Las conquistadoras

El tercer Adelantado del Río de la Plata (luego de Pedro de Mendoza y Álvar Núñez Cabeza de Vaca) fue Diego de Sanabria. Murió pocos días antes de embarcarse. Tomó la posta su hijo Juan, pero por sus idas y vueltas, la madrastra –doña Mencía Calderón, viuda de don Diego de Sanabria– optó por adelantarse al Adelantado y partió el 10 de abril de 1550 con tres navíos y otras cincuenta mujeres. Entre ellas, las señoritas Mencía y María –sus hijastras– más Isabel de Contreras con sus dos hijas, Elvira e Isabel, “en estado de merecer”, según ha escrito el historiador Ernesto Fitte.

Si todo hubiera andado bien, las señoras habrían arribado en pocos meses a Asunción. Sin embargo, todo anduvo mal. En Las Palmas (Islas Canarias) se sublevó parte de la tripulación. En Guinea (África) perdieron de vista a una de las embarcaciones de la flota. En alta mar fueron abordadas por un pirata francés que “por azar –seguimos leyendo a Fitte– no trajo mengua a la honra de las dichas señoras”. Encallaron en un archipiélago y, como pudieron, alcanzaron la costa brasileña. Allí se quedaron un tiempo para restablecerse y acondicionar los navíos.

Mencía Calderón arengó a las damas para que caminaran. Bajaron por tierra desde Brasil hasta el Paraguay. Esquivaron indios antropófagos, conocieron las cataratas, atravesaron selvas que por ellas dejaron de ser impenetrables y entraron en Asunción en marzo de 1556, luego de seis años de un viaje que se suponía que harían en pocos meses.

Las chicas en estado de merecer, merecieron. Por ejemplo, María de Sanabria (hija del frustrado Adelantado) casó dos veces y fue la madre de Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias. Las hijas de Isabel de Contreras celebraron sus matrimonios también. Elvira se unió a Ruy Díaz Melgarejo, “hasta que la muerte los separe”. Y la muerte los separó el día que Melgarejo la encontró en la cama con el clérigo Juan Fernández Carrilo y acuchilló a los dos. La hermana de Elvira, Isabel, casó con un valiente joven que será protagonista de la historia de Buenos Aires: Juan de Garay.

Las Adelantadas

Diego de Sanabria, el tercer Adelantado del Río de la Plata (luego de Pedro de Mendoza y Álvar Núñez Cabeza de Vaca), murió en España pocos días antes de embarcarse. Tomó la posta su hijo Juan, quien demoró la partida hasta que su madrastra, doña Mencía Calderón, optó por adelantarse al Adelantado y partió rumbo a Asunción el 10 de abril de 1550 con tres navíos y otras cincuenta mujeres. Entre ellas, las señoritas Mencía y María –sus hijastras– e Isabel de Contreras con sus dos hijas, Elvira e Isabel, “en estado de merecer”, según ha escrito el historiador Ernesto Fitte.

El viaje estuvo plagado de vicisitudes. Arribaron a las costas de Brasil y bajaron por tierra hasta el Paraguay. Esquivaron indios antropófagos, conocieron las cataratas, atravesaron selvas y entraron a la soñada Asunción en marzo de 1556, luego de seis años de un viaje que se suponía que harían en pocos meses.

Las chicas en estado de merecer, merecieron. Por ejemplo, María de Sanabria (la hijastra de Mencía), casó dos veces y fue la madre de Hernando Arias de Saavedra, Hernandarias, quien se convertiría en el primer gobernador criollo de Buenos Aires.

Las hijas de Isabel de Contreras celebraron sus matrimonios también. Elvira se unió a Ruy Díaz Melgarejo “hasta que la muerte los separe”. Y la muerte los separó el día que Melgarejo la encontró en la cama con el clérigo Juan Fernández Carrilo y acuchilló a los dos. La hermana de Elvira, Isabel, casó con un joven muy admirado por su capacidad: Juan de Garay.

La sangre guaraní de Belgrano, Bioy y el Che

En la Historia Genealógica Argentina, de Narciso Binayán Carmona (editado por Emecé) se presenta el caso de Domingo Martínez de Irala, primer gobernador de Asunción, quien llegó con la expedición de Pedro de Mendoza.

De acuerdo con su testamento, Irala dejó nueve hijos: Diego, Antonio, Ginebra, Marina, Isabel, Úrsula, Martín, Ana y María.

Diego, Antonio y Ginebra nacieron de sus relaciones con su criada María, quien además era la hija del principal cacique guaraní.

Marina era hija concebida por Juana, otra de sus criadas.

Isabel nació de la unión de don Irala con otra de sus servidoras, llamada Águeda.

Úrsula, Martín y Ana tenían como madres a Leonor, Escolástica y Marina, quienes integraban también su harén personal.

La madre de María se llamaba Beatriz, pero no formaba parte de su staff. Era criada de Diego de Villapando.

Irala tuvo nueve hijos que le dieron por lo menos quince nietos. Su sangre fue esparciéndose de generación en generación.

A través de la hija Isabel, tuvo entre sus descendientes a Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan Antonio Álvarez de Arenales, José Evaristo Uriburu, José Félix Uriburu, Victoria Ocampo y Bernardo de Irigoyen.

De la rama de Úrsula surgirían Saturnina Otálora –segunda mujer de Cornelio Saavedra–, Carlos Saavedra Lamas, Remedios Escalada de San Martín, Manuel Quintana, Francisco Solano López, Joaquín Samuel de Anchorena, Adolfo Stroessner, Julio César Saguier, Adolfo Bioy Casares y el Che Guevara. Por nombrar a algunos, nada más.

Domingo Martínez de Irala, quien en su testamento escribió

que dejaba nueve hijos: Diego, Antonio, Ginebra, Marina,

Isabel, Úrsula, Martín, Ana y María. Ahora bien, Diego, Antonio y Ginebra nacieron

de sus relaciones con su criada María, quien además era la hija del principal cacique guaraní. Marina, en cambio, era hija concebida por Juana, otra de sus criadas. Por su parte,

Isabel nació de la unión de don Irala con otra de sus servidoras, llamada Águeda. Y así también, Úrsula, Martín y Ana tenían como madres a Leonor, Escolástica y Marina,

quienes integraban también su harén personal. En cambio, la madre de María, Beatriz, tenía la particularidad de ser criada de Diego de Villapando y no de él. Lo que demuestra que al hombre no le alcanzaban las mujeres de su casa.

Así funcionaba la creación de niños en esa Asunción

donde los padres no tenían que esperar las nueve lunas de la

madre para pensar en un vástago más. Irala tuvo nueve paraguayitos.

Y ellos le dieron por lo menos quince nietos. Es fácil

imaginar de qué manera la sangre de Irala fue esparciéndose

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Oro y espadas

de generación en generación. Sin entrar a navegar por los

mares de la genealogía, hay ciertos datos interesantes que

valen la pena.

A través de la hija Isabel, tuvo entre sus descendientes

a Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan Antonio Álvarez

de Arenales, José Evaristo Uriburu, José Félix Uriburu,

Victoria Ocampo y Bernardo de Irigoyen. Por la rama de

Úrsula surgieron Saturnina Otálora –la esposa de Cornelio

Saavedra–, Carlos Saavedra Lamas, Remedios Escalada de

San Martín, Manuel Quintana, Francisco Solano López,

Adolfo Stroessner, Julio César Saguier, Adolfo Bioy Casares

y el Che Guevara. Si seguimos hurgando, encontraremos a

los dos enemigos de la batalla de Caseros: Rosas y Urquiza.

Resta decir que todos los descendientes de Irala a través

de su hija Úrsula deben agradecer a que un compañero

de armas de Irala, don Alonso Riquelme de Guzmán, haya

tenido la osadía de pretender sublevarse. Y que Domingo de

Irala le haya propuesto perdonarle la vida si aceptaba casarse

con Úrsula, quien apenas tenía 16 años.

Un par de hijas de Irala bastan para encontrar entre

sus parientes a cuatro presidentes argentinos y dos paraguayos.

Y hasta a un Premio Nobel. El paraíso de Mahoma,

según se ve, dio sus frutos.