El genio de las letras que amaba el jazz: Julio Cortázar

“Soy un músico frustrado”. Así relataba su pasión Julio Cortázar, nacido el 26 de agosto de 1914. En un reportaje contó…

Yo nací en 1914 así que, cuando era chico, asistí al nacimiento de la radio… no había discos de jazz todavía. En esa época se escuchaba en la radio, en Argentina, tangos, música clásica o música popular hasta que un día, -yo tendría diez años- escuché por primera vez un fox trot y fue mágico para mí. Dos o tres años después, descubrí a Jelly Roll Morton y más tarde, a Louis Armstrong y a Duke Ellington. Durante mucho tiempo ellos fueron mis músicos de jazz preferidos.   Si tuviera que elegir algunos discos para salvar del diluvio me llevaría discos de los tres, sobre todo algunos del viejo Armstrong y del Duke Ellington de los años veinte al treinta”.

En su obra hay varias referencias a este género y, a su vez, varios autores rescataron esa pasión. Vale la pena hacer una pausa hoy martes, en algún momento del día, para escuchar algo de jazz y recordar a ese genio de la literatura universal

 

 

LOS QUE SE FUERON: CHAU GABO

 

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Me acuerdo que transitaba mi tímida adolescencia lleno de ideales y estaba en La Habana con mi remera del Che, desencantándome del socialismo real, cuando lo conocí. Presentaba El amor en los tiempos del Cólera

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y fui a ver una charla que dio. Me acerqué y como a las cientos de personas que estaban allí, también a mi me firmó el ejemplar del libro. Marcó una fuerte influencia en mi aprendizaje literario, que luego seguramente se deformó con el periodismo. Pero en realidad, el nunca dejó de ser periodista: ni en la más fantasiosa de sus novelas, abandonó la crónica, envidiable, pura e imaginaria a la vez. Como buen amante del arte, incorporaba en sus escritos todos los géneros, incluyendo los musicales. Y así hacía referencia al jazz en su Memoria de mis putas tristes:

«Un negro feliz de Camagüey a quien llamaba Jonás el Galeote, había sido un trompetista de los grandes en La Habana hasta que perdió la sonrisa completa en una catástrofe de trenes»

Hoy se fue pero, lugar común si los hay, quedarán sus libros para recordarlo. Y su sonrisa.

 

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