La sangre guaraní de Belgrano, Bioy y el Che

En la Historia Genealógica Argentina, de Narciso Binayán Carmona (editado por Emecé) se presenta el caso de Domingo Martínez de Irala, primer gobernador de Asunción, quien llegó con la expedición de Pedro de Mendoza.

De acuerdo con su testamento, Irala dejó nueve hijos: Diego, Antonio, Ginebra, Marina, Isabel, Úrsula, Martín, Ana y María.

Diego, Antonio y Ginebra nacieron de sus relaciones con su criada María, quien además era la hija del principal cacique guaraní.

Marina era hija concebida por Juana, otra de sus criadas.

Isabel nació de la unión de don Irala con otra de sus servidoras, llamada Águeda.

Úrsula, Martín y Ana tenían como madres a Leonor, Escolástica y Marina, quienes integraban también su harén personal.

La madre de María se llamaba Beatriz, pero no formaba parte de su staff. Era criada de Diego de Villapando.

Irala tuvo nueve hijos que le dieron por lo menos quince nietos. Su sangre fue esparciéndose de generación en generación.

A través de la hija Isabel, tuvo entre sus descendientes a Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan Antonio Álvarez de Arenales, José Evaristo Uriburu, José Félix Uriburu, Victoria Ocampo y Bernardo de Irigoyen.

De la rama de Úrsula surgirían Saturnina Otálora –segunda mujer de Cornelio Saavedra–, Carlos Saavedra Lamas, Remedios Escalada de San Martín, Manuel Quintana, Francisco Solano López, Joaquín Samuel de Anchorena, Adolfo Stroessner, Julio César Saguier, Adolfo Bioy Casares y el Che Guevara. Por nombrar a algunos, nada más.

Domingo Martínez de Irala, quien en su testamento escribió

que dejaba nueve hijos: Diego, Antonio, Ginebra, Marina,

Isabel, Úrsula, Martín, Ana y María. Ahora bien, Diego, Antonio y Ginebra nacieron

de sus relaciones con su criada María, quien además era la hija del principal cacique guaraní. Marina, en cambio, era hija concebida por Juana, otra de sus criadas. Por su parte,

Isabel nació de la unión de don Irala con otra de sus servidoras, llamada Águeda. Y así también, Úrsula, Martín y Ana tenían como madres a Leonor, Escolástica y Marina,

quienes integraban también su harén personal. En cambio, la madre de María, Beatriz, tenía la particularidad de ser criada de Diego de Villapando y no de él. Lo que demuestra que al hombre no le alcanzaban las mujeres de su casa.

Así funcionaba la creación de niños en esa Asunción

donde los padres no tenían que esperar las nueve lunas de la

madre para pensar en un vástago más. Irala tuvo nueve paraguayitos.

Y ellos le dieron por lo menos quince nietos. Es fácil

imaginar de qué manera la sangre de Irala fue esparciéndose

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Oro y espadas

de generación en generación. Sin entrar a navegar por los

mares de la genealogía, hay ciertos datos interesantes que

valen la pena.

A través de la hija Isabel, tuvo entre sus descendientes

a Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan Antonio Álvarez

de Arenales, José Evaristo Uriburu, José Félix Uriburu,

Victoria Ocampo y Bernardo de Irigoyen. Por la rama de

Úrsula surgieron Saturnina Otálora –la esposa de Cornelio

Saavedra–, Carlos Saavedra Lamas, Remedios Escalada de

San Martín, Manuel Quintana, Francisco Solano López,

Adolfo Stroessner, Julio César Saguier, Adolfo Bioy Casares

y el Che Guevara. Si seguimos hurgando, encontraremos a

los dos enemigos de la batalla de Caseros: Rosas y Urquiza.

Resta decir que todos los descendientes de Irala a través

de su hija Úrsula deben agradecer a que un compañero

de armas de Irala, don Alonso Riquelme de Guzmán, haya

tenido la osadía de pretender sublevarse. Y que Domingo de

Irala le haya propuesto perdonarle la vida si aceptaba casarse

con Úrsula, quien apenas tenía 16 años.

Un par de hijas de Irala bastan para encontrar entre

sus parientes a cuatro presidentes argentinos y dos paraguayos.

Y hasta a un Premio Nobel. El paraíso de Mahoma,

según se ve, dio sus frutos.