos haciendo tango. Y ahora, hace 6 años que formo parte del Cuarteto Jorge Lopez Ruiz. Es un cuarteto de cinco. Es una experiencia maravillosa, muy enriquecedora y muy conmovedora. Nos divertimos mucho todos. Nos encanta lo que hacemos y tocar con el viejo es un lujo”.

Javier: “Claro que tocamos juntos, casi no hacíamos otra cosa; trabajamos juntos en proyectos musicales, en su escuela de música, en sus discos y en los míos. Giras, grabaciones y mates con las guitarras siempre. Hemos conectado bestialmente y nos hemos ido lejos siempre. Lo extraño mucho y le agradezco todo”.

Tomás: “Desde mi debut profesional que venimos tocando juntos, como invitado o en proyectos. Es una muy linda experiencia, a veces hay choques (naturales de una relación padre-hijo) pero es una tremenda experiencia”.

Andrés: “Siempre tocamos juntos. Este año comenzamos a grabar un disco a dúo que es nuestra asignatura pendiente, pero en vivo siempre estamos tocando, en dúo, trío, o lo que venga. Es un desafío tocar con él, es un tipo muy ágil técnicamente hablando y muy intenso, así que tengo que estar en forma”.

Martín: “Sí, tuve la suerte de que me invite a tocar con su grupo varias veces. Es una sensación un poco ambigüa entre la presión y el disfrute. Que es lo que pasa siempre que uno toca, pero acá yo creo que ambas cosas se acentúan un poco más. La presión de tener que estar a la altura de grandes músicos (no sólo el, sino quienes integran su grupo, como Juan Bayón, Bruno Varela, Mariano Loiácono, Pepi Taveira hasta hace unos años) y a la vez el relax y el disfrute de poder tocar con semejantes monstruos. Y también ayuda a la maduración de uno, desde la dinámica de los ensayos, hasta la prueba de sonido, uno trata de aprender de eso también”

Sebastián: “Sí, muchísimas veces, y la verdad se disfruta muchísimo. El primer disco que grabé fue el del tributo que él le hizo a Charly García. Tocar esa música que realmente me encanta, con ese plantel de primera, y con el laburo que él hizo y que vi tan de cerca, fue el debut discográfico soñado para mí”

¿Si tenés o planeas tener hijos, serán músicos?

Cecilia: “¡Por supuesto! Mi hija es actriz, pero también le gusta cantar. Toda oportunidad de subirse a un escenario con un hijo o un padre es una experiencia de una emoción tan grande que te cambia la vida para siempre”

Javier. “Tengo un hijo baterista que se llama Julián y es mi gran orgullo, tiene 25 años y es un músico admirable, hemos hecho varias cosas juntos y espero que vengan más”.

Tomás: “El tiempo lo dirá, solo quiero que mis hijos sean felices hagan lo que hagan”.

Andrés: “Me gustaría ser padre pero no ahora, y claro que sería hermoso que la historia se repita. De hecho, si pasa, eso va a significar que mi hijo o hija va a ver en mí la misma pasión que yo vi en mi viejo. Pero calculo que llegado ese momento, lo que voy a querer como padre va a ser que el hijo o hija que tenga haga lo que más le guste hacer, y por supuesto con dedicación y amor. 

Martín: “Falta mucho todavía. Valoro la forma en la que se dio conmigo, que no hubo ninguna presión ni obligación ni deber. En mi casa se hablaba de música, y probablemente eso fue lo que me llevó a dedicarme a esto. Creo que presionar a alguien joven con su carrera es contraproducente,  con lo cual no me veo poniéndole a un hijo esa presión o insistirle. Pero si se da, seguramente sea motivo de orgullo”

Sebastián: “No pensé si quiero repetir la historia, pero si le hace feliz hacer música, ¡ojalá la podamos compartir!”

 

  • Alberto Santos Di Bella

    Como abuelo de Tomas Fraga solamente deseo agradecer a Dios el contar con un elegido, respecto de su vocación musical, además de un buen hijo, y excelente hermano, nieto y amigo. Coincido con su idea final respecto de un futuro, solamente hay que facilitar que todo ser humano descubra su vocación y la realice, de esa forma podrá empezar a ser feliz.