¿Sirve hablarle a las plantas?

 

Si, ya sé. Me van a decir que no es “serio” preguntarse estas gansadas.  Pero la realidad es que más veces de las que puedo contar, alguien se me acercó y con un poco de picardía me confesó: “Yo a mis plantas les hablo”. El comentario nunca es inocente y suele venir acompañado de una búsqueda de complicidad, porque en su fuero interno todos esperan un “¡yo también!” para quedarse tranquilos de que no son los únicos locos que andan tuteando a los helechos.  Algunos las bautizan y las llaman por su nombre, mientras que otros las saludan cada vez que las ven, con un cantarín “buen diaaaaa” igualito al que usan para saludar a los vecinos del edificio. Y siempre después de semejante confesión viene la ineludible pregunta: “¿Para vos sirve que les hable? Yo creo que desde que lo hago están más lindas.” Mi respuesta va al compás de una leve levantada de hombritos y de un: “Yyyyy… qué se yo”, porque honestamente, no hay estudios serios al respecto que avalen semejante afirmación.

¿Pero quieren saber lo que realmente pienso? Para mí sí sirve hablarle a las plantas, pero no por una cuestión de magia ni de gualicho. Hablarle a las plantas sirve por el simple hecho de que si llegaste al punto de entablar una conversación con ellas, es porque les estás prestando MUCHA, MUCHÍSIMA atención. Y la realidad es que la jardinería, ya lo hemos dicho varias veces en este blog, tiene algo de maña y mucho de observación. Si llegaste a ponerle un nombre a la bignonia es bastante probable que notes que le está faltando agua, o que en sus hojas se alojó un bichito insolente que de a poco la está dejando mustia.

Como todo en la vida, cuando nombramos algo no estamos más que reconociendo su existencia, y de alguna manera, poniéndole una cuota extra de compromiso al asunto, algo que las plantitas agradecen, y mucho. Esa atención que les destinamos nos permite detectar a tiempo problemas y hacer cambios necesarios (como correr la maceta a un lugar con más luz) antes de que el desenlace sea irreversible, e incluso hacer leves mejoras que traen beneficios extra, como sacar hojas marchitas para ahorrarle energía a la planta. Así que ya saben, cuando les preocupe pasar por locos por derrochar simpatía con el ficus, mi humilde recomendación es que se dejen llevar, total, nada malo puede salir de eso.

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