Cash: ¿Para qué sirve evitar palabras como inflación o default?

Desde que la inflación reapareció con fuerza en la Argentina el Gobierno ha utilizado toda clase de eufemismos para evitar mencionar ese término, como si al no hacerlo hubiera logrado evaporarla. “Reacomodamiento de precios”, fue el concepto al que apeló para reemplazar lo que todos, desde un trabajador hasta un académico, pasando por cualquier ama de casa, ven. Lo repite con fuerza desde 2007, pese a que en forma creciente nadie le cree. “El problema no es inflación, es el reacomodamiento de precios”, dijo hace poco tiempo, una vez más, el secretario general de la presidencia, Oscar Parrilli. Sin embargo, semejante esfuerzo no impidió que la inflación creciera en forma persistente y muy por encima de los datos del Indec, como lo señaló (hasta que fue nombrado viceministro) el propio Axel Kicillof  en su instituto de estudios (CENDA). Fuera del Palacio del poder, ni siquiera la CGT o la CTA oficialistas creen en los números oficiales, menos maquillados, pero alejados aún de los que publican algunas pocas provincias y las consultoras privadas. Pero más importante aún, no se sabe qué hará el Gobierno para combatir la inflación, más allá del programa de precios cuidados y del efecto generado por la recesión económica reconocida hasta por el Indec. Un fenómeno similar ocurre con el default; casi en forma infantil, se han tratado de inventar numerosas denominaciones: “Griefault” y “evento crediticio”, entre ellos, como si ese empeño evitara los efectos de este problema no previsto por el Gobierno. Sí, es verdad, Griesa es un juez emperrado en los últimos años (no antes del 2010) en fallar en contra de la Argentina y se extralimitó en su interpretación de la cláusula pari passu. Pero seguir gastando energía en cuestionarlo (cuando además su fallo fue ratificado por sus instancias superiores a las que la Argentina se sometió) en lugar de analizar y explicar cómo se va a salir de este callejón con la menor cantidad de cicatrices posibles, resulta bastante cuestionable. Aunque no se hable de default, la Argentina está en cesación de pagos, ojalá, por poco tiempo. Si, en cambio, el gobierno se enamorara de los sondeos de opinión que hablan de un repunte de la imagen de la Presidenta por su dureza retórica ante este conflicto con los fondos buitre, habría que pensar para qué sirvió el esfuerzo que hizo desde enero al comenzar a recomponer sus lazos con el mundo y cuánto daño se causará -y le causará a la economía- al evitar una solución madura.

 

 

 

 

 

 

Cash: Los buitres son malos, pero…

Nadie duda a esta altura de las características de los fondos buitre y de su carácter especulativo. Pero vale la pena formular algunas aclaraciones para que la discusión de estos días no adquiera un tono chauvinista que impida imaginar en una solución…

1-No todos los holdouts con juicios son buitres; por el contrario, muchos inversores minoristas argentinos y extranjeros siguen con juicios, en el país y en el exterior, sin poder cobrar, por el default.

2-Para el Gobierno, no todos los buitres son malos. De hecho, hay varios fondos de esas características que han comprado deuda bastante después del default, como Gramercy, a un precio especulativo y que siguen teniendo deuda para canjear, pero que, en vez de seguir litigando, quieren llegar a un acuerdo.

3-El Gobierno no puede seguir invocando que todo el mundo conspira contra el país cada vez que recibe un fallo en contra; en primer término, porque la Corte Suprema de EE.UU. falló a favor, por ejemplo, al decretar el carácter inembargable de las reservas del BCRA. En segundo lugar, porque el fallo del pari passu, aunque suene ilógico, llega casi 13 AÑOS DESPUÉS DEL DEFAULT, tiempo suficiente para hartarse. En tercer lugar, porque la Argentina es irrelevante en la agenda internacional.

4-El Gobierno cree que sus actos nunca traen consecuencias: por ejemplo, el haber sancionado una ley cerrojo –excusa perfecta para que los buitres hablaran de discriminación; o gritarles a los acreedores –en vez de intentar convencerlos, como hizo Uruguay, para que se sumaran a los canjes- o amenazar en los propios tribunales con no cumplir sus fallos, entre otros errores/horrores.

En suma, suena romántico decir, como dijo el ministro Axel Kicillof, “No pasarán”. Pero hubiera sido más inteligente recomprar deuda como indicaba el prospecto del canje (lo señaló el profesor Mario Rapoport del Plan Fénix esta semana), o dejarlo abierto como muestra de buena voluntad ante los jueces norteamericanos. Solo resta que ahora, si van a hablar con Griesa, lo hagan con madurez y no con consignas destinadas a una tribuna política doméstica cada vez más pequeña.

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El prólogo para el acuerdo con el Club

Sándwiches, cafés, papas fritas y pizzas mediante, los ejes del acuerdo fueron antecedidos por este prólogo:

“Luego de una prolongada negociación, el Gobierno argentino y la secretaria del Club de París arribaron a una solución acordada y mutuamente beneficiosa, respecto a la deuda que el país mantiene con los países miembros”.

“De esta manera, Argentina continúa el camino de regularización de los pasivos internacionales producidos por el default del año 2001. Desde 2003, los Gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner asumieron las consecuencias ocasionadas por décadas de sobreendeudamiento de la economía argentina. Los canjes de deuda de 2005 y 2010, el pago del monto total adeudado al FMI en 2006, y los pagos a las empresas con laudos en el CIADI en 2013 fueron pasos fundamentales en este proceso de normalización de las relaciones financieras internacionales”.

“El Club de Paris surgió a raíz del caso argentino en 1956 y reúne a 19 países (Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, Finlandia, Francia, Alemania, Israel, Italia, Japón, Holanda, Noruega, Rusia, España, Suiza, Suecia, Inglaterra y Estados Unidos) con los que Argentina contrajo diversas deudas. Hubo renegociaciones en los años 1962, 1965, 1985, 1987,1989, 1991 y 1992, y se cayó nuevamente en incumplimiento como consecuencia de la crisis de 2001″.

“La búsqueda de una solución para la deuda impaga con el Club de París fue siempre un objetivo de este Gobierno, que en 2008 tomó la decisión de saldarla en su totalidad en un único pago. Con el decreto ya firmado, la decisión fue frustrada por el estallido de la crisis financiera mundial y la caída de la casa Lehman Brothers. La iniciativa se pospuso hasta la fecha”.

“Con el acuerdo alcanzado hoy, Argentina cierra un capítulo más de la triste historia del sobreendeudamiento que condujo, inevitablemente, al default. El esquema de pagos acordado reduce sensiblemente el costo financiero de esta deuda impaga, que actualmente acumula intereses y punitorios a una tasa promedio cercana al 7%”.

“Es importante destacar que el acuerdo asumido garantiza la sustentabilidad de los pagos de los compromisos financieros como un todo, es compatible con el perfil de vencimientos que tiene el país en el futuro y no implica condicionalidad alguna para llevar adelante sus políticas económicas. El acuerdo constituye un paso importante para promover la inversión en Argentina”.

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Los términos del acuerdo con el Club de París

A la 1 am de la Argentina un funcionario me dijo “cerramos”. En el diario ya estábamos cerrando también, la segunda edición. Los tiempos de la negociación con el Club de París complicaron nuestra rutina. Pero no nos quejamos. Porque a la 1.30 supimos que el acuerdo era el siguiente:

-El monto consolidada de la deuda asciende a 9.700 millones de dólares al 30 de abril de 2014.

-El esquema apunta a cancelar la totalidad de la deuda en 5 años. Implica un pago inicial en concepto de capital de 650 millones de dólares en julio de 2014 y de 500 millones de dólares en mayo de 2015, más intereses. El siguiente pago se realizará en mayo de 2016.

-El monto acordado para los intereses asciende a 3% para los saldos de capital durante los primeros 5 años.

-Se establece un pago mínimo que deberá afrontar la república cada año y se fija un criterio de pagos adicionales en caso de incremento de las inversiones provenientes de los países miembros del Club.

-Si durante el plazo de 5 años las inversiones adicionales fueran insuficientes, la república puede posponer los vencimientos hasta dos años más totalizando 7 años, con lo que podría incrementarse el costo financiero en alrededor de un 1% adicional para el período completo.

Luego de casi un día entero de negociación, luego de 13 años de default, llegó el momento. Faltan varios capítulos, pero esta parte del default se empezó a cerrar.

ECONOMÍA: AHORA QUE NOS PRESTAN: LOS BUITRES SON BUENOS O MALOS?

 

https://www.youtube.com/watch?v=KJ0Qt6aUXK4

 

La explicación que sigue es boba, pero importante luego de la innecesaria demonización que el Gobierno hizo en estos años sobre el capitalismo financiero en nombre de una supuesta heterodoxia que nunca vio la luz, se torna relevante. En el mundo de las finanzas, aunque sea redundante decirlo, no hay buenos y malos, ni buitres más codiciosos que otros. Son hombres y mujeres en busca de lucro, si se puede, extremo. En el caso de la Argentina, como en otros países, “Wall Street”, tal como se denomina al colectivo que sube y bajaba el pulgar con la compra y venta de bonos soberanos y acciones, ¿qué reclamaban los “lobos”?: normalizar las estadísticas del Indec, devolver la competitividad al tipo de cambio, normalizar la situación de los subdidios, subir las tasas de interés y pagar las deudas en default desde el 2001. ¿Qué está haciendo el Gobierno?: todo eso. Por eso, ahora los buitres, que escandalizaban a la prensa progresista por sus estafas en Europa y Estados Unidos, se transformaron en tiernos pichones dispuestos a salvar al modelo nac & pop, como el banco Goldman Sachs, según informó hoy el diario Página 12. Los lobos de antes ahora son corderos…no es cuestión de tener saña por este cambio de apreciación, pero sí desarrollar el mismo ejercicio que al Gobierno le gusta realizar: el uso de la memoria, aunque de modo más completo y menos tergiversado.

 

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El Club de París y el Día de la Marmota

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Decía Eduardo Levy Yeyati hace un tiempo que claramente las noticias -y negociaciones- en torno del Club de París pueden equipararse a la película “El Día de la Marmota” en la que el protagonista vive todos los días las mismas situaciones y no puede escapar nunca de esa repetición.

 

Casi 13 años de default y más de siete de negociaciones sin éxito claramente son un ejemplo de poca cintura política para manejar un tema que le podría haber abierto al país no solo líneas de crédito para obras de infraestructura y a las empresas para financiamiento de bienes de capital, sino haberle evitado otros dolores de cabeza, como la postergación de fondos frescos en el Banco Mundial. Esa deuda que, además, pasó de US$ 6500 millones a unos US$ 10.000 millones, ahora se renegociará formalmente desde fines de mayo en París y, aunque las posiciones iniciales son distantes y hasta parecen antagónicas, la clave es que los acreedores saben que, cuando la Argentina hace una propuesta de pago, más vale acercarse y cerrar un acuerdo por más que no sea el ideal, antes de esperar varios años más. Por eso, si la Argentina ofrece un pago inicial de US$ 250 millones y los acreedores pidieron US$ 2000 millones, tal vez haya una solución a mitad de camino, que le permita al Gobierno además otra ganancias más allá de las divisas: la de la confianza internacional y local que no le vendrá nada mal para sus últimos 20 meses de gestión.

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ECONOMÍA: ¿Y si nos dejas preguntar vos, Axel?

El ministro de Economía desperdició ayer la posibilidad de que los periodistas que seguimos la política económica pudiéramos preguntarle algunos detalles importantes del nuevo índice de precios al consumidor, al tomarse demasiado tiempo para retarnos porque supuestamente no repreguntamos a las consultoras cómo miden los precios, algo que en realidad, quienes saben preguntar, lo hacen. Una pena; flanqueado por los jefes del Indec que están acusados ante la justicia por manipular las estadísticas públicas, Ana Edwin y Norberto Itzcovich optó por un sermón en lugar de un diálogo, que permitiría despejar dudas, dado que hoy nuevamente surgen interrogantes sobre la veracidad del nuevo índice. Le podríamos haber preguntado:

1-¿Cuáles son los precios utilizados para confeccionar este índice?

2-¿Cuál fue el impacto de la devaluación sobre la inflación?

3-¿De cuánto es la inflación anual para el Gobierno?

4-¿Cómo piensan combatirla?

5-¿Por qué siguen al frente del Indec funcionarios cuestionados por manipular los datos y acusados ante la Justicia?

Podría sumar muchos más, que tenían en la punta de la lengua colegas de todos los diarios y radios. Pero no pudo ser. Porque Axel quiso dar una clase, en lugar de dialogar

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Quién es quién: Rodríguez Enrique

Nombre: Rodríguez Enrique

Hoy en el Quién es quién dialogamos con Enrique Rodríguez, nacido en la Capital Federal en 1960. Su conexión con el jazz fue en  1997, en ensambles de vientos. Su formación fue en forma particular y sus referentes locales son Juan Cruz de Urquiza, Jorge Retamoza, Leo Heras, Oscar Giunta, Ricardo Cavalli, entre otros. Su estilo preferido son el Bebop y el Cool Jazz, mientras que sus discos grabados como líder son Tritonal Jazz (en preparación); y con Saxópatas Big Band, como saxo baritono: “20 años”. En su opinión, los discos clave del jazz argentino fueron los grabados por Oscar Aleman, Gato Barbieri, Jorge Anders y La Banda Elástica. Imagen

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Quién es quién: González Sabrina

Nombre: González Sabrina

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En el Quién es quién de hoy dialogamos con Sabrina González, que nació en 1981 en la Capital Federal. Como cantante comenzó de la mano del Blues, por el año 2008, cuando empezó a cantar en una banda de Swing ; hacían temas de blues, de rithm and blues y de swing, pero siempre con base en el Blues, no el swing más tradicional. De ahí empezó a indagar un poco más y a escuchar a Ella Fitzgerarld, Nina Simone, Billie Holiday, Dinah Washington, Sarah Vaughan, Natalie Cole, Diana Krall, Nat King Cole, entre otros. Su formación fue en el Emba, Sadem y en la Escuela de blues de Gabriel Gratzer. Su estilo preferido fue el swing.

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ECONOMÍA: EL NUMERO MISTERIOSO

En 24 horas se develará lo que debería ser un simple dato estadístico pero que, por la decisión del Gobierno de manipular las cifras del Indec por siete años, se transformó en un verdadero acertijo: la inflación de febrero. Luego de que en enero el Indec, manejado por los mismos funcionarios encargados de decir desde el 2007 que la inflación llegaba a un tercio de la real, sorprendiera a todos los analistas admitiendo una suba del 3,7%, el Ministerio de Economía dio a entender que el número de febrero realmente fue malo, por efecto de la devaluación que provocó en forma vergonzante. El motivo del misterio no es otro que la escasa convicción con la que el Gobierno habla de la inflación, luego de haber reconocido una cifra más realista por la presión del FMI. Por eso la pregunta retórica de muchos analistas: ¿habrá dos meses seguidos de datos fiables?

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Para algunos analistas esto significaría que en el primer bimestre la inflación llegó a un 10%, pero en realidad se ubicaría en el 8% y en el 34% en 12 meses. Muy lejos de la híper mencionada por algunos delirantes, la suba de precios igualmente es preocupante, sobre todo si la estrategia oficial se sigue limitando a los “precios cuidados” y a utilizar las tasas de interés, que ya permitieron ganar una batalla, pero que no alcanzan para encarar una guerra.

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